Aquello había sido algo abrupto. Sage no se veía muy bien -no sabía si se debía a su enfermedad-, y Cailan se había tensado al oír que tenían noticias. ¿Sobre qué? ¿Qué podían estar ocultándome que fuera a destruirme? Después de ver a mi padre morir frente a mis ojos, ya nada podía romperme más que aquello. Mi mente regresó a lo sucedido esta noche y una sonrisa se me apareció. Descuiden, no me estoy enamorando, es una sonrisa de satisfacción. No sé cómo funcionaba Cailan con las otras mujeres, pero lo de hoy... Él no había tenido total control de la situación. Más bien, me atrevería a decir que había sido todo lo contrario; la fresa, el que no me callara... Recordé sus manos acariciar mi abdomen, mi cadera, mi entrepierna, y sentí como el fuego volvía a aparecerse all... —Val —Mitch me sobresaltó. Venía caminando de frente y había llegado a mi habitación casi sin darme cuenta. Llevó su mirada al reloj en su mano izquierda y sonrió —, me alegra que haya respetado el horario. ¿Has disfrutado del aire fresco? Si tan solo supiera que el aire no era lo único que había disfrutado... Asentí. —Gwendolyn se ha encargado de Miller y me tomé el atrevimiento de hacerle comprender que lo que hizo no estuvo bien, sin importar si era verdad o no. —Una pequeña sonrisa apareció en mi rostro. —Gracias —emití. Él suspiró y bajó su rostro. —Lamento si soy un dolor en el trasero —me adelanté a decirle —, pero ya no soy la misma Val que dejaste hace dos años. —No eres ningún dolor en el trasero —dijo y alzó su rostro para verme —, y sé que no eres la misma. Comprendo las circunstancias actuales y sé que no era justo esperar que fueras la misma. En dos años podían suceder millones de cosas, pero también habían sido los años más determinantes de mi vida. Me encontraba en la cúspide con mis misiones, estaba descubriendo lo que era amar y tener una relación, mis amistades se estaban afianzando año tras año, y Mitch había muerto. —No intento ocupar el lugar de Rufus, pero sin duda quiero que sepas que no estás sola —explicó —. Confía en mí cuando te digo que aún no estás preparada para saberlo todo —se acercó a mí y cogió mi rostro entre sus manos —. Te necesito fuerte para cuando aquello suceda y sé que aún te falta sanar. Los zapatos de tu padre me quedan muy grandes —dijo —, pero sé que su corazón no. No que él supiera lo que significaba o se sentía ser padre, pero apreciaba todo lo que estaba haciendo por mí. Sabía que todo mi proceso de adaptación aquí hubiese sido mucho más difícil de no haber sido por él. —No es que los zapatos de mi padre no te queden —comencé a decir —, es que no son de tu estilo. Él rió y me observó con dulzura. Hubiese deseado que no se hubiese marchado por dos años, pero ahora comenzaba a ver que las piezas iban encajando y qué era lo mejor por hacer. —Nos vemos mañana —besó mi frente y se marchó. No estaba sola. * Comenzaron a golpear la puerta con insistencia y gruñí. ¿Algún día comprenderían que esa no era la mejor forma de despertar a alguien? Me salí de mi cama con la peor cara que podía llevar y la abrí. —¿Qué? —pregunté de mala gana sin siquiera abrir mis ojos. —Creí que habías muerto —la voz de la pelirroja se hizo presente —. No supe nada más de ti desde ayer por la noche. Suspiré y abrí más la puerta para que se adentrara. Regresé a mi cama y tomó asiento a mi lado. —¿Te encuentras bien? —reconocía su tono de lástima. —¿Lo dices porque toda la central cree que soy una zorra y que quedé embarazada? —comenté con cierto tono irónico — Estoy bien, no te preocupes, Thea. —No sabía lo del embarazo... Ya, no me sería posible regresar a dormir. Me digné a abrir mis ojos y tomar asiento también. —No se suponía que fuera algo que todos debieran saber. Mi deseo de convertirme en madre se había esfumado con la muerte de la mía, se intensificó con la de Mitch y se confirmó con la de mi padre. ¿Por qué lógica razón se suponía que debía de traer a un ser humano a este mundo tan roto y lleno de sufrimiento? No lo merecía. —¿Tu ex-novio lo sabía? —Negué. Y me alegraba que no lo hubiese hecho. Él siempre me había dejado en claro que quería construir una familia en el futuro, pero yo jamás había tenido las agallas como para decirle que no compartíamos el mismo sueño. Aquella noticia le hubiese sentado de maravilla, y a mí... como un golpe en el estómago. —Ni siquiera yo lo sabía —una sensación de escalofrío me invadió el cuerpo al recordar aquel día —. Tuve un aborto espontáneo estando amarrada a una silla. Thea se me acercó con cuidado, como si fuera a quebrarme un poco más, y clavó sus ojos verdes sobre mí. —No quería tenerlo —declaré —. No tienes que sentir pena. Por lo poco que conocía a Thea, parecía ser de aquellas personas que empatizaban demasiado con los problemas de los demás. Su amabilidad por querer ayudar a los demás podía llegar a ser destructora, pero supongo que no estaría aquí de ser así. —Entonces, olvidémoslo. —Asentí —. ¿Le han dado su merecido a Miller? Aún me quedaba por darle muchos golpes. Haber divulgado algo tan privado como mi embarazo debía tener sus consecuencias y yo se las haría pagar. —Gwendolyn sí, pero yo no he acabado con él. —No, Cailan ya ha acabado con él por ti —dijo —. Lo dejó en el suelo desmayado y tú le rompiste la nariz. Sonreí, orgullosa de mi acto. La frase "Los golpes no llevarán a ninguna solución" no había sido algo que se decía en mi familia. Más bien era "El golpe se da en el momento indicado", y a Miller todavía no le había llegado. —Creí que Mitch les habría impuesto un arduo castigo a ambos —bueno... — y que por eso ambos desaparecieron el resto de la noche. Permanecí en silencio y ella frunció el ceño. —No les impuso ningún castigo —dedujo y negué. Sabía que de todos, ella sería quien no me juzgaría. Además, sentía que me vendría bien hablarlo con alguien. Yuna y Anya siempre estaban allí para oír cualquier tontería que tuviera para decir —. Por alguna razón, tengo una escena y una persona en mente. Volví a permanecer en silencio y caí sobre mi cama. Lo de ayer... j***r. Es que no tenía ni palabras para describirlo. Me había sentido empoderada y admirada como nunca antes. Sus caricias en mi cuerpo me hacían sentir de alguna forma especial y me preguntaba si era sólo que estaba alucinando u obtendría un trato distinto al de las demás. —Ahora es cuando desearía que hubieses follado con él para que me comprendieras. —Soltó a reírse ante mi comentario. Sólo así podría saber si estaba en lo correcto o no —. Fue... fantástico, extraordinario, incluso más que eso. —Thea suspiró. —Esa es la razón por la cual es tan codiciado —era cierto —. Sólo... no te enamores. —Clavé mi mirada sobre ella y sonreí. —Es sólo sexo casual. Acabo de salir de una relación y no estoy preparada para eso —expliqué. —Por más que anoche te haya hecho sentir espléndida, te tratará como la mierda misma en cuanto salgas de esta habitación. Lo sabía a la perfección. Nuestra conexión era netamente s****l y para todo lo demás nos detestábamos. —Sólo intento evitar que acabes lastimada. —Me acerqué a ella —. Te sorprendería saber que tenemos más mujeres heridas del corazón por su culpa que por KEK. Tampoco que fuera exclusivamente su culpa, pero comprendía. Lo único bueno en él era ser un gran agente y follador. Para lo demás, dejaba mucho que desear. —Gracias —Sonrió —, pero para lastimarme tendría que sentir algo por él y el odio no cuenta. —No subestimes al odio porque es tan fuerte como el amor —se puso de pie —. Ya es hora del desayuno y tengo hambre. Te espero fuera —se marchó de mi habitación. Por amor a mi padre y odio hacia sus asesinos es que deseaba tener la cabeza de Irene en mis manos y no me detendría hasta lograrlo. Debía admitir que la cafetería de JBG era más grande y bonita que la de KEK. Esta tenía más iluminación y también mejor comida. —Hay un rumor que dice que pronto nos enviarán a una importante misión —habló Thea mientras cogía una tostada con huevo. Esperaba que esa no me incluyera a mí. Ya mucho había tenido y bastante riesgo había corrido con la de la fiesta de disfraces como para aventurarme en una nueva. —Si me envían a mí —comencé a decir —, estoy segura que no... —Valdine —una voz femenina llamó mi nombre y me volteé a verla. Llevaba una sonrisa en su rostro y eso ya me hacía desconfiar. No recordaba haberla visto antes, pero sí recordaba su melena rubia, larga y rizada que me había encontrado por sorpresa. Le di una sonrisa falsa. —Lamento lo que sucedió ayer —dijo —. Miller fue muy irrespetuoso e insolente. Volteé a ver a Thea y con la mirada le pedí que nos dejara a solas. Sabía a la perfección que aquella rubia no venía a mostrar solidaridad por lo que me había sucedido, pero tampoco sabía con exactitud qué era lo que quería. Regresé a ella y su mirada inocente ahora se había vuelto demoníaca. Iba cargada de inquietud y también de celos con una chispa de algo que no me interesaba saber. —Creo ser lo suficientemente inteligente como para no creer que vienes a hablarme del cretino de Miller —le dije y sonrió con malicia. —Sólo deseaba confirmar que todo fuera un simple rumor —indicó. ¿Quién se creía que era? Yo no tenía que negarle o confirmarle nada a nadie. Mi vida privada así lo era y no le debía explicaciones a aquella obsesiva. —No soy una prueba de embarazo para ir confirmando o negando tus dudas —añadí, esperando que con eso le fuera suficiente para dejarme en paz. —Es sobre Cailan —que sorpresa. Cogí mi bandeja y me aparté de ella. A los miembros de JBG parecía encantarles llevar mi paciencia a niveles inimaginables. La rubia se me apareció en frente y la idea de tirarle mi desayuno encima comenzaba a tentarme demasiado. Si todas las que se habían acostado con él estaban tan locas como ella y habían oído lo que Miller había dicho, comenzaba a pensar que mi verdadera amenaza eran ellas y no KEK. —Cailan no está hecho para cualquier mujer —emitió. Pobre tonta. Casualmente, creía que sí para ella. —Cailan no es un puto objeto —espeté. Por personas como ella es que vivíamos en una sociedad atrasada. Si no le tenía respeto a los hombres, no quería imaginar lo mierda que sería con las mujeres. —Y si lo fuera —Sage se apareció de repente y la enfrentó—, no sería el tuyo, Gianna —se volteó a verme. Su aspecto se veía un poco mejor que el de ayer a la noche, aunque se encontraba más pálida. —¿Podemos hablar? Asentí y me dirigí a una mesa vacía, no sin antes lanzarle una fulminante mirada a aquella rubia que se había quedado pasmada. —¿Te encuentras bien? —le pregunté tan pronto tomé asiento. Las magulladuras en sus brazos también ahora eran más notorias y las ojeras bajo sus ojos eran prominentes. —Sí, sólo estoy algo anémica, pero no te preocupes. —¿La conoces? —hice referencia a la rubia que aún se veía cabreada. —Sí, recuerda que debo observar todo. Esperaba que no todo, ya suficiente se había espantado Gus cuando vio a su amigo follándosela. Pensándolo bien, Sage debía de saber demasiadas cosas que podrían serme de ayuda... —Entonces, ¿de qué querías hablarme? —Tenía una seriedad en su rostro que no era igual al de la última vez que habíamos hablado y tampoco se asemejaba a la de su hermano —. Espero que Cailan no te haya enseñado que salvar traseros era... —Me interrumpió. —Es sobre él de quien quiero hablarte —sus palabras me impactaron al no verlas venir y la observé expectante. Me sentía como cuando mi padre había intentado darme la charla sobre la primera vez. —No sé con exactitud qué sucede entre ustedes, pero... —suspiró. Se la veía algo tensa y nerviosa —. Meterte con Cailan es como el cigarrillo, Val; al principio te da todo lo que necesitas, pero comienza a dañarte poco a poco y, sin que lo notes, acabas convertida en cenizas. —Tragué grueso. j***r. Ya era la tercera persona en el día que me advertía que no me convenía meterme con él. Una de ellas no contaba, pero las otras dos coincidían en lo que decían. Además, una de ellas resultaba ser su hermana y aquello tenía mucho peso. Para que me lastimara tenía que estar enamorada, pero ¿quién me decía que no acabaría así luego de tantos encuentros? Caí sobre su polla cuando dije que no lo haría; no quería negar lo otro. Si quería descubrir la verdad en cuanto a KEK y debía estar fuerte para recibir las noticias, puede que seguir estando con él no fuera mi mejor opción. —Yo y mi madre somos su todo —dijo con una pequeña sonrisa que no reflejaba más que dolor —, por lo que para él otras mujeres no son nada. No es como si sus palabras me hubiesen partido el corazón en mil pedazos, pero sí me sentía engañada por lo que creía haber sentido anoche. Es como si, de repente, nos hubiésemos convertido en uno y me sentía protegida bajo sus brazos. —Lo siento —susurró y cogí su mano por encima de la mesa. No me fascinaba la idea de no volver a sentirme tan increíble al tener sexo con él, pero no era el fin del mundo. Cailan ya no sería más una distracción y podría enfocarme exclusivamente en mi objetivo. —Gracias por decírmelo, Sage —le di una sonrisa. Suponía que tener que hablar de esa forma de su hermano tampoco debía de haber sido fácil. No estaba diciendo nada nuevo, sino lo que ya todos sabían; que sólo le interesaba follar y complacerse a sí mismo. Acabé mi desayuno y me puse de pie. —Nos vemos por ahí —le di una sonrisa y atiné a marcharme, pero cogió mi brazo. —Espera... —La observé y aún cargaba con alguna preocupación. Su mirada se sentía pesada sobre mí y las ojeras no le ayudaban. Se puso de pie y también cogió su bandeja entre sus manos. —No abandones algo si crees que es para ti. —Fruncí mi ceño. ¿Y eso qué significaba? Observé cómo desapareció entre las personas y me encontré perpleja. ¿Sabría que estaba intentando descubrir lo de la fotografía? Regresé a mi habitación deprisa y comencé a leer mi diario con rapidez. Puede que allí hubiese escrito algo que en aquel momento me había parecido una tontería pero ahora podría serme de ayuda. Si había comprendido la indirecta de Sage, debía de tener algo que me ayudara a saber qué era lo que unía a mi padre y a Frederick Vaughan. Sin embargo, horas después me encontraba aún sin nada. No había absolutamente nada que pudiera haberme sido de ayuda. El sol ya estaba escondiéndose y había malgastado todo mi día leyendo este estúpido diario que no decía nada más que estupideces. Tampoco había encontrado alguna otra fotografía similar a la que ya tenía. Al parecer, no había comprendido la indirecta de Sage. Gus había sido adoptado ya siendo un niño, pero no perdía nada con preguntarle. Al pasar tanto tiempo en casa de los Vaughan, algo debía de saber. Observé la hora y ya casi era momento de la cena. Había una gran posibilidad de que lo encontrara allí... con Cailan, pero debía correr el riesgo. Me marché de mi habitación, dispuesta a hablar con él. Gus lucía como si fuera a ser quien sería más amable conmigo y colaboraría más, agradeciendo que su mirada no me intimidaba como la de otr... —No podemos hacerlo, Gwendolyn —oí ante el descuido de la puerta abierta. Era Mitch. Me apoyé en la pared con cuidado y me digné a escuchar la conversación con sigilo —. Aún es muy pronto, no podemos hacerle eso. Estaba segura que hablaban de mí. —Nos estamos quedando sin tiempo y sin opciones —añadió ella, claramente frustrada. ¿Quedándose sin tiempo para qué? ¿Estarían por atacarnos pronto? Recordé todas las misiones que había planeado Irene antes de que me capturaran y un escalofrío me recorrió el cuerpo entero. Era muy posible que estuvieran pisándonos los talones más de lo que creía. —No podemos esperar toda la vida, Mitch. También me gustaría que sucediera en mejores circunstancias, pero si no se nos ocurre alguna buena idea, ella es nuestra última opción —manifestó. —Ella aún no está dispuesta a involucrarse al cien por ciento. Además, acaba de perder a su padre —emitió —. No puedo decirle que posiblemente también acaba de perder a... Alguien me apartó de la puerta, evitando que oyera lo que seguía. Mierda. ¿Quién demonios había muerto? Aquella sensación de angustia volvió a aparecerse en mi pecho y deseaba adentrarme a la habitación para pedirles que volvieran a repetir lo que no había podido oír. —Te he preguntado qué haces aquí —reconocí la voz de Gus y alcé mi rostro. —N-necesito tomar aire... —balbuceé. La opresión en el pecho no me permitía respirar con normalidad y estar encerrada aquí no me haría ningún bien. Gus me ayudó a caminar al posar uno de mis brazos sobre sus hombros y me llevó hacia lo que parecía ser un pequeño jardín. Era probable que Mitch tuviera razón y aún no estaba preparada para saberlo todo. Me gustaba mostrarme dura, pero se me hacía imposible cuando mi familia o amigos acababan afectados... O muertos. Caí sobre el césped, cerré mis ojos y me obligué a normalizar mi respiración. Así, débil, no lograría que me informaran de nada. —¿Te encuentras bien? —me preguntó. —Sí, sólo... —me atreví a hablar pero aún tenía aquel nudo en la garganta —. Lo siento. Oí sus pasos acercarse a mí. —No lo hagas. Un ataque de pánico no es algo que se pueda controlar. Abrí mis ojos y lo observé a mi lado. Tenía su mirada clavada en las flores que habían caído del árbol frente a nosotros. —Luego de la muerte de mis padres, tuve ataques de pánico por un año entero —reveló —. Con cada episodio, creía que me moriría. Llené mis pulmones de aire con un gran esfuerzo. —¿Cómo lo superaste? —Con terapia —respondió. Fantástico. Era lo único que me faltaba... —Si necesitas hablar con alguien, puedes buscarme. No soy un terapeuta calificado, pero comprendo por lo que estás atravesando. Agradecía su propuesta, pero la diferencia radicaba en que mi padre había sido asesinado, y aquella otra persona de la que estaban hablando de seguro también. —Casualmente, estaba buscándote —cogí la fotografía de mi bolsillo, la desdoblé y se la mostré —. No sabía que mi padre y Frederick se habían conocido. ¿Tienes idea de qué los pudo haber unido? Es decir, Vaughan lo acompaña como si fueran amigos y... —Algo así —me interrumpió —. Creo que tenían amigos en común y luego se distanciaron —explicó. Entonces, Cailan no me había mentido. —¿Por qué cuando Frederick me vio en la sala hace unos días dijo que era un gusto conocerme? No era la primera vez que me veía. —Si te ha visto por última vez en aquella época, eras tan solo un bebé. Verte veintidós años después sí es como verte por primera vez en la vida —me regresó la fotografía. Tal vez, y sólo tal vez, había intentado conectar a mi difunto padre a personas que aún estuvieran con vida. Asimismo, puede que estuviera intentando descubrir respuestas erróneas por mi parte cuando Mitch y Gwendolyn eran los únicos que las tenían. —Gracias —le dije y me dio una sonrisa de lado. Él siempre se había comportado muy bien conmigo; había sido amable, agradable y compasivo, todo lo contrario a su amigo. Sin embargo, su amigo tenía otros atractivos que de seguro Gus no. —Entonces... —Alcé mi rostro al oírlo hablar —¿qué te traes con Cailan? —Creí que se lo contaban todo —fue lo único que respondí. —Lo que me entero sobre su vida s****l es por los rumores del pasillo —emitió —. Él es muy privado en esa área de su vida. —¿Por qué? —me tomé el atrevimiento de preguntarle. Ahora las dudas comenzaban a caer como moscas; jamás lo había visto dar una demostración pública con alguna mujer, y tampoco quería que supieran que follaba dentro de la central ni que lo oyeran. Gus se sentó erguido y suspiró. —No soy yo quién tendría que decírtelo... No, joder... Necesitaba saberlo. —Tú responde a mi pregunta y yo responderé la tuya. —Rió divertido y asintió. —Confío en tu palabra. —Le di mi dedo meñique para que lo entrelazara con el suyo. Lo hizo y le di toda mi atención tan pronto la seriedad regresó a su rostro —. Cailan nunca me lo ha confirmado, es más una suposición mía. De hecho, ni siquiera creo que él sepa la razón por la cuál es como es con sus relaciones y su vida s****l —comenzó a explicar. Aún no empezaba a contarme la historia y ya podía sentir la tensión —. Los padres de Florence siempre habían sido encantadores, incluso conmigo que no era su nieto de sangre —era imposible que alguien no quisiera a Gus —. Yo acababa de mudarme con ellos y ese día Frederick me había acompañado a terapia. Florence había tenido que llevar a Sage al hospital por un control rutinario y Cailan había quedado al cuidado de sus abuelos —Gus permaneció unos largos segundos en silencio —. La policía lo encontró solo junto a la carretera, llorando y desesperado... Eso fue antes de encontrar a sus abuelos muertos —mierda. No sabía qué hacer o decir con exactitud. Sí era una historia compleja y podía notar que había más de ella que no sabía pero estaba a punto de oír. Gus jugueteaba con los dedos de sus manos y esperé a que estuviera preparado para continuar. Su mirada volvía a perderse en las flores rosas caídas sobre el césped y como poco quería palmearle la espalda para que aún recordara que yo estaba ahí. —Un accidente y un s******o —reveló —. No recuerdo bien qué fue lo que sucedió, pero son las únicas palabras que recuerdo oír decirle la policía a Frederick en cuanto regresamos a la casa y nos informaron sobre lo sucedido. Ambos obligaron a Cailan a ir a terapia también, pero él no decía ni una sola palabra, por lo que desistieron luego de intentarlo por un largo tiempo. Volví a respirar, como si se me hubiese cortado la respiración al oír aquella historia, y no podía evitar sentirme apenada. —Puede que haya olvidado por completo lo que sucedió como mecanismo de defensa o aún lo recuerde muy vívidamente, pero sé que está relacionado de alguna forma con sus abuelos. —¿Frederick y Florence jamás les han informado qué fue lo que realmente sucedió? —Negó. —Creo que prefieren olvidarlo y evitar que, recordarle aquello, toque alguna herida de Cailan. Pobre niño... Jamás hubiese imaginado que un pretencioso, egocéntrico y arrogante como él hubiese tenido una infancia tan traumática como aquella. Cada vez que oía estas historias, sentía que lo que me había sucedido a mí era diminuto en comparación a los demás; perder a tus padres porque inhalaron monóxido de carbono, perder a tus abuelos por accidente y suicidio... Sí, mi padre había muerto frente a mis ojos en una explosión, pero creo que tenía más herramientas como para sobrellevar una muerte que dos niños de seis años. —Me prometiste algo por el meñique —me quitó de mis pensamientos y sonreí. Ahora, me cuestionaba decírselo si Cailan no se lo había contado él mismo. Si le gustaba mantener su vida s****l privada, pues que así fuera. —Él aún continúa queriendo llevarme a la cama —Soltó a reírse —, pero le tomará más trabajo que decirme unas bonitas palabras al oído. —Espero que nunca lo logre. —Alcé mi ceja —. Me refiero a lo de llevarte a la cama... Estar con él no es tarea fácil, ya que te quiere cuando él quiere y sólo saldrás herida de ahí. Cuarta vez en el día. Era la cuarta vez que me decían que no me convenía acostarme con él o permitir que avanzara más que eso. Me puse de pie y forcé mi risa. No podía tolerar la misma conversación tantas veces en un día. Alargué mi mano hacia él y la cogió, ayudándole a ponerse de pie. —Comprendo —emití —y gracias por hacerme sentir comprendida —hice referencia a la fotografía y que me trajera aquí para controlar mi ataque. Era el único que me daba algún tipo de explicación que pudiera serme útil y que me trataba como si no hubiese pertenecido al bando enemigo. —No hay de qué, Julieta —bromeó y reí. —No me recuerdes el día en que casi muero —le dije. —Pero no lo hiciste. —Clavé mis ojos sobre él —. Aunque sigas sufriendo por aquellos que sí murieron, sigues viva —le dediqué una dulce sonrisa. Me marché de aquel precioso lugar y tomé aire antes de hacer lo que estaba a punto. Piénsalo bien, Val. Puede que no estés preparada aún para saberlo todo. Y lo sabía, pero ellos tampoco tenían mucho tiempo y necesitaba comenzar a saber qué era lo que me estaban ocultando. Me encaminé hacia la misma sala en la que los había oído hablar a Mitch y Gwendolyn, y golpeé la puerta que ahora se encontraba cerrada. Si necesitaban que estuviera dispuesta a involucrarme, pues lo haría. La morena apareció frente a mí y se encontró algo sorprendida de verme. Luego de nuestro último encuentro, estaba segura que yo era la última persona que había planeado ver. —Val, ¿qué haces aquí? —Mitch se puso de pie tan pronto me vió. Tragué grueso. —He oído que están preparándose para una nueva misión y me gustaría que me tuvieran en cuenta. Quiero ayudarlos —comenté, a punto de escupir mi corazón en mis manos de lo rápido que estaba latiendo. Hoy a la mañana estaba rogando para que no me hicieran enlistarme en esta y ahora me encontraba rogándole a Gwendolyn que lo hiciera. Vaya cambio... Una diminuta sonrisa se dejó entrever en sus labios. —No, Val —comenzó a decir él —. Es muy peligroso y... —Sí, Valdine —lo interrumpió Gwendolyn y él clavó su mirada sobre ella. Casi pareciera que él no quería que me involucraran, pero yo era consciente de las decisiones que estaba tomando y confiaba en mí misma —. No volveremos a exponerte de tal forma, pero sé exactamente qué puedes hacer para ayudarnos. Con tal de que no fuera asesinar a mis amigos, perfecto. —Agradecemos tu ayuda —concluyó y asentí. Esperaba que mis "sabias decisiones" no me estuvieran llevando por el camino de la muerte