Cailan no se me había acercado ni una sola vez en casi una semana. Me preguntaba qué era lo que estaba tramando porque no me creía que se hubiese dado por vencido sin dar el brazo a torcer. Cailan y no rendir batalla no iban de la mano. Tampoco lo había visto demasiado por los pasillos, cosa que agradecía porque mi autocontrol últimamente parecía ser tan bueno como embriagarse estando melancólico o enfadado; una mierda. Las veces que lo había encontrado me envió al infierno con la mirada o simplemente me ignoraba. Muy tarde para arrepentimientos. Al fin y al cabo, sabía que era lo mejor que había hecho... Bueno, eso esperaba. En cuanto a mi pequeño plan para involucrarme más en JBG, estaba funcionando de maravilla. Gwendolyn ya me había estado manteniendo al tanto de algunas cosas pero tendríamos la reunión oficial hoy por la tarde. Lo único que sabíamos de la misión es que se llevaría a cabo mañana por la noche y que, esta vez, seríamos demasiados los que seríamos enviados. A Mitch seguía sin gustarle la idea de enviarme a la misión y me preguntaba qué más quería que hiciera -o qué debía de hacer- para que me contara todas las cosas que había estado ocultándome. Aún conservaba aquel nudo en el pecho al no saber quién era la persona que había tenido que pagar las consecuencias por culpa de Irene. No tenía demasiadas opciones que me quedaran ya en mi vida, ya que la mitad había muerto asesinado por alguna enfermedad o por un accidente. Aquellos que se encontraban vivos... pues, pendían de un hilo sobre tiburones hambrientos. Cogí la comida de mi almuerzo y tomé asiento junto a Thea y sus amigos que ya me consideraban como si fuera una más del grupo. —Propongo un plan —comenzó a decir Naya y todos la observamos con atención —: esta noche nos iremos al bar. Todos estuvieron de acuerdo con su propuesta pero, en cambio, a mí me recorrió una sensación de escalofrío por todo el cuerpo; la última vez que había ido a un bar, también al día siguiente se suponía que tenía mi misión. Todo se había venido abajo aquel día y temía que la historia volviera a repetirse. Aquella también había sido la última vez que había visto a Yuna y a Broc; ebrios y tan encantadores como lo eran. —Vendrás, ¿verdad? —me preguntó Silas. No podía aceptar por dos razones: no tenía permitido salir de este lugar y tampoco me apetecía demasiado. Me estaba poniendo mala del estómago de tan sólo pensar en aquel día y como ese había sido la última pizca de "normalidad" que había tenido. —Gwendolyn no me lo permitirá —prefería usar aquel motivo para rechazar amablemente su invitación. —Yo puedo hablar con ella —dijo Thea —, y también con Mitch de ser necesario. Sería fantástico que pudiéramos salir los cinco juntos. —Le di una forzada sonrisa. En otras circunstancias, me hubiese encantado, pero no cuando tenía a la muy hija de puta de Irene respirando en mi nuca. Divisé a Sage a lo lejos y le di una sonrisa. Su indirecta no tan directa aún seguía repitiéndose en mi cabeza, intentando descifrar qué era lo que había querido decirme. Ella imitó mi gesto, pero se veía más débil que desde la última vez que habíamos hablado. Sus ojeras ahora eran más pronunciadas y al color de su piel le faltaba vida. Me preguntaba si a ella tampoco le permitirían salir del lugar dada su enfermedad. —Si Gwendolyn me permite salir —les dije a mis compañeros —, ¿podría invitar a alguien? Los cuatro se observaron algo sorprendidos. Luca dirigió su mirada hacia mí y sonrió. —¿Ya has conseguido novio aquí dentro? —me preguntó. Thea golpeó su pecho y él comenzó a reír. Me preguntaba si su querida novia le habría contado algo... —Es una amiga —respondí y todos se encogieron de hombros, dándome a entender que no tenían ningún problema en que la invitara. Espero que tampoco tuvieran algún problema cuando descubrieran que aquella amiga era la hermana de Cailan... —Has estado adaptándote bien —añadió Silas y sonreí. Todos se habían comportado de maravilla, exceptuando a aquel rubio que no había hecho más que tratarme como su mascota con aquellas esposas y a algunos otros que no querían ni ver mi sombra. Siendo honesta, no podía culparlos. —Me han aceptado muy bien —comenté y me encontré con la mirada seria de Cailan a lo lejos. El celeste de sus ojos brillaba tanto que se los podía ver desde una larga distancia. Es como si estuvieran prendidos fuego pero de una forma un tanto extraña... una que también me prendía a mí. j***r, ¡es que sus ojos eran hipnotizantes y magnéticos! Debí obligarme para bajar mi mirada y romper con aquel estado de trance en el que me hacía entrar cada vez que nuestras miradas se cruzaban. —Parece que algunos mejor que otros —habló él por lo bajo, evitando que los demás no oyeran, y lo observé confundida. Señaló sus mejillas y toqué las mías con mis palmas; estaban a un segundo de prenderse fuego. Necesitaría viajar a Alaska para hacer desaparecer el calor que estaba sintiendo ahora mismo en todo mi cuerpo a causa de la vergüenza. Silas me entregó su vaso de agua que estaba muy frío y lo bebí, permitiendo que aquello me ayudara aunque sea un poco. Le di una pequeña sonrisa de agradecimiento mientras deseaba que la tierra me tragara. Jamás me había sucedido esto y no era buen momento para que comenzara a hacerlo. Sólo esperaba que Silas no supiera por quién me había puesto así... Demonios, que ni yo me lo creía. —Val —Mitch se apareció a mi lado y me puse de pie ante su severidad. Su expresión facial no era muy diferente a la que me había acostumbrado en los últimos días, pero ahora se veía incluso algo escalofriante y me preocupaba que hubiese sucedido algo. —¿Podemos hablar? —Asentí y nos marchamos de la cafetería. Seguí su paso y me llevó a la misma gran sala en la que Gwendolyn nos había informado sobre la primera misión. Sin embargo, ahora no había nadie más que él y yo. —Toma asiento —me pidió y eso hice. Su actitud fría y distante estaba comenzando a espantarme un poco. Tal vez, ese era su objetivo para que cambiara de parecer sin tener que pedírmelo directamente. Le estaba tomando algo de trabajo quedarse quieto y observarme. —Mitch, ¿qué sucede? —me atreví a preguntarle. ¿Iría a contarme quién era la persona que había...? Ahora sí me encontraba asustada, pero era mejor saberlo cuanto antes. Él frenó su paso y finalmente, tomó asiento frente a mí, clavando sus insistentes ojos azules sobre mí. —Puedo protegerte si me lo permites —comenzó a decir —, pero no debes ir a esta misión para hacerlo. Su voz estaba a punto de quebrarse y su respiración era agitada, como si estuviera batallando para sobrellevar el estrés y la ansiedad que cargaba encima. Me acerqué a él y cogí sus manos. Me partía el corazón verlo de esta forma, pero yo ya no era una niña. —Le prometí a tu padre que cuidaría de ti —emitió de la misma forma que antes. Las ganas de abrazarlo me invadieron pero me contuve para no echarme a llorar junto a él. Sólo atiné a darle una sonrisa, esperando a que eso lo tranquilizara de cierta forma. —Mitch... —Él alzó su mirada y sus ojos ahora estaban rojos y húmedos —, tuve increíbles personas que me enseñaron a defenderme por mi propia cuenta. —Sonrió, sabiendo que él era uno de ellos —. No necesito que me protejas, necesito que me apoyes —aclaré mi garganta. Aún me resultaba difícil hablar sobre mi padre —. Quieras o no, vengaré la muerte de mi padre y todas las injusticias cometidas por Irene. —Él apretó mis manos con fuerza. —Procura no morir en el intento —me pidió con su vista clavada sobre mí. Tragué grueso. Sabía que eso no era algo que pudiera prometer... —Mi padre decía que yo era capaz de tomar sabias decisiones... —cuando no tenía a Cailan cerca —. Me agradaría si las apoyaras. Mitch me acercó a su cuerpo y me abrazó. Que me rodeara con sus brazos me recordaba a mi padre; su instinto de protección y cariño. Lo correspondí y sonreí, agradeciendo que aún no lo había perdido todo. No sabía qué me deparaba el futuro, pero debía disfrutar cada momento como si fuera el último. La puerta de la gran habitación se abrió y ambos nos apartamos. Quien no supiera que Mitch y yo éramos casi familia, prefería que se mantuviera en privado. Gwendolyn fue la primera en atravesar esa puerta y luego muchas otras caras conocidas le siguieron; Thea, Luca, Gianna, Cailan, Naya, Miller, Gus, Silas, y algunos más. Mierda. Esta vez la misión parecía ser algo grande para tener que incluirlos a todos. Todos tomaron asiento y Frederick también apareció, uniéndose a nosotros pero no sin antes clavar su mirada sobre mí. De tal padre tal hijo; últimamente, su hijo estaba provocando el mismo efecto en mí. —Debemos darles un golpe —comenzó a hablar Gwendolyn —, hacerles saber que no los estamos esperando con los brazos abiertos a que nos destruyan. La forma en la que hablaba no me hacía sentir que estuviera hablando sólo sobre Irene, aunque sabía que todos seguían sus órdenes. De cualquier forma, no podía evitar pensar en mis amigos y en cómo ahora ellos eran sus títeres, como también yo lo había sido en aquel entonces. La idea de que se ocultara un demonio detrás de aquella apariencia amable y estricta, su cabellera naranja y sus ojos verdes... Me daba rabia. ¿Cómo era posible que no cargara con ninguna culpa? Supongo que por eso era tan increíble asesina, pero olvidaba que había sido su mano derecha por años. Algo tenía que haber aprendido de aquel despiadado ser humano. —Jensen ha identificado a algunos de los miembros de KEK. —Todos voltearon a verme, incluyéndola —. Siento tener que hablar de ellos —me dijo —, pero tienen que conocer a sus enemigos. Sabía que eran sus enemigos por nombre, pero muchos de ellos no habían hecho más que sólo ser obligados a hacer cosas que Irene no quería cometer por mano propia. Como ella podía evitar ensuciarse las manos, alguien más lo hacía. —Si no le gusta —Cailan alzó su voz y me estaba aniquilando con la mirada —, se puede marchar. Nadie la obliga a estar aquí. Torcí los ojos. Debí de esperar algo como esto de su parte. Él aprovechaba cada oportunidad que tenía para aplastarme como a una cucaracha. —A menos que sean realmente una amenaza, nadie disparará —continuó diciendo la líder —. Nuestro infiltrado nos había hablado sobre ellos y he armado sus perfiles. Comenzó a entregarles hojas a todos, exceptuándome. Supongo que era porque ya los conocía, pero de igual forma intenté husmear. Sólo fui capaz de reconocer a Yuna y a Uker, y la sangre comenzó a hervirme al recordar a aquel idiota. Sólo deseaba volver a verlo para poder darle la paliza que me había quedado en falta por darle. —La misión no será en una fiesta de disfraces, por lo que no tenemos otra opción que exponer sus rostros. El cuerpo se me paralizó al oír aquello. Supongo que una parte de mí ya lo iba deseando y esperando. El miedo que cargaba encima ahora era de la misma magnitud que mis ganas por enfrentarme a Irene y que viera que aún seguía con vida. —¿Inclusive Jensen? —le preguntó Gus y la morena cargó sus pulmones de aire. Tenía una idea de lo que era tener que tomar las decisiones que nadie quería, es decir, las más duras. Estoy segura que llegar a la conclusión de enviarme allí no había sido fácil y... —No —declaró y clavé mi mirada sobre ella. Si no estaría junto a los demás, ¿qué demonios haría allí? —Jensen es la única arma que aún tenemos para usar contra ellos —comenzó a explicar —. Aún no podemos exponerla de tal forma y tampoco puede resultar herida —regresó su mirada hacia mí —. Ella será mis ojos desde fuera. Ahora, pasaba a cumplir el rol de Sage. Al no estar ella presente aquí, supongo que igual sí correría algún tipo de riesgo y eso incluía tener que salir de la central. —Formará parte de los francotiradores encubiertos —me informó y volteé a ver a Mitch que tenía una sonrisa cómplice en su rostro. Además de mi entrenador, él había sido quién había perfeccionado mi puntería. Supongo que le había hablado de eso a Gwendolyn o sino, no habría tomado una decisión tan arriesgada. Ponerme como francotiradora sin saber si mi puntería era óptima o no, era un acto s*****a. —Ella me estará informando de todo lo sucedido y, en caso de creerlo necesario, será ella quien disparará para protegerlos a ustedes —decretó ella. Aquello había sido mucho más de lo que había esperado. ¿Tener que disparar... yo? Jamás me atrevería a lastimar o asesinar a quien había pertenecido a mi bando, especialmente, si eran mis amigos. —A Jensen la acompañarán otros dos francotiradores, no la arriesgaríamos a tanto —continuó ella —. Si ya no tienen más dudas en cuanto a ella, podemos continuar. —No confío en que no vaya a dispararnos por accidente a uno de nosotros —objetó la rubia, Gianna, y Silas rió por lo bajo ante su ridiculez. Con gusto dispararía por accidente a su cabeza. —Ella está más preparada y entrenada que tú —intervino Mitch —. Si no te sientes preparada para esta misión, entonces puede que sea hora de que te pongas de pie y no nos acompañes en esta oportunidad. Aquello le hirió el ego y ella me fulminó con la mirada. —De cualquier forma —Frederick habló por primera vez —, realmente no queríamos escuchar sus dudas. A la rubia ahora se le cayó el rostro de la vergüenza y Gus fue el otro que comenzó a reír por lo bajo. —Llevarán sus armas, sólo por si acaso. No pretendo que vayan a utilizarlas y, de hecho, espero que no tengan que hacerlo. Gwendolyn encendió el proyector y un hombre en sus casi treinta apareció. El cabello castaño, la tez blanca y sus ojos color avellana; su mirada gritaba poder y dinero. —Branko Wolf —nombró ella y Cailan clavó su mirada sobre mí. Era el mismo hombre que había aparecido en la fiesta vestido de pirata. Efectivamente, para dar una fiesta como aquella debía de tener demasiado dinero. —Donde sea que él esté, KEK también lo estará. ¿Por qué? Porque tiene mucho dinero, y es el indicado para el tipo de negocio que quiere hacer Irene. Un multimillonario puede comprar el amor, el odio y una corporación cien veces más grande que la nuestra. No sólo eso, sino que también puede comprar a pequeñas corporaciones y así también tener más agentes. —Tragué grueso. Si tan sólo hubiese sabido quién era, me lo follaba a él y no a Cailan, y así hubiésemos podido acabar con todo esto de una vez. —Branko frecuenta ir a un casino —nos mostró la imagen del lugar. Las ventanas eran grandes, por lo que podría tener una visión clara sobre los que estaban dentro —, y es allí donde se llevará a cabo nuestra misión. Cada uno de ustedes deberá acercarse a él e intentar entablar una conversación. Si él está de nuestro lado, entonces tenemos la mitad de la guerra asegurada —explicó, como si fuera tan fácil. —¿Y de qué depende la otra mitad? —pregunté y ella dirigió su mirada hacia Mitch. Cuando de mí se trataba, siempre buscaba los ojos de él. De mí dependía la otra mitad. Sentía como si mi corazón hubiese dejado de latir. Me puse de pie y clavé mi mirada sobre ella. —¿Puedo retirarme? —pregunté, sintiendo como mis hombros cada vez pesaban más y más. —Deberías quedarte como el resto de nosotros. Al parecer, el golpe que le había dado no había sido suficiente. —La vida de todos ustedes no recae parcialmente sobre ti, Miller —espeté y regresé mi mirada a Gwendolyn —. ¿Puedo? —volví a preguntar y asintió. Me puse de pie y me marché de allí. Ahora más que nunca necesitaría que me otorgaran el permiso para salir a beber esta noche