Medussa.
El telón rojo escondía el cuerpo escultural de Medussa, quien ya estaba más que preparada para su show nocturno. Llevaba puesto un corset de corazón que remarcaba su busto, una tanga de hilo color n***o, mayas de red que apretaban sus muslos gruesos, tacones de aguja oscuros y un labial rojo mate que le añadía el toque especial: tentación.
Se abanicaba a sí misma con las manos mientras que a la vez se acomodaba el antifaz de plumas negras sobre sus ojos, el cual usaban todas las bailarinas del club para proteger su verdadera identidad.
Se humedeció los labios con la lengua al escuchar a su jefe anunciar su presentación, estaba ansiosa por bailar frente a todos.
A pesar de que el público no pudo notarlo, su mirada se iluminó cuando alzaron el telón. Ella desfiló de manera seductora hasta el tubo se aferró a él con una urgencia inefable, se subió a él con una destreza atrayente, sus dedos casi rozaron el techo antes de bajar en circunferencias casi profesionales.
Los silbidos y aplausos abundaban tanto como los billetes en el aire. Medussa era la favorita de la noche, más por su pasión férrea a sus coreografías sensuales que por cualquier otra cosa.
Su movimiento de caderas cautivaba, era suave y delicado, tal y como el andar de una serpiente. Medussa no escondía su mirada para proteger su identidad, no; ella lo hacía era para evitar hipnotizar a sus admiradores con esos orbes que chispeaban lujuria.
La stripper predilecta se agachó y su lengua ascendió por el tubo junto a su cuerpo, se tocó los senos con tanta pasión que incluso tendía a parecer narcicista. La verdad era que a ella le excitaba su propio cuerpo, pero no tanto como le encantaba compartir su peculiar fetiche ante los hombres, amaba tener todas esas miradas sobre cada milímetro de su piel, a ella le fascinaba que la desearan.
Medussa, podía envenenar tu autocontrol con unas simples palabras.
Medussa, su mirada podía conventir en piedra tu moral, haciéndote caer en su hipnosis lasciva.
Ella tenía tantas cualidades como la diosa mitológica serpientes en su cabeza, le hacía honor a la leyenda y era tan maldita como la misma.
Mientras gateaba para que los clientes VIP metieran billetes en su escote, podía sentir el enigmático peso de una mirada específica. Era la primera noche que Danger Xannto asistía a ese club, el hombre sostenía un vaso de Whisky mientras miraba con insistencia a la bailarina, sintió el deseo de desnudar ese rostro antes que ese cuerpo, porque él ya había notado que ella poseía un misterio detrás del espectáculo, pero, ¿de qué se trataba exactamente?
Cuando estuvo frente a él, Danger se inclinó hacia adelante y le agarró el mentón, sus narices respiraciones se rozaban. Ambos se miraron con un notorio interés, Medussa sacó la lengua y delineó la rendija de los labios de aquel desconocido. Tan rápido como llegó, se levantó y le dio la espalda para continuar cautivando a todos con su atrayente cintura.
Danger bebió de su Whisky sin perderla de vista, él tenía que conocerla; no a la stripper, sino a la chica. Ella tenía que ser suya.