La luna está brillante en lo alto, iluminando el agua de la piscina, la cual tiene las suaves ondas producidas por Francesca mientras nada. Lentas y tranquilas brazadas, acompasadas, mostrando intermitentemente sus suaves rasgos al tiempo en que su larga melena rubia, ahora empapada, se sacude por el movimiento.
Es una vista realmente magnífica, de las mejores que podría tener al llegar de la oficina.
Mi amore se fue antes de la empresa hoy por un ataque de migraña que la atacó fuerte, había olvidado sus lentes especiales para trabajar en computadora, esos que filtran la luz azul, y el uso prolongado de la máquina sin ellos, le provocó un ataque que no alcanzó a frenar lo suficientemente rápido como para evitar que necesitara correr al baño. Fue por eso que la mandé a casa, necesitaba obscuridad y descansar, por lo que ahora me relaja ver que se siente mucho mejor y que está lo suficientemente recompuesta como para utilizar la piscina.
Lo que no sé es si habrá comido algo, pero eso tiene arreglo.
Cuando está lo suficientemente cerca del borde, me acuclillo y espero a que resurja del agua. En cuanto frena y saca completamente su cabeza fuera del líquido, encuentra mi mano extendida hacia ella, la cual toma con una sonrisa y ejerce fuerza como yo para salir de la piscina.
-¿El agua se siente bien?
-Más que bien, era justo lo que necesitaba.
-¿Te sientes mejor? ¿Qué tal la cabeza?
-La obscuridad y la medicación hicieron su efecto, sin embargo, debo admitir que hice trampa y bebí cafeína.
Su sonrisa traviesa me divierte y la beso entretanto la cubro con uno de los toallones que saqué de la estantería.
-Eres una niña traviesa cuando quieres.
-Y así me amas.
-No voy a negarlo, es una de las cosas que más me gusta de ti. Ahora, ¿ya comiste?
-No, no obstante, si soy sincera, tengo hambre, pero no de comida.
-¿A no? ¿Y de qué podría ser?
Conociéndola, sé a lo que se refiere, y no tengo que decir nada, pues antes de que siquiera diga "a", ella ya prácticamente se ha abalanzado sobre mí y me está besando con intensidad. No me corto ni un pelo, ni siquiera me interesa que ella esté recién salida del agua y esté mojando mi traje, la ropa se seca, lo único que me importa ahora es satisfaces a la mujer que amo.
Por eso mismo, y siguiendo su impulso carnal, la tomo por debajo del trasero y la alzo, enganchando sus piernas en mi cadera entretanto me acerco a una de las tumbonas y me acomodo sobre ella con mi mujer aún sobre mí. Sus manos ya arrancaron mi saco y corbata y está trabajando con los botones de mi camisa mientras las mías se centran en los nudos de su bikini, soltándolos para poder quitar la tela mojada de su piel y rebelar las hermosas curvas de mi rubia.
Mi boca se pega a su cuello al tiempo en que sus dedos se hunden entre las hebras de mi cabello, tirando de ellas y presionando al mismo tiempo, empujándome hacia ella pidiendo más.
Su voz es una continua melodía de gemidos y mi nombre siendo expulsado de entre sus labios entremezclado con ellos.
-Leo...
¿Leo? ¿Por qué nombra a su hermano? ¿Mi cuñado está aquí? ¿Dónde? ¿Y cuándo llegó?
-Leo...
Ahí está de nuevo; Francesca no me permite alejar mi rostro de ella, su exigencia de más sin palabras no me permite buscar a su hermano y evitar que nos encuentre en una situación comprometedora, ¿es que ella quiere que nos vea así?
-Despierta aborto de mono, se me ha dormido la mano por tu agarre.
¿Qué? ¿Y ahora de qué habla?
Una caricia en mi cabeza, suave y como con cariño, es lo que me trae de nuevo a la realidad, haciéndome dar cuenta de que estaba soñando, recordando uno de los muchos momentos placenteros que he tenido con mi preciosa reina. Me cuesta ubicarme al principio, el sopor del sueño me tiene un tanto atontado, hasta que consigo enfoca correctamente y mis pupilas chocan con el bello rostro de mi amore, causando que todo rastro de somnolencia desaparezca en un instante, de un plumazo, como si alguien hubiera abierto una puerta en mi cabeza y toda la situación volviera a mí, consiguiendo que me reacomode en la realidad. Su sonrisa desaparece al verme, casi como si no me esperara, y ahora que lo pienso, ella me llamó Leo, por lo que debió de pensar que era él quien estaba a su lado, así que no me ofendo por ese cambio repentino; lo único importante es que ella está consciente y ya.
Pasaron casi cinco días "dormida" desde que salió de cirugía, y mientras eso ocurría, nos hemos turnado con su familia para que siempre hubiera alguien con ella por si despertaba. Hará unas cuantas horas que Roberta se ha ido, tomé el relevo luego de medio día, pues tuve que ir a ver unos asuntos en la empresa que no pude arreglar durante la noche, y por eso es que me quedé dormido, digamos que no he tenido un buen descanso desde que todo ocurrió.
Eso ya no tiene relevancia, mi mujer ha vuelto y eso es lo que vale.
-Francesca, amore, estás despierta.
No me controlo, simplemente reacciono: la felicidad me hace llevar mis manos hacia su rostro, siempre con extremo cuidado para no hacerle daño, y la beso con toda la felicidad y amor que siento por ella en éste momento, con todo lo que no puedo explicar en palabras debido al cúmulo de emociones que se me arremolinan dentro.
No me responde el beso, lo cual me pone un poco ansioso, mas lo dejo pasar y simplemente me dejo ir hasta que me noto satisfecho, que es cuando la suelto, aun manteniendo mi sonrisa en mi rostro. Siento que se me van a desgarrar las mejillas por tanta sonrisa, sin embargo, ¿a quién le interesa? Para algo existe la cirugía plástica y hay motivo más que suficiente para estar como me siento.
-Estoy tan feliz de que hayas vuelto, temí perderte, que no pudieras recuperarte.
-¿De qué estás hablando?
-El accidente, de tu herida...
-¿Qué accidente? ¿Qué herida?
-¿Tu cabeza? ¿El robo?
-No sé de qué hablas.
-¿No recuerdas nada?
-No, pero hay algo que me preocupa más ahora.
-¿Y eso qué es? Responderé cualquier duda que tengas para ayudarte.
-Me alegra que digas eso, porque lo que quiero saber es, ¿quién se supone que eres tú?
-¿Qué?
Casi puedo jurar que mi corazón se detiene al conseguir que mi cerebro procese esas palabras; ¿quién soy? Tiene que ser una broma.
-Es broma, ¿verdad?
-No, ¿por qué bromearía?
-Esto no puede ser cierto...
El shock casi hace que mis pulmones se hagan una masa imposible de inflar, me cuesta respirar, ¿realmente no sabe quién soy? ¡POR DIOS, SI LLEVAMOS DIEZ AÑOS JUNTOS, NADIE LA CONOCE MEJOR QUE YO!
Necesito moverme, necesito airearme, esto no puede estar pasando realmente. Debe de haber sido la herida, el sangrado, el doctor dijo que esto podría llegar a pasar, ¿ahora qué se supone que haga?
Bueno, bueno, bueno, no es momento de enloquecer, tengo que mantenerme firme, el cirujano dijo que ella necesitaría de nuestra ayuda, que tendría dificultades... Será mejor serenarme y empezar a indagar qué tan mal está. Sí, eso, tengo que ser práctico.
Cuando vuelvo a centrar mi atención en Francesca, noto su mirada curiosa, como si pareciera un loco y ella intentara descifrarme. ¿Cuánto más habrá olvidado? Supongo que lo primero será medir la cantidad de olvido, por llamarlo de algún modo, saber de qué tanto se acuerda y de qué no. Espero que no sea una amnesia completa...
Me acerco nuevamente a la cama y me siento en la silla que ocupaba antes de mi caminata preocupada. Respiro profundo en tanto busco las palabras correctas para poder conseguir aclarar esto y ayudarla.
-Bueno, primero que nada, antes de empezar a aclarar cosas, respóndeme algo, ¿sabes cuál es tu nombre? ¿Sabes quién eres?
-Por supuesto.
-¿Cuál es tu nombre?
-Francesca Ricci.
-Bien, eso es bueno, una cosa menos. Ahora, ¿recuerdas a tu familia? ¿Cuántos son? ¿Quiénes?
-Sí, somos solo mi madre y mi mellizo porque mi padre murió en un accidente de auto cuando tenía diecisiete.
-Bien, ¿y cuántos años tienes?
-Veintisiete, ¿por qué me estás haciendo todas éstas preguntas?
Pienso por un instante en cómo decirle la verdad y opto por ser directo, aunque no brutal. No quiero que se asuste ahora que ya está fuera de peligro.
-Escucha, lo que voy a decirte no debe preocuparte, ya todo está bien, estás despierta y eso es lo que importa.
Su ceño se frunce como si no comprendiera o no le gustara lo que estoy diciendo.
-Tuviste un accidente, intentaron robarte y te resististe. El ladrón te disparó en la cabeza y huyó.
-¿¡QUÉ!?
El monitor cardíaco muestra un incremento bastante importante en su ritmo cardíaco, mas intento calmarla, eso no puede ser bueno para ella. Parece que será mejor no decirle toda la verdad ahora, quizás deba esperar para los detalles más preocupantes, como el hecho de que sospechamos de que no fue un robo realmente, sino un intento de asesinato disfrazado y el hecho indiscutible de que, si es como creemos, ella aún está en peligro, sobre todo si quienes orquestaron el fallido intento, se enteran de que ella sigue con vida.
-Tranquila, calma, todo está bien ya.
-¿Cómo puedes decir eso? ¡ME DISPARARON EN LA CABEZA, MALDITA SEA!
-Francesca, cálmate por favor. Ya estás fuera de peligro, tu cuerpo sanará, alterarte no te ayuda en nada y puede causar que sangres. Por favor, respira profundo e intenta relajarte, ¿sí?
Su mirada muestra que se siente contrariada, que su cabeza está yendo a mil por hora en un intento casi desesperado de comprender lo ocurrido, sin embargo, de forma inconsciente, empieza a seguir mi ritmo de respiraciones profundas para que se tranquilice y, de a poco lo consigue, logrando que el monitor regrese a su ritmo normal.
-Me dispararon... en la cabeza... ¿cómo... cómo es que sigo viva?
-Porque, si bien un ochenta porciento de éste tipo de heridas es mortal, un vente porciento no lo es. Hay veces en que la bala penetra de forma tal, que no produce un daño que sea letal, sino simplemente heridas que pueden sanar. En tu caso, el proyectil entró limpiamente y se alojó en tu lóbulo temporal, por lo que dijo el médico, y la dejaron ahí porque, como no causó prácticamente daños, en comparación a lo que pudo ser, si intentaban sacarla podrían causar mucho más mal que bien. Dicen que, en cuanto a objetos que ingresan en el cuerpo, a veces es mejor dejar lo que entró donde está que sacarlo. Al parecer, ésta queda encapsulada dentro de la masa muscular del cerebro y no genera ningún tipo de problema.
-Dios mío... yo... yo... ¿O sea que tengo una bala en la cabeza?
-Tranquila, tranquila, sí, está ahí, pero lo peor ya pasó, ahora solo queda tu recuperación. Dicen que no te hará nada el tenerla ahí. Ya te expliqué lo que dijo el médico que pasará con ella con el tiempo, no te hará ningún daño su presencia.
-Está bien, supongo que el médico para algo estudió, no lo diría si no fuera cierto, ¿no?
-Así es, y te operó uno de los mejores del hospital, así que estarás bien, te recuperarás y volverás a tu vida normal sin preocupaciones.
-Ok, eso me tranquiliza un poco, sin embargo, todavía hay cosas que no entiendo, ni siquiera recuerdo lo que pasó antes de llegar aquí.
-¿No tienes memoria de nada? ¿Nada viene a tu cabeza?
-Bueno... solo tengo una imagen de una cara negra, una especie de pasillo abierto y unos ruidos fuertes... Es todo muy confuso... Dolor...
Una mueca aparece en su rostro mientras habla, como si pensar en eso la estuviera haciendo sufrir, por lo que decido que esto puede esperar, si el intentar rememorar las cosas le está causando daño.
-Tranquila, no necesitas recordar ahora, todo a su tiempo, primero tienes que reponerte, descansar. Acabas de despertar, tu cerebro está sanando y estás sufriendo de amnesia, no te sobre-exijas, si tiene que llegar, llegará y ya. Deja que las cosas fluyan, no lo fuerces.
Mi amore asiente y se recuesta nuevamente contra la cabecera levantada de la cama, pues antes se había semi-sentado al despertar, respirando profundo para aliviar las molestias en su cabeza. Me da tanta rabia que esté sufriendo como lo hace, mas no hay nada que pueda hacer, no puedo aliviar su dolor, es algo que pasará con el tiempo y, por ahora, solo puedo acompañarla, estar a su lado y ayudarla a transitar por todo esto lo más fácilmente posible.
-Desearía poder ayudarte, aliviar lo que está causándote dolor.
-Eso es muy dulce.
-Eres la única que logra sacar esa parte de mí.
-¿Y eso por qué? ¿Qué tengo de especial?
Sus ojos vuelven a clavarse en mí y, como sé que no me recuerda, no sé si es buena idea decirle la verdad ahora, si no será demasiado, pero si lo considero bien, voy a estar mucho tiempo a su lado, después de todo vivimos y trabajamos juntos, por lo que quizás sería mejor aclarar el tema y, tal vez, eso ayude a poner en marcha sus recuerdos.
-Eres la mujer que amo, por eso me ablandas.
-¿La mujer que amas? ¿De qué estás hablando? Ni siquiera te recuerdo, ¿quién eres?
Su tono tiene un tinte de temor que me preocupa, mas prefiero hacer esto de una y dejo caer la bomba P de una. Tomo sus manos y beso con suavidad sus nudillos, cosa que parece desconcertarla, aunque no me arrebata su mano; creo que eso es algo positivo, ¿no? Espero no estar malinterpretando.
-Francesca, amore, soy Massimo, soy tu prometido.
-¡¿QUÉ?!