Sin mucho misterio, me levanté victorioso de la batalla, era claro que mis capacidades con el poder celestial eran mayores que las de mi contrincante, el poder de Dios me había convertido en alguien virtualmente invencible. Un segundo me bastó, para lograr noquear a mi enemigo de un solo golpe, ampliando la exactitud del instante al cual viajaba, para encontrar ese momento en el cual él se encontraba a punto de golpearme, con la guardia baja, y le asesté un golpe conteniendo mi fuerza, para evitar matarlo.
Escuché a mi compañero caer, y escuché a todos los demás combates empezar, y salí al cuarto para ver el único combate que quería, el que era uno de los supuestos mejores guerreros de mi r**a, alguien cuya fuerza se equiparaba a la de Dorgor, pero que por experiencia nos sacaba mucha ventaja. Un mago casi tan respetado como mi ancestro en sus primeros años, el mismísimo Goldeye, quien se enfrentaba a un m*****o del ejército que no conocía, pero de quien se esperaba una gran actuación.
Goldeye empezó a tratar de atacarlo con su mirada, que se rumoraba tenía el poder de un antiguo rey del antiguo mundo, ya que a donde la apuntaba, si así lo deseaba, podía convertir todo aquello que miraba en oro. Muchos perseguían los ojos de aquel mago, pero nadie había sido capaz de arrebatárselos, porque quienes lo intentaban, terminaban muertos; y algunos de quienes no lo intentaban, pese a que tenían la fuerza para matarlo, no veían la necesidad de hacerlo, pues generalmente eran lo suficientemente sabios para entender el nivel del riesgo de aquella hazaña, y además de eso, se rumoraba que no le veían sentido a la iniciativa de hacerlo, pues se decía que reconocían que nadie lograría robar sus ojos y alcanzar el nivel de destreza que él poseía al activar su don.
El mago de oro logró no sólo acabar con su adversario, sino aniquilarlo de manera definitiva, pues excedió la magnitud de sus poderes, y acabó por convertirlo en oro por completo. Al salir del cubículo donde pelearon, volteó a mirarme y me sonrió con sobrades.
- Con que también estás aquí, el famoso heredero de la fuerza del primer Corleos que me pudo hacer frente.
- ¿Desde cuándo estás vivo, mago de oro?
- Estaba aquí cuando no estabas, y aquí estaré cuando no estés.
- Deberías enseñarme a ser tan longevo, no quiero irme tan rápido de éste mundo.
Goldeye me sonrió.
- Cuando llegas a viejo en nuestra r**a, alcanzas un nivel de dominio de la magia que no te imaginas, Corleos. Sin embargo, lo difícil para nosotros es eso, vivir tanto tiempo, no acostumbramos llegar a viejos, al menos los más fuertes. Siempre acabamos siendo asesinados de maneras crueles, nuestros cuerpos no logran ser encontrados enteros, por eso nuestros ataúdes están hechos de materiales polarizados, para que nadie pueda ver la manera sanguinaria en la que se encuentran nuestros restos, siendo solamente un vestigio de lo que éramos en vida, pero de la manera más desagradable posible.
- Entonces viviré hasta viejo como tú, y lograré matar a todo aquel que me quiera matar primero, y cuando descubra tus secretos, espero tú también estés vivo para reírnos de la vida, mago de oro.
- Deja de decirme así, o tendré que convertirte un brazo en oro, para que tengas motivos para decirme así.
- Pero ese es tu apodo, es la manera en la que todos en el bajo mundo te conocen.
- Pues entonces que todos se vayan a la mierda, porque nunca pedí ser llamado así. Llámame solamente Goldeye, y cuando logres el mismo nivel de sabiduría que yo adquirí con los años, entonces te diré mi verdadero nombre, aquel me dio mi madre cuando nací.
- Viviré para que me digas tu nombre, no puedo permitir que tú sepas el mío, y yo tenga que conformarme con llamarte a través de un apodo.
- Pues entonces ponte uno.
- No puedo, todos ya saben mi verdadero nombre, todos me conocen como Roy.
- No pienses en el presente, yo también en algún tiempo, cuando aún no era tan legendario, era llamado por mi nombre de nacimiento, pero todos quienes sabían ese nombre, hoy ya no viven, es por eso que ahora sólo soy Goldeye.
- Te agradezco el consejo, pero mi orgullo más grande es ser Roy Corleos, hijo de Eliseo, el mago más grande que haya parido el cuarto pilar.
- Eliseo era un gran hombre, había muchas cosas que no compartíamos, pero siempre lo respeté profundamente, porque era realmente fuerte, pero esa no era la fuente de su reputación. Tu ancestro era mucho más que alguien fuerte, pero me imagino que las historias que te han contado de él, giran en torno a su fuerza, como si fuese lo que lo hizo grande en el cuarto pilar, en el mundo.
- Pero eso es lo que todos dicen, que era muy fuerte.
- No era grande por su fuerza, Corleos, era grande por su nobleza. Si quieres ser tan grande como él, entonces sé noble.
- Quiero ser más grande que él.
- Entonces no eres noble, eres lo opuesto, un ser avaro.
- Yo quiero el poder con un fin justo.
- Entonces en eso sí te pareces a Eliseo. Siempre estaba hablando de hacerse más fuerte para proteger a los suyos, y yo siempre me reía de sus idioteces, que absurdo apegarse a la gente, y amar entes tan finitos como lo es uno mismo.
- Yo no quiero proteger a los míos, yo quiero otorgarles la libertad. Pero sí me parece absurdo eso que dices, ¿Qué tiene de malo amar a las personas que te rodean?
- No tiene sentido Roy, todos son pasajeros. Tú mismo me has dicho que quieres vivir tanto como yo, y si en verdad eso es lo que quieres, entonces acostúmbrate a ver morir a los que amas, de lo contrario, acabarás muriendo por alguno de ellos. La vida del ermitaño es así, se trata de pasar los días, asumiendo que siempre habrá un mañana.
- Pero nadie te garantiza que habrá un mañana.
- La fuerza sí te lo garantiza, por eso hay que enfocarse en hacerse más fuerte.
- ¿Sólo quieres hacerte fuerte por poder?
- Nunca he mencionado el poder. Lo que dije, es que entre más fuerte seas, más probabilidades tienes de que mañana nadie sea capaz de matarte, y te puedas ir a dormir tranquilo, sabiendo que lograste sobrevivir un día más.
La dicotomía entre los ideales de la familia Corleos y los de Goldeye, los descubrí gracias a esa conversación, pues yo me quería hacer fuerte para liberar a los que amo, Eliseo fue más conservador, de acuerdo al pensamiento de su época, y quiso solamente protegerlos, garantizarles una vida tranquila, pero sin cambiar las bases de nuestra sociedad; y aun así, nuestras corrientes podría decirse que fluían en la misma dirección, pero los principios del mago de oro, iban orientados a salvaguardarse a sí mismo, no era otra cosa más que la fuerza vista como un medio de supervivencia. Si soy sincero, en mi mente dudaba si esa forma de ver la fuerza, era más vacía incluso que la de Enzo.