2. Clarissa.

2050 Words
Aaron. El coche andaba a toda máquina por las calles. Si era completamente honesto, no era consciente de donde estaba, ni porque accedí a hacerles caso a mis idiotas amigos de que los acompañara a un bar a las afueras de la ciudad. Según ellos, tenía que salir de mi aislamiento personal por culpa de mi ruptura con Cassie, sino, mi salud mental sufriría un deterioro más notorio del que ya cargaba. Hasta ese punto, tampoco me importaba demasiado. “Mira, idiota. Queda por la calle principal, doblando a la derecha y luego tomas la siguiente calle y sigues derecho hasta el fondo” Alex lo había dicho tan fácil mientras hablábamos por teléfono, pero en la práctica era tan difícil, al menos para mí. Estaba oficialmente perdido. Seguí conduciendo hasta meterme más y más adentro de la ciudad, llegando hasta los rincones donde nadie se atrevería a entrar, pero no me importaba, si me robaban, podía comprarme un auto nuevo al otro día, incluso, me compraría uno mejor del que tenía casi como fuera a comprar mantequilla al supermercado, ¿Por qué? Porque tenía millones de euros y dólares, porque soy Aaron Cox, de Floor Six, la banda más reconocida en todo el mundo y ese era el maldito problema, ya no era nada más que eso, ya nadie me veía simplemente como Aaron y eso, sumado a lo de Cassie, me tenía enfermo. Finalmente, me rendí, declarándome perdido por aquellos rincones. Me detuve al lado de la acera, suspirando frustrado y cogiendo mi teléfono para llamarle a mis amigos y decirles que no podría ir, que estaba ocupado, pero era mentira, lo que más tenía luego de que Cassie, mi ex novia, era tiempo. Nadie me llamaba excepto mis amigos, y cuando digo amigos, son los mismos integrantes de Floor Six, que se preocupan, por Aaron Cox, el integrante de Floor Six. Supongo que los demás no me hablan porque respetan mi duelo por Cassie y lo agradezco, merecía un poco de tiempo solo. “Chicos, no podré ir, estoy un poco ocupado.” Tenía el mensaje escrito, listo para enviar, pero cuando iba a apretar aquel botón, alguien tocó la ventana de mi coche con unos golpecitos. Fruncí el ceño y miré por la ventana, había una chica. Apreté el botón para que la ventana descendiera y fue ahí donde pude ver con mayor claridad a una hermosa chica de pelo castaño, ojos verdes y unos labios rojos como las frutillas, la cual era la causante de que no hubiera mandado aquel mensaje. − Hola guapo, ¿Quieres un poco de compañía? − Yo no era tonto, ni mojigato, ni nada de eso, de hecho, a lo largo de mi vida había recibido varias solitudes para tener sexo por lo que era consciente de que lo que me estaban ofreciendo eran servicios sexuales, y no era para nada extraño para mí, ni para nadie, pero lo verdaderamente extraño fue mi propia respuesta. − ¿Por qué no? − La chica esboza una sonrisa, mostrando sus derechos y blancos dientes. Entra al auto y se sienta en el asiento de copiloto, a mi lado. − Son treinta euros por la hora. − La castaña agarra un mechón de pelo y comienza a juguetear con él, evitando mirarme, me pregunto el porqué. La cantidad de dinero me sorprendió mucho y no era el monto lo que me sorprendía, podía pagar lo que sea, me sorprendió lo poco que era, pero finalmente acepté sin pensármelo mucho, sin siquiera revisar si alrededor había un paparazzi, aunque francamente lo dudaba, no llegaban tan abajo en la ciudad. Abrí la guantera para buscar mi billetera, removiendo entre paquetes de comida y algunos cigarros que uso cuando estoy demasiado estresado. Finalmente, la veo y la cojo, meto mi mano y ni siquiera me esfuerzo en mirar, no necesito hacerlo. Saco la mano y entregándole mucho más de lo debido, ¿Qué importaba? Aaron Cox de Floor Six podía comprarse al mundo, si quisiera, digamos que los discos y las fans daban mucho dinero. Hoy, auspiciaba Aaron Depresivo Cox, el cantante de Floor Six. − ¿Todo esto? ¿Cuántas horas vas a querer exactamente? Me encogí de hombros, sin mucha idea de nada. – Las que salgan, puedes quedarte con el resto. − ¿Estás seguro? Aquí van cerca de seis horas y… − Negué con la cabeza varias veces, restándole importancia, deteniendo sus palabras. − No te preocupes, de verdad. − Dije, mientras pisaba el acelerador para volver a mi departamento con la nueva chica. – En cualquier caso, vales mucho más que eso. El viaje fue silencioso, la chica prende la radio creo, para evitar algún tipo de diálogo entre nosotros. Esto es incómodo. Mire hacia la bella chica que me acompañaba en mi auto, me pregunto si se vería más bella si se arreglara el pelo y se quitara el exceso de maquillaje que tiene en la cara, y si se quitara tanto brillo que tenía en la ropa. Aunque así, tenía una belleza bastante atractiva. Piel pálida, cabello castaño, ojos verdes y unos labios rosados de naturaleza. − Tendrás tiempo de mirarme luego. −Dice ella mirando el frente fijamente. Sonrío y sigo manejando. Puede que más de algún paparazzi me esté siguiendo, pero me importa una mierda, últimamente, todos me siguen, a donde sea que vaya, demonios, no puedo ni ir al supermercado sin que me acosen, la prensa rebusca hasta bajo de las piedras si es que Aaron Cox de Floor Six comete un error. Pero en estos momentos, no me importa nada, solo quiero ser el mismo chico que era antes de que ganara aquel concurso junto a mis amigos y nos convirtieramos en los rostros juveniles más reconocidos del mundo. Al principio, me encantaba andar de gira todos los días, pero ahora quiero descansar, quiero ser un desconocido, uno más del montón. ¿Qué haría un chico normal de veintidós años? Saldría de fiesta con sus amigos o estudiando para la universidad, pero mi caso es diferente, me paso casi todo el tiempo en giras o grabando discos y lo que estoy haciendo ahora, de invitar a una chica a mi casa a follar, es lo más normal que ha hecho hasta ahora. Y sin darme cuenta, ambos habíamos llegado a mi moderno y lujoso departamento. La chica de cabello castaño intenta bajarse del auto, pero la detengo, dándome cuenta de algo importante. No sé su nombre, la chica con la cual me voy a acostar ni siquiera se su maldito nombre, ¿Por qué? Porque no me dio tiempo si quiera de preguntarle, ella hizo la oferta, yo acepte, le entregue el dinero y se nos fuimos casi corriendo a mi hogar. − ¿Qué pasa, cariño? ¿Te arrepentiste? − No, nada de eso. No me has dicho tu nombre. − Dije, en un susurro. La chica del nombre desconocido sonríe de lado, como si saber el nombre de con quién te acuestas no es necesario. − No importa, cariño. −La chica sonríe y se baja del auto, comenzando a caminar en dirección al gran edificio donde se ubica mi departamento. Subimos hacia el último piso, donde yo vivía e intentaba hacer su vida fuera de “Aaron Cox, de Floor Six” completamente solo. Entramos a la habitación, besándonos como si no hubiera mañana y comenzando a desnudarnos. (…) − He de admitir que eres el chico más guapo que he visto. − La chica me hablar mientras yo jugueteo con su pelo castaño, su piel pálida se cubría por las sabanas, mientras yo la acariciaba. Luego de haber tenido sexo la chica había demostrado el interés de irse y volver a trabajar, -Eso suena tan raro-pero yo no podía dejarla ir a estas horas, y sin auto. Era una locura. − Me gusta tu cabello. − Le digo mientras sigo jugando con su pelo. − Eso es lo más bonito que me han dicho. − Eso sí que es triste, realmente triste. Pero yo no podía sentir algún sentimiento alguno, porque no me gustaba, ni estaba enamorado de ella. Era solo sexo, ella es una prostituta y yo soy el cliente, eso es todo. − ¿Ahora puedo saber tu nombre? − Le pregunto. − ¿Por qué eres tan insistente? − Solo quiero saber un simple dato, tu nombre. − La chica sin nombre suspira y suelta una risa. − Lo siento, es que no estoy acostumbrada a este tipo de tratos. − Y podría jurar, que sus ojos se cristalizaron, aunque no pudiera ver su rostro ya que ella estaba de espaldas. − ¿Qué? − Nada, olvídalo. − Se da vuelta y queda frente a frente conmigo, veo sus ojos verdes brillando, y son los más verdes que he visto en toda mi vida, incluso, supera los ojos verdes de Alex, y cualquier otra persona que haya conocido. − Mi nombre es Clarissa Stone. − Soy Aaron Cox. − Ella sonríe y se muerde el labio. − Bonito nombre, tan bonito como tus tatuajes. − Dice pasando sus manos por mis brazos y mi pecho. − Gracias, ¿Tú tienes? − No, pero quiero hacerme uno, aquí. – Dice, señalando su muñeca. − Te quedarían bien, combinan con tu piel. − Hey, deja de coquetear conmigo, no es necesario, dame treinta euros y no te gastas en el esfuerzo. − Me dice, con un tono de aspereza en la voz. No dije nada, me quedé completamente callado, esperando a que el silencio incómodo se acabara o que algo pasara y terminara con esto porque yo no era capaz, no era quien para rebatirle sus experiencias de trabajo ni mucho menos si confiaba en las cosas que le decía o no. Mi teléfono suena, lo tomo de la mesa y abro la llamada y para sorpresa de nadie, Joseph estaba al otro lado de la línea. Pongo el aparato en mi oreja y comienzo a escuchar todo el alboroto que suena de fondo. − ¡Aaron! ¿Dónde estás amigo? Te estamos esperando. − Dice Joseph, quien esta notablemente alegre y pasado de tragos. − Estoy en casa, hoy no pude salir. Lo siento. − Oh, ¿Llorando otra vez por Cassie? Amigo, aquí hay mucho que ver en vez de derramar lágrimas, ¡Alex terminó tomando tequila en el estómago de una desconocida! − Chilló. − Oh, qué bien. Yo tuve otros planes. – Dije, mientras observaba a Clarissa juguetear con sus dedos − ¡No me digas que estás ocupado! ¿Haciendo qué? ¿Masturbándote? − No, Jo… − ¡Oigan amigos! ¡Aaron se está masturbando en su casa! − De fondo, escucho como la gente celebra por el otro lado de la línea, gritando cosas incoherentes y sin sentido. − ¿Qué te fumaste? − Un cigarro, y unos vasos de vodka, y Alex quería tequilas así que empezamos a competir quien bebía más, ¡Esto es increíbleeeee! − Grita, haciendo que tuviera que alejar mi teléfono de la oreja. − Te llamo más tarde, o mejor, te llamo mañana, cuando estés sobrio. −Bien, adiós, adiós Aaron de mi corazón, te amo, ¿Quieres que te cante alguna canción para dormir, Pequeño Cox? −No, gracias. −Okey, adioooos, amigo. − Adiós… ¡Joseph! − Lo llamo. − ¿Qué pasa, pequeño? − Soy mayor que tú. − Le digo. −Ugh, vete al demonio−Finalicé la llamada dejándola en la mesa, otra vez. Dirijo mi mirada a Clarissa, buscándola, pero no encuentro a nadie. Me pongo un bóxer y camino descalzo por mi habitación, buscando su ropa o algo así, pero no, no hay nada. Salgo de la habitación comenzando a buscarla por la sala, pero de nuevo no hay nada. − ¿Clarissa? − Dirijo mi mirada hacia la encimera de la cocina, camino hacia allá y veo un pequeño pedazo de papel, lo tomo y veo la desordenada caligrafía escrita en el papel. “Gracias por todo, Aaron. Fuiste muy amable, pero sé cuidarme sola, Clarissa xx :)” Suspiro y miro hacia la puerta, niego con la cabeza y me voy a mi habitación, dispuesto a dormir con los ojos verdes de la chica que, por una noche, me hizo sentir normal.
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