21.

1736 Words
- Esa mujer, Kat. ¿Te pareció atractiva? - alzó la cabeza para mirarlo. - No, no le presté mucha atención en realidad - respondió él. - Ella estaba coqueteando contigo - dijo con enfado infantil. - No me percaté de ello - la miró - Estaba contigo, ¿por qué me fijaría en alguien más? - Ella se encogió de hombros. - Supongo que si una mujer atractiva coquetea contigo, deberías aprovecharlo - Michael fue con ella y la hizo voltearse para quedar frente a él. - Solo me importa la mujer que está a mi lado - dijo y besó su frente, la punta de su nariz, rozó sus labios, pero no se detuvo ahí. Siguió por su quijada y Tonya exhaló un suspiro. Ella deslizó las manos bajo su camisa, le gustaba pasar sus uñas por su abdomen y dibujar sus músculos mientras él besaba su cuello. Tomó el borde de la camisa y él se separó solo un momento para que la sacara sobre su cabeza. Luego, tomó su blusa e hizo lo mismo. Ella le tomó por el cuello y sus labios se encontraron. Sin dejar de besarla, introdujo sus manos en sus leggins y oprimió sus nalgas, estrechándola contra él. - Te necesito - murmuró ella. Michael la tomó bajo los brazos y la hizo sentarse en la encimera. Le sacó las zapatillas, se deshizo de los leggins y la obligó a abrir las piernas. La observó un instante, completamente expuesta ante él, expectante de su siguiente movimiento. Con una sonrisa y una mirada llena de picardía se agachó y dejó pequeños besos en el interior de sus muslos, acercándose lentamente a su sexo. Ella seguía cada uno de sus movimientos. Él oprimió suavemente su clítoris con sus labios y ella dejó escapar un débil grito de sorpresa. Su lengua recorrió sus labios y bebió su lubricación para luego introducirse en ella. Tonya apoyó la cabeza en la alacena y levantó sus piernas para permitirle continuar. No tardó en sentir su vientre contraerse. Él debió percibirlo porque introdujo dos dedos y comenzó a estimularla con movimientos rápidos y continuos. - Michael… Michael… Él se incorporó para besarla y acallar sus gemidos. Su v****a se cerraba con fuerza alrededor de sus dedos. Su orgasmo fue breve, pero intenso y una vez que la sensación comenzó a desaparecer, su cuerpo se sentía más liviano y su mente más clara. Rodeó con sus brazos el cuello de Michael, mientras lo besaba con intensidad, explorando su boca, saboreándolo como si fuera la primera vez. Cuando se separaron, ella sonreía y murmuró: - Y luego del postre, la cena - Le ayudó a bajar de la encimera y a vestirse de nuevo. Cenaron en silencio, intercambiando miradas, rozando sus dedos, sin poder dejar de tocarse. - Gracias, la cena estaba deliciosa - dijo él inclinándose para besarla. - Fue un gusto - respondió con una sonrisa. Mientras lavaba los trastes, sintió que él se acercaba por detrás y colocaba sus manos en su cadera. - Debo irme, preciosa - susurró a su oído. - ¿Qué? - se volvió sorprendida - ¿Por qué? - - Querrás descansar… - No, no te vayas todavía, por favor - - ¿Estás segura? - - Sí, lo estoy. Quédate, por favor - - Como quieras - - Ya acabé acá, dame un momento - Se secó las manos rápidamente y se dirigieron a la sala. Él se sentó en el sofá y ella se acomodó en su regazo. Peinó su cabello con sus dedos, mientras observaba su rostro. - ¿En qué piensas? - dijo él acariciando sus muslos. - No pienso - dijo con una sonrisa - Solo quiero disfrutar que estás aquí, conmigo - Él la estrechó y ocultó el rostro en su cuello. Tonya deslizó la cremallera de su pantalón, tomó el pene en su mano y comenzó a acariciarlo suavemente. - Preciosa, no podemos hacer esto - murmuró él alzando la cabeza para mirarla. - ¿Por qué no? - preguntó sin detenerse. - No traje condones conmigo - - ¿No? - - Creí que solo pasearíamos con Alexis. Debí adivinar que no podría resistirme a ti - y sonrió. Ella lo pensó un momento. - De todas maneras… podemos hacer otras cosas… Quiero que te quedes conmigo esta noche - se mordió el labio y aguardó expectante su respuesta - Por favor… - No sé si sea una buena idea, Tonya - - Por favor… - - ¿Estás segura de que esto es lo que quieres? - - Sí, es lo que quiero… - se incorporó - Pasa la noche conmigo - Mientras ella cerraba la puerta con seguro, él apagó el televisor. Tonya apagó la luz y le tomó de la mano para dirigirse a la habitación principal. Cerró la puerta y lo desnudó lentamente. Se tomó el tiempo de recorrer su cuerpo con sus manos, dibujar cada músculo. Se arrodilló frente a él y tocó la punta de su pene con su lengua. Succionó suavemente y sintió en su boca el sabor salado del líquido preseminal. Lo tomó por completo y luego lo sacó suavemente. Entraba y salía rítmicamente, sin prisa. Él enredó su cabello en su puño, despejando su rostro y le ayudó a establecer el ritmo. - Voy a correrme en tu boca - dijo entre dientes y ella aumentó la velocidad - Déjame encargarme - agregó sujetando su cabello con más fuerza. Tonya se detuvo, se sujetó de sus caderas y dejó que él tomara el control. Se deslizó suavemente, saboreando la sensación húmeda y tibia de su boca; su lengua deslizándose hasta la base y poco a poco aumentó la velocidad hasta que su pene estaba por completo dentro de ella. Las embestidas se volvieron más cortas y erráticas mientras el semen escapaba de su cuerpo. Cuando se aseguró que él había acabado, Tonya se puso de pie y se abrazó a él. Lo besó y dejó que saboreara su semen en su boca, su pubis frotándose contra el pene semierecto. Él tomó sus senos, tirando con fuerza de sus pezones. Ella aumentó la presión, sus caderas tocándose. Michael comenzó a moverse a su mismo ritmo y luego de un momento, sintió un pequeño orgasmo que hizo su cuerpo estremecerse. Se separaron para tomar aire. - Jamás había deseado a una mujer como te deseo a ti - susurró a su oído - Nunca es suficiente, Tonya - - Podrías tener a cualquier mujer que desees… mujeres más hermosas y sensuales que yo… - No para mí. Tú eres la única que puedo mirar. Eres la única a la que deseo… ¡Cielos! Con solo mirarte me pongo duro. Quiero besar, lamer, morder cada centímetro de tu cuerpo… Quisiera poder hacerte el amor a toda hora, a cada momento - Ella retrocedió dos pasos y le brindó una mirada llena de sensualidad. Se tendió en la cama y le hizo un gesto para que se acercara. - Empecemos ahora… Tienes toda la noche para hacer conmigo lo que quieras - - Preciosa, no tienes idea de todas las cosas que quiero hacerte - - Muéstrame… Se acostó a su lado, de cara a ella y comenzó a besarla. Tal como le había dicho, recorrió cada rincón de su cuerpo con sus manos, sus labios, su lengua. Mordió suavemente sus pechos, su vientre, la parte interior de sus muslos. Tonya cerró los ojos y se dejó llevar por la gama de sensaciones que él dejaba en su piel. La hizo voltearse boca abajo y reinició el recorrido desde su espalda hasta sus nalgas. Las oprimió con fuerza, pellizcando su piel. - ¡Cielos! Eres deliciosa - su aliento entre sus nalgas hizo que su piel se erizara. Separó sus nalgas y su lengua rodeó su ano, luego dejó que su dedo dibujara pequeños círculos. - ¿Esto te gusta? - - Sí… Mientras con una mano estimulaba su ano, la otra se introdujo en su v****a. - Estás empapada - - Te deseo…. Te necesito… Necesito que me cojas ahora… - Te lo compensaré, preciosa, te lo aseguro - - Michael, por favor - suplicó ella. - Shhh - dijo con voz grave - Dijiste que podía hacer lo que quisiera - - Sí… sí… - Entonces solo relájate y disfruta - introdujo un dedo en su ano y ella se estremeció. - Sí… Sí… Así… - dijo jadeando. Sus dedos se introdujeron con fuerza, haciendo presión en su punto G, mientras el dedo en su ano se movía en su interior. Ella se sujetó con fuerza de las sábanas y sus caderas comenzaron a moverse para aumentar la presión. - ¿Vas a correrte? Quiero que te corras solo con mis dedos dentro de ti - - ¡Sí! ¡Sí! ¡Oh! Voy a correrme… Voy a correrme… - jadeó. - Vamos, Tonya, solo déjate llevar - - Michael… ¡Michael! - Se colocó sobre ella y Tonya sentía su respiración en su espalda, su calor rodeándola, la leve humedad de su sudor. Se quedó quieta, sus músculos relajados, las oleadas de su orgasmo aún irradiando hasta su pubis. Al sentir el roce de su pene, levantó levemente la cadera para aumentar la fricción entre sus cuerpos. Él se apoyaba en sus brazos, pero luego de un momento se incorporó y la mujer no tardó en sentir el semen caliente sobre su espalda. Michael miró orgulloso la escena frente a él. Ella se encontraba completamente abandonada, su respiración agitada, en su espalda las marcas de su clímax, pero sonreía, una sonrisa llena de satisfacción. - Iré por una toalla para limpiarte - murmuró retirando un mechón de cabello de su rostro. - No, no. Me gusta la sensación en mi espalda - respondió ella sin siquiera abrir los ojos. - Ven - le ayudó a incorporarse y se introdujo bajo las cobijas. - No te irás, ¿verdad? - murmuró ella apoyando la cabeza en su pecho. - No, preciosa. Me quedaré aquí contigo - acarició su cabello y ella dejó escapar un suspiro de alivio. Se sumieron en el silencio. A lo lejos, se oía el leve rumo de los autos que pasaban. Poco a poco la respiración de Tonya se fue haciendo más acompasada y profunda. - No me dejes, por favor - murmuró entre sueños - No me dejes sola…
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