C3

3373 Words
Cailan. Tomé asiento frente a Bay y Val imitó mi gesto. No comprendía el porqué de tanta formalidad al traernos a su oficina, pero sí sabía que no se encontraba contento por lo que había leído. —¿Es esto verdad? —le mostró la hoja escrita por aquel gilipollas y descansé mis espalda en el respaldo. Esto tenía pinta de que iba a ser algo similar a una maldita discusión familiar. —¿Desde cuándo te debo explicaciones? —le preguntó ella, claramente irritada —Así como ustedes no me dan explicaciones a mí, tampoco yo tengo que hacerlo. Comencé a masajear mi sien. Me había pasado la vida teniendo que dar explicaciones por absolutamente todo lo que hacía, sin importar si estuviera bien o mal. Luego de tres años en el ejército de la marina, decidí irme por cuenta propia y ni mi padre o Gus habían estado muy felices sobre mi decisión. Hacerles creer que conseguiría algo excelente había salido de maravilla, porque sí lo había hecho y nos había salvado el culo a los tres. Gwendolyn nos aceptó con rapidez dada nuestras habilidades, estaba claro que le vendría de maravilla tener a tres ex-soldados. Eso había sido hace cinco años y no había ni un día en que me arrepintiera de haber renunciado. —Val, sabes que aún no es el momento —Bay me lanzó una mirada antes de regresar hacia ella. Efectivamente, aún no lo era —. No puedes... —aclaró su garganta —. No pueden comportarse como si estuvieran en un ring de boxeo. Motivos no nos habían faltado... —Entonces, eres cómplice de esa porquería —ella cogió el papel y lo hizo un bollo —. Eres cómplice de esparcir rumores. Por cierto, ¿no sabrías explicarme cómo descubrió lo de mi embarazo? —espetó. Sólo me hacía falta las palomitas de maíz y la bebida. —Los pasillos hablan —le dijo él, como si fuera algún tipo de código entre ellos y suspiró. Sin duda alguna, Jensen era demasiado para todos nosotros. Creímos que sería una hija digna de su padre; mimada por él y sólo siendo la mano derecha de Irene por portar tan poderoso apellido, pero jamás creímos que nos encontraríamos con una mujer tenaz, intensa, testaruda como muchas y sensual como pocas. —No utilices mis palabras en mi contra —replicó ella con enfado. —No fue nuestra culpa, Bay —intervine, antes que acabaran por arrancarse las cabezas. Al parecer, ya no habían tenido un muy buen comienzo de día —. Miller parece tener algún tipo de sentimiento amor-odio por ella y se inventó eso... Bueno, no del todo inventado —sentí como Val me acribilló con la mirada —. Lo tenía más que merecido. Él entrecerró sus ojos, moviéndolos desde ella hacia mí y de mí hacia ella. —¿Ustedes han estado juntos? —nos preguntó. —¡No! —chilló ella antes de que yo pudiera afirmarlo. Volteé a verla y estaba por explotar en cualquier momento. Su mirada se negaba a mirarme y su boca estaba fruncida. No podía negar que me encantaba verla cabreada y nerviosa. —Creo que le vendría bien algo de aire fresco —le sugerí a Mitch. —Estoy de acuerdo —comenzó a decir ella —. Ya he estado mucho tiempo encerrada aquí dentro, sin tener en cuenta la misión fallida. —Tengo que salir para hacerme cargo de algunos mandados —dije y ella giró a verme como la niña del exorcista —. Prometo regresar antes de la medianoche y... —No —dijo —. No saldré a ningún lado contigo. —Mitch bufó y se puso de pie. —Sí irás o acabarás asesinando a media central —añadió él y se volvió hacia mí —. Si no regresan para media noche, enviaré a que los busquen. No es seguro que salgan, especialmente para ella. —Asentí. Sabía muy bien lo que implicaba que ella estuviera fuera de la central, pero no corría el mismo peligro siendo de noche y estando conmigo. Bay se marchó de la habitación, dejándonos solos como ya tantas veces. —No iré contigo a ningún lado —espetó, rabiosa. Como me fascinaba cuando se ponía en modo caprichosa. Me acerqué a ella y le di una conveniente sonrisa. —Lo harás si quieres obtener más información —lo pensó por unos segundos. —¿Y tus deberes? A veces, me cuestionaba su rapidez mental. —Son las nueve de la noche, Valdine. No hay ningún lugar abierto a estas horas más que bares, discotecas y prostíbulos, a menos que quieras ir a alguno de ellos. —Torció sus ojos y abrí la puerta —. Después de ti. Al caminar por los pasillos, muchos se le quedaban viendo. Por supuesto, después del espectáculo que había montado, todos hablarían de ella por unos días. Nos adentramos al estacionamiento y cogí las llaves de mi coche. Me encaminé hacia mi Lamborghini n***o y ella frenó su paso tan pronto lo vio, con una expresión de sorpresa en su rostro. —No te morderá —le dije y abrió la puerta del copiloto de mala gana, sin ánimos de bromas. —¿Dónde me llevarás? —preguntó tan pronto se montó en mi coche. —Las sorpresas no son lo tuyo, por lo que veo —encendí el motor y me salí del estacionamiento. Ella se echó a reír con sarcasmo. —¿Te crees que soy idiota? —compruébalo —Que me estás llevando a quién sabe dónde nada más para follar conmigo. Después de todo, era más inteligente de lo que pensaba. —Entonces, ¿por qué accediste a venir? —Porque me sobornaste. —Sonreí, satisfecho. —Puede que sea cierto. —Ya te he dejado las cosas en claro, Cailan. —La observé de reojo —. ¿Tienes departamento? —Asentí —. ¿Tienes balcón? —Volví a asentir —. Pues, ahí es donde tomaré aire fresco. Si te acercas a mí, me lanzo al vacío —decretó y reí por lo bajo. Estaba cerrado con llave. —Como desees. Al llegar, estacioné el coche enfrente y cogí un gorro y anteojos de la guantera. —Póntelos —se los entregué y frunció su ceño. Valdine me exasperaba más de lo que debería. —Póntelo o no entrarás al departamento. —Curveó una sonrisa en su rostro. Llevé las manos a mi rostro, esperando que alguien me dotara de paciencia. —Pues, me quedo. Me salí del coche y abrí su puerta. No toleraría caprichos de niñas inmaduras. —Bájate ahora —le ordené. Me estaba quedando sin paciencia y nos estaba exponiendo a ambos al quedarnos en la calle. Ella negó. —Tengo comida —intenté convencerla. —También tienes una polla y ni con eso lograrás persuadirme —se observó las uñas con detenimiento. Era la primera vez que una mujer se negaba adentrarse a mi departamento. No sólo eso, sino que parecía que era ella la que me hacía esperar a mí. —En realidad, puede que haya una forma de convencerme... —La observé expectante —. Llévame a un lugar de comida rápida. Definitivamente, Jensen no estaba en sus cabales. —Ya quisieras —jalé de su brazo pero se salió de mi agarre. —Pedimos comida rápida y prometo que me adentro a tu departamento sin quejas. —Lo pensé por algunos segundos. Sólo me tomaba diez minutos ir a buscar la comida y regresar con ella —. Por favor... —me dio una mirada inocente. De inocente no tenía nada; era culpable de muchos de mis males. * —¿Ya ves cómo cumplí con mi promesa? —se llevó una patata a la boca con una sonrisa victoriosa. Mi móvil vibró y lo cogí. "Vaya show se han montado en la cafetería. Nuestro padre te busca, llámalo en cuanto puedas" era un mensaje de Sage. —Si no vienes, lamento informarte que arrasaré con todo. —Guardé mi móvil en el bolsillo de mi pantalón y me acerqué a ella. —¿Cómo es que tienes hambre luego de la cena? —le pregunté, comiendo mi comida. Ella alzó su vista y rió —, ¿En verdad crees que aquel cretino me dio algo de tiempo? —negó — La nota llegó tan pronto tomé asiento. Me preguntaba cuántas veces le habrían inventado un rumor así, esperando que lo fuera. Ser la hija de Rufus Jensen no debió de haber sido fácil y por eso debía de tener que construir aquella personalidad tan irritable que tenía. —Entonces, ¿ahora eres mi versión femenina? —Ella me fulminó con la mirada y tragó su hamburguesa con dificultad. Para ser honesto, esperaba que no lo fuera. —Me encantaría —respondió —. Me refiero a follarme a media central, no ser como tú. Decir halagos no era lo suyo... y tampoco lo era follarse a media central. —No tendrías que haber intervenido. Con un "gracias" me era más que suficiente. Sin duda alguna, Valdine Jensen era una mujer llegada de otro planeta; todo lo que sabía que le gustaba a las mujeres, ella lo detestaba. —Puedo defenderme sola, no necesito que nadie lo haga por mí —añadió. —No podía quedarme de brazos cruzados tras ver lo que decía la hoja, pero ya no volveré a hacerlo. Tienes mi palabra —acabó su cena. —Tengo tu palabra en muchas cosas pero dudo que la cumplas —me puse de pie y me acerqué a ella. —Eres muy inteligente. Me aparté un poco sin quitar mi vista de aquellos ojos cafés. Nunca ninguna mujer me había incitado tanto a llevarla a la cama como ella lo hacía. Sus labios, su mirada desafiante, su aroma corporal... Todo en ella creaba estragos en mí y ni hablar de su cuerpo. j***r. Tenía que contenerme unas diez veces al día cada vez que la veía. —Me iré a dar una ducha. Asintió como si acabara de salir de una hipnosis y me marché. Mi plan estaba en marcha. Me di una ducha rápida y sequé mi cuerpo con una toalla. ¿Vestirme? No había necesidad alguna. Ella sólo me había prohibido que la callara, pero jamás se había negado a tener sexo conmigo. Me encaminé hacia la sala de estar y no la encontré por ningún lado. Creí que estaría intentando abrir la puerta del balcón como loca, pero no era así. —Eres tan predecible. —Oí desde la cocina y me volteé a verla. Tenía una tonta sonrisa en su rostro y se estaba llevando una fresa a la boca —. ¿Acaso no haces más que follar? ¿No te aburres? —la mordió. Me preguntaba cómo sería el desempeño de sus labios en mi m*****o. Me acerqué a ella y actuó como si lo que estuviera viendo no fuera la gran cosa. No me halagaba y no me miraba como si me deseara. Mierda, que con esta mujer el autoestima se me venía al suelo. No me la pasaba entrenando e intentando provocarla para que me observara como al cretino de Miller. —¿Aburrirme? Hablas como si no supieras lo que se siente tener sexo. —Asintió. —Como no respondiste a mi otra pregunta, sí supongo que no haces más que follar. ¿Acaso estaba jugando conmigo? —Las fresas están deliciosas —volvió a llevarse otra a la boca y tragué grueso. Su provocación me estaba poniendo cada vez más duro y esperaba que ella también estuviera deseando lo mismo que yo. —¿Quieres una? —se acercó a mí y la posó sobre mi boca. Efectivamente, su mirada estaba cargada de deseo. ¿Cómo era posible que siempre nos odiáramos pero que la tensión s****l estuviera siempre intacta? —Muerde —me susurró con su vista posada sobre mis labios, percibiendo el delicioso aroma a fresa de su boca. Cuando estaba a punto de hacerlo, la quitó del camino y capturó mis labios. Su mano se posó en mi nuca y su lengua comenzó a buscar la mía con desespero. Llevé mis manos a sus piernas sin despegarme de su boca, y la alcé del suelo. Ella rodeó mis caderas con sus piernas y cogí su trasero. —¿Qué hora es? —se apartó un poco de mis labios, jadeando. Observé con rapidez el reloj colgado en la pared y aún teníamos una hora. —Más que tiempo suficiente —respondí sobre sus labios y atiné a volver a saborearlos, pero ella se alejó un poco de mí. Su mirada estaba dándome el sermón que su voz no lograba emitir. —Si llegas a volver a callarme, te juro que... —su boca estaba sólo a centímetros de la mía. Ya estaba deseando desvestirla y hacerla mía sobre mi cama, sin importarme que todo el edificio se enterara de lo que estaba sucediendo. —No lo haré —dije con convicción. Ella se acercó con cuidado a mi oreja y mi respiración comenzó a acelerarse a pasos agigantados. —¿Qué esperas, Vaughan? —susurró. Con ella encima, me encaminé hacia mi habitación y la arrojé sobre mi cama. Se deshizo de su calzado, su pantalón y su playera, y disfrutaba de verla actuar tan rápido. Quedando en ropa interior, regresé a ella y devoré sus labios. Aquellos eran un manjar; delicados, exquisitos y apetitosos. Quería saciarme de ellos pero es como si eso jamás fuera a ser posible. ¿Cuándo había sucedido? ¿Cuándo había permitido que me atraparan de esa forma? Ella abrió sus piernas para mí y froté mi erecto m*****o en su entrepierna. Besó mis labios con mayor intensidad y comencé a bajar mis besos a su cuello. Sabía cuánto la excitaba y me encantaba tener ese poder. Saboreé su piel sin importarme que le dejara algún rastro. Un gemido salió de sus labios y me ponía más duro, si es que cabía la posibilidad. Mis labios bajaron ahora hacia su hombro, descendiendo el bretel de su sujetador hasta dejar uno de sus senos al aire. Capturé su pezón con mis labios y toda su piel sabía y olía excelente. Aquel se puso duro y regresé a su boca, ahora estimulando su seno con el masaje de mi mano. Me era imposible no deleitarme y perderme con cada parte de su cuerpo, incluso el más mínimo detalle como sus delicadas manos, sus largas pestañas o su nariz perfilada. Abandonó mi boca para deshacerse de su brasier y su mirada codiciosa rogaba por más. Bajé mi mano hacia su abdomen, sintiendo como el tacto de mi piel con la suya la hacía erizarse. Continúe por su cintura y su cadera, cogiendo el borde de su braga y bajándola por sus piernas. Tenerla desnuda ante mí era como estar en un museo de arte. j***r, que idiota había sido Buckley al dejarla. La había entregado a los lobos hambrientos como si ella le importara una mierda. Abrí el cajón de mi mesa de noche y cogí un condón. Lo de la otra noche había sido la primera vez que me había sucedido y también sería la última. Lo deslicé en mi m*****o mientras ella me deleitaba con la mirada y reí a mis adentros. El idiota de Miller creyó que tendría lo que yo ahora o que podría conseguirlo a través de aquella provocación. Volví a montarme sobre ella y clavó sus ojos sobre los míos, volviendo a abrir sus piernas para que me ubicara entre ellas. Me acerqué a su boca y atrapé suavemente entre mis dientes su labio inferior. La embestí con mi m*****o firme y aclamándola, y Val jadeó. En todos mis encuentros sexuales, veía a la mujer como la persona a quien yo debía de hacer gozar y disfrutar. Por supuesto, yo también lo hacía, pero con Valdine se sentía diferente; es como si ambos nos fundiéramos en uno para disfrutar y gozar de igual forma. Mi polla se adentró con gran facilidad y podía sentir lo húmeda que estaba ella. Volví a embestirla y su boca aclamó por mis labios. —Ahora quiero oírte —le susurré y sus ojos estaban incendiados al abrirlos. Comencé a aumentar la velocidad de mis penetraciones, viendo como aceptaba complacida lo que le provocaba cada una de ellas. Una de sus manos se posó sobre el respaldo de mi cama y la otra cogió mi trasero con fuerza. Llevé mi mano a su clítoris y comencé a masajearlo mientras continuaba embistiéndola. Verla retorcerse del placer debajo de mí era una ceremonia que quería admirar de principio a fin. La sangre estaba contenida en mi polla, dejándome saber que estaba a nada de venirme. Ahora yo también apoyé mis manos en el respaldo de la cama para tener más control sobre mis movimientos. Cerré mis ojos, intentando contener la explosión que se avecinaba, aún haciéndola mía frenéticamente. —Mierda... —gemí. Necesitaba que ella llegara al orgasmo ahora mismo. —¡Por dios! —chilló ella y ahora cogió mi trasero con ambas manos —Más rápido... —me pidió. No sabía si ella tenía más resistencia que yo o había estado más excitado que ella, pero ya casi no me quedaban fuerzas. Val clavó sus uñas en mi piel y nuestros cuerpos comenzaron a recibir unos espasmos al mismo tiempo como si estuvieran conectados. Le dediqué mi último esfuerzo a aquellas penetraciones y... —¡j***r! —llegó a su punto de liberación, así como yo sentí mis fluidos estallar en el condón. Caí a su lado completamente rendido, preguntándome cómo mierda regresaríamos a la central después de aquello. Removí la protección de mi m*****o, le hice un nudo y lo arrojé al cesto de basura. Su respiración agitada se oía con claridad y volteé a verla. Su cabeza parecía encontrarse en otro planeta y sólo podía pensar en que, tal vez, se arrepentía sobre lo que acababa de suceder. Me digné a vestirme y, una vez ya listo, me volteé a verla. —Te espero en la sala —fue lo único que dije antes de salir de la habitación. Ordené un poco mi cabello con las manos y ahora el que se arrepentía era yo. Cogí el móvil y tenía otro mensaje. "No quiero imaginar lo que estarás haciendo a estas horas y sé que Valdine no está aquí. Mitch me ha informado que te ha acompañado a hacer tus 'mandados'. Busca una mejor excusa la próxima vez." era otro mensaje de Sage. Reí al leerlo. Mi hermana tenía la misma edad que Valdine pero, sin duda alguna, la que se encontraba en mi habitación no parecía ser tres años menor que yo. Bufé. —¿Ya podemos marcharnos? —Volteé de repente, encontrándola ya vestida y asentí. El camino de regreso fue algo incómodo pero decidí no darle importancia. Al pisar la central, volvía a ser el mismo Cailan de siempre y olvidaría lo sucedido esta noche. Estaba más que seguro que eso era también lo que ella deseaba. Nos adentramos a la central y me parecía que la mejor idea era que me marchara a buscar a mi padre. Ella subió las escaleras, encaminándose hacia el pasillo de los dormitorios, pero frenó su paso. Dio media vuelta en su lugar y alzó su mirada para verme. —Cailan... —Le di mi atención. —Al fin te apareces —Sage surgió de entre las penumbras y llevaba sus ojos rojos. Ya era tarde y a mí también me convenía irme a dormir —. Tenemos noticias —su mirada era insistente. Mi cuerpo se tensó y tragué grueso. Llevé mi vista hacia Valdine y froté mi nuca. Problemas y más problemas. —Hasta mañana —dije. Ella asintió y se marchó sin más. —Al parecer, Miller no estaba tan equivocado —añadió mi hermana y la fulminé con la mirada. —Calla —dije y comencé a seguir su paso —. ¿Son malas o buenas noticias? —Nunca son buenas cuando de ellos se trata
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