C8

3196 Words
Desperté con un poco de dolor de cabeza al haber bebido de más anoche y alguien golpeó la puerta de mi habitación. Sonreí al ya saber quién debía ser y me puse de pie para confirmarlo. Hoy era el día de la misión. Todos tendríamos que estar preparados por la tarde para cumplir con nuestras respectivas tareas y no negaría que estaba impaciente por tener a Irene en la mira con mi dedo sobre el gatillo. Sin embargo, sabía que sería lo suficientemente inteligente como para no ir y, como siempre, enviar a sus agentes para que pagaran por sus platos rotos. Abrí la puerta y Thea se apareció sin su usual sonrisa. Luego de lo sucedido con Cailan, regresé a la pista de baile y ella había bebido más de lo debido. —Me duele la cabeza —se quejó y se adentró a mi habitación. —¿Por qué bebiste tanto? —pregunté — Creí que todo con Luca se habría solucionado luego de que lo llevaras a la pista. —Así fue —habló, masajeando su sien con sus dedos índices —, pero quería olvidar lo sucedido y no tuve mejor idea que beberme el bar completo. —Reí y vestí mi ropa. —Cailan ya ha pasado página, olvídense de él. —Ella entrecerró sus ojos. —¿Cómo lo sabes? Por supuesto que pasa página con sus conquistas, pero regresa a algunas de vez en cuando —emitió y fingí una sonrisa. Ni siquiera sé por qué había dicho eso. Tal vez, parte de mí sí deseaba que fuera así... Nos dirigimos hacia la cafetería y tomamos asiento junto a los demás. —Han llegado las nuevas novedades —me comunicó Naya y me entregó una hoja. Era sobre la misión. No daba información sobre lo que yo tendría que hacer, más bien información general sobre sus tareas dentro del casino. Tendrían que ir en parejas y comportarse como tales. Esos lugares suelen recibir con mayor aceptación a aquellos y, a pesar de que a Branko no le gustaba estar en compañía, que se te acerque un matrimonio o un par de novios enamorados era más confiable que una sola persona. El objetivo principal era no abrumar a Wolf. En cuanto aquello sucediera, él se marcharía y nuestro plan se iría al demonio. Él era el cincuenta por ciento faltante que quedaba para comenzar con nuestro plan de derrota hacia Irene. Sin él, no sabía si podría hacerlo sola. —Intenta no aniquilarnos con una bala fallida —bromeó Luca —. Toda nuestra fe está puesta en ti. Eso era exactamente lo que me preocupaba y me tenía tan tensa. No tenía permitido fallar y temía que los nervios me jugaran en contra en algún momento. —No le sumes más presión —lo regañó su novia —. Debemos estar concentrados esta noche. Un paso en falso y estaremos muy lejos de conseguir lo que necesitamos. Buen consejo. ¿Cómo me sería posible concentrarme teniendo al rubio en acción? Definitivamente, tendría que enfocarme en mi plan y estar atenta por si algo llegaba a suceder. * Mitch me entregó mi vestimenta y, al menos, podía decir que era cómoda. Iba vestida toda de n***o para no llamar la atención en la oscuridad y debía llevar una máscara que cubriera todo mi rostro para evitar ser descubierta. Gwendolyn me entregó un intercomunicador diminuto para que lo llevara en mi oreja y así poder estar en contacto con ella. —Te estaré manteniendo al tanto de todo —me dijo —. En cuanto creas que es necesario disparar, sólo hazlo, no esperes la orden de nadie, ni siquiera la mía. —Asentí. Una mujer morena y un hombre con rasgos latinos se aparecieron a mi lado. —Ellos son los francotiradores que te acompañarán —me informó Mitch y ambos me dieron una cordial sonrisa —. No te dejaremos sola en ningún momento. Su forma de tratarme y cuidarme me hacia acordar a mi padre, especialmente, días antes a que me marchara a mi misión. —Tu voz suena más como un ruego que a una confirmación —emití y rió. Sabía que muy dentro de él, se encontraba más nervioso que yo —. Estoy preparada —le dije a Gwendolyn. La parte más difícil de todas, como sé que sería siempre, era tener que ver a mis amigos. Aquellos aún confiaban plenamente en Irene y debía comprender que todo esto no acabaría de un día al otro, que no podía arruinar todo el plan solamente para advertirles que aquella bruja no era lo que aparentaba ser. Aún esperaba que algún día fuera posible que mis amigos se unieran a JBG. Sólo de esa forma sentía que podría luchar con total libertad y sin ningún tipo de culpa contra la odiosa pelirroja. Nos montamos a un coche junto a los dos francotiradores y partimos hacia el lugar. Al llegar frente a un edificio, me entregaron un rifle DXL -5 'Havoc' y lo admiré con detenimiento; aquel era el último modelo con mayor alcance de disparo. También me dieron un arma calibre 9mm que guardé en mi bota y comenzamos a subir las escaleras por fuera del edificio hasta llegar a la azotea. Era probable que no tuviésemos permitido estar aquí, pero debía admitir que teníamos una vista precisa del casino. Aún a lo lejos, se podía divisar a algunas personas moverse y sabía que sería más fácil con la mira del rifle. El sol ya se estaba ocultando y sólo podía percibir su calor en mis ojos y boca, siendo estos los únicos lugares de mi rostro que quedaban al descubierto con mi máscara puesta. Acomodamos nuestras armas en dirección al gran ventanal del casino y tomamos posición en nuestros respectivos lugares. Mi compañero se encontraba en una de las esquinas y la morena estaba ubicada entre ambos. —¿Están listos? —oí a Gwendolyn hablar desde el intercomunicador. —Confirmado —dijo mi compañera. Comencé a observar la escena a través de la mira telescópica y, rápidamente, divisé a Branko vestido de traje. Su atractivo era cautivador y lo hacía fácil de localizar. Su postura erguida lo hacía ver como si fuese el rey del mundo y, para todos nosotros, lo era ahora mismo. Se encontraba presente en el juego de la ruleta y Luca junto a Thea hicieron su primera aparición. Él vestía elegante y ella llevaba un vestido verde oscuro que le iba a la perfección con su cabello pelirrojo recogido. Hasta el momento, eran las únicas caras conocidas que veía. Observé a su alrededor y nada; no había rastros de mis amigos de KEK. Luca se presentó ante Branko y éste besó la mano de la pelirroja. Mientras la conversación parecía ir viento en popa, mi mirada se desvió hacia la entrada de Yuna. Como siempre, se veía espléndida. Llevaba un vestido largo y plateado, y su cabellera negra caía por sus hombros. Se encontraba observando a los acompañantes de Wolf con detenimiento y mi boca comenzaba a secarse de los nervios. Por favor, no te entrometas, Yuna. Poco después, Uker se apareció a su lado vestido con un esmoquin y sonreí al verla torcer sus ojos. Recuerdo las noches en vela que nos habíamos pasado junto a ella y Anya hablando sobre lo patético que él era. Tiempo después, lo confirmaría con sus acciones para intentar romper mi relación con Jayce. Branko se despidió de mis compañeros y se dirigió hacia otro de los juegos. —Somer y Hearst no han captado su atención —me informó Gwendolyn. Es en ese entonces que Naya y Gus aparecieron. Por poco, la mandíbula de Uker no cayó al suelo al verla llevar aquel despampanante vestido rojo y pasearlo con total confianza. Gus también iba bien vestido con un moño en lugar de corbata y supongo que el encanto Vaughan también lo había afectado a él tras vivir tantos años con ellos. Branko se dirigió hacia una mesa con cartas y ellos también. Los tres tomaron asiento y comenzaron a hablar. Por el momento, los miembros de JBG habían estado moviéndose rápido, ya que nadie de KEK aún había tenido la posibilidad de acercarse al millonario. Yuna desapareció y, en cambio, Jayce se apareció. Suspiré. Él lucía encantador y me hervía la sangre al recordar cómo habían terminado las cosas entre nosotros. Sin duda alguna, aquel día me había tratado como la mierda misma, y ahora comenzaba a cuestionarme si yo no había sido más que un cero a la izquierda durante toda nuestra relación. Uker siempre había estado por encima de todo y por encima de mí. Me tragué aquel enojo y regresé a la escena. Aquellos tres aún seguían hablando y me sorprendía ver que las tácticas de seducción de Naya no le estaban funcionando con Branko. j***r, es que si ella se comportara de esa forma conmigo, lo pensaría dos veces antes de rechazarla. Tal vez, Gus era quien tendría que poner sus tácticas a la acción. —Kline y Reyes, retírense —oí a Gwendolyn ordenarles —. Denle algo de respiro o será muy evidente. Ambos se pusieron de pie y se apartaron. La situación no se mostraba demasiado favorecedora para nosotros que lo habíamos estado intentand... Mierda. Eso era. —Los miembros de KEK están esperando que Wolf se abrume de nosotros —comencé a informarle —. Es por ello que ninguno ha intervenido aún. Me encontré en un silencio tras decir aquello. Esperaba que mi intercomunicador no se hubiese dañado o... —D'angelo y Vaughan —oí y tragué grueso al oír su apellido —, aún no intervengan. Suspiré aliviada al ver que había tomado en cuenta lo que le había dicho. Ahora sí, Jayce dio el primer movimiento y se acercó al castaño. Ambos comenzaron a hablar y mis amigos de JBG observaban la escena como si se tratara de la última porción de pizza restante. La aparición de Gianna me sobresaltó y, a pesar de que se veía como una maldita modelo en aquel entallado vestido n***o que llevaba, no se suponía que nadie más apareciera. —Vaughan, ¿qué haces? —oí decir a la líder, pero no podía oír la respuesta de él. Sólo percibí un suspiro de su parte y supuse que él se había mandado una de las suyas, como siempre. La rubia cayó sobre la falda de mi ex-novio, como si hubiese sido un accidente, y le dio una sonrisa de disculpa. ¿Es que acaso pretendía que nos folláramos a los mismos hombres o qué? Afortunadamente, no había habido otros antes que él, por lo que su diversión finalizaba aquí. Jayce se puso de pie junto con ella y Branko rodó los ojos. Al menos, aquello había servido de algo. El castaño paseó por otros juegos hasta llegar al Craps. Todo había parecido estar en orden hasta que Vaughan apareció. En el lugar todo seguía igual, pero no en mí. El Romeo que había conocido ahora había quedado atrás y se había convertido en todo un Dios griego de la actualidad. Portaba una seguridad abismal en sí mismo y un encanto que me provocaba desgarrarle la ropa. > me recriminó mi cabeza. Pero no podía. Vestía un pantalón n***o y un chaleco del mismo color por encima de la camisa blanca. Si no tuviera compañía y no me encontrara en una misión, permanecería admirándolo como una estúpida y con saliva cayendo por mi comisura. Mierda. Ni yo me creía haber follado dos veces con esa pieza de museo. El rubio se acercó a Wolf y comencé a observar a su alrededor. Por el momento, lo único que podía ver era a las mujeres babeándose por Vaughan... o por Wolf. Yo lo hacía por ambos, pero Vaughan tenía cierta influencia sobre mí. Yuna había vuelto a desaparecer de la escena y me aseguré que todo lo demás siguiera igual. Branko y Cailan parecían haber congeniado -como no, si la manipulación verbal era la especialidad del rubio- y eso era estupendo para el plan. Jugaban de vez en cuando e intercambiaban una palabra que otra. Mi amiga asiática volvía a aparecerse, y ahora cogida del brazo de... j***r. Mi cuerpo se paralizó y un escalofrío me recorrió por completo. Él era aguien a quien podría reconocer con tan sólo verle la espalda. Era la primera vez que lo veía desde nuestra borrachera en aquel bar. Me había llevado el engaño del siglo con sus mentiras y trampas. Algunos abandonaron todo lo que se encontraban haciendo tan pronto lo vieron y Cailan fue uno de ellos. De repente, la furia le ardía en los ojos y me preguntaba qué demonios estaba sucediendo. Gwendolyn no emitía palabra alguna y yo aún tenía mi dedo en el gatillo, por si acaso. Uker y Jayce se estaban comportando de una forma extraña y mi respiración comenzó a acelerarse. Llevaron su mano cuidadosamente dentro de su saco y sabía exactamente que estaban preparados para mostrar sus armas en cuanto todo se fuera a la mierda. ¡Maldición! ¡Yo no podía dispararles y esto no pintaba bien! Branko desapareció de un momento a otro y ahora los restantes allí solo se encontraban en aquel clima de tensión que incluso yo podía percibir a kilómetros. —Esto se ve muy feo —emití pero no obtuve ningún tipo de respuesta. Oí un golpe en seco a mi izquierda y aparté mi mirada del casino. La morena rápidamente se volteó en su lugar con una expresión de alerta y me permitió divisar al latino muerto a su lado; le había entrado una bala a la cabeza y comenzaba a rodearlo un charco de sangre. Imité la acción de ella, que ahora se encontraba buscando con la mirada a nuestra potencial amenaza, e intenté que cuatro ojos fueran mejor que dos. Sin embargo, era imposible ver algo más allá de la actual oscuridad. —Estamos en problemas —informó ella al intercomunicador y clavó sus penetrantes ojos marrones sobre mí —. Vete. Me negué y cogí el rifle entre mis manos, apuntando hacia quién sabe dónde porque no podía divisar una mierda. Jamás dejaría a alguien detrás. Que dos personas lucharan juntas nos daba más posibilidades de vivir. La noche ahora parecía incluso estar más oscura de lo usual y no podía ver más que la luz de la luna. —Vete, Valdine —oí la voz firme de Gwendolyn en mi oído y los disparos a lo lejos comenzaron a hacerse presentes. El cuerpo se me tensó y empecé a imaginarme el peor escenario dentro del casino. Volteé hacia la morena y maldije a mis adentros. Dejé el rifle a un lado y, tan pronto estaba por bajar de las mismas escaleras por las que habíamos subido, una bala atravesó el cráneo de mi compañera frente a mis ojos. Su cuerpo cayó al suelo y su mirada perdida quedó clavada en mí. No estaba al tanto de si sabían quién era yo, pero prefería que si fueran a asesinarme, supieran mi identidad. Bajé la escalera de una forma tan veloz que ni siquiera tuve tiempo de pisar los escalones. Me deslicé de ella como si los tubos de metal estuvieran embarrados de aceite y fue así como caí de espaldas al suelo. —Jensen —me habló Gwendolyn, pero apenas podía respirar. El aire del pecho se me comprimió por el golpe y me eché de lado para intentar recuperar mi respiración con más facilidad. No podía hablar, sólo podía emitir una especie de soplido agudo. Mis inhalaciones eran cortas y débiles, pero era lo único que me permitía normalizar mi respiración poco a poco. Llevé mi mano temblorosa a mi bota y cogí la pistola que había guardado. —¿A dónde voy? —pregunté con mi voz jadeante y entrecortada. Me puse de pie tan pronto me fue posible y llevé mi mirada hacia el casino. El corazón se me detuvo por un segundo. Divisé algunos cuerpos en el suelo y rogué para que aquellos no pertenecieran a ninguno de mis amigos. No importaba cuánto intentara saber quiénes eran, tendría que acercarme más para descubrirlo y no correría ese peligro. Todos se habían marchado de aquel lugar y eso significaba que podía ser que algunos estuvieran sueltos como yo. —Hay un escondite a un kilómetro de donde te encuentras —finalmente, Gwendolyn comenzó a hablar —. Un coche de color gris te recogerá y Mitch estará dentro. Apreté mi arma con fuerza y divisé el escondite del que estaba hablándome. ¿Estarían todos bien? Diablos. Me sentía entre la espada y la pared al no querer que nadie acabara herido. Tener que andar encubierta y sin poder enfrentar a nadie se me hacía difícil. Si tan sólo supieran lo poco que sabía ahora sobre Irene y tuviera la posibilidad de hablarles, estoy segura que los convencería para que se unieran a JBG. Sin embargo, aquello era imposible. A duras penas podía salir de la central y ni siquiera tenía un móvil. De repente, una mano se aferró a mi cintura y jaló mi cuerpo hacia el escondite al que se suponía debía ir. Aquel era algo estrecho y sus ojos se clavaron sobre lo míos. Me paralicé ante ellos sin saber qué hacer con exactitud. Llevó su dedo índice a sus labios, solicitándome que me mantuviera en silencio. ¿Qué demonios...? Sacó su cabeza con sigilo de aquel refugio en busca de algo para luego regresar a mí. Él llevaba una sonrisa hipnótica en su rostro y, de un segundo a otro, me removió la máscara, dejando al descubierto mi verdadera identidad. Sin embargo, aquello no parecía haber causado ningún tipo de efecto en él. Intenté leer aquellos ojos color avellana pero las preguntas que ahora estaba haciéndome a mí misma no me permitían concentrarme. Él no dejaba de observar detalladamente mis facciones y le arrebaté mi máscara de las manos para volver a ponérmela. Las piernas me temblaban y el miedo me invadía. ¡Maldición! ¿Y si ya se había vendido a KEK y les iría con el cuento de que Valdine Jensen estaba más que viva? No podía ser que ya hubiese cagado la misión tan pronto... Cuando estaba a punto de marcharse, cogí su brazo, deteniendo su paso. Él se volteó a verme con la misma sonrisa de antes y tragué grueso. No es que me pusiera nerviosa -tal vez, sólo un poco-, pero es que la idea de que supiera quién era yo me acojonaba por completo. Llevó la mano a su boca e hizo el gesto como si aquella estuviera cerrada bajo llave. ¿Acaso estaba dándome a entender que no diría nada, que no diría que me había visto? Él se largó, dejándome a solas con mi incertidumbre. Branko Wolf había sabido de mí todo este tiempo y se había tomado el atrevimiento de comprobar que yo fuera la muchacha vestida de n***o. Al parecer, vestirme de esa forma para no llamar la atención había causado el efecto contrario en él
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