CAPÍTULO 8. LAS OPCIONES

1759 Words

La sombra no alcanzaba para ahuyentar el calor; el aire estaba espeso, pegajoso, y me corría un hilo de sudor por la sien hasta perderse detrás de la oreja. Me sequé con la muñeca y, aun antes de mirar, supe que alguien nos estaba observando. Era una sensación nítida: la nuca se me encendió, como si una mirada fuera un dedo apoyado ahí. Giré apenas. En la galería, entre la columna y la cortina de glicinas, había una figura inmóvil. No necesitaba distinguir rasgos para saber quién era. El Marqués observaba como siempre: en silencio, con ese juicio que se escribía solo en la línea dura de su mandíbula. Me obligué a volver la vista al frente. Leo estaba a mi lado aún, con los codos en las rodillas, girando la ramita entre los dedos. Tenía esa quietud que suele parecer calma pero es bruma: pu

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