CAPITULO I

1194 Words
100 años después TRIBU DE LOS BYAKKO Era una mañana cálida, la gente de la tribu Byakko se encontraba haciendo sus labores. En una de las muchas montañas se encontraban dos niños de unos nueve años caminando por los interminables escalones que los dirigían a la cima de la montaña, en donde se encontraba uno de los mejores maestros de toda la región. Uno de esos niños era Tzao, primogénito del actual líder. A su lado se encontraba Syaoran, un huérfano quien fue puesto como sirviente para Tzao, claro que este último no lo menospreciaba ni mucho menos lo consideraba su sirviente, para Tzao era su único amigo desde que llegó al palacio. Claro que como todo niño, gustaba molestar a su amigo. - Tzao debemos apurarnos, el maestro te espera – Syaoran jalaba de la manga a Tzao, quien se encontraba sentado en un escalón - Syaoran, tu amo está cansado, llévame en tu espalda – Tzao odiaba ir a clases a pesar de que no se le daban tan mal, él creyó que al pedir que lo llevaran cargando no podría y así no asistiría a la clase, sin embargo Syaoran sin dudarlo se agachó para que su amigo subiera a su espalda - Rápido sube, se hace tarde Syaoran llevó a Tzao sobre su espalda hasta la cima de la colina. En el último escalón Syaoran no aguantó más a su amigo y lo dejó caer, al mismo tiempo que Tzao se quejaba, el maestro salió - Tzao no deberías hacer que Syaoran te cargue, se puede lastimar - El que se lastimó fui yo, me dejó caer. Además soy el hijo de Xen Jian, soy un príncipe – Tzao entró y tomó asiento - La lección de hoy hablará sobre nuestro gran salvador Yamei, el padre de Xen Jian, tu abuelo Tzao. Hace cien años estalló una gran guerra contra la tribu perdida, los fenghuang […] Tzao quien el próximo líder de la tribu de los Byakko, era un chiquillo inmaduro y consentido, quien siempre era seguido por Syaoran su amigo. Syaoran fue llevado al palacio cuando tenía seis años para que le hiciera compañía al futuro líder, era un niño tímido y amable. Ambos eran muy distintos, pero eso no impidió que fueran grandes amigos. Después de la clase de ese día, el padre de Tzao fue a buscarlo para llevarlo al palacio, por otra parte Syaoran se quedó con el maestro, ya que a diferencia de Tzao, a él le gustaba aprender sobre la historia de sus ancestros. - Syaoran, no debes ser tratado así por Tzao – El maestro regañó a Syaoran - Nunca me ha tratado mal, solo que no quería venir a clase por eso lo hice. Además, aunque me tratara mal realmente no me importaría, debo estar agradecido con él por aceptarme como su amigo. Si no fuera por él yo ya hubiera muerto de hambre hace años – el maestro no pudo evitar mirarlo con lástima. El maestro había sido quien le dio la idea al líder Xen Jian de darle un amigo a Tzao. Él quería a Syaoran como si fuese de su familia.  - Ah cierto, mira, es para ti – Le tendió una espada de madera – Sé que te gustan las artes marciales, escóndelo con cuidado En esa tribu solo los descendientes de familias nobles o hijos de guerreros podían aprender a usar una espada o hacer cualquier tipo de artes marciales, por lo que si descubrían que Syaoran tenía una espada, aunque sea de madera, podrían castigarlo. - Gracias maestro – Syaoran no podía dejar de ver su nuevo regalo – Sobre la lección de hoy ¿Me puede prestar un libro que hable sobre eso? - ¿Hablar sobre qué? - Sobre la guerra de hace 100 años, estoy muy interesado en eso… ¿Podría? tengo la tarde libre y estaré muy aburrido – Si bien la idea de regalarle una espada de madera era un poco “peligrosa” el prestarle el libro podría ser riesgoso. Sin embargo, ante la mirada insistente del pequeño accedió. Syaoran fue al palacio siendo muy cauteloso con su espada de madera, una vez que entró a su habitación comenzó a leer. A pesar de que él mismo había pedido aquel libro, se sintió decepcionado. En ese libro no hablaba más que de su tribu, él había pedido el libro con la intención de saber más sobre los fenghuang.  A la mañana siguiente Syaoran se levantó y se alistó para ir a jugar con Tzao. - Syaoran ¿No te lo dijeron? Hoy nuestro líder hizo un banquete, así que no es necesario que juegues con Tzao – El guardia se puso delante de él evitándole el paso, sin embargo, unos metros más allá Tzao veía todo - ¡Syaoran! – Tzao se acercó – Que bueno que viniste, estoy aburrido – Miró al guardia - ¿Qué cree que hace? Déjelo entrar Tras un suspiro, el guardia se apartó dejándole pasar. Tzao y Syaoran se sentaron juntos, jugaron y comieron. Cada dos años el palacio de los Byakko ofrecía un banquete a todos los líderes de las tribus con sus respectivos herederos. - ¿Entonces eres el sirviente de Tzao? – Uno de los herederos se acercó a Syaoran, con la intención de hacerlo menos - Soy su amigo – Syaoran frunció el ceño - ¿Cómo puede ser que alguien como tú sea su amigo? – Varios de los jóvenes herederos que estaban rodeándolo comenzaron a reír, sin embargo, el pequeño espectáculo quedó olvidado mientras Tzao volvía - Oigan ahí está Tzao, vamos a jugar con él – Todos los herederos de las tribus corrieron hacia él, salieron fuera del banquete y comenzaron a jugar, dejando a un lado a Syaoran - ¿Puedo jugar?   - Estamos practicando para el combate, tú ni siquiera sabes usar una espada – Todos comenzaron a reír a excepción de Tzao - Claro que puedo - A ver inténtalo – Le arrojaron una espada de madera, ni siquiera teniendo la amabilidad de dársela en la mano - Dejen de molestarlo, él es mi amigo – Tzao trató de detenerlos - Ya dejen de molestarlo – Se acercó Yu, la heredera de la tribu Jian, quien eran caracterizados por ser los mejores en las artes marciales – Syaoran no lo hagas sólo porque te molestan - Puedo hacerlo – Se agachó para recoger la espada. En un abrir y cerrar de ojos todos quedaron estupefactos, Syaoran manejaba la espada de madera como si fuese una real.
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