Romperse el corazón

1382 Words
Leonel había despertado en el hospital, con oxígeno y bastante líquido ingresando por sus venas, se había deshidratado, sus hermanas acostadas en un sillón, su hermano acostado a su lado y sus padres sentados juntos en un espacio diminuto. Su mamá estaba dormida y su padre lo veía. Leonel se puso en pie y fue a ver a su hijo, le dio un beso en la mejilla y agradeció a Dios. —Ni siquiera eres religioso. —Dios me entiende, y cuando tengas un hijo, lo entenderás. —Vale... —Te amo, hijo. Voy a despertar a tu mamá y llevarme a tus hermanos. —Ey, príncipe —saludó Erica, y los dos hombres rieron. —Hola, mamá. —Hola, cielo. La mujer abrazó a Leonel, y él la rodeó con sus brazos. Luego, fue hacia la ventana, donde estaba ella, agitó sus dedos y regresó a su silla en silencio. —Nos vamos, solo queríamos que despertaras en familia. Tienes visitas reales, y no pueden ser vistas, pero estaremos a una llamada, ¿eh? —Voy a dormir todo el día. La mujer puso sus manos calientes en los rostros de sus hijos pequeños y les avisó que su hermano había despertado. El menor de los chicos corrió a saludar. Leo y él se abrazaron y besaron. Sus hermanas también saltaron a la cama y lo llenaron de besos. —¿Cómo te sientes? —Estoy feliz de que no murieras —comentó Paulina, y todos la regañaron. Leonel rió, y su hermana también. —Eres necia, tonta. —Te hice reír —respondió la joven y volvió a abrazarle—. Te amo mucho. —Los amo mucho. —¿Quieres que nos quedemos? —preguntó el menor de los hermanos. —No, pero está prohibido regresar sin pizzas con ajo, pepperoni y extra queso. —Leonel, son las 12 de la noche, te darán sopa si acaso —informó su madre, y todos rieron. —¿Con quién te casaste? ¿A quién no le gusta la pizza? —No sabía eso, pensé que tu madre consideraba la pizza una comida inapropiada para citas. Sorpresa me llevé cuando me informó que no tenía interés en absoluto en este alimento de los dioses. —Está bien, amamos a Leo, pero en el hotel hay camas —comentó el menor de la familia, y todos rieron. Leonel les dio un beso y un abrazo, acompañado de las gracias. Después de la salida de los Westborn, Layla ingresó a la habitación, se acostó al lado de Leonel y este apagó la luz. Ninguno de los dos tenía nada que decir, solo silencio. Ella le acarició el pecho, y él el pelo, hasta quedarse dormidos nuevamente. A la mañana siguiente, Layla despertó primero, un poco asustada. Leonel se despertó y le tomó de la mano. —Buenos días —dijeron al unísono. —¿Cómo estás aquí? —Compré el hospital. —¿Todo? —No, tu abuelo compró la otra mitad porque le parece seguro tener acciones en la junta para cuando pasan estas cosas. Tenemos el piso solo para nosotros, y estamos pagándole la investigación al médico que está a cargo. Todos firmaron el NDA, y les pagamos una cifra alta en efectivo. Es inimaginable que todos los médicos y enfermeras tengan tantas deudas en préstamos estudiantiles. El mundo está mal. —Layla... ¿no te estás poniendo en riesgo? —Kamal ha anunciado que esperamos un hijo. —¿Estás embarazada?—pregunta sorprendido. — ¿Cuánto tiempo... estuve dormido? —Nuestro congreso exige un bebé, y hay una pareja exigiendo territorio desde hace un millón de años. Podría haber guerra, así que lo mejor es si me embarazo, Kamal lo ha anunciado para ganar tiempo. No quiero mentirte, Leonel —dijo la joven con lágrimas en los ojos. Un par de ellas se resbalaron por sus mejillas, y las secó de inmediato—. No puedo dejarle y ser tuya, no puedo olvidarme de todo y de mis responsabilidades, pero... te quiero, me importas como para comprar un edificio y todo el que pase por él, como para intentar explicárselo a mi familia. Te amo. —¿Qué necesitas de mí, Layla? —Tiempo y paciencia. —¿Vas a irte? —Entre las cosas que he comprado esta semana, hay una casa aquí en Montecarlo. Le pedí a un amigo su casa de playa en Mainvillage. Es una reserva muy privada, ni siquiera hay empleados. Podemos ir y recuperarte, y yo me quedaré y te cuidaré el tiempo que haga falta. —Layla, estoy mareado y muy cansado. ¿Crees que pueda hablar contigo cuando pueda pensar? —Sé que es más complicado de lo que debería ser, pero dijiste que me amas, y yo tengo un compromiso con alguien más. Accedí a ser madre de sus hijos y no puedo dejarlo ahora. —Lo entiendo, pero entiéndeme tú a mí. ¿Qué propones? ¿Embarazarte de otro hombre y quedarte conmigo? —Leonel... desde el minuto cero, antes de cruzar esa línea, sabías que estaba casada. ¿Cómo funciona esto para ti? —No sé, hoy veo la vida 100 % diferente. —responde, y Layla se aparta. —Me duele la cabeza, no puedo pensar... —Llamaré a un médico. —No, solo... necesito estar solo. —dijo la joven y tragó duro. —Yo... ¿Quieres que me vaya? —preguntó Layla. —Sí. —Okay. —Layla le dio un beso en los labios, bajó de la cama, tomó su bolsa y salió del hospital vestida de médico. Se cambió de ropa y de auto dos veces para regresar al hotel. Su esposo y sus hermanos estaban todos reunidos desayunando. Layla decidió ir directo a su habitación, tomar una ducha larga y descansar un poco. Cuando despertó, su esposo tenía una bandeja con desayuno en la habitación. Layla tomó asiento sobre la cama, y Kamal se sentó a su lado con una taza de café. —Layla. —Hola. —Cuando... mis padres murieron, tu padre me dijo que tenía que casarme rápido y tener un hijo —los dos rieron—. Mi tío me dijo que debía elegir una buena mamá. La mujer que nutriría a mis hijos desde su vientre, los cuidaría y los criaría de forma correcta. —Ayer me llamaste incompetente. —Lo sé —Layla rió. —Quiero tener hijos, y me gusta ser tío de los otros y cuidar de todos a mi manera. Pero si puedo darles un dulce extra cuando nadie ve, o si puedo regalarles mi postre porque es su favorito, voy a hacerlo, porque no son mis hijos y no debo preocuparme por sus niveles de azúcar, solo de mimarles. Sé que con los hijos es diferente. Sé que necesitas un bebé para el reino, pero ¿has pensado lo injusto que es? Tú tienes al amor de tu vida, y yo tengo que hacer todo lo que dices. —Lo entiendo. —Y luego haces promesas que no planeas cumplir, Kamal. Estoy cansada de sufrir. La joven comenzó a llorar, y Kamal supo que nada de ese llanto, de esa tristeza o el dolor que estaba escuchando tenía que ver con sus células más egoístas, sino con las de un hombre acostado en una cama por deshidratación. Y entonces, cuando logró tranquilizarla, decidió hacer algo inimaginable, envió a su esposo a divertirse con sus cuñadas, a distraerse, y después subió a conversar con sus hermanos. —¿Estás considerando darle permiso a tu esposa de ser infiel? —No, pero si lo pensamos bien, ella va a estar con él tarde o temprano. Es como si Layla me prohibiera tener a Selene cerca del bebé. —Sé que todo esto es complicado, pero lo único en lo que debes intentar convencer y trabajar para que suceda es que esa mujer se meta todo tu semen en el útero, las trompas de falopio, y rezar para que tengas un heredero, Kamal —le informa Elías. —Casi nunca estoy de acuerdo con ustedes, y todo esto se sale de lo esperado, pero creo fielmente en que deberían intentar tener ese bebé pronto. Si no, nos tocará plantear una estrategia militar —dice Lorenzo.
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