Capítulo 9.1

1425 Words
-       Más que entusiasmarme matar, me mueve servirle a la única persona que me apoyó cuando todos me dieron la espalda, pero tú no sabes nada Corleos, así que cállate. La historia de Kraneo no había sido sencilla, pero sólo la supe mucho tiempo después de aquella batalla. Cuando era pequeño, sus padres trataron de convertirlo en la persona con tecnología más cotizada del mundo, porque los mejores maestros de artes marciales, lo catalogaban como un prodigio en el uso de espadas, sin embargo, Kraneo entranaba con sus dos hermanos, los dos mayores que él, que si bien se decía eran bastante fuertes, se quedaban relegados a vivir bajo la sombra del menor, quien aparecía en reportajes de noticias, entrevistas, y en todo lado dentro de su pilar. Kraneo era muy fuerte para su edad, pero eso también lo hacía peligroso, sin embargo, nunca nadie consideró el nivel de riesgo que implicaba presionar tanto a un niño pequeños a enfocarse en adquirir más y más fortaleza. Una tarde cualquiera, el pequeño Kraneo se encontraba luchando contra sus hermanos, en un combate de entrenamiento, y uno de sus hermanos empezó a provocarlo, diciéndole que podría llegar a ser el más fuerte, pero que eso no borraría le hecho de ser un bastardo. Pasaba que sus padres biológicos nunca respondieron por él, y al nacer lo dejaron a su merced, pero una gentil pareja de esposos lo acogieron en su hogar, y lo trataron como a un hijo más, y haciéndolo convivir con los otros dos jóvenes, sus hermanos mayores. Cuando Kraneo escuchó los comentarios de su hermano mayor, y vio al otro burlarse, alentando la burla del otro, se sintió menospreciado, y les propuso un combate de ellos dos contra él sólo, para demostrarles que, aunque no era propiamente un hijo de sangre, ya se había convertido en el más fuerte de su casa, y por lejos. El combate dio inicio, todo transcurrió en el patio de su casa, en donde había un campo de entrenamiento inmenso, que los padres habían construido para que los tres entrenaran a gusto. Mientras batallaban, Kraneo seguía escuchando las palabras de sus dos hermanos, riéndose de su pasado, y gritándole improperios horribles, y diciéndole que peleara en serio, que no iba a ser capaz con los dos. En ese instante, la mente de Kraneo supo por primera vez lo que era el odio, y se dio cuenta de lo poco que realmente lo apreciaban ellos dos, así que empezó a batallar en serio, utilizando sus dos cuchillas, que le habían sido otorgadas hace poco, luego de entrenar varios años con espadas normales. Aunque no sabía como emplearlas correctamente, sí que sabía como empuñarlas, pues tenían la misma dinámica de las espadas con las que había entrenado toda su vida, así que las activó, y arremetió contra sus dos hermanos de manera casi salvaje, y gritándoles que se callaran, mientras ellos le seguían gritando, cada vez más fuerte, cada segundo de manera más burlesca, y lo de Kraneo pasó de ser ira, a ser desesperación, por querer dejar de escucharlos de una vez por todas. En medio de su desesperación, activó sus dos cuchillas más de la cuenta, y más que herir a su hermano, el mayor de los tres, acabó apuñalándolo, hiriéndolo en una vena aorta de gravedad. Su otro hermano, veía la sangre del mayor corriendo por el suelo, mientras a gritos llamaba a su padre, y Kraneo contemplaba la brutal escena en silencio, respirando agitado, con los ojos rebosados de lágrimas, viendo a su detestable hermano agonizar en el piso. Su padre llegó rápidamente a la escena, y vio los filos de Kraneo llenos de sangre, y comprendió lo que había ocurrido al instante, pero para el momento en que llegó, la víctima no tenía ya signos vitales, solamente se movía por los impulsos neuronales de un cuerpo ya inerte, mientras el pequeño asesino le susurraba recostado sobre su c*****r ya frío. -          Kenngi, por favor perdóname, te suplico me perdones, no quise hacerlo, pero tus palabras me hicieron rebosar de rabia, aun así no debí atacarte de esa manera, por favor dime que me perdonas, hermano, por favor no te mueras, no quiero vivir sabiendo que fui capaz de matarte, por favor hermanito, levántate y dime que me perdonas. Ante la inexistente respuesta de su hermano, Kraneo entendió que lo que había pasado no tenía vuelta atrás, que lo hecho, hecho estaba, y que ahora era momento de asumir las consecuencias de su desenfrenada reacción. Luego de eso, su padre, llorando desconsoladamente al ver el cuerpo sin vida de su primogénito, le dijo a Kraneo: -          Siempre supe que esto había sido un error, desde el inicio se lo dije a tu madre, que eras muy peligroso, que no sabíamos de donde venías tu, ni los valores que llevabas por dentro, esos que se llevan en la sangre, pero debí haberme dado cuenta mucho antes de lo que eres en verdad, maldito engendro, eres un asesino, y nunca debimos haberte adoptado, fue el error más grande que cometimos tu madre y yo, y hoy lo pagamos con el precio más alto de todos. Maldita sea la ilusión que teníamos de que fueras fuerte, que pudieras hacer historia en éste pilar, convirtiéndote en un hombre de bien, que hubiese aportado grandes hazañas para el avance de nuestro pilar. -          Padre, por favor perdónenme, yo no quise hacerlo, todo fue un error, por accidente activé las cuchillas, no debí hacerlo, no quise hacerlo. Créeme, te lo suplico. En ese instante, el otro hijo interrumpió la conversación, de la manera en que sus sollozos se lo permitieron. -          Eso es mentira, papá. Lo he visto todo en primera persona, y Kenngi no le estaba atacando en serio, sólo se estaba burlando de él, pero Kraneo se tomó muy en serio los comentarios, y activó las cuchillas a propósito, yo lo vi, te juro que lo vi perfectamente, vi en sus ojos un deseo inmenso de matar, la manera en que se movió, fue algo que nunca antes había visto, realmente intentó rebanarle el cuello por completo, y de no ser porque este maldito aún no las domina por completo, probablemente le hubiese arrancado la cabeza. No puedo describirte con palabras lo que vi, pero su rostro era el de un asesino, como si estuviera poseído por un demonio, incluso me atrevería a decir que lo que vi, fue el rostro del mismísimo diablo. El padre creyó todo lo que su hijo de sangre le contó, y llamó de inmediato a las autoridades para que se llevaran a Kraneo a una correccional de menores, en donde pasaría toda su adolescencia, hasta convertirse en adulto, y ser trasladado a una cárcel de adultos, en la cual lo ejecutarían por el delito de asesinar a un familiar a sangre fría, que, bajo las estrictas leyes del segundo cuadrante, al igual que todos los demás delitos mayores, era condenado con la pena de muerte. Durante su tiempo en la cárcel, Kráneo pasaría gran parte del tiempo tratando de sobrevivir, matando a cientos de presos que compartían correccional con él, y fortaleciendo su cuerpo, para tratar de desahogar de esa manera la pena que sentía, por no haber podido escuchar nunca el perdón de su hermano; y es que era normal que no lo hubiera podido escuchar, pues según el dictamen de la autopsia, se determinó que el corte había sido tan profundo, que había cortado tajantemente no sólo la vena aorta, sino también los músculos del cuello, y a la vez las cuerdas vocales. Siete años tuvo que pasar en la correccional, cargando cientos de muertos a su espalda, derrotando desde el inicio a tipos mucho mayores que él, y convirtiéndose en el más respetado y temido de todo el lugar, se decía que incluso los guardias obedecían sus órdenes, sin ser nadie con gran influencia, sino simplemente un niño que se había ganado el respeto del colectivo a base de fuerza bruta. Varias condenas de muerte caían sobre Kraneo, y se convirtió en el menor de edad con mayor cantidad de delitos cometidos en la historia del segundo cuadrante. Luego de tantos años de entrenamiento a base de levantar pesas y asesinar reclusos, llegó el momento que Kraneo esperaba, el de descansar en paz y librarse de la miserable vida que llevaba sin libertad, pero lo que ignoraba el asesino escarlata, era que ese no era el día de su muerte, sino el día de su renacimiento, el comienzo de su nueva vida.
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