Capítulo 11: Un alma como pocas.

1034 Words
Vi mi momento de matar a Richard, pero miraba a los ojos de Ludovika mientras esquivaba los ataques de su padre, como buscando interpretar lo que ella opinaba de lo que estaba sucediendo, y con solo verla entendí que le daba igual la suerte de su padre, ella no me había contado la historia completa de su tragedia, pero entendía por su actitud que realmente él era el culpable de que ella viera la vida como un tormento, pues creció limitada por la poca libertad que Richard le daba, y la cantidad de malas personas a las que tuvo que ayudar por exigencia de su padre. Recordé en una de las conversaciones que tuve cuando me veía en secreto con Ludovika, cuando luego de darle un abrazo, dejó caer una lágrima de felicidad, después de haberse reído de mis chistes, y me dijo: -          Aunque no lo creas, los mejores momentos de mi vida han sido éstos, tus visitas, las charlas que hemos tenido, los abrazos que me has dado, todo esto me ha permitido sentirme un poco viva, y se agradece, se agradece demasiado en medio de una vida tan triste como la mía. Pero me preocupa que te descubran, no quiero que mi padre te reprenda por mi culpa, no sabes las maneras que tiene de castigar conductas que no le agradan. -          Sí te creo que estos sean los mejores momentos de tu vida, porque aunque yo haya crecido con un poco más de libertad que tú, estos también han sido los mejores momentos de mi vida, y siempre estaré agradecido por haber trabajado en esta casa, por haber recibido una mejor vida gracias a ustedes, pero sobre todo, por haberte conocido a ti, Ludovika. Tienes el alma más noble que conozco, ni siquiera porque seas excesivamente compasiva, porque no lo eres, en realidad eres un poco cruel, pero eres dulce, sin ser puramente noble, igual ya eres lo más nobles que conozco, así de jodido está el mundo. -          No se si sentirme halagada u ofendida, pero te agradezco que veas eso en mí, nunca me lo habían dicho, no soy de hablar mucho con personas, crecí encerrada entre éstas cuatro paredes. -          Pero yo seré quien cambie esto, no olvides mi promesa, yo no hablo por hablar, te aseguré ser quien te convierta en la mujer más libre del mundo, y así lo haré. -          Eso suena tan lindo, ojalá realmente fuera posible. -          Todo es posible en el mundo, te lo aseguro yo, que por más desfavorable que se torne el panorama, la esperanza no abandona su misión. Mientras yo esté vivo, nunca dejaré de luchar por lograr tu libertad, estoy seguro que soy capaz de brindarte tu libertad. -          Si algún día en verdad haces realidad eso de lo que hablas con tanta ilusión, llévame contigo, porque me haces sentir toda la felicidad que anhelo para tu vida, y si me otorgas la libertad inmensa de la que hablas, ten por seguro que la usaré para estar contigo, toda la vida si es posible. -          Ten por seguro dos cosas, que lo voy a lograr, y que cuando lo logre, tendré esas mismas ganas de estar contigo, porque ya las tengo, y desde que te conocí, esas ganas sólo crecen. Entre más te conozco, más son las cosas increíbles que veo en ti, y lamento mucho lo que has tenido que pasar, pero todo eso tendrá fin pronto, es una promesa, desde el corazón te pido que aguantes un poco más esta vida, más pronto de lo que crees, tendremos otra. Esa noche Ludovika y yo nos abrazamos toda la noche, pero no la besé, porque hace poco había matado a Enzo, y como no estaba acostumbrado a matar gente, me sentía impuro, como si fuese indigno de probar sus labios, aunque esa mirada me matara, y me hiciera sentir mil deseos de probar su boca, no me sentí preparado para hacerlo. Hasta irónico me parecía, que yo fuese el tipo más fuerte del mundo y aun así me sintiera vulnerable ante los sentimientos que Ludovika despertaba en mí, quizá era capaz de matar a todos los capos del segundo pilar, pero sentir la tranquilidad de besarla, me parecía una tarea mucho más complicada, mi mente estaba en tantas cosas, todo el tiempo estaba calculando en mi ansiosa mente el plan que íbamos a llevar a cabo con Gordor para liberar a los nuestros. Mientras la batalla con Richard se desarrollaba, entendí que podía acabar con él sin ningún remordimiento, y eso era lo que tenía en mente, pero me di cuenta que iba a ser más difícil de lo que creía. Por algún motivo, él prefirió absorber las fuerzas de todos ellos antes que empezar a absorber la mía. Sus golpes entraban cada vez más crudos, mientras que Gordor y mis colegas cada vez se veían más débiles, como si sus cuerpos se estuvieran convirtiendo en recipientes vacíos. Si no hacía algo pronto, iba a acabar matándolos a todos, y se iba a acabar haciendo tan fuerte, que en verdad me iba a costar derrotarlo. Me tuve que dejar de estrategias, y como no absorbía mi energía, entonces lo que hice fue romper mi promesa, para poder empezar a pelear enserio, era eso o dejarlo hacerse demasiado fuerte, pero mucho antes de que lo hiciera, tomé las cuchillas que Gordor me había creado, y con ellas le corté las manos, para que ya no pudiera absorber más energía, mientras él, con sus brazos sangrando, me empezó a atacar desesperadamente con patadas, mientras lloraba de manera trágica, y los demás miraban aquella cruda escena. Uno de los capos más respetados del segundo cuadrante, se encontraba de rodillas ante mí, uno de sus supuestos más leales esclavos, después de haberle servido tantos meses, y luego de haberme infiltrado en el ejército más temido de ese pilar, ahora estaba a punto de darle fin a su vida, al que probablemente era el ser que más daño le había hecho a mi r**a, y por ende no sentía remordimiento ante la idea de asesinarlo, pese a haber sido el primer hombre que creyó en mí, cuando nadie más lo hizo.
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