Como no podía ser de otra forma, me vi en la necesidad de ir con todo lo que tenía a por Richard, no sin antes dejarle unas últimas palabras.
- Enzo antes de morir, me advirtió de lo que estabas hecho, me dijo que sólo le estaba sirviendo a alguien mucho más ruin que él, y su última voluntad fue que te asesinara si me demostrabas que eras peor que él.
- Compararnos nunca fue bueno, hacíamos las cosas muy distintas, no hay manera de compararnos, yo al menos sí tenía alguien a quien amaba.
- Si te refieres a tu hija, debo decirte que tienes un concepto muy retorcido de lo que es el amor, Richard. Pero no te culpo por pensar que la manera en que trataste a Ludovika es amor, en un mundo sin valores, es difícil saber identificar los sentimientos nobles, y mucho más para gente que creció en un ambiente como el tuyo, sé que no es tu culpa como creciste, y las cosas que aprendiste en ésta mierda de mundo, que te llevaron a creer que la mayor aspiración en ésta vida eran estos negocios asquerosos, y la acumulación de poder sin mayor sentido, que no te conduce a ningún lado, más que a ganarte el respeto de los seres más despreciables de ésta tierra.
- Me causa gracia que nos llames despreciables, cuando fuimos quienes te lo dimos todo, primero yo, y muy probablemente ahora vas a matar a tu nuevo amo, porque al igual que todos nosotros, ha de estar metido en asuntos pesados.
- Que rara forma de referirse a matar gente.
- Llámalo como tú quieras, todo da igual en éste punto, Corleos, solamente acaba con mi sufrimiento, y mátame de una buena vez. Me hubiese gustado darte una pelea mejor, pero por lo que veo, estabas escondiendo algo mucho más grande de lo que sospechábamos. Eres fuerte, pero yo que conozco a los más fuertes en éste mundo, te aseguro que no eres el más fuerte de todos, tal vez estés persiguiendo a los peces más gordos de ésta pecera, pero aún te falta ir a nadar en el mar un par de años, a ver si ahí matas y sobrevives tan fácil como aquí.
- ¿Quién puede ser más fuerte que yo allá afuera? Si estás tan seguro, entonces lo descubriré por mi propia cuenta, pero pienso que estás hablando desde la pequeña parte de mi poder que viste hoy, así que es mejor no hablar por hablar, Richard.
- No estoy hablando por hablar, durante el combate traté de absorber tu energía, y la visualicé en mi mente, eso me pasa con todos aquellos a los que trato de consumir, pero tu energía es blanca como la luz de un faro, y se siente densa, es casi imposible de absorber, por eso no lo hice. No es la primera vez que trato de absorber energía de ese tipo, en mi juventud traté de absorber la fuerza de un sujeto que se sentía igual que la tuya, solo que mucho más grande, y mucho más revuelta, como aguas que no encuentran la calma.
- Muy bonitas tus metáforas oceánicas, pero dudo mucho que en el pasado hayas probado una energía de éste tamaño, tal vez en tus recuerdos es más grande de lo que en realidad era, y no creo que haya sido de la misma naturaleza de la mía.
- Compruébalo tu mismo en la vida que te queda por delante. Qué extraño se siente esto, ¿no crees? para matarme, tienes que cumplir la voluntad de alguien que tanto odias.
- No lo hago porque sea su voluntad, es porque éste es el destino que mereces.
- El destino que merezco es mucho peor que la muerte, pero hazme el favor de una buena vez.
De un tajante golpe acabé con su vida, mientras Ludovika daba la espalda con sus ojos cerrados y sus brazos cruzados, como gesto de completa indiferencia ante la muerte de su padre, pero no la culpé, yo también haría lo mismo si estuvieran ejecutando el mío frente a mis ojos. Cuando éramos pequeños, solíamos preguntarle a mamá acerca de nuestro padre, pero ella siempre nos respondía que no importaba, que por favor no habláramos más de él, ni le preguntáramos qué era de la vida de aquel hombre, y al crecer y entender un poco mejor las cosas, tampoco quiso contarnos, pero nos obligó a prometerle que nunca íbamos a tratar de encontrarlo, porque nos aseguraba que estábamos mucho mejor sin saber de él.
Mi madre sabía que probablemente uno de los dos, tarde o temprano rompería la promesa, más sin embargo no se sabía cuál de los, dos lo haría primero, según ella, pero yo siempre supe que sería Gordor quien lo hiciera un día de estos, ya que fue lo único que con el paso de nuestros días juntos entrenando, nunca pudimos resolver. Gordor siempre insistía en que conocer a nuestro padre le hacía ilusión, mientras que a mí, solamente me producía una sensación de rencor, un odio imperdonable que me obligaba a repudiarlo por habernos abandonado. Siempre pensé que las intenciones de mi hermano eran demasiado inocentes, incluso para ser un niño; para mí era suficiente ver la manera en que mi madre evadía el tema, para entender el daño que ese tipo le había causado en el pasado, y lo mucho que le costó habernos criado a los dos juntos, dejándola a ella sola con la responsabilidad de alimentarnos.
Mi único consuelo, fue siempre sentirme orgulloso de la fuerza que heredamos de la sangre de los Corleos, pues me permitía afirmar que ni siquiera eso le debíamos a mi padre, pues toda nuestra fuerza era producto de la herencia materna, y así no tenía que darle las gracias por nada, ni siquiera por haberme beneficiado con su sangre, de la cual yo sentía deshonra, mientras que Gordor sentía una peculiar curiosidad.
Ya una vez nos deshicimos de Richard y de Enzo, ahora faltaba lo más difícil, que iba a ser restablecer mi vínculo con Antony, con quien probablemente iban a estar las cosas tensas al volver, si Kraneo y Goldeye le contaban que habíamos sido nosotros, los hermanos Corleos, quienes los habían dejado fuera de combate durante el atentado contra Richard.