Selene y Kamal tenían cita a primera hora para ver a su bebé. Kamal estaba un poco emocionado por la visita al médico. Antes de irse, pasó junto a Selene a la habitación de Layla. La princesa estaba leyendo el periódico mientras desayunaba. La joven fue a abrirles y los saludó sonriente.
—Vengo de nadar, tienen una piscina olímpica preciosa, con azulejos dorados. Es algo espléndido —comentó la mujer, y su esposo sonrió.
—¿Cuáles son tus planes para el día?
—Estoy esperando a Lorenzo, quien me llevará a desayunar, pero pedí un café y tostadas —la mujer sonrió, y Kamal se contagió—. Y voy a hacer unas compras, no me queda ropa y tengo que pasar por el salón de belleza.
—Uhh, tienes mucho que hacer.
—Sí.
—Val —respondió Kamal y sacó su cartera. Layla sonrió y extendió la mano, Selene los observó divertida.
—No seas tacaño, ponme un par más —Kamal rodó los ojos y le dio quinientos más y una tarjeta con su apellido, la princesa rió y le prometió estrenarla.
—¿Selene, quieres que te espere y vamos juntas al salón de belleza? —preguntó Layla.
—Me gustaría, pero no sé en qué estado de ánimo estaré más tarde.
—Vayan. Verán al bebé y a sus hijos, qué más estado de ánimo que pura felicidad. Pero entiendo, voy a darme un baño de color y hacerme las cejas, y en la tarde saldré con un amigo.
—Mañana tenemos lo de los Westborn, compra algo para que te pongas.
—Okay. ¿Algo más, esposito? —Kamal rió.
—No te hagas rabia ni con canas.
—Bueno, también saco una cita para el pelo y las uñas, Kamal.
—Adiós, Layla.
—Bye.
Lorenzo estuvo en el hotel unos momentos más tarde, llevó a su cuñada por la ciudad. Fueron por un desayuno variado con todos los sabores del mundo, disfrutaron un poco y Lorenzo la acompañó de compras y no se contuvo para hacer una para el bebé.
—¿Ya saben qué es?
—Farah dice que lo sabremos durante 18 años y más —los dos rieron—. Yo siento que será una niña.
—Tú quieres que sea.
—Sí —respondió Lorenzo—. ¿Y tú qué quieres tener?
—Bueno… Kamal y yo hemos venido aquí para saber cómo tener un hijo con el mejor contacto s****l posible.
—El consejo lo aprueba.
—No vamos a preguntarles —respondió Layla y vio un juego para dormir, decidió comprar tres, uno para cada uno de los príncipes en camino.
Kamal y su esposa fueron primero al hospital, se hicieron uno examen de sangre tras otro y después de eso fueron a desayunar. El joven parecía sonriente y su esposa lo miraba como si estuviera loco. La princesa compró y envió a envolver el regalo de Farah, luego lo metió en una bolsa de regalo. Lorenzo sonrió y le dio las gracias. Luego, Valentina les había recomendado un salón y Lorenzo decidió ser el hermano que Layla necesitaba y fue a hacerse el pelo.
—No le cuentes a Farah.
—No le diré a tu mujer que la dejaste haciendo reposo para venir a hacerte una terapia hidratante en el pelo.
—Reestructuración capilar, y ella me estresa mucho, y esa guerra me hizo perder media cabeza.
—Ya... pobre príncipe.
—¿Crees que esté mal ponerme plasma para hacer crecer el pelo?
—Lorenzo, que Dios te ayude.
Kamal vio a su esposa sonreír como la niña inocente que conoció en la playa, con todos sus dientes, los ojos pequeños y rodeada de brazos y besos y risas con sus hijos. Alan, Isla y Raj creían que sus papás simplemente los habían abandonado, que en lugar de adoptarlos como prometieron, el príncipe y la princesa los habían enviado a un lugar nuevo en el que no hablaban su idioma. Cuando Isabela les prometió que esa semana los visitarían, los niños no terminaron de creerles, pero al verlos poder abrazarlos les devolvió la esperanza.
Selene había sido parte del grupo de mujeres que atendía la casa hogar de Tierra del Sol, y allí había conocido y se había enamorado de Isla y su mellizo, Alan. Kamal, para complacer y entender a su mujer, había visitado el lugar y durante su visita conoció a Raj y no había podido evitar enamorarse. Los tres niños hablaban rápido y emocionados, y entre todo lo que tenían que decirles, sus hijos solo querían que supieran que los habían cuidado muchísimo, pero querían ir con ellos a Tierra del Sol.
—Estamos haciendo todo el papeleo para llevarlos a casa. En unos días podrán ir.
—¿Y no se van a quedar?
—Sí, unos días, y vendremos todos los días a verlos.
—Y luego Isa y Sergio los llevarán al palacio.
—Y van a traer a la bebé.
—Sí —respondió Kamal—, obvio. Ahora, yo he traído sorpresas.
El príncipe les dio una bolsa con regalos que habían comprado él y Selene, y los niños quisieron jugar de inmediato. Raj, que era el más energético y el mayor de los tres, propuso un partido de baloncesto y fue a buscar a Sergio para invitarlo a jugar. Selene le preguntó a Isla si le molestaba que la cargara. La nueva bebé de Isabela y ella negó con la cabeza. Isla sonrió y les contó que ha sido fácil tenerla, pero están un poco tristes y preocupados porque pensaban que no volverían.
—¿Cómo va la maternidad?
—Es bonito, pero me duelen los pezones y es cansado.
—¿Cuánto tiene ya?
—Casi un año, en unas semanas dejaremos por completo la leche porque tiene dientes —las dos rieron
—Es preciosa, Isabela.
Kamal la interrumpe con una bolsa de regalos, le da un beso en la mejilla a Isabela y le da nuevamente las gracias por haber acogido sus hijo y ser parte de su proceso de adopción. Ella le da una brazo corto y le recuerda que la familia es importante y siempre están dispuestos a cuidarse los unos a los otros.
—Te hemos traído esto para ti, esto para Isadora y esto para los tres. Son galletas. La sobrina de Eleonor nos dijo que no hacía falta regalos y nos propuso almorzar todos juntos. Los príncipes la pasaron increíble con sus hijos adoptivos, pero un poco tristes cuando tuvieron que irse con la promesa de regresar tan temprano en la mañana como fuera posible.
—Isabela y Sergio son un amor.
—La familia de Eleonor en general es muy amable —reconoce Kamal.
—Kamal, para donde vamos?
—Para el hospital de vuelta.
—¿Por qué no hablamos antes?
—¿De qué?
—De nosotros, creo que nos estamos precipitando, estamos adoptando a tres niños, tendremos un cuarto, peor no sabemos dónde poner el uno al otro.
—No entiendo nada de lo que estás diciendo, esto es todo lo que siempre hemos querido.
—Sí, pero ahora tienes a Layla y te ves muy interesado en ella. ¿Esto es parte de tu reinado o parte de una infidelidad? ¿Puedes... decirme de qué va todo esto?
Chicas estoy sin wifi en el aparta, entonces me cuesta publicar seguido, ahora les estaré subiendo varios a la vez cada vez que pueda. Comenten mucho, nos leemos luego.