Pese a nuestras diferencias, admiraba sobremanera a Goldeye, era uno de los pocos Corleos que fue capaz de sostenerle una pelea a Eliseo en su mejor momento, y aun así, era tan egocéntrico que percibía que la cosa había sido al revés. Los otros enfrentamientos se resolvieron después de los nuestros, y así fue como Goldeye y yo acabamos uniéndonos a las filas de Antony, él sin motivo aparente, y yo, con la intención de destruir la organización desde adentro, por orden de Richard.
Antony era un hombre sumamente frío, y al enterarse de cómo acabaron los demás combates, pidió que asesinaran a todos aquellos quienes habían perdido los combates, pues decía que aquellos que daba igual que murieran ese día o después, debido a que eran débiles, y si la muerte no cobraba sus almas de una vez, igual lo haría pronto porque no tenían el poder suficiente para sobrevivir afuera.
Entre las vidas que ordenó cobrar, evidentemente se encontraba la de mi compañero, el otro perro de Richard, a quien le solicité a Antony le perdonaran la vida.
- Por favor, sé que él no fue capaz de ganar su combate, pero perdónale la vida hoy, déjalo ir.
- No tengo motivo para dejarlo ir, Corleos. Es una orden que los maten a todos, por débiles, y él no va a ser la excepción.
- Entonces tendrás que matarme junto a él, porque no voy a permitir que nadie más de mi pilar muera mientras yo me quedo viendo como un inútil, ya estoy cansado de eso, así que trata de matarlo si quieres, y yo trataré de defenderlo, pero en ese caso, no responderé por la vida de tus soldados.
- Vaya, realmente quieres morir por proteger a éste trozo de basura.
- No es ningún trozo de basura, basura son quienes matan a los míos a sangre fría.
Mientras le decía eso, mis ojos le dejaron ver un poco del poder que guardaba en mi interior, y Antony logró ver en mi interior, abriendo los párpados como si hubiera visto a la mismísima muerte en frente.
- Entonces le perdonaré la vida, pero llévatelo ya mismo, lo quiero lejos de mi vista, nadie que sea tan débil es digno de quedarse mucho tiempo en éste lugar.
- Más débiles serán los otros cabrones con los que quieres que trabaje, y si no me lo crees, con gusto los derrotaría uno a uno, así que mejor cuida la forma en la que hablas del cuarto pilar.
- Eres insolente para ser un subordinado más, ¿estás seguro que quieres ser parte de mi ejército?
- No tengo otra opción más que arrodillarme, pero no dudes que, si te metes con los míos, me pondré de pie y te aguantaré la mirada cara a cara, así que, por favor, ten algo de respeto con los míos, es el único requisito que pido, y a cambio de eso, cumpliré cada una de tus órdenes.
- Corleos, tendré en cuenta tus palabras sólo porque respeto un poco que hayas sido quien acabó con uno de mis principales socios, y me acabó dejando una mayor tajada de la torta en ésta ciudad, pero eso no significa que reconozca tu hazaña. No creas que no me han hablado también de tu hermano, el otro heredero de Eliseo, sé que también es fuerte, mucho más que tú, y probablemente fue el quien inclinó la balanza hacia ustedes en esa pelea, así que no te sientas gran cosa por haber matado a Enzo, porque en verdad es probable que haya sido más mérito de tu hermano que tuyo.
- Piensa lo que quieras, si quieres muestra de mi poder, la tendrás mientras cumplo tus órdenes, no necesitaré mucho tiempo para hacerte entender que soy un distinto, que nunca habías tenido un soldado de éste calibre.
- Supongo que tu árbol genealógico te hace sentir más de lo que en realidad eres, pero si estás tan seguro de lo que eres capaz, entonces cierra el hocico y demuéstralo, perro del cuarto pilar.
Los días empezaron a transcurrir, y mientras íbamos a las misiones, en las que debíamos derrotar ejércitos de centenares de hombres, Goldeye me enseñaba sus mañas, con las cuales lograba matar desenfrenadamente, y se reía mientras lo hacía.
- Lo que estamos jugándonos aquí es la vida, Roy, pero nunca olvides sonreír, por más oscuro que se ponga el panorama, por más acorralado que parezcas estar, la sonrisa es importante. Imagínate morir con un rostro lleno de angustia, no es lo que Eliseo hubiera querido para ti, así que concéntrate, respira profundo y regálale a tus enemigos tu mejor sonrisa, eso los confundirá, y sentirán que tienes más poder del que en realidad tienes, por la confianza en ti mismo que reflejas cuando muestras los dientes.
- Realmente estás loco, me imagino las canas que debiste haberle sacado a Eliseo durante las guerras.
- Cuando fuimos enemigos, bastantes, pero cuando fuimos aliados muchas más, no sabes lo difícil que era para alguien con esa rigurosidad y ese complejo de héroe, ser compañero de un desquiciado como yo, que se divierte arriesgando su vida, esperando a que realmente se le atraviese un callejón sin salida, y deba despedirse de éste mundo. Pobre de tu abuelo, me compadezco realmente por todo el tiempo que tuvo que soportarme.
- Pero si no era mi abuelo, eso fue hace tanto tiempo que ni siquiera sé cómo se denomina el parentesco que guardamos mi hermano y yo con él.
- No hace falta que lo sepas, simplemente dile abuelo, te complicas la vida, chico.
- Está bien, es el único consejo tuyo que tendré en cuenta.
Kraneo también iba a las misiones del ejército, pero no hablaba con nadie, tampoco sonreía, mucho menos se tomaba su papel de capitán del equipo enserio, pues ni siquiera nos alentaba a luchar con todas nuestras fuerzas, simplemente tenía el título de líder, pero de ninguna manera demostraba serlo. Las misiones las cumplíamos exitosamente, mientras iba conociendo poco a poco a cada uno de los integrantes del ejército, quienes en ocasiones éramos ayudados por otros perros de Antony, quienes se unían para no ser superados en mayoría durante las misiones, pero ayudaban realmente poco, y sólo servían de carne de cañón generalmente, sin embargo, había algunos realmente fuertes, que no morían por más que los pusiéramos al frente.
Luego de varias misiones, me cansé de ver la actitud de Kraneo, y le pregunté acerca de su personalidad fría, a lo cual él me respondió, con el rostro completamente perturbado, y unos gestos que lo hacían ver como un trastornado.