Doblaba ropa distraída en sus pensamientos. Era una muy tranquila y algo aburrida tarde de sábado. Alexis también estaba extrañamente quieta. Mantenía una muñeca en sus brazos, pero no había hecho un solo ruido en un rato.
Los golpes a la puerta resonaron con especial intensidad en medio de tanto silencio. Alexis fue la primera en reaccionar, saltó del sofá y corrió a la puerta.
- ¡Alexis, aguarda! -
Pero ya había abierto la puerta.
- ¡Eres tú! - por alguna razón, la niña siempre olvidaba su nombre.
- Hola, princesa. ¿Cómo estás? -
- Bien - respondió con una sonrisa.
- ¿Michael? - Tonya se acercó - ¿Qué haces aquí? -
- Disculpa que haya venido sin avisar - dijo inclinándose para besar su mejilla - Pero es una tarde muy hermosa y pensé que tal vez les agradaría dar un paseo -
- ¡Sí! - exclamó Alexis - ¡Sí! ¡Vamos a pasear! -
- Bueno, yo…
- Lo siento - él la miró - ¿Ya tienes planes? -
- No, no en realidad -
- Mamá, vamos, vamos - la niña llamó su atención, tirando de su blusa.
- Está bien, está bien - sonrió a la niña y se volvió a Michael - Toma asiento, no demoraremos mucho. Solo nos cambiaremos de ropa -
Unos minutos después, salieron del apartamento.
- Será mejor que vayamos en mi auto - dijo Tonya - por la silla de Alexis -
- No te preocupes por eso - dijo él y la tomó por la cintura, mientras Alexis le daba la mano y las condujo hasta el auto.
Abrió la puerta trasera y ayudó a la niña a subir. Ya allí se encontraba instalada una silla evidentemente nueva. Tonya simplemente se quedó allí, observando cómo él se encargaba de la niña y compartían algún secreto entre ellos.
Cuando él se incorporó, sus miradas se encontraron. Sin decir palabra, cerró la puerta trasera y abrió la del pasajero e hizo un gesto a Tonya.
Ella se apoyó en su hombro y poniéndose de puntillas, le dio un beso en la mejilla y subió.
Viajaron por unos minutos hasta un parque. Tonya nunca había estado allí, pero por la cantidad de autos que estaban aparcados, era evidente que era un lugar muy visitado.
A medida que se acercaban a la entrada, escucharon las risas y gritos de los niños.
Había juegos por todas partes: trampolines, toboganes, columpios, pequeños laberintos y pistas con obstáculos. Más adelante canchas de baloncesto adaptadas para niños y amplias zonas verdes.
Alexis miraba en todas direcciones, sin decidir qué juego quería utilizar primero.
- Caminemos por el lugar y luego podrás jugar - dijo Michael.
La niña asintió y caminaba delante de ellos. Michael tomó la mano de Tonya y entrelazó sus dedos. Ella lo miró. Por un momento, pensó en retirar la mano. ¿Qué tal si se encontraban con alguien conocido? ¿No era un gesto muy íntimo? Bueno, íntimo en otro sentido. No íntimo como el sexo que compartían ocasionalmente. Pero esos momentos los disfrutaban ellos dos solos, protegidos por las cuatro paredes del apartamento de Michael, sin que nadie supiera lo que pasaba entre ellos.
Pero ahora estaban en un lugar público, con Alexis correteando a su alrededor y caminar así daría la impresión de que había algo más entre ellos.
Sin embargo, mientras su mente se debatía entre todos esos pensamientos, su cuerpo había tomado la decisión por ella. No solo había tomado su mano, sino que se reclinaba contra él, caminando muy juntos.
- ¡Mamá! ¡Mamá! - Alexis señaló una fuente donde algunos niños se salpicaban.
- No te acerques o te mojarás - le advirtió Tonya.
- ¿Puedo? Solo un momento - dijo la niña con un puchero.
- De una forma u otra lo hará - dijo Michael con una sonrisa.
- Está bien - dijo Tonya - pero solo un momento -
- ¡Sí! - corrió a la fuente, apartada de los chicos que seguían jugando y sumergió la mano en la fuente - ¡Está fría! -
En ese momento, un balón golpeó su pie y Alexis lo tomó, mirando a su alrededor.
- ¡Aquí! - un niño de más o menos su edad se acercó - ¡Tírala! -
La niña colocó el balón en el suelo y la pateó hacia el niño, que simplemente la tomó.
- ¿Quieres jugar? - y señaló una amplia planicie donde otros niños aguardaban.
Se volteó a su madre y ella asintió. De inmediato, se unió al grupo.
Se acomodaron bajo un árbol y Tonya se apoyó en el pecho de Michael. Le emocionaba ver a Alexis tan feliz, divirtiéndose, riendo mientras corría y jugaba con los otros niños como si fueran amigos de mucho tiempo.
Luego de unos minutos, su cabello estaba adherido a su frente, llena de sudor y sus mejillas tenían un hermoso rubor.
Una mujer de unos cuarenta años se acercó a ellos.
- Hola. ¿Ustedes son los padres de esa niña? -
- Sí, soy su madre -
- Mi nombre es Katherine. Kat - lanzó una mirada a Michael - Estamos celebrando el cumpleaños de mi hijo - y señaló al pequeño que había invitado a jugar a Alexis - Tenemos perros calientes y refrescos. Nos agradaría que su hija nos acompaña -
- ¡Oh! Es muy amable, pero… no queremos entrometernos en su actividad familiar-
- Para nada, nos daría mucho gusto y hay mucha comida - respondió Kat.
- ¡Mamá, hay una fiesta! - Alexis corrió a ellos - ¿Puedo ir? -
- Será solo un momento, mientas los chicos comen - añadió la mujer.
Tonya miró a Michael, pero él no dijo nada.
- Está bien… Muchas gracias, es muy amable -
- Acompáñenos, por favor. Tenemos un sitio reservado en el área de pic-nic -
Alexis se sentó al lado del hijo de Kat. Otros cinco niños se sentaron también alrededor de la mesa, mientras los padres se mantenían de pie, conversando entre ellos.
Los ojos de la niña se iluminaron cuando le sirvieron el perro caliente, refresco y helados.
Tonya no puedo evitar sonreír cuando vio a su hija comer con gran apetito. Sin embargo, su sonrisa se borró cuando volteó la cabeza y encontró a Kat conversando con Michael. Su mirada fija en él, riendo como una boba a todo lo que él decía, su cuerpo levemente inclinado. Parecía haberse olvidado que se trataba de la fiesta de su hijo.
Todo su cuerpo se tensó y oprimió el brazo de Michael. Él se volvió a mirarla y le dio un suave beso en los labios.
- Creo que debemos irnos ya - murmuró Tonya.
- Por supuesto. Iré por Alexis - dijo él.
Ambas le siguieron con la mirada y Tonya se cruzó de brazos. La mujer se volvió a ella y esbozó una débil sonrisa.
- Venimos aquí con frecuencia - dijo ella con un tono excesivamente amable - Sería agradable si nos encontramos en otra ocasión. Los niños se divirtieron mucho -
- Claro, lo tendré en cuenta - respondió Tonya con el mismo tono.
Michael y la niña ya se habían acercado y luego de despedirse, continuaron explorando el parque.
De regreso a casa, Tonya no dijo una palabra en todo el viaje. Mantenía la mirada fija en el camino frente a ella. No prestaba atención a la incesante charla de Alexis, ni a las respuestas de Michael.
En cuanto llegaron a la casa, se encargó de dar un baño a la niña y cuando volvieron a la sala, Alexis llevó a Michael hasta el sofá.
- Ven a ver televisión conmigo, ¿sí? Y luego puedes leerme un cuento -
- Alexis, Michael debe estar cansado. No lo molestes - dijo Tonya desde la cocina.
- No es molestia - tomó a la niña y la sentó a su lado - ¿Cuál es tu programa favorito? -
Mientras ellos veían una película, Tonya preparó la cena. Para cuando volvió su atención a ellos, Alexis dormía con la cabeza apoyada en el regazo de Michael y él acariciaba su cabello.
- ¿Se durmió hace mucho? - susurró acercándose.
- Solo unos minutos -
- Lo siento. Lo llevaré a su cama -
- ¿Por qué te disculpas? Permíteme, yo lo haré -
La tomó con cuidado y la cargó en sus brazos.
La niña balbuceó entre sueños, pero apenas se movió y Michael la llevó a su habitación. Tonya le siguió para arroparla y luego de besar su mejilla, salieron de la habitación.
- ¿Tienes hambre? - dijo ella sin mirarlo y se dirigió de nuevo a la cocina.
- Tonya, ¿qué pasa? -
- Es algo sencillo, pero pensé que tendrías hambre - continuó ella sin atender a su pregunta.
Él la observó en silencio y ella revisó el guiso. Se detuvo de pronto y sin poder contenerse, ella dijo: - ¿Kat te pareció atractiva? -