Aaron.
− Vamos Aaron, salgamos. No puedes pasarte todo el día aquí. − Reclama Joseph, cruzándose de brazos.
− ¿Qué tiene de malo? Da lo mismo, mi vida está desecha, me critican todo el día en la televisión, ¿Te imaginas si salgo a la calle? Además, aquí estamos seguros, tenemos televisión satelital, internet y mucha comida, no hay nada de malo aquí. – Objeté. Joseph comenzó a dar vueltas por la habitación mientras que, por otro lado, Alex tecleaba con rapidez en la pantalla de su celular, ajeno a toda la conversación.
– ¡Necesitas aire, Aaron! ¡Aire fresco! – Exclama Joseph, con los brazos abiertos.
– Qué objetivo tiene, ¿eh? Me critican todo el día, no puedo hacer nada sin que me sigan a todos lados, por eso prefiero quedarme en casa.
− ¿Te refieres al asunto de la m*******a? – Pregunta Joseph. Asentí con la cabeza mientras a mi cabeza llegaban todos los nefastos titulares que salieron en aquella ocasión: “Aaron Cox: ídolo juvenil al borde de la adicción”
− Es culpa mía. Si quieres damos una entrevista y digo que te obligué a que lo probaras.
− No, yo no debí haber grabado ese video en primer lugar, ni mucho menos fumar. Si no lo hubiera hecho, nada se hubiera filtrado y bueno, lo de Cassie…− Suspiré. Alex hizo lo mismo y quitó la mirada de su teléfono por primera vez en toda la tarde.
− Ya olvídala, nunca me gustó, realmente la detestaba demasiado y sobre el asunto de la m*******a, no encuentro que sea para tanto, en estos días cualquier persona fuma. − Dice Alex, antes de tomar un respiro−, vamos amigo, salgamos.
− No.
− Pues entonces no me voy hasta que salgas de esta cueva, cavernícola. Sabes que soy muy irritante. − Joseph se pasó la mano por el pelo para luego sentarse a mi lado.
− Oxigenado, nadie te quiere a ti. Vete y déjame en paz, ¿Sí? − Joseph negó con la cabeza y dijo con voz firme:
− Me voy cuando tú te vayas con nosotros, ¿Entiendes, Cox? O por lo menos, aféitate y sácate esa maldita barba de náufrago que tienes, te ves desastroso.
− Diablos, que no, que no quiero. − Dije, levantándome de la cama para escapar de los chicos.
− ¡Vas a ir aunque te arrastremos! − Dice Joseph, tomándome del pie y comenzándome a arrastrar hacia la puerta de mi departamento.
− Suéltame.
− Cox, no seas aguafiestas, es solo una fiesta, luego puedes encerrarte de nuevo hasta que tengamos el próximo tour. − El tour, otra maldita cosa que me faltaba. Noches quedándome despierto hasta tarde y dando todo de mí para poder cantar bien para las fans, quedando ronco y sin voz cada noche. Qué hermoso. Quiero quedarme en mi casa, salir de vacaciones por lo menos dos o tres años a una playa sin nadie que la habite, porque si voy a cualquier parte, todos me conocen. Claro, soy "Aaron Cox, de Floor Six" ¿Quién no conoce al cantante de la banda juvenil más conocida en todo el mundo?
−Si Aaron no va a la fiesta, la fiesta viene a Aaron. − Canturreó Alex, con la mirada fija en su teléfono otra vez.
− Cierra la boca, Alex.
− ¡Ciérrala tú!
− Mierda, ya, me canso, vas a ir y punto. Te envío la dirección por mensaje. − Joseph estaba realmente desesperado y sin decir nada más, tomó a Alex de la chaqueta para arrastrarlo en dirección a la entrada. Desde ahí, ambos se detuvieron en la puerta y se giraron para mirarme.
− No voy a ir. −Declaré, volviendo a acostarme en mi aposento. Alex se pasó la mano por el pelo mientras Joseph comenzaba a hablar tranquilamente:
− Entonces te venimos a buscar, ¿Okay? Okay, eso, adiós cavernícola. −Y ambos se fueron por la puerta. Tomé el control remoto y prendí la televisión, cambié los canales uno por uno esperando que hubiera algo entretenido. Pero nada, todo es una mierda. Me levanté de la cama y me puse unos jeans negros y una camiseta negra suelta. Busqué entre los cajones encontrando mis típicas Ray Band oscuras que siempre uso para salir y evitar ser reconocido inmediatamente.
Caminé hacia algún tipo de cafetería o algo que encontrara interesante, esperando (y prácticamente rezando) no encontrarme con alguna fan loca o algo así. Conseguí llegar a una cafetería que apenas tiene gente, genial. Entro y me siento en una mesa, esperando que alguna camarera me venga a atender.
Y ahí es donde mi mente comienza a funcionar, creyendo que la camarera será el amor de mi vida y tendremos una difícil y complicada historia de amor pero al final de la historia, terminaremos juntos porque ese es nuestro destino. Mierda, creo que he visto muchas películas románticas últimamente.
La camarera no es nada de lo que esperaba, regordeta, exceso de maquillaje y cincuentona, mejor para mí que no sea una adolescente loca por Floor Six.
− ¿Qué quieres?
− Un café, cargado y sin azúcar.
− ¿Eso? ¿Nada más?
− Nada más, gracias. −La camarera se fue sin decir nada de palabras y a los minutos trajo mi café junto a lo que parece ser el periódico, agradecí y comencé a leerlo mientras mis papilas gustativas se deleitaban por el amargo líquido.
En el periódico, hay una foto mía y de Joseph y casi automáticamente pude adivinar de que se trataba: la maldita m*******a. Dios, estaban obsesionados. Cambié de página al instante para leer otras cosas, voy a la última página y comienzo a hacer el puzzle. Mierda, esa cosa era imposible.
− Hola, disculpa. − Levanté la cabeza y veo a una chica con una libreta en las manos− Quería pedirte un autógrafo, eres mi ídolo Aaron.
Me saqué los lentes y puse mi mejor sonrisa. Lo único bueno de esto es que hay varias personas que te apoyan en este trabajo y que estarían dispuesto de tirar todo a la mierda por ti, esas personas son las fans. Es imposible esconderte de las fans, te conocen mejor que tu madre.
− Claro. −Me entrega la libreta y un lápiz, comienzo a escribir mi firma y ponerle la dedicación especial para ella.
− Gracias, eres el mejor, Aaron. Tú y los demás son las mejores personas del mundo y no te deprimas por lo que pasó con Cassie, ni por lo de la m*******a con Joseph. Todos cometen errores y la verdad, tú sabes como es esto, todos se van a querer aprovechar de ti y lo bien que te va, pero es importante que sepas que siempre estaré aquí para ti. − Sonreí con un genuino agradecimiento. Esto es a lo que me refería, gente que te apoya aunque la cagues más de mil veces, un error tras otro, siempre allí apoyándote dispuestas a estar esperando largas filas para tan solo verte una vez.
− Gracias cariño, por ti es por lo que seguimos haciendo lo que hacemos.
− Te amo, Aaron ¿Nos podemos sacar una foto juntos? − Asentí y la chica se sentó a mi lado, puso la cámara de adelante y el selfie se expandió a los segundos, una tras otra.
− Gracias Aaron, adiós y buena suerte.
− Adiós querida, gracias. −La chica se fue y yo me quedé pensando con mi café en las manos. A veces, quería renunciar a todo, dejar la carrera de cantante de lado y ser una persona normal, que no está cansada todo el tiempo y que puede hacer lo que sea. Pero cuando veo a las fans, como esa chica que me acaba de pedir una foto, me doy cuenta que vale la pena seguir cantando, porque al menos alguien agradece tu trabajo, no importa lo lejos que este. Ahora no sonrío mucho, bueno, en las fotos sí, pero las fans se están dando cuenta de que algo está pasando.
Bien, mi humor estaba mejorando.
Creo que les voy hacer casos a los retrasados mentales de mis amigos, iré a la maldita fiesta. ¿Qué tiene de malo? Exactamente nada, cualquier chico de veintitrés iría a la maldita fiesta para disfrutarla, ¿Por qué yo no? Después de todo, quiero hacer cosas que hacen la gente normal de mi edad, y este tipo de cosas hace. Y sobre Cassie, a la mierda con ella, a la mierda todo, además, ¿Qué importa? Ella me dejó por otro y quizás ni siquiera se acuerde de mí. Así que, en menos de diez minutos decidí mandarla a la mierda a ella y a todos para solamente disfrutar un rato de lo que es ser joven.
Dejé el resto de mi café allí y para sacar algunas libras de mi bolsillo y dejarlos en la mesa. Caminé por las calles en absoluta tranquilidad de vuelta a mi casa para arreglarme e ir decente a esa fiesta.