Mi mente regresó a lo que había oído decir a Mitch hoy y no podía evitar que me invadiera una sensación de aflicción. Dudaba que fuera Jayce o Yuna, ya que los había visto en la fiesta y parecían encontrarse bien. Tragué saliva nerviosa y mi respiración comenzaba a entrecortarse. De quienes no tenía noticia alguna era de Anya y Broc. ¿Y si alguno de los muertos eran ellos? Mi corazón se detuvo por un segundo. Ya, pero Gwendolyn no sabía que yo los conocía ni tampoco estaba al tanto de nuestra amistad. Tampoco Mitch lo hacía porque él jamás había trabajado en KEK desde dentro, y nuestra relación se había formado por el entrenamiento que me había dado y por lo que sabía de... j***r. Mitch sólo había sabido mi relación con uno de ellos. Detuve mi paso y me apoyé en la pared cercana a mi habitación. Cerré mis ojos y me obligué a normalizar mi respiración. Puede que fuera hora de que los considerara a todos muertos y así no dolería tanto cuando descubriera quién era realmente la persona a quien había perdido. —Te estaba buscando —su voz me sobresaltó y me negué a abrir mis ojos. Perderme en sus perlas sólo me desviaría del único objetivo que tenía. —No es el momento, Cailan —le dije. Su colonia llegó a mis fosas nasales como si hubiese sido arrastrada por el viento y maldije a mis adentros. Hasta aquel maldito olor me hacía humedecerme hasta las bragas, j***r. —Puedo hacer que lo sea —susurró en mi oído y su voz tan cerca comenzaba a provocar estragos en mí. Me digné a abrir los ojos y el brillo de sus ojos celestes ahora se veían opacados por la rojez en ellos. ¿Había estado llorando o había consumido algún tipo de droga? No te desvíes. Lo aparté de mí con las ganas que no tenía y me adentré en mi habitación. Cuando estaba a punto de cerrar la puerta en su rostro, la detuvo con su mano y no importaba cuánta fuerza hiciera, me impedía que lo abandonara en el pasillo. —¿Qué te sucede? —ahora se adentró a mi habitación y cerró la puerta detrás de él — Te he visto hablar con Sage esta mañana. ¿Acaso te ha dicho algo? —Lo ignoré, dándole la espalda. Cailan se decidía a hacerme todo un poco más difícil de lo que ya lo era. No podía permitir que me dañara de alguna forma, si es que aún eso podía ser posible. Cogió mi brazo, no con la misma b********d de siempre, y tragué grueso. Sabía que no podía contenerme cuando lo tenía frente a mí. —¿He... hecho algo malo ayer? —aquella pregunta me dolía. Creyendo que Cailan cargaba con algún tipo de sentimiento humano, no quería que sintiera que tenía la culpa de algo. Sin embargo, sabiendo que no era así y que todo le importaba una mierda, no me privaría de herir un poco su ego para apartarlo de mí. —Lo de ayer fue insignificante y no quiero continuar con esto —espeté y la seriedad regresó a su rostro como una paliza. Su expresión facial pasó desde la confusión hasta el enfado, como era de esperarse. Cuando no tenía lo que él quería, se comportaba como un niño pequeño. —Vete —le ordené y permaneció con su mirada cargada de ira sobre mí —. Que te vayas de mi habitación, he dicho. Una parte de mí deseaba que, como todo, le valiera madres y se apoderara de mi boca, que me llevara a la cama y que me hiciera sentir tan extraordinaria y deseada como ayer, sentirlo dentro de mí y con sus labios prendidos a mi cuello. Sin embargo, tendría que dejar aquel anhelo para otro momento, o incluso, apartarlo de mi cabeza para siempre. El dio un paso hacia mí y cerré mis ojos. No me era posible enfrentarlo. Mi entrepierna comenzaba a encenderse de tan sólo saber que estaba cerca de mí, como si fuera un imán que sentía el magnetismo del otro imán. Sus dedos se pasearon por mi brazo y la piel se me erizó tan pronto lo sentí. Podía disimular el deseo, la ira e incluso los nervios, pero no podía evitar que mi cuerpo reaccionara ante su tacto. Eso me era imposible de controlar y sabía que él sabía exactamente qué era lo que provocaba en mí. Posó su mano en mi nuca y acercó mi rostro al suyo. La saliva me sabía amarga y las palabras de los cuatro regresaban a resonar en mi cabeza. Lo que decían no eran más que puras verdades -exceptuando a Gianna- y eso lo había sabido desde que había pisado el suelo de esta central. Cailan desprendía apetito s****l y egocentrismo, y sabía que no sólo se miraba su propio ombligo, sino que también su propia polla. Mi futuro y muy probablemente también el de mis amigos, si es que aún quedaba alguno con vida, estaba en mis manos y no dejaría que un calientabragas lo decidiera por mí. Yo tenía el poder y mi decisión ahora era salvarnos. —No me hagas volver a pedírtelo —comenté firme sobre sus labios y se apartó. Abrí mis ojos y percibí su mandíbula tensa y su mirada perdida en alguna parte de la habitación. No volvió a observarme y lo agradecía. Cerró sus puños con fuerza y se marchó, cerrando la puerta dando un fuerte golpe que me hizo dar un salto. El mismo Cailan cabrón estaría de vuelta mañana mismo con su mirada que desprendía odio hacia mí y su ironía que te cagas. * Cailan. La sangre me recorría las venas con rapidez dada la furia que estaba cargando. Caminé a paso apresurado y golpeé la puerta con mis puños al llegar a su habitación. No me marcharía de aquí sin antes darme algún tipo de explicación. Tras no recibir respuesta, volví a golpearla con más fuerza. No sé qué manía tenían con meterse en mi vida... —¿Por qué tanto alboroto? —preguntó al abrir la puerta. Clavé mi mirada sobre ella y ahora se la veía algo nerviosa. Sabía a la perfección que había hecho algo que no debía. —¿Creíste que no lo descubriría? —espeté al adentrarme — ¿Desde cuándo te metes en mi vida, Sage? Ella bajó su mirada y se apartó de mí. Jamás se había entrometido con las mujeres que me acostaba, por lo que no comprendía por qué lo estaba haciendo ahora. Así como yo no me metía en su vida privada y jamás lo había hecho -que yo supiera, Sage jamás había tenido novio por lo que tampoco me había dado motivo alguno para que lo hiciera-, esperaba lo mismo de su parte. —¿Desde cuándo te pones así por una mujer? —La acribillé con la mirada. ¿Y a ella qué mierda le importaba? —. Estás poniendo todo en peligro, Cailan. Jensen era muy útil para JBG, por lo que una pequeña distracción podía ser para problemas. —¿Desde cuándo te importa cómo me pongo por alguien? —la furia me estaba comiendo por dentro — No sé qué le hayas dicho, pero retráctate. Se negó ante mi orden. ¡j***r! Se estaba comportando como una niña pequeña y eso me exasperaba. —Sage, no te lo estoy pidiendo... —intenté sonar lo más calmado hasta que volvió a negar y mi paciencia se fue a la mismísima mierda —. ¡Es una orden! Clavó sus celestes y grandes ojos sobre mí sin emitir respuesta alguna, y yo estaba a punto de salirme de mis casillas. —No podemos —emitió casi que en un susurro y me acerqué a ella. —¿Podemos? —repetí, sin poder creer lo que había oído. Las llaves se adentraron a la puerta de la habitación de mi hermana y sabía quién era. Él era el único que las tenía a todas en su posesión. —Se oyen sus gritos desde los pasillos —nos informó —. ¿Qué está sucediendo? —Val —respondió Sage y Gus clavó su mirada sobre ella un tanto alarmado. Podemos... —Dime que tú tampoco le has estado metiendo estúpidas ideas en la cabeza. —Su mirada no se quitaba de encima de mi hermana. A ella no podía tocarla, pero a él sí. Lo cogí de la playera y lo impacté en la puerta con la furia que llevaba dentro de mí. —¿Qué mierda está sucediendo? —gruñí por lo bajo. No me iría de aquí sin que antes me dieran algún tipo de explicación. No sabía de qué demonios hablaban y temía que le hubiesen llenado la cabeza a Valdine. De seguro sí, yo sabía que ella no podía resistirse demasiado a mí y eso era recíproco. La ira se mezclaba con la noticia de hace tan solo una hora y me provocaba querer darle un puñetazo en el rostro a Gus para descargarme. —Fue idea de Gwendolyn —reveló mi hermana y Gus la fulminó con la mirada. Gwendolyn... Que hija de la gran puta. —¿Qué exactamente, Sage? —hablé, sin quitar mis puños del cuello de mi mejor amigo. Es que aquí las órdenes de ella se seguían al pie de la letra, incluso yo que no me gustaba seguir las órdenes de nadie, pero meterse en nuestras vidas personales... Eso era nuevo. —Te he hecho una pregunta —le dije y Gus le negó con la cabeza para que no hablara. Apreté más su cuello y me miró con rabia. —Vas a arruinarlo todo por una mujer, Cailan —mencionó —. La vida de muchos depende de tu polla. Contrólala —espetó. Que me dijera lo que ya sabía era como si no hubiese dicho nada en lo absoluto. —Sage... —murmuré y Gus clavó su mirada seria sobre mí. No era la primera vez que Gus y yo nos enfrentábamos, pero no era algo que sucediera a menudo. Crecer juntos nos había convertido en hermanos y desde entonces habíamos sido muy unidos. Sin embargo, no nos privábamos de darnos una paliza cuando la situación lo requería, y esta lo era. —Gwen teme que vayas a intentar algo con Val y no quiere que la desvíes de su objetivo —explicó —. Si ella está concentrada, más pronto colaborará con nosotros. Si tan sólo supiera que ya había hecho más que intentar... —¿Quién dice que yo la desconcentro? —Gus rió por lo bajo como si hubiese dicho algún tipo de chiste. Que me lo contara también, porque con la ira que cargaba necesitaba mucho más que una broma para calmarme. Tú sabes bien lo que necesitas... —Valdine se encuentra vulnerable —comenzó a decir él —, y pronto caerá a tus pies en cuanto se sienta protegida por lo que no puedes otorgarle. —Aflojé mi agarre un poco —. Si llega a enamorarse de ti, todo lo que hemos hecho hasta ahora habrá sido para nada. Negué. —Ella no es como las demás, no se enamorará de mí —dije. —Apuesto a que ya se la ha llevado a la cama —le informó mi hermana a Gus y él negó. —Acaba de negármelo hace unos minutos. —Mi mirada se endureció y volví a llevar mis puños a su cuello. —¿Qué hacías con ella y por qué se lo preguntaste? Sage se acercó a nosotros y me apartó del moreno. Si continuaba provocándome, no respondería de mí. —j***r, se comportan como unos críos —espetó ella. —Sólo surgió —respondió, sin notarlo demasiado convencido. De mi boca nunca salía con quién me había acostado, pero casi que me estaba delatando a mí mismo con mi actitud. —Además, has hecho una promesa —me recordó. Mierda. Lo olvidé tan pronto la rescaté. Oír su nombre repetidas veces era una cosa, pero ver aquella belleza en vivo y en directo era otra. Es que ¿cómo se reprimían las ganas y el deseo de tener a alguien? Sólo había querido que su dolor al haber perdido a su padre disminuyera. Sabía cómo se sentía perder a alguien y qué era lo que me había ayudado a mí. No lo consideraba un acto egoísta, más bien un acto de solidaridad compartida, poco comprendido por muchos. —Cailan, espero que no... —comenzó a decir Gus. —¡Que no! —grité, sabiendo lo que conllevaba esa promesa y a quién involucraba — No romperé la promesa. Ya era muy tarde. —Entonces, olvídate de ella —añadió Sage, como si supiera que eso no iba a suceder —. Tienes a muchas otras mujeres con quien follar. A ella sí que no la podemos reemplazar. No podía decir lo contrario. Ella era irremplazable tanto para Gwendolyn como para otras cosas. —Sólo estás empecinado con ella —Gus continuó tirando leña al fuego. Sí, estaba encantado con su evidente belleza, su infernal rostro, su majestuoso cuerpo, su sensual voz y su forma de hacerme sentir pleno cuando follábamos. Quien no estuviera fascinado con eso, no era digno de ella, aunque yo tampoco creía serlo. Me largué de allí cargado con una mezcla de furia y culpa. Furia por no poder tener a Valdine y culpa por no haber podido mantener la promesa que había hecho hace tan sólo unas semanas atrás. Había caído en la tentación, como bien había sido advertido, pero me era imposible controlarme cuando la tenía cerca. —Cailan —la voz de Gianna me quitó de seguir pensando en eso y continuar sintiéndome culpable, y alcé mi rostro. Se encontraba recostada en la pared al lado de mi habitación con una sonrisa seductora y parte de su jersey descubriendo su hombro. Después de pensar que la disfrutaría a Valdine por completo hace una hora y ahora tener a la rubia frente a mí, era como que te dijeran que tendrías postre luego de la cena y que te dieran una manzana cuando creíste que sería helado. —Te he estado esperando —susurró y cogí su brazo. —Ya te he dicho que no me gusta que me busques de forma pública —espeté de la misma forma y dirigí mi mirada hacia su hombro desnudo —. No vuelvas a exponerme así. Abrí la puerta de mi habitación, permitiendo que se adentrara. Ella lo hizo complacida y cerré la puerta detrás de mí. Si no podía tener a la que quería, tendría a la que podía. Gianna comenzó a desvestirse con lentitud para que admirara cada parte de su cuerpo, pero no tenía tiempo para esto ahora. Cogí un condón de mi cajón, rompí el empaque y lo deslicé en mi m*****o. Ella me observó con admiración y capturé su boca. Bajé su pantalón y la volteé, para estampar su torso sobre el escritorio que se encontraba a su lado. No quería verla si no era quien yo esperaba que fuera. Llevé mi polla a su entrada y la penetré con la necesidad que cargaba. Cogí sus voluptuosas caderas que me ayudaron a embestirla mejor y sus gemidos comenzaron a hacerse presentes. Llevé mi mano a su boca para cubrirla, evitando que creara un escándalo que no necesitaba ahora mismo. Cerré mis ojos, imaginando que no era Gianna con quien estaba follando y mi erección se volvió más dura. Aumenté la velocidad de mis embestidas pero, por mucho que quisiera engañarme, no me era posible. No era su piel, ni su olor o su voz; no era Valdine. La rubia rápidamente explotó del placer y me salí de dentro de ella sin siquiera haberlo disfrutado. Me aparté de ella y me deshice del condón para guardar mi m*****o dentro del pantalón. Ya nada se sentía igual. ¿Qué mierda me había hecho Jensen?