5 "Matrimonio por contrato"

1661 Words
Había planeado esta fiesta con tanta emoción, pensaba que podría disfrutar de ver chicas guapas en traje de baño, ligar con alguna que otra y ahora mi padre toma la decisión de que quiere que esta fiesta se vuelva el anuncio de un casamiento repentino. La semana anterior me había estado acotando con una de mis empleadas, muy guapa dicho sea de paso y ahora además esa chica será la burla de todos. Ni siquiera tiene idea de en que se está metiendo, van a pensar que estando comprometido con ella me follé a unas cuantas chicas, no me parece nada bueno. Estoy sentado en el borde de la piscina con varias de mis invitadas que ya llegaron y se colocaron sus trajes de baño, guapísimas todas, mientras que yo me debo limitar a mirar, simplemente mirar. Respiro profundo y me pongo a mirar el cielo, que no tiene ni una sola nube, el día se presta para estar todo el día en la piscina. De repente escucho una voz gruesa carraspear, giro medio cuerpo y pongo mi vista sobre mi padre que está parado sin camiseta, con un brazo enganchado al de Luciana. Mis ojos recorren todo su cuerpo, tiene una delantera estupenda, una sonrisa de lado se sitúa sobre mis labios y parece darse cuenta a que viene porque desvía la mirada. Seguramente aún se siente avergonzada porque la dejé parada sin besarla cuando esperaba que lo hiciera. —Bueno, te dejo a cargo de tu prometida, trátala como es debido — dice mi padre adelante de las otras chicas, que cruzan miradas y se mueven de mi lado. Fabuloso, un conjunto de palabras basta para que tu vida completa se vea arruinada, no podía ser menos obvio, claro que le complace ver que no me están dando una pisca de importancia. Quiere librarse de las mujeres que llama oportunistas, cree que soy tan tonto que voy a darle nuestra fortuna a una mujer cualquiera o que voy a caer en las garras de no sé qué mujer. Ella en pleno silencio se sienta a mi lado, mete los pies en el agua y se queda en pleno silencio mirando un punto fijo. —Aún estás a tiempo de tomar todas tus cosas y de irte —le digo en un tono serio volviendo a mirar al cielo. No me parece que sea una mala mujer, quizá pertenece a esas familias que tienen ciertas enseñanzas a la antigua, pienso que tal vez ella viene de una familia en la que no la dejaban salir de casa. Es una chica diferente a lo que acostumbro a ver en mujeres, tiene demasiada inocencia, ella es una mujer demasiado pura para estas manos contaminadas, no quiero que se vea involucrada en mi vida. —Allan, cierra tu boca, estamos mejor cuando no cruzamos palabra —dice en un tono de molestia. —No vas a decirme ahora que estás molesta conmigo porque no te besé —digo en un tono de burla y ella gira el rostro dándome una mirada fulminante. —Deja de hablar idioteces —gruñe poniéndose de pie— No sé que es lo que hago aquí, debí negarme a participar en esta fiesta absurda. —Lo lamento, pero vas a jugar bajo las reglas de mi padre y a él ni siquiera le importa el hecho de que vas a ser humillada —me carcajeo poniéndome de pie— Vas a estar en boca de toda la ciudad, no solamente porque van a decir que te he engañado demasiadas veces, sino que también vas a salir en las revistas como la misteriosa futura esposa de un CEO importante. —No me importa eso —habla en un tono tenue y calmado mientras suelta un suspiro. —Bueno, veremos si opinas lo mismo cuando empiecen a averiguar de tu pasado, todos tenemos un pasado y ellos no van a tardar en averiguarlo —digo con la esperanza de que se arrepienta de todo y se largue de aquí. —Bueno, en ese caso, no te tienes que preocupar por mí, sino por ti —se burla. —¿Qué quieres decir con eso? —pregunto intrigado por su actitud tan segura. —Pronto lo sabrás — se aleja de mí en dirección a mi padre, que está a pocos pasos hablando con uno de nuestros socios. Me acerco a un par de chicas, que cuando me ven acercarme hacen un gesto de disgusto, esto es fabuloso, una de las cosas que me asombra de las mujeres es con la rapidez que se pasan los chismes entre ellas. Estoy seguro de que las chicas que estaban a mi lado hace un rato atrás le dijeron a las otras y las otras a las otras, sobre mi supuesto compromiso, una verdadera calumnia, soy soltero. —No puedo creer que hayas estado todo este tiempo comprometido, eres un poco sinvergüenzas —espeta una de las chicas que parece más ofendida que el resto— Me gustabas de verdad, pero ahora con esta actitud, en serio pobre chica. —Vamos, que puede ser un compromiso reciente —dice la otra chica tratando de defenderme y es fulminada por todas. —¿Ustedes me están vacilando? Nos conocemos de un par de fiestas, no tengo nada con ninguna de ustedes y me están haciendo reclamos como si les debiera alguna explicación —digo con un poco de molestia en mi tono— No deben de preocuparse, ninguna de ustedes me atrae. Miento, por supuesto que miento ante la rabia siempre me termino refugiando en la mentira, en ocultar lo que verdaderamente siento y en evitar que vean que algo me molesta. —Guapo no te pongas así —dice la chica que antes había intentado defenderme— A mí no me importa que estés comprometido. Me dice con una media sonrisa que no sé como debería de tomarme ese comentario. Sinceramente, me desagrada igual o incluso más que las otras chicas, porque aunque yo sepa que realmente no voy a casarme con ella, que no es verdaderamente mi prometida, de todos modos es asqueroso que una mujer no respete eso, porque cree que es algo real. De repente nuevamente escucho carraspear detrás de mí, giro medio rostro y veo a Luciana con una media sonrisa de lado. Me toma del brazo, sí, se le ve en la mirada que está disfrutando de fastidiarme. —Disculpen chicas, pero voy a llevarme un momento a mi prometido, su padre nos está buscando —dice en un tono dulce y amable. Nos alejamos un poco de ellas, que solamente nos miraron con una sonrisa de labios cerrados, se les ve la rabia dibujada en el rostro y cuando estamos lo suficientemente lejos ella se carcajea un poco. —Esto es lo más divertido que he visto en mucho tiempo —rodea los ojos y se enfoca en mí— Bueno, que esperas, no voy a arrastrarte hasta tu padre, que ya estás grandecito. —¿De verdad me busca mi padre? —pregunto con cierta desconfianza. —¿No habrás pensado que fui a sacarte para que no hables con esas chicas? —alza una ceja con cierta confusión en el rostro. —¿Dónde está mi padre? —pregunto cambiando de tema. —En su despacho, dijo que nos espera allí —dice empezando a caminar. La seguí detrás en pleno silencio, por alguna extraña razón mis ojos se fueron a su cuerpo, no pude evitar la excitación de imaginarla sin ropa, pero el pensamiento se esfumó cuando llegamos y pasamos la puerta del despacho. Mi padre está allí con el abogado que conozco a la perfección, es el abogado de la familia, que desde que soy niño lo he visto llegar a mi casa, un viejo que pareciera que está a punto de morirse, aunque en realidad es más el maltrato del paso de los años. —¿Entonces, padre? —pregunto llamando su atención. —Estás aquí para firmar el contrato matrimonial —se cruza de brazos. —¿Pero qué dices? —digo en un tono de burla— No puedo firmar eso ahora mismo, ni siquiera conozco a esa chica, ni mucho menos estoy listo para estar casado. —Bueno, entonces a partir de mañana supongo que saldrás a buscar otro trabajo, le voy a dar tu puesto a cualquiera de los funcionarios que me demuestren merecerlo más que tú y luego no habrá vuelta atrás —dice tan serio que empiezo a dudar de que sus palabras sean verdaderas. —Puedo ir firmando yo —se ofrece Luciana con resignación en la palabra— Quiero salir cuanto antes de esto. Mi padre asiente, Luciana se acerca al papel, lo toma y comienza a leerlo. Desde mi punto solamente me voy a las cláusulas que me interesan. Este contrato será duradero hasta que ambas partes cumplan con el acuerdo y con ambas partes se refiere a ellos dos, porque yo aquí solamente soy una moneda de cambio. Una vez que leyó, asintió con resignación y firmó el contrato. Fue entonces cuando la mirada de mi padre volvió a recaer sobre mí, se cruzó de brazos y tomó un reloj de arena que tiene sobre una vieja mesa en un rincón. Ahora va a empezar con la estúpida historia del reloj de arena, que según ese reloj de arena se lo dejó de herencia su padre, con el cual le enseñó a valorar los tiempos, ya que siempre dice que nos parecemos mucho más de lo que pienso. —Mira el reloj de arena Allan, cuando la arena deje de caer será que tu tiempo haya acabado, así que si fuera tú empezaría a pensar en firmar ese contrato, porque si no lo haces, vas a aprender de la manera más dura lo que significa el verdadero sacrificio —explica golpeando el reloj contra la mesa para que empiece a correr el tiempo.
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