LIANG XIA
Pasaron dos días desde que no vi a Yue, mi padre me dijo que le estaban enseñando unas cosas básicas, como servir té, admito que después de que me dijera eso no pude evitar reír e imaginármelo con un vestido puesto.
Aquel día me había quedado dormida, por lo que mi clase de danza se canceló, así que no tenía nada que hacer. Salí de mi habitación y me dirigí a la biblioteca con la esperanza de encontrar a Lu.
Me adentré entre varios estantes con infinidad de libros no sólo de nuestra historia, sino también de cuentos y mitos, admito que era una fanática de los cuentos, al pasar frente a un estante vi un libro tirado, no tenía título, su pasta era de un verde tan oscuro que parecía azul, lo recogí y comencé a hojearlo, eran como un recuento de varias historias. Tomé el libro y salí en dirección al jardín, ahí me senté en una banca que era cubierta por la sombra de un cerezo, cuando hojeé aquel libro hubo unas páginas que llamaron mi atención, hablaba sobre un guerrero, quien estaba enamorado de una mujer que no era de familia noble, su familia estaba en contra de que se casaran. La mitad de aquel relato hablaba sobre sus aventuras y sus intentos por estar juntos, pensé que terminaría con un final feliz, sin embargo, al leer la última hoja, me decepcionó.
Aquel guerrero tomo las manos de su amada para que ésta dejara de llorar, ambos juntaron sus frentes y tras un momento sus labios se unieron en un apasionado beso. El guerreo la alejó y acarició levemente su mejilla – Te amo, pero tengo que proteger a este pueblo.
Ella sabía perfectamente que él, tras haber ascendido a general, era cuestión de tiempo para que subiera de puesto, a uno, en donde ella no pudiera ser capaz de verlo.
Odiaba los finales tristes.
Sin darme cuenta una lagrima resbaló por mi mejilla y cayó en la página final de la historia, cuando oí el sonido de unas pisadas que se detenían frente a mí me sobresalté y me limpié los ojos por reflejo.
Era Huan Yue, que me miraba de manera extraña. Me levanté y respiré pesadamente mientras escondía el libro a mis espaldas.
- ¿Has visto a Lu? – Negó
- ¿Se encuentra bien? – Me preguntó
- ¿Dónde se habrá metido Lu? – Cambié de tema, no iba a decirle que lloraba por la culpa de una historia ficticia - Quiero ir a un lugar, pero… - Lo miré pensando, cuando de pronto recordé que hoy debía ir al templo a contarle historias a los niños, sabía que mi padre me había dicho que no mencionara nada acerca de los fenghuang, pero desde que él llegó no había hecho nada extraño - ¿Quieres venir conmigo? No acepto un no como respuesta – Sonreí
Tras haber dejado en su lugar aquel libro y de haberme prometido no volver a tomarlo, ya que lo más probable era que todas las historias tuvieran un final trágico, comenzamos a caminar en dirección al templo, que por cierto quedaba muy lejos del palacio. Íbamos menos de la mitad y como me estaba aburriendo decidí hablar con Yue.
- ¿Cómo son tus padres? – Hubo un pequeño silencio, pero habló
- No tengo, un grupo de delincuentes asesinaron a todos en el lugar que solía vivir – Me miró - Fui el único sobreviviente – Pude ver perfectamente en sus ojos cuanto dolor le causaba aquello, su mirada reflejaba profundo odio hacia aquellos delincuentes. Él apartó la mirada y sentí un pinchazo en el corazón, fue como si me transmitiese su dolor y odio
- Lo siento – Traté de encontrar palabras de aliento - Mi madre también murió. Creo que la asesinaron – Yue volvió a mirarme – Mi padre me dijo que fue por una enfermedad, pero los fenghuang son “inmortales”, no mueren por enfermedad – Guardé silencio cuando me di cuenta que había mencionado la palabra fenghuang, me golpeé la boca despacio mientras él no me veía
- Si son inmortales ¿Cómo murió? – Ya había hablado, no podía decirle que lo ignorara
- ¿De qué tribu vienes? – Pregunté curiosa
- Yo, no estoy seguro, pero crecí cerca de la tribu Jian
- ¿Sabes artes marciales? – No respondió, parecía sorprendido – Tenemos diversos libros sobre todas las tribus, los Jian se caracterizaban por ser hábiles en las artes marciales – Toqué mi barbilla recordando - Si eres de Jian, eso significa que has escuchado de la guerra del año 153 – Me miró – La conoces, tu rostro me lo dice – Reí – Nuestra tribu era para todos, la tribu celestial por ser descendientes del fénix, pero mi tío Feng se salió de control y destruyó a innumerables tribus ¿Conoces el relato?
- Yamei, guerrero de la tribu Byakko descubrió la forma de matar a un fenghuang. Asesinó a Feng terminando con la guerra, pero… - lo interrumpí
- Pero las demás tribus querían venganza, comenzaron a matar a los fenghuang, así que huimos a este lugar – me detuve un momento y él hizo lo mismo - Tú mismo te respondiste, si somos inmortales ¿Cómo nos matan? El termino inmortal para mí y mi padre no significa nada, porque sé que hay una forma de que nos maten, pero para los demás la palabra inmortal es lo que nos caracteriza. Ellos no recuerdan lo que pasó hace años, cuando se regeneran deciden abandonar ese recuerdo y los que aún recuerdan, deciden ignorarlo – Miré hacia enfrente y apunté - ¡Llegamos!