La noche caía sobre la ciudad como una alfombra de terciopelo n***o, salpicada por las luces doradas de los rascacielos. Las avenidas parecían brillar más de lo habitual, como si todo el mundo supiera que esa noche, la familia Dravell tenía algo que celebrar. Artemisa ajustó su abrigo mientras el auto se detenía frente al club. La fachada era imponente: columnas de mármol oscuro, cortinas de terciopelo, un letrero elegante en letras doradas que rezaba “ÉBANO”. La música, suave y envolvente, escapaba por las puertas como una invitación peligrosa. Selene fue la primera en salir, deslumbrante en su vestido corto color marfil. Samuel le siguió, abriendo la puerta con su gesto teatral y una sonrisa de quien sabe exactamente lo que hace. —Bienvenida al lugar más discreto y exquisito de la ciu

