Malika. El frío de la noche no tiene conmiseración por mis piernas, me mantengo pequeña en una esquina mientras espero algún milagro del señor, ¿habrá sido suficiente la plegaria que le hice en el local de Josh? Franchesca continúa dormida como si no hubiese un mañana, a veces envidio su capacidad de dormir donde y cuando sea. No sé si sufro más por el hecho de que tengo bastante frío, por el ardor en mi nuca a causa del tatuaje, o por la desesperanza que se acrecenta en mi pecho con cada minuto que pasa sin que nadie venga a socorrerme... Mhmm, supongo que mi martirio se basa en una mezcla de todas. —Pss. Hey, Malik —giro la cabeza para encontrarme con Fran, haciendo un ridículo puchero—. Cuando salgamos de aquí, ¿podemos volver a por la nute-pizza? Aprieto los labios para no desprot

