4. Aaron Cox.

2201 Words
Aaron. Estacioné lo más rápido que pude y con las gafas puesta, la gorra y la chaqueta me bajé del auto y corrí por la lluvia hacia el callejón, donde lo único que se encontraba era un auto de donde provenían los gritos. − ¡Suéltame, cerdo asqueroso! −Grita la chica, mientras se oye un estruendo, como una cachetada. − ¡Cállate, perra! ¡Eso es lo que eres! ¡Una asquerosa perra! −Y se oyen más golpes. Sin pensármelo mucho, corrí hasta el auto y abrí la puerta de golpe. Vi como los rostros de ambos aparecieron y Clarissa traía una expresión en el rostro lleno de pánico, mientras el hombre que estaba encima de ella parecía fuera de sí, completamente furioso. Tomé al tipo del cuello y lo saqué de allí en un movimiento. El tipo cayó al suelo mientras Clarissa se quedaba en el auto, soltando pequeños quejidos y sollozos que aumentaban aún más mi cólera. Golpeé su maldita cara una y otra vez, ¿Cómo puede pegarle a una chica? Es mayor que ella y su masa corporal es considerablemente grande al lado del pequeño y pálido cuerpo de Clarissa, eso es abuso, y en gran parte, cobardía. En eso, se me caen los lentes y mi gorro, dejando ver mi rostro.  El hombre, quien estaba con su cara morada y con rastros de sangre, abrió sus ojos en un acto de lucidez y en cuanto sus pupilas se enfocaron en mí, supe que me había reconocido. Seguramente, soy unos de los ídolos de su hija o algo así, ha visto tantas veces mi rostro en los posters de su hija y escuchado tantas veces mi voz en los parlantes de su casa que no sospecho que me conozca como si fuera de su propia familia. − Tú eres uno de esos, de ese trío de idiotas que le gustan a mi hija, ¿Eres Johann? ¿Jordan? ¿Joseph? − Deberías cuidar de tu hija en vez de andar pegándoles a las mujeres, maldita rata cobarde. – No pude contenerme y le di otra patada. − Y es Floor Six y mi nombre es Aaron Cox, no lo olvides. Me doy media vuelta, dispuesto a tomar a Clarissa y correr de ahí. Abrí la puerta del asiento trasero y me encontré con una Clarissa con sus piernas enrolladas y pegadas a su pecho mientras oculta su cabeza dentro de ellas, asustada a más no poder. − Clarissa, vámonos, estás bien. − Me saqué la chaqueta y se la puse alrededor de su espalda. La ayudo a bajar del auto y ambos echamos a correr, yo la guío y tiro de su mano bajo la lluvia en dirección a mi auto.  Finalmente abrí la puerta de copiloto y la dejé sentada y con mi chaqueta en las piernas. Corrí al volante y una vez dentro, encendí el sistema de calefacción, colocándolo al máximo. − Clarissa, ya está, estás a salvo. − Le digo, mientras no despego mi mirada de la carretera. − Gracias, Aaron. − Murmura, y sonrío levemente al ver que recuerda mi nombre. − ¿Quieres hablar sobre lo que pasó allá? ¿Quieres que vayamos a la policía? − Le pregunte, y negó con la cabeza, a los segundos, continúa hablando: − No, nada de eso. No quiero hablar ahora, quizás más tarde. − ¿Estás segura? Asintió con la cabeza. − Bien. – Seguí conduciendo en silencio. Los rayos iluminaban el cielo completamente, y por el rabillo del ojo vi como Clarissa los miraba atentamente, perdida en ellos.  Me pregunto que estará pasando en su mente y que está pasando en la mía, ¿Cómo terminé en esto nuevamente? Podrían aparecer fotos mías en cualquier momento, pero extrañamente, aquello no me importaba en lo más mínimo en esos momentos. − ¿Sabes quién soy? − Aaron Cox. − Responde, y me sorprendo. Generalmente, le agregaban otras tres palabras: “De Floor Six” pero ella no, para ella soy lo que precisamente yo quería ser para las demás personas, solo Aaron Cox. − ¿Eso es todo? − ¿Qué más? ¿Eres un vampiro o algo así? – No pude evitar soltar una risa mientras negaba con la cabeza. Mientras doblaba por la entrada del estacionamiento, aparqué el coche y me bajé para abrirle la puerta a Clarissa, pero ella ya se encontraba afuera, con mi chaqueta en los hombros y tiritando ligeramente mientras esperaba a que yo la acompañara. Le abrazo por los hombros y caminamos en dirección al ascensor, subimos y apretamos el último piso, donde yo vivía. En cuanto estamos en casa, ella se saca mi chaqueta y me la devuelve, la lanzo al sillón y le quedo mirando, mientras ella tirita un poco. − Oh, puedes darte una ducha si quieres, el agua está caliente, también te prestaré unos de mis pantalones y una camisa. − Le digo, ella asiente y me mira, esperando. − ¿Qué? Ah, sí, que idiota soy. Al fondo, a la derecha. – Sin decir otra palabra ella desaparece en dirección al baño. Apenas sentí el agua correr caminé a mi habitación y me adentré dentro de mi clóset para sacar uno de mis pantalones para dormir y una camiseta cualquiera. Salgo de nuevo hacia la sala mientas espero a que termine de ducharse. Cerca de cinco minutos después, Clarissa aparece con una de mis toallas blancas enrollada a su cuerpo y con una también en su pelo, con el rostro completamente pálido y sin maquillaje. − No te enfríes, toma. – Le entregué el pantalón y la camiseta. − Gracias, Aaron. − De nada, puedes cambiarte en mi habitación, está enfrente del baño. − Ella pone una sonrisa tímida en su rostro sin evitar irradiar belleza. − Ya sabía. − Dice para comenzar a caminar en dirección a mi habitación y claro que lo sabía, ambos habíamos pasado un momento la noche anterior ahí, obviamente sabía dónde estaba. Qué idiota que era. Decidí escapar hacia la cocina y preparar dos tazas de café porque algo dentro de mí me decía que Clarissa lo necesitaba igual de urgente que yo. Me siento en el sillón para esperarla y dejo ambas tazas en la mesita que estaba en frente. Clarissa apareció un minuto más tarde con su cabello castaño ligeramente húmedo mientras le caía por los hombros con gracia. − Te hice café. −Le digo. − Gracias, Aaron. − Se sienta a mi lado y toma la taza entre sus manos para acercarla a su boca. − Por nada. − No, gracias por todo, por la ducha, la ropa, por salvarme, por el café, por ser tan amable de tomarte el tiempo de rescatar a…− Suspira y continúa. −…a alguien como yo. − Sonríe, pero finalmente termina siendo una mueca. − Hey, no te preocupes, lo importante es que estás a salvo. − Se forma un silencio, mientras las gotas de lluvia siguen cayendo contra el gran ventanal que me deja ver la gran ciudad a mis pies. − ¿Me vas a decir lo que pasó? ¿Quieres hablar de ello? Clarissa mantenía su mirada perdida, lejana a la realidad, sin embargo, comenzó a hablar de igual manera. − Era un cliente, no me quería pagar y el servicio ya estaba hecho. No era justo asique comencé a decirle que me pagara o llamaría a la policía o algo. – Abrí la boca para agregar algo, pero ella fue más rápida y siguió hablando: − Sí, lo sé, algo muy estúpido. No sé en qué estaba pensando en verdad, la policía no me ayudaría en nada. Entonces, ese hombre le dio una especie de ataque de furia y comenzó a golpearme e insultarme. Sus ojos se mantenían perdidos, fríos e inexpresivos. − No me duele, si es lo que piensas, porque todo lo que decía ese hombre era verdad, soy una perra, una prostituta. −Dice, para luego sonreír y mirarme a mí y su rostro volvió a brillar ligeramente. − Y en eso llegaste tú, te juro que pensé que iba a morir, violada y tirada en un callejón. Gracias por salvarme Aaron. − No es nada, Clary. No digas cosas como esas, eso no justifica lo que ese tipo te intentó hacer. No dejes que lo que haces te haga sentir menos persona, eres una persona brillante y buena, tu trabajo no tiene nada que ver. Contra todo lo que hubiera esperado, ella soltó una sonora carcajada. − ¿Qué? ¿Cuál es el chiste? − Le pregunté. − Soy brillante para acostarme con personas y luego meter la pata. − Le miro y ella sonríe, toma de su café para luego mirarme: − ¿Cómo sabías donde estaba? − Oh, fácil, fui a donde nos conocimos por primera vez y encontré a una chica, Annabele, le pregunté sobre ti y creo que era tu amiga, me dio tu ubicación y después fue fácil encontrarte. −Dije mientras me encogía de hombros antes de darle otro sorbo de café. Ella asiente y posteriormente hace lo mismo. Ahora está sin maquillaje y se ve aún más bonita de lo que era antes, sus ojos verdes se notan un poco menos, pero siguen siendo las mismas grandes esmeraldas tan llamativos como los ojos de una felina. − Tienes la mala costumbre de mirarme por mucho rato con cara de psicópata. − Dijo, con la mirada fija en mis premios y en los cuadros que adornaban la sala. − Lo siento. − No importa, ya me acostumbré. Esos son… ¿Premios? − Pregunta mientras se acerca a la estantería con la taza aún en su mano. Suspiré pesadamente, despidiéndome de lo poco que había logrado con Clarissa en esas escasas horas que llevábamos hablando. Hasta aquí llego el anonimato, de seguro va a enterarse que soy Aaron Cox, de Floor Six. − Sí, son premios y algunas fotos. − Oh, genial. Espera, ¿Ganaste un Billboard? – Asentí con la cabeza mientras ella tomaba sin pudor el trofeo entre sus manos, examinándolo con atención. − “Ganador de este año: Floor Six” − Lee, con una sonrisa. Levanta una mirada y me mira directamente. Espero atentamente a que se ponga a chillar, a gritar y a pedirme autógrafos, pero nada pasa y me sorprendo por lo que dice luego: − No conozco ninguna canción tuya, al menos no el nombre. − Dice. Fruncí el ceño. No era por sonar egocéntrico, pero ¿en qué mundo vivía? Nuestro último disco había roto los records y había estado en el hit número uno del semestre por casi dos meses. Me levanté y caminé a la estantería, elijo uno de nuestros dos discos y lo pongo en el equipo de música. Busco con el control al primer single con el cual nos hicimos famosos y sus ojos se pusieron como platos.  − Sí, es una de nuestras canciones. − La había escuchado antes, pero no sabía que era tuya, digamos que no tengo tiempo de escuchar música. − Lo entiendo. − Ella toma el marco de fotos donde salimos los chicos y yo. − Dime quién es quién. − Me ordena. Sonrío y tomo la foto entre mis manos para explicarle mejor. − Este es Alex, Alex Dixon, nuestro guitarrista principal. − Dije mientras lo apuntaba con el dedo. − Es un poco distante y brusco para decir las cosas, pero es un buen amigo. − Okey, ¿Y él? −Dice mientras apunta a la cabellera de rulos. − Él es Joseph, Joseph Hawk. Es el bajista y un loco por la vida nocturna, digamos que es el que vive más la vida de rockstar de los tres. Bueno, igual es un poco raro, pero también es un buen amigo.  − Okey, ¿Y él? −Dice mientras apunta a la cabellera de rulos. − Él es Joseph, Joseph Hawk. Es el bajista y un loco por la vida nocturna, digamos que es el que vive más la vida de rockstar de los tres. Bueno, igual es un poco raro, pero también es un buen amigo. Ella asiente y vuelve a tomar la foto entre sus manos para señalarme en la foto con su índice. − ¿Y él? Rodé los ojos. − Yo, hace dos años, nuestra estilista me prometió que ese cabello me favorecía, pero en verdad creo que me odiaba y yo era muy idiota y joven para darme cuenta. – Reí y Clarissa hizo lo mismo, pero negó con la cabeza. − No, no, no me refería a eso. Dime, Aaron Cox, ¿Quién eres tú? ¿Qué haces? ¿Qué te gusta? ¿Qué no te gusta? Fruncí el ceño. − Soy Aaron Cox, de Floor Six−Digo. − ¿Eso es todo? − Me encogí de hombros. − No, no. Dime quien es Aaron Cox, no el “Aaron Cox de Floor Six” − Dice ella explicándome que no quiere saber sobre mi trabajo, sino que quiere saber quién soy yo por dentro. Es la primera vez que me hacen una pregunta como esa en más de dos años y la verdad, ya casi había olvidado la sensación. 
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