Después del viaje, Selene solo quería descansar, comer algo en el hotel y dormir; sin embargo, se sorprendió cuando vio a Kamal regresar y comenzar a alistarse. El príncipe había tomado una ducha, se había peinado con un cepillo, mandó a planchar un traje y le avisó que saldría con Layla.
—¿A dónde vas?
—Layla tiene amigas aquí y quieren asegurarse de que no sea un golpeador —comenta el príncipe para restarle importancia.—¿Te molesta?
—No, Kamal, si Layla es tu esposa.
—Selene, si fueran tus amigas también iría.
—Ya claro.
—Sí, tú nunca me has presentado a nadie.
—Mis amigos y mi familia, me pusieron a elegir, ¿recuerdas esa parte de la historia? ¿Recuerdas que lo dejé todo por ti y tú me dejaste después de tres meses de perder a mi bebé?
—Sí, tú eres la única que siempre pierde, Selene.
Los dos se quedan en silencio ante los golpes en la puerta. Kamal se pone en pie y va a ella con la intención de abrirles a los del servicio en la habitación. En su lugar, se encuentra con Kayla, quien lleva el pelo largo suelto, un vestido con volantes y un poco de maquillaje.
—¿Estás lista?
—Solo quería preguntar si a Selene no le molesta venir. Podemos perfectamente ir los tres.
—Resultará incómodo para los demás.
—¿A dónde es que van?
—Es una cena que se han inventado mis amigas, de última hora. Sus esposos son los más amables del mundo y ellas son dulces y divertidas. Creo que te gustarán.
—¿Me da tiempo de alistarme?
—Sí, claro que sí.
Layla ingresa a la habitación de su esposo y Selene. Es un poco más grande que la suya, pero no le importa demasiado. El príncipe le ofrece algo de beber y ella niega. Selene asegura que puede alistarse rápido y él niega con la cabeza. Layla, por otro lado, estira su mano para tomar unas uvas y comérselas. Sonríe mientras revisa su celular y Kamal pone su completa atención hacia la mujer. Ella sonríe mientras ve una fotografía que ha enviado Aurora de su hija, la cual va en pijama, con unos lentes de fiesta y unos collares.
—Es una divinidad, es la hija de Aurora.
—La del marido mayor.
—Sí.
—¿Qué tan mayor?
—Veinte años, pero no se nota. Él está bien conservado, es muy guapo y tienen viñedos. Quizá tú y Selene deberían ir a conocer. Hace un año visité sus viñedos y tuve resaca de la buena como por 48 horas.
—Sospecho que eres alcohólica.
—No, solo soy de esas personas que se divierten con el alcohol.
—Alcohólica.
—Vale, depresiva simpática.
Kamal sonríe y después aparece su esposa, quien se ha recogido el cabello en un moño, se ha maquillado un poco y está indecisa entre un vestido u otro.
—Creo que el rojo.
—¿No es muy llamativo?
—Lo es, pero siempre hay algo. ¿Para qué lo has comprado?
—Para verme guapa.
—Vale, ve a verte guapa.
Kamal sonríe y ve a su esposa.
—El rojo es ideal para ti en Ágape.
—Gracias.
Selene se aplica un poco de delineador del mismo color, busca en su maleta unos zapatos y finalmente se coloca el vestido. Los tres salen juntos del hotel. Una camioneta les espera y les aseguran que no será incómodo con sus amigos. Una hora más tarde, están en el restaurante de las hermanas Luthor, el único lugar decente que encontró Aurora para pasar un buen rato con su amiga y su esposo príncipe.
—Él se ve muy dulce.
—Sí, pero es un príncipe. ¿Qué tal si no cumplimos expectativas? —comenta la dueña del lugar y su cuñada.
—Bueno... eso es cosa de ustedes. Además, mi amiga es una princesa.
—¿Qué clase de amigos tienes? —pregunta su esposo.
—Amigos —responde Aurora encogiéndose de hombros.
Los cuatro ven a Kamal, Layla y Selene acercarse. Todos se ponen de pie y Layla se encarga de hacer las presentaciones. Todos parecen recibir con cariño y respeto a Selene, como si no fuera incómodo o raro tener dos esposas.
—Kamal y sus hermanos están por abrir un resort en Tierra del Sol. Deberían negociar alcohol —comenta Layla.
—¿Qué planes tienen para Azalam?
—Ellos ninguno, yo varios —todos se ríen.
—¿Qué te apetece hacer?
—No, mis proyectos son míos. No vayas a quedar como el héroe.
—Bueno, cuando quieras compartir, he hablado con mi padre y unos amigos suyos y están interesados en invertir en un hotel nuevo y místico.
—Eso sería ideal para Azalam —comenta Selene.
—Lo sería.
—Podrían construir algo de lujo, solo para mujeres o parejas. El de ellos es muy familiar, no tan luna de miel o escapada sexy.
—Wow, como tienes opiniones negativas sobre mi trabajo de meses.
—Sí.
—Les apetece un menú de degustación —pregunta Patrick y las dos mujeres aceptaron de inmediato. Kamal se interesó por Ellis, el esposo de Marcela, algo más reservado. Este comentó que la adolescencia de sus hijos era agotadora y que en ese momento se dedicaba a espiarlos con el teléfono. Todos en la mesa rieron. La conversación fluía de un lado a otro, todos muy emocionados. Selene no recordaba la última vez que había comido con personas diferentes a Kamal y la familia del príncipe.
—¿Selene no vas a probar?
—No, estoy embarazada.
—Felicidades —dijeron todos de inmediato.
—¿Estaban intentando?
—No.
—Esos son los mejores bebés.
—Yo tuve gemelos sin intentar a los 18. No le veo nada extraordinario a la que les sigue —todos ríen.—Son hermanos sorpresa a mis casi cincuenta.
—Todos sabemos que tienes un hijo favorito.
—¿Perdonen, pero el primogénito no se deja el reino? —pregunta Marcela.
—En nuestro caso, solo mis hijos oscilan a la línea real.
Esa era noticia incluso para Selene, quien sintió un poco de rechazo hacia su bebé. Si bien ella y Kamal habían conversado al respecto en varias ocasiones y ambos estaban inclinados a darle la libertad de hacer lo que quisiera, no le gustaba pensar que los hijos de la princesa tendrían más beneficios o una mejor posición que los suyos.
Selene se sentía cansada, muy triste y avergonzada. Todo lo que le habían advertido respecto a Kamal y su matrimonio con un príncipe estaba pasando directo ante sus ojos, y sumado a ello estaba la ilusión de los niños que ya habían adoptado.
—Selene, ¿cómo se conocieron? —repite Layla la pregunta.
—Yo estaba vendiendo pulseras en la playa para ayudar a mi familia y Kamal estaba salvando a una niña de morir ahogada.
—Mírate, puedes ser una princesa.
—Soy como Barbie, puedo hacer un millón de cosas —todos en la mesa se ríen.
—Y ustedes dos?
—Desde la infancia, Kamal era amigo de mi hermano y yo de los suyos.
—Bueno, al menos no es tan malo.
—Aurora...
—Podría ser un extraño con una esposa mala.
—Aurora. —Layla intenta no reírse, pero Kamal lo hace primero, y después ella. Selene no aguanta la risa y se les une. Al menos algo en su extraño matrimonio no es del todo raro.
La comida había sido espectacular y la conversación variada, sin embargo, era bastante tarde y les costaba despedirse.
—Promete que nos veremos antes de que te vayas —le amenaza Marcela.
—Y sabes que tienes que ir a lo mío —le advierte.
—Dios, qué pesadas son, vamos a ver qué pasa primero —comenta Layla y se despide de ellos, luego de sus esposos.
—Gracias por invitarnos.
—Cuando quieras venir a Mainvillage, siempre tenemos espacio para la familia, Selene.
—A ustedes también los espero en nuestra retirada de alimentos.
—Aurora, de verdad eres como una chiquitita.
—Estoy ayudando a los que no tienen —Layla se ríe y sube primero al auto, luego Selene y finalmente Kamal. La princesa les agradece nuevamente por ser tan amables y divertidos con sus amigos, y ambos aceptan que han sido encantadores.
—Podríamos hacer un paseo y aprovechar.
—No —responden los dos al unísono.
—Nunca tenemos oportunidad de hacer nada aquí, hay muy buenas playas. Si no vienen, debo notificarles que iré a surfear —Las dos mujeres lo miran. Kamal suelta una carcajada.
—¿Surfean?
—Ay, Kamal...