Syaoran estaba sentado en una silla de madera cerca de su cama, tanto sus piernas como sus brazos estaban cruzados y su mirada estaba atenta al suelo. Él sabía que sin duda lo iban a regañar, tal vez castigándolo sin comer o incluso quitándole su espada de madera, claro que para él la segunda opción era la más aterradora. ¿Cómo no lo iban a castigar? Si blandió una espada ante los futuros líderes de las otras tribus, y aunque la espada no fuese real, pudo haber lastimado a los demás.
El maestro, quien le había regalado una espada de madera, entró a la habitación haciendo un gran ruido al abrir la puerta
- Syaoran, te lo dije perfectamente, no puedes hacer nada así dentro del palacio – Sonaba muy preocupado - No debí haberte regalado esa espada de madera
- Lo siento, pero… – Sus palabras fueron cortadas cuando la puerta nuevamente se abrió y dejó ver a Xen Jian
- Xen Jian. Líder, lo siento mucho fue mi culpa – el maestro se arrodilló, sin embargo, el nombrado pasó de largo como si no lo hubiese visto
- Syaoran no sabía que te gustaran las artes marciales – En su voz se escuchaba más diversión que enojo
- Lo siento líder
- No, no te disculpes. Si te gustan no hay nada más que hacer – El maestro por un momento palideció esperando escuchar lo peor - A partir de mañana entrenarás con Tzao
Syaoran se levantó apresuradamente de la silla con un brinco energético
- ¡¿Enserio?! – El líder asintió
- Debes proteger a Tzao, serás su seguidor – Le dedicó una sonrisa paternal - Mantente fiel a él
4 años después
Tzao y Syaoran ahora eran unos jóvenes inseparables, más de lo que eran antes.
- Syaoran acompáñame a buscar un libro
- ¿Tzao? ¿Estudiando? – Syaoran comenzó a reír, ya que sabía que el fuerte de Tzao no era la lectura y mucho menos el estudio
- Hoy vendrá Yu a estudiar conmigo, no quiero parecer tonto - Syaoran no se dio cuenta del leve sonrojo de Tzao al mencionar a Yu
- ¿Yu vendrá?
Después de saber la inesperada noticia, ambos se dirigieron a la biblioteca y tras cinco minutos de estar ahí en total silencio, Tzao rompió el silencio.
- Esto aburre – Cerró el libro exasperado y fijó la mirada en su amigo que impacientemente buscaba algo entre los estantes – ¿Qué buscas Syaoran?
- Hay algo que he estado buscando desde hace cuatro años – Miró inquisitivamente el libro entre sus manos - Quiero saber sobre los fenghuang – Susurró y se hizo un silencio más profundo
Tzao se levantó y avanzó rápidamente a su amigo, le quitó el libro de sus manos y lo volvió a colocar en el estante.
- Syaoran ¿Estás loco? Te arrestarían si alguien supiera que los buscas
- No los busco, sólo quiero saber quiénes eran. No hay libros que digan algo sobre ellos
- Aun así, deja de buscar eso y mejor ayúdame – Lo tomó de la mano y justo cuando salieron de la biblioteca se toparon con Yu
- ¿Qué hacen agarrados de la mano? – Tzao se sonrojó violentamente y soltó la mano de Syaoran
- ¿Qué haces aquí? – Preguntó Syaoran
- Eso es obvio, vengo a estudiar – Todos en la región sabían que los mejores libros y pergaminos estaban en la biblioteca de los Byakko, así que muchos nobles iban a estudiar allí - ¿Vienen?
A pesar de haber estado dentro hace unos minutos, ninguno de los dos negó, entraron tras ella y de nuevo se sentaron. Yu tomó un libro y entre los tres lo leyeron, después ella los animó a debatir sobre el tema, cosa que era lo único que no les gustaba de ella. Yu era muy estudiosa y se expresaba como alguien adulto, pero después de todo los tres eran amigos y los amigos están juntos, incluso si hacían algo que les aburriera.
7 años después
Pasaron varios años en los que Syaoran y Tzao siguieron forjando su amistad, ambos ya no eran aquellos niños, eran unos hombres hechos, pero que seguían unidos por un lazo de amistad. Ambos tenían diecinueve años. Ahora quien era líder de la tribu Byakko era Tzao, que había ascendido al poder hace un año y Syaoran se convirtió en general, a pesar de su corta edad era el mejor guerrero.
- Líder – Syaoran entró en la habitación donde yacía Tzao y para saludarlo se hincó delante de él
- Syaoran te he dicho que dejes de hacer eso, crecimos juntos así que somos como hermanos – Se acercó a él e hizo que se levantara
- Solo vine a informarle, hoy viene Yu
- ¿Hoy? – Tartamudeó al escuchar la noticia. Tzao no había cambiado mucho, ya que siempre tras escuchar el nombre de Yu solía sonrojarse con facilidad. Así como la amistad de ambos se había ido forjando, la amistad de ellos con Yu había ido creciendo con el paso del tiempo, pero que poco a poco se fue convirtiendo en amor.
Tzao dejó de leer todas las peticiones que le habían sido enviadas por las demás tribus y se apresuró a ir al encuentro de Yu. Y como si ya supiera donde estaba, se dirigió al jardín del este, donde siempre se reunían para jugar cuando eran más jóvenes. La vio de espaldas, contemplando el gran cerezo que se alzaba frente a ella.
- ¡Yu! – Se acercó a ella y la nombrada volteó con una sonrisa en sus labios
- Hola… Tzao – Aunque él no lo notó, la sonrisa de Yu se apagó por un momento - ¿Y el general Syaoran no está?
- ¿General? – Tzao comenzó a reír - ¿Por qué no sólo le dices Syaoran? – Apuntó a sus espaldas - Está practicando con los novatos
- Es increíble cómo se convirtió en el mejor guerrero – Sus ojos chispeaban de sólo imaginárselo
- Oye estás aquí conmigo, me pone celoso que sólo hables de Syaoran – Ella sabía que a Tzao le gustaba bromear. Yu sonrió
- Lo siento – Juntó sus manos y las miró - He venido aquí porque hay algo que quiero pedirte - Jugueteó con sus manos
- ¿Qué pasa Yu? – la miró con preocupación
- Voy a ser comprometida – Yu no quería que su voz sonara quebrada, pero así fue. Ella odiaba ese hecho, no quería casarse, no con una persona que no conocía
- ¡¿Qué?! ¿Con quién?
- No lo sé – Lo miró - Eres el líder de los Byakko, si tú dices algo, los demás lo aceptarán… Tengo a alguien a quien amo, no me casaré con otra persona que no sea él
- ¿Alguien a quién amas? – Preguntó con un fino hilo de voz
- Sí, crecí con él y mucho antes de que ascendiera a un puesto importante me gustaba – Yu tomó las manos de Tzao - ¿Puedes ayudarme?