Siento mis mejillas arder, me avergüenzo de mi misma y las palabras de Gabriel regresan a mi mente como un torbellino, destruyendo todo a su paso. Me lo había advertido, que salir de la iglesia, venir a esta gran ciudad sería una gran tentación, que perdería la pureza que había adquirido para mis votos.
Me acaricio la frente con frustración, ese jugueteo que tiene Allan es muy peligroso, quiero que mi mente se centre en Julia, la única razón por la que debo de seguir adelante es recuperarla a ella. No me puedo permitir pecar de ese modo, dejarme llevar por un hombre tan arrogante, tan lejos de realidades, que solamente le interesa recuperar su fortuna y deshacerse de mí.
Me sorprendió bastante el cambio repentino de Cassiano, sus palabras fueron contundentes, en esos momentos cuando apenas puse un pie en la mansión, creí que tenía en claro lo que quiere para que su hijo cambie.
Su idea inicial, la que me comentó, eso de fingir un compromiso para que fuera más tentador para su hijo, no sé donde quedó, no sé que vio su padre en aquel instante para que me pidiera seguirle el juego y que luego me lo explicaría.
Justamente venía saliendo de mi habitación e iba a encontrarme con Cassiano cuando me topé con Allan, que apenas venía entrando a su habitación, que dicho sea de paso, su padre tuvo la brillante idea de instalarme en la habitación frente a la suya.
Me arranca de mis pensamientos la presencia de una mujer regordeta, lleva una sonrisa moderada sobre su rostro curtido, podría decir que está entre los cuarenta años y lleva el uniforme clásico que suelen usar las empleadas de servicio.
—Disculpe, señorita, me envió el señor Cassiano, la está esperando en su despacho, voy a guiarla —me informa.
No espera a que le dé una respuesta, simplemente se da la vuelta y toma rumbo hacia las escaleras. Me dispongo a apresurarme en alcanzarla, ya que tampoco tengo mucha opción y en pleno silencio camino.
Nos detuvimos frente a una puerta corrediza, la mujer abrió la puerta y nos encontramos a Cassiano, sentado sobre una silla revestida con un libro en mano que cerró en cuanto puso su mirada sobre mí.
—Siéntate por favor Luciana —ofrece señalando un sofá de cuero.
Hago lo que me pide, con un poco de nervios me dirijo al sofá, me siento sobre el mismo y me quedo en aquel abrumador silencio esperando a que sea él quien hable primero.
—Puedes retirarte Flora —levanta la vista a la mujer que se había quedado allí parada, esperando quien sabe que cosa.
Le regalo una leve sonrisa de labios cerrados a la mujer, que reacciona y se retira ante las palabras de Cassiano. Mi mirada regresa a él que deja el libro frente a un escritorio que está a pocos pasos, se pone de pie y se acerca a mí para sentarse en frente.
—Luciana, sé que es algo repentino, mis palabras anteriores no fueron el acuerdo inicial, pero me interesa saber si estás de acuerdo con que el trato se concrete de este modo —suelta un gran suspiro cabizbajo— Tendrás que casarte por contrato con Allan, pero es temporal, al menos hasta que mi hijo aprenda el significado del amor, solamente tienes que lograr eso y te prometo traer a tu hermana de regreso a tu lado.
Me quedo en pleno silencio, solamente de pensar que tendré un matrimonio y peor que será con un primitivo como Allan, me dan ganas de negarme. Pero regresa a mi mente el recuerdo de Julia, su hermosa sonrisa, sus ojos brillosos y la ilusión vuelve a albergarse en mi ser.
Quiero recuperar a mi hermana, porque aún tengo esperanzas de que en algún lugar se encuentre viva, que se encuentre bien y que me recuerde. Si debo de sacrificarme y aguantar a Allan por un tiempo, voy a hacerlo, sin importarme que eso implique perder mi inocencia, dios sabe que esto es lo que debo hacer.
Traté de que alguien más me ayudara antes, hablar con policías, detectives, pero todos se burlaron de una futura monja. Claro, es mucho más sencillo ocultar el hecho de que una persona desapareció, porque era una hija de nadie, porque sus padres no estaban para reclamarla y por ello nadie le dio importancia a la chica huérfana que se convertiría en monja.
Busqué muchas posibilidades, porque me desesperó la idea de pensar todos estos años que podía estar en malas manos, que alguien podría haberle hecho algo malo y aunque Gabriel siempre me repita que debo de dejarlo todo en manos de dios, no podemos ocultar que la maldad en el mundo existe.
—Lo haré —respondo seriamente.
—Luego de ver lo sucedido hace momentos atrás por las cámaras de la casa, estoy seguro, Luciana, le gustas a mi hijo y serás un desafío para él —dice entre risas.
—¿Usted vio?… —no termino mis palabras, mis mejillas arden.
Había quedado como una ridícula, como una pecadora y ese hombre me había visto, fabuloso, eso es muy encantador de su parte, quedarse viendo detrás de una pantalla la privacidad de otros.
—Si es todo —aclaro mi voz cabizbaja— ¿Puedo retirarme?
—Claro, me imagino que debes de querer descansar —asiente lo que me hace levantar la cabeza— Pero antes de que te vayas, déjame decirte que mañana habrá en esta casa una fiesta especial, todos los años en estas fechas se hace una celebración del aniversario de la empresa y este año mi querido Allan planeó la fiesta, temática de fiesta en la piscina.
—Entonces —murmuro preguntando lo que es obvio.
—Voy a presentarte ante todos como la futura esposa de mi hijo, por esa razón mañana temprano tendrás el atuendo que debes utilizar —dice con una sonrisa burlona— Aunque desde ya te advierto que eso es lo opuesto a puritano.
—De acuerdo —asiento pasando saliva— Haré lo que usted me diga.
Esas son mis últimas palabras antes de salir de la habitación, me quedo pensando en que tipo de vestimenta se supone que van a elegir para mí y un escalofrío recorre todo mi cuerpo. Me voy a mi habitación que me cuesta un par de minutos encontrar revisando puerta por puerta, porque aquel lugar es tan grande que podría perderme.
Abrí mi nueva maleta y me puse a acomodar toda la ropa que habían elegido para mí, debo de admitir que hay prendas que son muy bonitas a la vista, pero no termino de sentirme cómoda porque muestran gran parte de mi cuerpo.
Estuve ordenando mucho más de lo que esperaba, cuando al fin vi ese closet tan grande acomodado con toda la ropa, solté un gran suspiro y me lancé sobre la cama. Había sido un viaje demasiado largo y el sueño se empezó a apoderar lentamente de mí hasta que me quedé dormida.
…
Me desperté con el golpeteo en la puerta, me había quedado dormida encima de la cama sin tender, pero no recuerdo haberme puesto una manta por encima, en fin, me levanté de un salto y me decidí a abrir. Me topé con la misma mujer de la noche anterior, Flora, la empleada y llevando entre sus manos un par de bolsas.
—Buenos días, señorita, el señor Cassiano me pidió que traiga esto para usted —informa pasándome las bolsas— Debe estar lista en una hora y bajar al salón principal.
—¿Salón principal? —le pregunto con el ceño fruncido.
—Así es, el recibidor en otras palabras —dice con una sonrisa burlona al ver que no le entiendo.
—Muchas gracias —me limito a responder.
Al cerrar la puerta camino hasta mi cama y coloco encima las bolsas para ver con que me encuentro. Dentro hay retazos de tela, debo de llamarle retazos de tela porque no puedo creer que me toque colocarme esto.
Es lo que las personas llaman bañadores, pero me habían elegido los más provocativos que habían encontrado, no quiero pensar que esto lo eligió Cassiano, porque viene a mi mente que quiere que provoque a media sociedad en vez de provocar a su hijo.
De todos los que había elijo uno rojo, es el que veo que me cubre un poco de más, aunque todos los que veo son bastante exhibicionistas. Encima me coloco una de esas prendas de playa que no conozco el nombre, es para cubrir un poco, al menos me tuvo un poco de consideración Cassiano y me envió eso para que no ande con el trasero en exhibición.
Me miro en frente al espejo, me cepillo un poco el cabello y analizo mi cuerpo con esa poca ropa, mi mandíbula se tensa. Solamente espero que aquello ya no esté lleno de personas desconocidas, que al menos me dé tiempo a adaptarme a la vestimenta antes de que todas las personas comiencen a llegar.
—Esto solamente lo hago por ti, Julia —murmuro frente al espejo.
Me retiro de allí y al fin me dispongo a bajar al recibidor, es el momento de que comience la locura.