La cena transcurrió con la armonía habitual para los Smith. Las risas suaves, los brindis por el futuro de James y su prometida, y las charlas triviales llenaban el comedor de un aire cálido y familiar. Nadie, salvo dos personas en esa mesa, parecía notar la tensión que flotaba como un hilo invisible entre ambas. Alejandra se esforzaba por mantenerse centrada. Reía en los momentos oportunos, respondía con amabilidad, tomaba con delicadeza la mano de Callie cuando esta la buscaba con cariño. Pero por dentro, su mundo estaba en caos. La piel se le erizaba cada vez que sentía la mirada de Valeria clavada en ella. Su rabia, mezclada con ese dolor que no quería reconocer, le nublaba el pensamiento. Por momentos se refugiaba en la voz de Callie, en su cercanía, en la calidez de su sonrisa. Per

