—¿Los reconoces? —volvió a preguntarme Gwendolyn. Mi mente no estaba en el lugar ahora mismo. Me había pasado el día intentando coger algo de información en cuanto a la sospechosa fotografía en la que aparecían Frederick y mi padre. Sin embargo, no había tenido éxito. Las imágenes que tenía ahora mismo frente a mí tampoco me ayudaban. Anya y su familia, Broc y su familia, y Yuna y su padre. Ella ya estaba marcada con una cruz roja y supongo que era porque ya la había identificado en la fiesta. Aún seguía sin noticias de dos de mis amigos, y tampoco que hubiese tenido la oportunidad de hablar con Yuna, solo verla a la distancia. La fiesta de disfraces fallida se suponía que era la misión de Anya y no había estado allí. —¿Por qué necesitas tanta información? —apoyé mis brazos sobre la mesa y ella suspiró. Sabía que mis cuestionamientos la tenían hasta la coronilla, pero era lo que debía tolerar si quería obtener una respuesta a su pregunta —¿Cómo es que de repente tienes a la mitad de los miembros de KEK? —un cuarto de la mitad restante los había reconocido yo en la fiesta. —Tengo mis contactos —fue la única respuesta que me dio. Mitch también nos acompañaba en la habitación y me preguntaba de qué le serviría conocer los miembros de KEK, además de que dejara de ser un enemigo invisible. —Los pasillos hablan —comencé a decir —y he descubierto muchas cosas sobre este lugar. —Mitch me observó algo confundido —. Necesito que me prometas que no le harás daño a nadie a menos que tengas pruebas contundentes. Si decides hacer lo contrario —sí, estaba amenazando a la líder. Dichosas las pelotas de oro que me había otorgado el apellido Jensen —, Irene no será a la única que me cargaré. —La mirada tensa de él sobre mí me estaba advirtiendo que estaba pasándome de la raya —. No podría tolerar perder a nadie más. Gwendolyn se acercó a mí y mantuvo silencio. Por el momento, sólo me interesaba la muerte de una persona y no podría cargar con la culpa o el dolor de ver morir a alguien sin antes asegurarme si era inocente o no. —Valdine... —dijo con detenimiento, como si estuviera caminando sobre suelo minado —nuestros objetivos están conectados. Yo necesito combatir a KEK para así poder brindar la defensa que todos merecen y tú quieres la cabeza de Irene —alegó —. Traicionarte sería arruinar la única oportunidad que tengo de salvarnos a todos. El mundo necesita una defensa segura y KEK es una corporación fuerte a base de mentiras. Volteé a ver a Mitch. —Aún tengo preguntas sin responder —le dije y dirigió su mirada hacia la morena como si estuviera buscando permiso. —Aún no estás preparada, Valdine —añadió ella. Me tocaba los ovarios que continuara llamándome por mi nombre completo. Pero es que incluso le estaba facilitando la vida permitiéndole que me llamara 'Val', pero no había forma. —Y nunca lo estaré —espeté —. Me enviaron a una misión en la que casi pierdo la vida pero aún no estoy preparada para saber las verdades ocultas de KEK —me puse de pie y le di una última mirada a las fotografías de mis amigos —. Mantenerme al margen no les será de ayuda. Mitch cogió mi muñeca, impidiendo que me marchara de ese lugar. —Sólo responde una pregunta —Gwendolyn regresó a las imágenes y señaló a la familia de Broc —. ¿Los conoces? Sabía que las movidas de los líderes muchas veces podían ser engañosas. A veces, cumplían cosas con las que luego se limpiarían el trasero o decían necesitarte para luego arrojarte a la basura. ¿Qué tenía la familia de Broc y por qué estaban preguntándome por él? ¡j***r! Es que incluso habiendo puesto un micrófono en el celular no me animaba a darle la espalda por completo. Nos conocíamos desde hace muchos años y me costaba creer que la mano que siempre me daba para sacarme de los pozos, era una navaja que cada vez me cortaba la piel más y más. Me salí del agarre de Mitch y negué. —No los conozco. Esperaba no estar cometiendo el error del siglo en continuar confiando en él. Me largué de allí y el dolor de cabeza comenzaba a amenazar con aparecer otra vez. Me había saltado el almuerzo y ya casi era la hora de la cena. Mi estómago rugía y temía que fueran a darme también náuseas del hambre que tenía. Me dirigí hacia la cafetería, cogí la comida y busqué a Thea y sus amigos con la mirada, pero sólo me encontré con Cailan y Gus hablando y riendo... Bueno, Kline era el único que reía, Cailan llevaba su usual expresión. Hace dos días que no me dirigía la palabra y gran parte de mí se alegraba que así fuera. Tenerlo cerca de mí no era trabajo fácil; contenerme no lo era. Además, al menos respetaba mi pedido y no me provocaba. Si la idea de no volver a ponerme un dedo encima no le había agradado porque lo que él me pedía no era lo mismo que yo quería, al menos, la había aceptado. —¡Val! —Thea me quitó de mis pensamientos moviendo su mano en el aire y los divisé en una mesa lejana. —No te hemos visto en el almuerzo —habló Luca, tan pronto tomé asiento junto a ellos. —Es que no tenía hambre —comenté simplemente. —De comida... —Thea habló por lo bajo, intentando contener su risa. Haberme acostado con Cailan había sido un tema de broma desde que se lo había contado. Al contrario de muchos, me alegraba que se riera de eso y no que me dijera que era una tonta por haber caído tan fácilmente por él. —¿Eres caníbal? —preguntó Silas y mi amiga no pudo contenerse más. Su risa se hizo contagiosa y solté a reírme también. Tanto ambos hombres como Naya nos observaban como si nos hubiésemos vuelto locas. Supongo que era el efecto Vaughan; a mí me había afectado directamente y a Thea de forma indirecta. —Espero que sea vegetariana —intervino Naya —. La carne aquí es tentadora pero luego te da dolor de panza —me dijo. Sabía que no lo decía por nadie en especial y que sólo quería darme un consejo, pero no podía quitarme de la cabeza las palabras de la pelirroja. Si Cailan había follado con cada mujer de aquí dentro -lo cual me parecía un poco extremista pero quién era yo para juzgar-, Naya también caía dentro de la bolsa. Haber estado con él no era lo que me provocaba aquel dolor, sino saber que muchas otras mujeres habían visto las estrellas como yo. —¿Todos ustedes viven aquí dentro? —les pregunté, intentando cambiar de tema. En KEK, cada quien tenía su casa o departamento fuera de la central. Por supuesto, el peligro que corrían aquí dentro no era como el que se corría fuera. Ellos tenían más poder que JBG, razón por la cual debían ser mucho más cuidadosos. —Pasamos mucho tiempo aquí —comenzó a explicar Silas —, pero muchos de nosotros sí tenemos nuestras casas o departamentos. Es solo que, a veces, decidimos quedarnos aquí para no correr el riesgo. —Asentí. Silas parecía ser de aquellos que parecía ser muy duro y serio por fuera hasta que iba conociéndote. Me hacía recordar un poco a mí... Confiar de primeras no era lo indicado para nuestro tipo de trabajo. Ya desearía yo poder salir de este lugar sin que fuera para una misión. ¿Acaso sería capaz de recuperar lo que era mío algún día... O lo que había sido? Una hoja de papel fue dejada a mi lado por un muchacho que pasó y la cogí. "Valdine Jensen no sólo perdió a su padre, sino que también perdió su dignidad. ¿Será que ensuciar su poderoso apellido no le importa? Acostarse con gran parte de los miembros masculinos de la central en tan sólo unos días debe ser considerado un récord. Esperemos que no haya otro bebé en camino por sus deslices." ¿Qué mierda era esto? La ira comenzó a apoderarse de mí de una forma descomunal y me alivió ya no tener las esposas en mis muñecas. Alguien recibiría una muy buena paliza. —¿Qué sucede? —Thea me quitó la hoja y sentí como todas las miradas de la cafetería comenzaron a posarse sobre mí como el primer día en que había aparecido en este lugar — Joder... —musitó. Naya le quitó el papel y la noté enfurecerse. —Pero ¿quién demonios hace esto? No somos unos putos niños —espetó. Divisé a aquel pedazo de mierda a lo lejos, riendo y fijando su mirada sobre mí. No podría haber sido otro más que él... Al parecer, el respeto sería algo por lo que tendría que trabajar para ganarme en este lugar. Aquí ya no era Val Jensen, la hija del inminente Rufus Jensen; aquí era Val Jensen, la zorra que había causado más problemas entre las dos corporaciones y, ahora, la que se había follado a más hombres de los que podía contar. Me puse de pie, y caminé a paso apresurado y furioso hacia él. —Vaya, vaya... —habló, tan pronto me acerqué a él —. Miren a quién tenemos por aquí —se puso de pie. —Ni siquiera me molestaré en preguntarte si has sido tú el idiota que ha escrito eso —comenzó a reír y observó a sus compañeros en la mesa. Que patético que era. —Veo que además de zorra eres inteligente. —Tragué grueso, conteniéndome de darle una paliza que como poco le partiría la nariz. Estaba evitando hacerlo a toda costa por Mitch; sabía que cada cosa que yo hacía le traía consecuencias a él. Que buena suerte que las palabras también podían usarse como paliza. —¿Sabes qué creo, Miller? —me acerqué a su rostro, haciéndole frente — Que tienes celos de que me haya acostado con la mitad de la central —y con "mitad de la central" me refería solamente a Vaughan — pero no contigo. Ahora, sus amigos lo observaron con una sonrisa de lástima y, al ver que su expresión orgullosa anterior se había desvanecido, sabía que el poder de mis palabras había tenido el efecto que había esperado. —Pobrecito... Debes estar ardido —le dije, viendo como la furia se apoderaba de su mirada. Ahora ya no tenía a mi padre para que le diera aquella mirada amenazante e intimidante a cualquier estúpido que se me cruzara. Ahora más que nunca debía de hacerme respetar por mí misma y no por el apellido que cargaba. Un rumor era fácil de creer cuando nadie me conocía, por lo que no me quedaba otra opción que ganarme el respeto de aquellos que no me lo tenían. Meterse con mi embarazo había sido algo que no le dejaría pasar con facilidad. Debía de aprovechar que todos en la cafetería nos estuvieran dando su atención para encargarme de esta situación. —Puede o no que me haya acostado con la mitad de los hombres aquí —hablé por lo alto, esperando que me oyeran hasta en el lugar más recóndito del mundo —, pero de lo que estoy segura es que no he follado contigo ni lo haré. Me hice cargo que todos en la cafetería lo hubiesen oído. No era ni la primera ni la última vez que se esparcía un falso rumor sobre mí -exceptuando lo del embarazo que no sabía cómo lo había descubierto- pero, al menos, no me quedaría de brazos cruzados otorgándole el honor de haber tenido sexo conmigo. —Espero que los celos no te maten —concluí. No me importaba que me vieran como una golfa, me importaba una mierda que pensaran que más hombres se habían adentrado en mí que tampones. Lo que me daba rabia es que por ser mujer, a mí me trataran de zorra y a Cailan casi más le hacían un monumento. La mano de Miller cogió mi brazo con fuerza, impidiendo que me marchara. Juro que lo había intentado, pero mi contención ya se había ido a la mierda hace rato. Volteé y llevé mi puño hacia su rostro, haciendo que cayera al suelo. Su mano se encontraba en su ensangrentada nariz y no podía decir que lo lamentaba ni un poco. Cailan se apareció frente a mí y clavó sus ojos celestes en los míos. Su mirada era la usual y me negaba a que interviniera. Este era mi problema y yo me encargaría de él. —El show ha finalizado —dijo de mala gana y vi a Miller ponerse ponerse de pie. Ya quisiera... —No, el show apenas comienza —emití, mientras la furia ardía en mis ojos, e hice el intento de abalanzarme sobre aquel mentiroso, pero el rubio me detuvo sólo con la fuerza de su brazo. Me cabreaba que se metiera en algo que no le incumbía. ¿Acaso siempre tenía la necesidad de mostrar ser el héroe? Mi secuestro o rescate, en nuestra misión, y ahora. —Muévete —le pedí, intentando contenerme con él. No sé si me quería lanzar sobre él para apartarlo o para volver a probar sus apetitosos labios. j***r, no es el momento... —También te lo has follado a Vaughan —alegó aquel cretino. La tensión y la furia se me estaba esparciendo por todo el cuerpo y apoderándose de mí. Volví a abalanzarme sobre él pero Cailan me detuvo otra vez. Por supuesto, él ya era conocido por follarse a toda la central por lo que no le importaba lo que dijeran de mí. Mientras no mancharan su buen nombre con algo que fuera despreciable, todo estaba bien. Él volteó hacia Miller y golpeó su rostro con su puño, provocando que volviera a caer al suelo. Ahora tenía más que la nariz sangrando. —¿Qué sucede aquí? —Mitch se apareció y observó con detenimiento toda la situación; Miller ensangrentado en el suelo, Cailan acababa de golpearlo y yo debía ser el fuego en persona — ¡Alguien responda! —ordenó. Gus apareció y le entregó una de las hojas que Miller había repartido. Al acabar de leerla, llevó su vista hacia mí y bufó. Nadie dijo que hacerse cargo de mí sería trabajo fácil. —Ustedes dos —nos observó a Cailan y a mí —vienen conmigo. Dirigió su mirada furiosa hacia Miller y volteó a ver a Gus. —Llévalo con Gwendolyn, por favor —le pidió y Miller fue arrastrado por el suelo de la cafetería. Al parecer, el golpe del rubio había sido más duro que el miooo