Como si mis plegarias hubiesen sido escuchadas, Gwendolyn me había permitido ir a tomar algo con mis amigos pero tomando las debidas precauciones; iríamos en coche, no nos emborracharíamos, no crearíamos ningún tipo de escándalo y mantendría un bajo perfil. Me parecía un plan perfecto con tal de salir de este lugar y volver a saborear el alcohol. Sage había aceptado mi propuesta y, cuando la volví a ver, ya lucía un poco mejor; sus piel volvía a tener algo de color y sus ojeras se habían esfumado un poco. Cogí una playera blanca, un jean n***o y las botas con las que me habían rescatado que ahora estaban limpias. Sabía que no era la mejor ropa para ir a beber algo, pero tampoco tenía demasiado para elegir y poco me importaba. Nos encontramos los cinco en el estacionamiento y partimos hacia el bar. Había más gente de la que hubiese esperado, pero ahora todo me parecía alucinante. Era mi primer contacto con la realidad y con personas nuevas desde lo sucedido. Tomamos asiento en una mesa y nos entregaron una botella de whiskey y otra de vodka junto a los shots. Me preguntaba quién demonios iba a pagar por esto porque yo no tenía ni un centavo conmigo. Todo lo que había pertenecido a Valdine Jensen desapareció hace casi tres semanas atrás y eso incluía mi dinero junto a mis tarjetas. —Nosotros te invitamos —dijo Naya como si hubiese leído mi mente —. Es lo mínimo que podemos hacer por lo que tú estás haciendo por nosotros. Ni que hubiese hecho demasiado; casi muero al arrojarme por un acantilado, me follé a Vaughan y ahora sería la francotiradora que tendría cubrirles el trasero. Pasaban los días y las cosas se ponían cada vez más complicadas. Luca sirvió whisky en los seis vasos de vidrio de shot y los bebimos. El alcohol me quemó la garganta pero era una sensación magnífica que me hacía olvidar de todo por unos segundos. —No sabía que tu puntería era tan buena —me dijo Thea. No era algo de lo que me gustara alardear, pero era... había sido una de las mejores en KEK por cumplir de forma excelente con muchas de las habilidades requeridas, y una de ellas era la puntería. —El temprano legado de mi padre —emití y me serví un shot de vodka. Mi padre también había sido increíble en eso. De hecho, había sido reconocido como uno de los mejores en sus años de juventud. Lástima que no le hubiesen dado la posibilidad de defenderse, pero habían sido muy listos. De haberlo hecho, los hubiese aniquilado uno por uno. Llevé el shot a mi boca. —¿Qué hacen Cailan y Gus aquí? —preguntó Naya, dirigiendo su mirada detrás de mí, y el alcohol casi se va hacia la otra vía. Mierda, mierda... Controlé la situación tan bien como pude y Thea empezó a dar suaves golpecitos en mi espalda. —Me preguntaron a dónde iría —comenzó a decir Sage algo enfadada —, pero no creí que se aparecerían aquí. Me negué a voltear y clavé mi mirada en la botella de vodka. No sé si podría cumplir con la petición de Gwendolyn y regresar sobria a la central. Luca aniquiló a uno de los dos con la mirada -creía saber a la perfección de quién se trataba-, y Thea cogió su mano para tranquilizarlo. En donde fuera que Cailan estuviera, era sinónimo de problemas. —¿Qué hacen aquí? —les preguntó Sage, notablemente irritada. Estaba con su mirada seria posada sobre ambos y jugueteaba con sus dedos de forma ansiosa. —Después de que nos dijiste que estarías aquí, creímos que también sería una buena idea unirnos —respondió Gus. —No pasa nada, Sage —intervino Naya, intentando calmar las aguas —. No nos molesta su compañía. Luca y Thea clavaron su mirada sobre ella. Silas me entregó otro shot y sonreí. Parecía como si me conociera más de lo que desearía pero lo agradecía. —Gracias —dijo Gus animado, y cogieron dos sillas para sentarse junto a nosotros. Tomaron asiento al lado de Vaughan mujer y el rubio quedó frente a mí con sus perlas fijas en mí. Bebí del shot como si de agua se tratara y la incomodidad comenzó a invadirme. —¿Quieres bailar? —le preguntó la pelirroja a su novio y, tras asentir rápidamente, se pusieron de pie y se marcharon. Sage quería asesinar a su hermano y a su otro "hermano" también, y la tensión podía sentirse con claridad. No sabía si era por Cailan y por mí, por aquel trío, o por ambas situaciones juntas. Naya les otorgó dos tragos y Gus lo aceptó, mientras que el otro lo rechazó. La música de fondo cubría aquel silencio incómodo, pero tampoco hacía milagros. Yo sólo quería coger una de las botellas y beberla de un tirón para salir de esta situación. La única salida que encontraría sería un coma etílico al no poder marcharme. —Weasley —la morena lo llamó como de quien se había tenido que disfrazar —, ¿bailarías conmigo? —Él sonrió y se puso de pie. —Por supuesto, señorita Gringer —respondió él —. Le ayudaré a encontrar el sapo de Neville —hizo referencia al diálogo de Harry Potter y cómo ambos se conocieron por primera vez. Naya se echó a reír y se marcharon. Sólo esperaba que Silas no me abandonara. No sabía si era peor quedarme a solas con ambos Vaughan o solo con uno. —¿Podemos hablar en privado? —le preguntó Sage a su hermano y esperaba que aceptara para darme algo de respiro. Ella claramente se encontraba cabreada y él sólo debía tener su mente ocupada en una cosa que no era su hermana. Aunque estuviera en la otra punta de la mesa, me afectaba como si lo tuviera frente a mí. Él acabó por asentir y ambos se apartaron. Respiré aliviada y me dejé caer sobre el respaldo de la silla. —No esperarás que no pregunte, ¿verdad? —mencionó. —Para este entonces, creí que ya no haría falta —contesté, con mi vista perdida hacia donde ambos se habían marchado. —Estás enamorada de él o han follado... O ambas. —Lo fulminé con la mirada —. Supongo que no es la última opción... Ni la primera. Estaba lejos de estar enamorada de aquel cretino, pero es como si mi cuerpo lo aclamara a gritos cada vez que lo tenía cerca. No sólo eso, sino que su mirada ahora también comenzaba a intimidarme y quería autogolpearme. Yo había permitido que aquello sucediera al otorgarle tanto poder sobre mí. Tampoco es como si lo de las esposas hubiese sido mi plan, pero todo lo demás sí lo había sido. Si tan sólo lo hubiese rechazado la primera vez que me besó, no estaría ahora luchando por saber por qué demonios provocaba lo que provocaba en mí. —Han follado —confirmó y asentí. Suspiró y también se dejó caer sobre el respaldo de su silla. Lo sé, la había cagado a lo grande y lo sabía mejor que nadie. —No volverá a suceder, no quiero que intervenga con mi objetivo —emití, aún sin mirarlo ya que no quería encontrarme con su mirada de decepción. —¿Por qué lo haría? —me preguntó. Eso es. ¿Por qué lo haría? ¿Acaso temía enamorarme de él? Aparté aquella estúpida idea de mi cabeza y me obligué a buscar una mejor explicación. Formar un lazo como tal con algún m*****o de JBG encontraba un motivo para hacerme sufrir. Ya había tenido suficiente con mis amigos en KEK y mi padre, por lo que no necesitaba sufrir por nadie más. —Si no hay sentimientos por parte de ninguno de los dos, deberías ser libre de disfrutar de lo que quieras hacer. —Entrecerré mis ojos y sonreí, ahora sí volteando a verlo. —¿Tú lo haces? —Sonrió. —A veces, pero no estoy tan desesperado como todos en la central parecen estarlo —explicó —. Es como un virus que todavía no me infectó. —Reí. Estar con Cailan estaba destinado al sufrimiento, ya fuera que acabara enamorada de él o no. No podía pensar con claridad cuando lo tenía a centímetros y eso podía llegar a afectar mis decisiones, por lo que no, no volvería a estar con él para que todo se me fuera de las manos aún más. —Ya lo hará —añadí y divisé a los hermanos Vaughan regresar. Sage aún se veía furiosa y Silas se puso de pie. —¿Quieres bailar? —le preguntó a ella y quise arrojarle una de las botellas a la cabeza por estar dejándome sola con un completo demente. Ella forzó una sonrisa en su rostro y asintió. Mi compañero me acercó ambas botellas, sabiendo que haría buen uso de ellas, y se marcharon juntos. Llené uno de los shots con whisky mientras el rubio volvía a tomar asiento frente a mí, y lo bebí. El alcohol ya no me quemaba la garganta ni un poco y realmente estaba considerando beberme toda la botella. Con la mirada intimidante de Cailan sobre mí y sin saber qué hacer o decir, consideraba que aquella era la mejor opción. Mi corazón se estaba por salir de mi pecho al recordar nuestros momentos y podía sentir como mis mejillas volvían a sonrojarse. ¡j***r! ¿Por qué me sucedía esto? —¿No me hablarás? —me preguntó con su voz grave. Pues... no. A la primera que lo hiciera, estaría tentando a los ángeles para que me llevaran al cielo mismo, al lugar más placentero que había conocido jamás: me refería a lo que se encontraba entre las piernas de aquel rubio. —Entonces —comenzó a hablar y ya me aterraba lo que fuera a decir —, ¿lo nuestro te pareció insignificante? Tragué grueso y recordé las palabras que habían salido de mi boca para lograr que se marchara de mi habitación aquella vez. Si lo nuestro hubiese sido algo ínfimo, de poca importancia, no me hubiese pasado la última semana reproduciendo nuestros encuentros como si se trataran de una película erótica que disfrutaba ver una y otra vez. Desear algo que me había hecho sentir increíblemente bien era algo de esperarse. Estar con Cailan me había otorgado cierto poder sensual y seductor que jamás había creído existente en mí. Es como si él no hubiese sido el único partícipe que se había dejado llevar por la atracción y la lujuria. —Porque a mí no —declaró y me digné a alzar mi vista para clavar mis ojos marrones sobre los suyos. Su mirada estaba cargada y mis bragas comenzaban a humedecerse. Nada que incluyera sexo era insignificante para él. No importaba la persona ni el lugar, sino el acto de goce en sí. —Lo de mañana me parece más significante —destaqué y entrecerró sus ojos. De seguro, estaba debatiendo entre enviarme al demonio o contenerse las ganas hasta que volviera a caer por él —. Serás el primero a quien querrán asesinar. —Sonrió. —¿Ahora te preocupas por mí? —Torcí los ojos — Además, si logré que tú cambiaras de opinión, puedo hacer que los demás también lo hagan. Estaba loco. —No puedes meterte entre las piernas de todos. —Él me dio una sonrisa de 'no me pongas a prueba' —. Irene no tendrá piedad con nadie. —¿Insinúas que mañana podrían matarme? —Asentí. Cailan se sentó erguido y aclaró su garganta. —De ser así, me gustaría que me concedieras un último deseo. —Alcé mi ceja. —No soy tu hada madrina para hacerlo. Más bien, me parezco a Úrsula. —Él rió por lo bajo. Su simple risa me ponía a temblar las piernas. Si tan sólo supiera el efecto que él tenía sobre mí... —Me es más que suficiente —emitió y asentí, expectante a su deseo. Él se acercó más a mí por encima de la mesa y clavó su mirada en mi boca —. Quiero follar una última vez contigo. Que romántico... De ser él, yo hubiese deseado que lo dotaran de una personalidad más agradable. —Otórgame hasta antes de la misión para lograrlo. —¿Y si eliges un deseo más fácil? —pregunté — Los milagros son difíciles de cumplir. Él sonrió y, por un segundo, olvidé que nos encontrábamos rodeados de personas. Quería acercarme a él y saborear sus labios, pero la voz en mi cabeza seguía diciéndome que no lo hiciera, que de mí dependía vengar la muerte de mi padre o no. Sin importar cuán fuerte fuera mi impulso por besarlo, debía contenerme como nunca antes. No era sólo tener sus labios cerca, sino también embriagarme de su aroma y embelesarme con su ronca voz. —Pues, espera en el fondo del mar —respondí y me puse de pie —porque no soy una cosa que puedas desear. Él también imitó mi acción y se puso de pie. —No, eres una persona y sí te puedo desear porque lo he estado haciendo toda la semana —declaró y frené mi paso en seco. La cara de idiota la debía de tener pegada en mi rostro porque no me creía lo que oía. ¿Acaso se pensaba que era estúpida? Apuesto que a Gianna no le gustaría oír aquello con lo posesiva que parecía ser con él. —Tú deseas lo que sea que tenga un sistema reproductor femenino... hasta donde me han informado —añadí. Ya quería marcharme de aquí, pero mis amigos parecían estar pasándosela bien y no quería arruinar su diversión al no poder marcharme sin ellos. —Te han informado bien, pero no me acuesto con cualquiera —aquello sonó más como una broma y no pude evitar reír. —Cualquiera que te lo permita, querrás decir —recordé a Thea —. Puede que te haya dado una impresión errónea al acostarte conmigo tan pronto —Él observó a nuestro alrededor como si le preocupara que alguien me oyera —, pero aún conservo algo de amor propio. Y parte de ese amor propio incluía llevar a cabo lo que me había prometido. Si quería acostarme con alguien, yo misma lo buscaría. —Puedes tener a quien quieras cuando quieras, pero no a mí. Sus ojos estaban posados sobre los míos sin decir ni una sola palabra, como si estuviera intentando descifrar los misterios más profundos de mi alma. Esperaba que hubiese comprendido algo de lo que le había dicho. Cada vez que le decía algo, parecía entrarle por un oído y salirle por el otro. —Sí sabes que eso me excita aún más, ¿verdad? —Rodé los ojos. No podía hablar con alguien que sólo pensaba con su polla. —Veamos si esto también lo hace —le dije con la poca paciencia que me quedaba. Me aparté de él y me dirigí hacia la pista de baile. Ni siquiera reconocía cuál era la canción que estaba sonando, sólo comencé a mover mis caderas al ritmo de la música de una forma más sensual de lo que usualmente me permitía, esperando que alguien apareciera y me hiciera compañía. Unas manos se posaron en mis caderas por detrás y observé a Cailan a lo lejos. Su mirada iba cargada de furia y debía admitir que comenzaba a cogerle cariño. Nunca nadie en mi vida me había observado con tanto odio, pero apuesto a que tampoco había visto a alguien en la forma que lo hacía conmigo cuando me encontraba encadenada a su cuerpo. Es como si él fuera su propio yin y yang; se complementaba su lado duro y su lado susceptible al desnudarse ante mí, hablando literalmente. Volteé a ver a mi acompañante y me encontré con un moreno bastante apuesto, a decir verdad. Sus manos continuaban moviéndose al ritmo de mis caderas y comenzaba a sentir que el efecto del alcohol estaba afectándome, pero no lo suficiente como para dejar de intentar bajarle la excitación a aquel rubio. Haber bebido tantos tragos juntos no había sido la mejor idea. Y yo había querido beberme la botella entera... Regresé mi mirada en dirección a Cailan y ya no se encontraba allí. Sonreí satisfecha, habiendo logrado que se marchara sin obtener lo que había querido. El moreno ahora llevó sus manos a mi trasero y le dio un fuerte apretón. Lo aparté de mí con rapidez y lo fulminé con la mirada. Si se sentía con el derecho de coger mi trasero en sus manos, pues que me permitiera coger su m*****o de la misma forma... Dándole un fuerte apretón. De seguro, eso no le agradaría demasiado. De cualquier forma, había servido para lo que había querido. Si verme con otro no lo había cabreado lo suficiente como para que me dejara en paz, no sé qué lo haría. El calor que hacía aquí dentro me estaba consumiendo pero tampoco podía marcharme de aquí a por algo de aire. Salir de este lugar suponía un peligro para mí. Me digné a hacer lo único que podía y me acerqué al bartender en busca de algo de agua fría. Sabía que eso no me ayudaría tanto como esperaba, pero embriagarme del aire limpio no era una opción disponible. —¿Te encuentras bien? —me preguntó mientras me entregaba lo que le había pedido. Debía lucir peor de lo que creía. La bebí y asentí. Aún no me encontraba del todo perfecta, pero sí algo mejor que hace unos minutos atrás. Ya no me sentía tan sofocada y la cabeza había dejado de darme vueltas. —Coge algo de aire —me sugirió. Como si pudiera... —. Hay un pequeño balcón en el piso de arriba para quienes fuman. No sé cuán limpio estará el aire, pero es mejor que estar aquí encerrado. Le agradecí y, sin pensarlo dos veces, subí las escaleras y seguí sus indicaciones. Con o sin fumadores, coger algo de aire me vendría genial. Abrí la puerta y, para mi suerte, había sólo una persona. Sin embargo, al verlo mejor, ahora me preguntaba si le habría pagado al bartender para traerme aquí. No tenía que ver su rostro para reconocerlo. Podría hacerlo a kilómetros de distancia y sabía que no fallaría. Sin duda alguna, Cailan no podía ser comparado con nadie. Él volteó a verme y es como si los efectos del alcohol hubiesen desaparecido como por arte de magia tan pronto sus ojos se posaron sobre los míos. Decidía darle créditos al aire fresco y no al cretino que tenía en frente. Yo me largaba de aquí. Prefería caer desplomada allí dentro por la embriaguez y no aquí fuera por su deslumbrante encanto. Cogí el picaporte para marcharme, pero Cailan me volteó y estampó contra la puerta, impidiendo que me marchara o que alguien se adentrara. Tragó saliva y sus ojos estaban clavados sobre los míos. Los nervios me consumían viva pero no tenía ningún deseo de apartarme de él. Era consciente de que había hecho un esfuerzo inhumano para no caer a sus pies, pero ya no podía tolerarlo. Mi boca aclamaba la suya y era de lo único que quería embriagarme ahora mismo. —No podría considerarte una mujer fácil sólo porque te has acostado conmig... Me prendí de sus labios y él cedió ante ellos al instante. Cada vez que saboreaba su boca, sentía como si fuera la primera vez. Me encontraba desesperada y en busca de más, y él siempre parecía darme exactamente lo que necesitaba. Llevó sus manos a mi trasero y me levantó del suelo. Rodeé sus caderas con mis piernas y cogí su rostro para profundizar aquel beso. Una corriente viajó desde mi espina dorsal a mi entrepierna y me negaba a apartarme de sus labios. Aquellos sabían dulce, o lo estaba imaginando, y me deleité con su sabor. Me di una bofetada mental al recordar que hace tan sólo unos minutos le había dicho que podía tener a cualquier mujer que quisiera, menos a mí... Bravo, Val. Tus promesas duran menos que el silencio en receso de escuela. Sin querer que me soltara la boca, bajó a mi mandíbula y sonreí. Él sabía a la perfección lo que bajar un poco más provocaba y no podía esperar a que sus labios se posaran sobre mi piel. —Tú tendrás que esperar en el fondo del mar —susurró sobre mi cuello y abrí mis ojos, saliendo de aquel estado de trance al que me había llevado. Lo observé y tenía una sonrisa maliciosa en su rostro. Hijo de la gran puta. Me apartó de la puerta y me dejó sobre el suelo con cuidado. Quería regresar a sus labios pero aún me quería un poco a mí misma. Ya bastante bajo había caído al no poder controlar mi deseo con él. —Provocarme con alguien más nunca es buena idea —tenía mi mirada clavada en sus ojos celestes, intentando no demostrar cuán decepcionada estaba de mí misma. Él volvió a acercarse un poco a mí y se detuvo a centímetros de mis labios —. Follarte aquí sería arriesgarme a que alguien te viera desnuda —musitó —, y no me siento cómodo con eso —plantó un corto beso sobre mis labios y se marchó de aquel lugar. El poder que tenía Cailan sobre mí era sobrenatural. Jamás alguien me había hecho perder la cabeza en el buen y mal sentido, pero él lo había logrado. Podía ser un dolor de trasero cuando se lo disponía, pero podía hacerme ver las estrellas solamente con su tacto