"Si por besarte tuviera que ir después al infierno, lo haría. Así después podré presumir a los demonios de haber estado en el paraíso sin nunca entrar.
~William Shakespeare."
Narrador omnisciente.
Danger Xannto cruzó la entrada de la discoteca vistiendo un smokin de moño n***o, sus dedos iban adornados de varios anillos de plata y en sus ojos destellaba una notoria lascivia. Él había estado esperando durante toda la semana para asistir a aquel sitio, la imágen de aquella stripper no le permitía existir en paz. Medussa... El efecto de su espectáculo era tan hipnótico que aquel hombre no podía sacarla de su cabeza desde la primera vez que la vio bailar.
Con una figura encantadora le brindó a Danger una sensación de deseo, más con la pasión de sus pasos le otorgó el anhelo... No, la necesidad de conocerla más allá de lo superficial.
Preso de la lujuria durante varias noches, él había desnudado el cuerpo de Medussa en sus pensamientos, pero su propósito más grande era desnudarle el alma.
Caminando entre las mesas de la disco, Danger Xannto buscaba a aquella escultura andante como tigre a su gacela, pero al notar la fiesta tranquila, supo que ella no estaba cerca. Ramé, así la llamaría en sus pensamientos, ella era tan caótica y hermosa al tiempo.
Tras pedir un trago de ginebra, Danger tomó asiento en la mesa VIP que había reservado con anticipación para tener una mejor vista del show. Varias chicas del mismo status se acercaron con la intención de hacerle compañía, pero Danger las alejó con monosílabos sutiles.
Esa misteriosa mujer se había convertido en su delirio.
Y pensar que había gastado una pasta en la reservación y en la cadena que llevaba guardada en su bolsillo para obsequiárselo a aquella diosa.
Tenía varias ocupaciones para esa noche, pero hacer un espacio en su agenda era una urgencia para complacer su capricho. Suspiró mientras sus labios rozaban la circunferencia del vaso y se humectaban por el contenido, no pudo darle el primer trago, puesto que alejó el objeto vidrioso de su boca al sentir una vibración en su bolsillo.
Con el ceño fruncido, descolgó la llamada entrante.
—¿Bueno? —inquirió con el iPhone contra la oreja.
—¿Dónde te has metido, coño? —una voz femenina le reclamó del otro lado de la línea. Era Minerva, su representante—. ¿Puedes al menos avisar que te retrasas?
Danger suspiró, ahora sí tomando de su whisky para aminorar el estrés.
—Minerva, eres mi representante, no mi jodida guardaespaldas —le recordó—. Tengo entendido que la sesión de fotos para la nueva revista es el cuarenta y cinco minutos, así que no me estoy retrasando. ¿Puedes bajarle tres al estrés?
—¡Menudo descarado! Pero bastante que me reclamas las escasas veces que he sido impuntual. Más te vale llegar pulcro y sobrio, gilipollas.
Tras finalizar aquella agradable —nótese el sarcasmo— llamada de negocios, Danger se relajó sobre su sillón de cuero mientras esperaba con impaciencia a la presentación de Medussa.
Miró el reloj de su muñeca, asegurandose a sí mismo que no llegaría tarde a su compromiso laboral. Los representantes de la industria porno eran bastante exigentes con sus actores, lo cual le rompía las pelotas hasta más no poder.
Danger Xannto era el pseudónimo de aquel hombre, más que ser conocido así por su trabajo, amaba que lo llamaran de tal forma a altas horas de la noche. Oh, pero era mejor que no lo reconocieras bajo plena luz del sol, pues en el día su personalidad era otro tema.
No pudo evitar morder su labio inferior cuando la modelo que había estado bailando, desapareció detrás del telón rojo. Ese acto tan simple significaba tanto para su autocontrol...
—¡Y ahora con ustedes! —exclamó el presentador a un costado del escenario —¡La más aclamada! ¡La más asediada! ¡La más letal del olimpo! —tras un redoble de tambor, arrastró:— ¡MEEEEEEDUSSA!
Una orda de aplausos y silbidos llenaron el lugar antes de su presencia. Al cruzar el telón, la aludida arrastraba consigo unas tiras de tela que colgaban del techo. Danger pudo haber apostado cada céntimo de su cuenta bancaria a que saldría más loco de ahí.
La mujer apodada en secreto Ramé; lucía un largo vestido de seda color blanco, el cual se camuflaba con las telas que colgaban del techo. Una máscara de plumas y marabú blanco ocultaba la mitad de su rostro, permitiendo únicamente exponer sus labios, los cuales iban cubiertos de una pincelada de brillantina dorada.
Ramé modelaba lentamente mientras hechizaba a los espectadores con sus caderas, jugueteando a la vez con las tiras blancas enrredadas en sus manos.
—Hoy no quiero ser una diosa —pronunció un un tono melódico, todos lograron escucharla gracias al micrófono oculto minuciosamente tras su espalda—. Esta noche, quiero limitarme a ser un ángel que vuela sobre decenas de pecadores que desean corromperla.
Millones de aplausos pudieron hacer reventar el lugar de no ser porque fue construído por arquitectos profesionales.
Medussa hizo una especie de uno a las telas y colocó los piés sobre ella mientras un mecanismo desconocido la ayudaba a elevarse por los aires y volar por encima del público.
La melodía de Everything i wanted hacía retumbar las paredes, otorgándole magia a la danza aérea de Medussa, y dándole un toque más pasional aún por la lírica.
Medussa se movía en el aire como toda una profesional, cuando en realidad jamás en la vida había pisado una academia. Su peluca rubia acariciaba el aire conforme daba vueltas eficaces. En un movimiento ágil, brincó mientras arqueaba la espalda y consiguió quedar sentada, columpiándose por todo el lugar mientras cerraba los ojos para disfrutar del deleite auditivo que destilaba la voz de Billie Eilish.
Nadie podía soltar alagos, simplemente todos estaban enmudecidos ante el espectáculo. Medussa era tan maravillosa, que conseguía cerrar bocas sin pedir silencio.
Al fallecer la última estrofa, el ángel colocó un pié sobre el escenario y caminó hasta las orillas para tocar las manos de sus fanáticos, tal y como en un concierto.
Al estar frente al hombre que más la deseaba, perdió el equilibrio cuando éste mismo la haló por la muñeca, haciéndola caer sentada sobre su regazo.
—Ramé... —pronunció él, paltando su bolsillo en busca de la joya que escogió para ella—. Esta preciosidad es para ti —le colocó el pequeño cofre en la mano mientras le acariciaba la espalda.
Medussa le sonrió con suficiencia.
—¿Tanto te ha gustado mi presentación que te has tomado el atrevimiento de obsequiarme algo? —inquirió con voz seductora.
Hacía tan sólo unos minutos había hablado como un alma pura, y ahora su tono emanaba el más extremo del deseo de pecar. Danger no pudo sentir más que admiración por el temperamento que la stripper dominaba.
—Digamos que me ha gustado más que tu presentación —él alzó la comisura de sus labios—. El enigma que destilas detrás de esa máscara me trae enloquecido.
—Mhmm —emitió la mujer, extendiendo sus dedos finos para dar una leve caricia a ese fanático que la observaba con devoción.
Pero Danger le atrapó la muñeca y, en su lugar, encerró en su puño las puntas de aquellas uñas tan hermosas y femeninas. Medussa le sonreía al hombre que sostenía sus dedos y que detallaba sus lúnulas como si ahí estuviese tallada alguna pista de su verdadera identidad. Al cabo de unos segundos, Danger Xannto se inclinó y depositó un beso en los nudillos de la stripper con caballerosidad.
Tuvo que cerrar los ojos para poder disfrutar aún más la divina sensación de la piel contra sus labios, pudo jurar que sintió haber volado sin despegar los piés de la tierra.
Al romper el contacto, ambos hicieron contacto visual. Pero Medussa era impredecible, tanto que nunca dejaría de sorprender a las personas... Ella imitó la acción de Danger, pero cambiando el objetivo. Al inclinarse, se dio a sí misma el derecho de besarlo.
Pero no fue pasional y duradero, fue más bien un gesto de agradecimiento para el fanático que comenzó a serle fiel desde la primera vez que la vio bailar. A pesar de que el contacto fue efímero, y que el separarse bastó para que Medussa se levantara para desaparecer detrás del telón; Danger pudo asegurar haber probado la ambrosía sin ser partícipe de alguna mitología.