C9

3745 Words
¿Cómo le explicaría a Gwendolyn lo sucedido? ¿Cómo le diría que había fallado? ¡Demonios! Es que enviarme a este tipo de misión estaba destinada al fracaso seguro y tenía suerte que sólo una cosa lo hubiese hecho, pero también la más importante: mi identidad. Llegamos a la central y estaba esperando encontrarme a todos allí. El paso se me hacía pesado y yo ya cargaba con el peso sobre mis hombros. Sabía que no había sido enteramente mi culpa, él me había quitado la máscara, pero yo estaba más que capacitada para apartarlo de mí de un golpe de no ser porque me había dejado llevar por su atractivo. Definitivamente, todo parecía ser más fácil cuando tenía novio y sólo tenía ojos para él. Los gritos y discusiones me invadieron al adentrarme, y todos optaron por guardar silencio en cuanto me vieron. Tal vez, ya lo habían descubierto y podría evitarme tener que dar explicaciones. Mitch entró detrás de mí y sólo dio un largo suspiro en aquel lugar lleno de tensión. Si ya lo supiesen, él me habría dicho algo de camino hacia aquí. —¿Qué sucede? —me atreví a preguntar y observé a mis compañeros. A Luca le estaban limpiando una herida nueva que tenía en su brazo y Thea lo acompañaba. Para ser honesta, ni la herida ni ellos se veían muy bien. Por otro lado, Miller sostenía el cuerpo de Gianna con sus brazos ya que, al parecer, se había lastimado su pierna al verla cargar con todo su peso en una sola. Ojalá se la hubiese roto. Naya se encontraba sentada en las escaleras y Silas a su lado... con su camisa blanca repleta de sangre, pero aquella no parecía provenir de él. Intenté conectar con su mirada que siempre parecía darme una cálida bienvenida, pero hoy era la excepción. Algo había sucedido, ya que había algo que todos los presentes tenían en común; llevaban sus caras largas y sus rostros cabizbajos. Dirigí mi mirada hacia Gwendolyn, quien también parecía verse un poco afectada por lo que fuera que estuviera sucediendo, y el pánico comenzó a apoderarse de mí al caer en cuenta que faltaban dos personas. —¿Dónde se encuentran Kline y Vaughan? —insistí en mis preguntas. Si por ellos fuera, jamás me darían una maldita respuesta. El silencio volvió a hacerse presente y ahora volví a preguntar más decidida. —He preguntado que dónde están Kline y Vaugh... —la impaciencia empezaba a darse a relucir, pero aquello sólo duró unos segundos tras aparecerse ambos. Respiré aliviada al verlos y mi mirada se clavó sobre el rubio. Físicamente, parecía no tener ni un rasguño pero, emocionalmente, parecía estar destruido. —Parece que Gwendolyn no está en condiciones como para dar respuestas hoy —percibí el tinte de ira en su voz y su mirada parecía conllevar una mezcla de emociones ahora mismo —, o tomar algún tipo de decisión. —Contrólate, Vaughan —le ordenó Mitch. Necesitaba que alguien me explicara qué era lo que estaba sucediendo o acabaría por inventar conclusiones estúpidas sin ningún tipo de sentido —. Te guste o no, ella continúa siendo tu líder y debes respetarla. —Echó a perder la única... —se detuvo y su rostro se tornó rojo tras contener el enojo —. ¡j***r! ¡Ella echó a perder la inexistente oportunidad que no creíamos tener! —gritó, furioso. ¿Inexistente? Pero si era muy claro que la teníamos. Que fuéramos a conseguirla era otra historia. —Nos ha tomado a todos por sorpresa —volvió a intervenir Mitch. Me sentía incluso más perdida que en mis clases de cálculo cuando asistía a clases. —¿Alguien podría explicarme qué demonios está sucediendo? —espeté, ahora ya molesta de que todos ignoraran mis preguntas. Cailan cogió mi brazo con cierto cuidado y me acercó a él. —Yo te lo explicaré —emitió con su mirada rabiosa clavada sobre Gwendolyn, pero Gus se interpuso en su camino, impidiendo que se marchara. —No cometas una locura —le murmuró el moreno. Podría jurar que si sus ojos fueran personas ahora mismo, estarían en un campo de batalla y destruyéndose el uno al otro. —Muévete —gruñó Cailan, pero su amigo negó. —Déjalo, Kline —habló Gwendolyn por primera vez y todos clavaron su mirada sobre ella, incluyéndome. Mitch se acercó a ella a paso acelerado y la enfrentó. La mirada de ella aún estaba perdida y aclaró su garganta. Volvió a recuperar su postura erguida y lo observó. —Ese no es el trato que teníamos —musitó él por lo bajo y ella asintió, dándole la razón. —El trato acaba de modificarse —le informó ella —. Las reglas ya no son las mismas. Cailan apartó a Gus de su camino y me arrastró fuera de aquel momento de tensión. Oí a Mitch gritar mi nombre pero, por primera vez desde que estaba aquí, estaba de acuerdo con la rebeldía del rubio. Su paso era temerario, su mirada aún conservaba la misma expresión que antes y aún tenía mi brazo cogido como si fuera un cofre de oro. Me llevó a una habitación que, tan pronto me adentré, pareció invadirme de tranquilidad. No sabía si era por su ambientación y amueblado -la luz era tenue, tenía una pequeña biblioteca junto a su escritorio y silla, las paredes estaban pintadas de un color oscuro y tenía una pequeña ventana que ahora sólo reflejaba la luz de la luna- o porque hubiese sido creada exactamente con ese propósito. —Explícate —exigí —. Pareces ser el único que quiere hacerlo. Cailan bufó y se acercó a una de las paredes para comenzar a golpearla determinadas veces con su puño. Jamás antes había visto a alguien desquitarse hacia algo con tanta cólera y no me hacía sentir bien sólo quedar como espectadora de aquella escena. Sabía perfectamente que estaba bien permitir que alguien descargara su furia hacia algo, pero no a costa de partirse la mano a pedazos. —Cailan, no... —lo regañé tan pronto me aproximé a él y la cogí para que dejara de lastimarla —. Te harás daño. Su respiración era muy acelerada y apoyó su mano libre en la pared, permitiéndole sostener el peso de su cuerpo. También descansó su frente en ella, y ya no sabía si tenía más curiosidad por saber qué había sucedido en el casino o qué le sucedía a él. Posó su mirada sobre mí y, por primera vez, lo veía con sus ojos húmedos. La firmeza no desaparecía, pero ahora iba mezclada de coraje y dolor. Solté su mano y llené mis plumones de aire. Era la primera vez que podía hacerlo desde que me había marchado de la central hoy. Había estado nerviosa por tener que reencontrarme con mis amigos de KEK, procurar no acabar asesinada como mis dos compañeros francotiradores, esperar que ninguno de mis amigos de JBG hubiesen salido heridos o asesinados, que Branko hubiese expuesto mi verdadera identidad, y luego creer que se habían cargado a Cailan. Es que no había tenido descanso en todo ese tiempo. —Creí que algo te había sucedido —formulé y llevé mi mano a mi omóplato derecho tras recibir una puntada. El golpe que me había dado al caer de la escalera no había sido poca cosa y ahora comenzaba a molestarme un poco. Estaba segura que mañana amanecería mucho peor y no podría ni levantarme de la cama. —¿Te has lastimado? —me preguntó, ahora regresando a su expresión seria y ocultando cualquier tipo de sentimiento. Negué. —Estoy bien —dije —, sólo quiero que alguien me dé algún tipo de explicación. Él se acercó a mí y, de repente, me sentí diminuta bajo su mirada. —Quítate la ropa —me ordenó. No sabía si su plan era realmente observar mi posible herida o esa era sólo una excusa para verme semi desnuda. —Si hubiese querido que me revisaran la herida —comencé a decir —, hubiese ido con tu madre. Torció sus ojos. —Pues, ve con ella para que te vea —emitió, señalando la puerta para que me marchara. —Si me voy, no obtendré mi merecida explicación. Él alzó sus manos al aire como si me dijera "Supongo que no tienes demasiada opción" y, sólo por unos minutos, me había hecho olvidar lo detestable que era. —Tú decides. Bufé y me volteé. No me importaba que ya me hubiese visto desnuda y que hubiese acariciado cada parte de mi cuerpo. No quería volver a tener las de perder, por lo que darle la espalda me parecía la mejor idea para que no me comprara con sus ojos. Me quité mi jersey, alcé mi playera hasta mis hombros y oí un leve quejido salir de sus labios. —j***r, Val... —comentó y mi piel se erizó al sentir sus dedos rozar la parte que me dolía —, sí deberías ver a mi madre. El golpe se ve horrible —explicó. De seguro, podría verse peor. Además, no es para eso que había permitido que me trajera hasta aquí. —¿Algún corte? —pregunté. —No. Entonces, no había necesidad de que visitara a Florence. Si no le había permitido que me curara la pierna cuando se me había atravesado quién sabe qué en ella, no iría para una simple magulladura. De repente, sentir los labios de Cailan sobre mi hombro me hizo entrar en un estado de desconexión parcial con el mundo real. Tragué saliva, ya que mi boca se estaba secando al sentir que sus besos se paseaban por piel, y debía obligarme a regresar a la realidad. —Cailan... —susurré, intentando salir de aquella hipnosis antes de caer más profundo —, no vine aquí para esto. —Tampoco yo —emitió y llevó sus manos a mi abdomen desnudo. Una sensación de fuego me recorrió el cuerpo y me negaba a creer todo lo que él provocaba en mí. Por momentos, es como si quisiera no apartarme de él, pero bien sabía que me convenía hacerlo. Una de sus manos comenzó a bajar hasta adentrarse en mi pantalón, pero lo detuve al cogerla. Follar con él ahora mismo era lo peor que podía hacer. Alguien tendría que estar dándome alguna explicación, tendría que estar contándole a Gwendolyn sobre lo sucedido con Branko, podría estar con Luca para saber cómo se encontraba su herida, pero no estar aquí con Cailan a punto de tener sexo. Me volteé y observé sus ojos azules. Por unos segundos, el silencio nos invadió y debía admitir que se sentía muy bien. Yo no hacía más que descifrar en dónde se ocultaba la mirada de dolor de hace unos minutos atrás y él se negaba a mostrármela. —"Creí que algo te había sucedido" —recuperó las palabras que había dicho yo hace unos minutos —. Aún no es mi momento para morir, Jensen. Mi cuerpo se tensó y aclaré mi garganta. —¿Aún? —comenté con un hilo de voz. ¿Acaso sabía cuándo lo haría? Él sonrió y su mirada se endulzó, de repente. Es como si pudiera descubrir el mundo y sus mil emociones a través de sus ojos. —Espero partir siendo un anciano, sentado en mi ventana con vista a las montañas —no pude reprimir mi sonrisa y bajé mi rostro. Aquello sí se oía bonito... —Aún me quedan muchas cosas por vivir antes de morir —llevó su mano a mi mentón y me obligó a volver a conectar con su mirada. —Tienes un castigo pendiente —le dije y frunció su ceño —. No cumpliste con lo que le prometiste a Úrsula. —Él rió. j***r. Como me enloquecía su sonrisa... Cogería el libro con las bromas más tontas del mundo con tan solo poder disfrutar de ella más seguido. —Lo hubiese hecho de haber querido —se defendió, recordando que no habíamos llegado a nada porque él me había dejado con las ganas —. De cualquier forma, creo que seguiré el consejo de mi madre y Sage y, por una vez en mi vida, seré bueno con las mujeres y te concederé la decisión de mi castigo. Tenía un par de ideas en mente, pero todas aquellas se esfumaron al admirar cómo iba vestido. De haber querido lucir más sensual, no hubiese sido posible y eso me excitaba más de lo que desearía. Tragué grueso al sentir que la entrepierna comenzaba a latirme y apreté mis piernas para hacer desaparecer aquella magnífica sensación. —Aceptaré tu castigo sin queja alguna —comentó. Mis ojos viajaron hacia los botones desabrochados de su camisa, dejando entrever su piel desnuda. Su respiración volvía a acelerarse y me negaba a alzar mi vista para observarlo. Ver sus ojos era un viaje de ida sin retorno. De repente, las palabras de Silas se aparecían en mi mente y no hacían más que crearme más confusión de la que ya tenía en la cabeza. Sin embargo, lo que decía era verdad. ¿Qué inconveniente me traería a mí o a mi objetivo si cedía ante el deseo? Si no había sentimientos de por medio, nada ni nadie saldría perjudicado. Mi plan para destruir a Irene podía seguir en pie sin importar si tenía sexo con Cailan o no. En ese caso, ¿de qué valía continuar privándome de tal manjar? Alcé mi vista para dejarme llevar por aquellas perlas y sonreí. —¿Sin queja alguna? —repetí, para asegurarme de que así fuera. Él asintió. Acerqué mi boca a la suya con lentitud y podía jurar que aquello estaba haciéndome sufrir más a mí que a él. Sólo quería que me hiciera suya y gozar del momento, pero aún no lo era. —¿Tendré que seguir esperando en el fondo del mar? —susurré sobre sus labios y él trago grueso. Si estuviera de espectador de esta escena, estaba segura que podría percibir con facilidad el ambiente de deseo, de necesidad y de tensión s****l. Me deshice de mi playera y cogí el arma de mi bota para dejarla sobre el escritorio. Cailan permanecía inmóvil en su lugar, observando con detenimiento cada movimiento que realizaba. —¿Estás jugando conmigo? —me preguntó. Ojalá pudiera hacerlo, pero jugar con las personas no era lo mío. —No soy tú —respondí y se acercó a mí. —Yo no juego contigo —se defendió y sonreí. De seguro, él estaba jugando conmigo ahora mismo al decir que no lo hacía, pero no me importaba. Mi interés ahora estaba puesto en otra cosa... —Pues, pareces un novato en esto. Sin saberlo, aquello pareció provocarlo descomunalmente y acercó su boca a la mía para besarla, pero aparté mi rostro. Él me observó desconcertado, intentando comprender en qué tipo de juego se había metido. —No puedo permitir dejarte continuar sin que obtengas mi castigo —hablé y suspiró. —¿Ahora? —asentí. De seguro, su m*****o ya estaba preparado para adentrarse en mí, pero debía dejar las cosas en claro. —Tú no tienes sexo en la central a menos que las mujeres se mantengan en silencio —dije y me acerqué a su oreja —. Tu castigo es permitirme disfrutar como me gusta —susurré y busqué sus ojos. Al ver que estaba pensando lo que le había impuesto, comencé a besar su tensa mandíbula y a dejar los rastros de mis besos en ella. Tal vez, de esa forma no podía negarse y lo aceptaba. Comencé a desabrochar los botones restantes de su camisa y acaricié su torso desnudo con mis manos. Se sentía bien hacer todo aquello a mi tiempo y no bajo la desesperación de querer tenerlo. Me deshice de ella, arrojándola al suelo, y me acerqué a sus apetecibles labios. —¿Qué dices? —susurré —Apuesto a que tu polla ya sabe la respuesta, pero tú... Su boca capturó la mía sin más y me alzó del suelo para llevarme al escritorio y posarme sobre él. Se apartó de mí para quitar la silla del camino y alejó de nosotros el arma que yo había dejado hace algunos minutos atrás. Me deshice de mis botas y mi pantalón tan pronto pude, y Cailan regresó a saborear mis labios. Bajó sus pantalones sin soltar mi boca y cogí su trasero ahora desnudo para acercarlo a mí y sentir su erección en mi entrepierna. Aquel ya estaba preparado para embestirme, pero él aún no lo estaba. Sus besos descendieron hacia mi cuello y, a pesar de querer largar un gemido y poder hacerlo por su castigo, tendría algo de solidaridad con él y me contendría más de lo usual. Atrapó mi delicada piel bajo sus labios y comenzó a masajear mi entrepierna por encima de mis bragas. Me sentía en el mismísimo cielo y no quería que nadie me quitara este momento. Sólo cuando estaba con él podía olvidarme de toda la mierda que me rodeaba y a la que no quería regresar. Sus besos húmedos dejaron su rastro entre mis pezones y mi abdomen, hasta llegar a aquel pedazo de tela, que deslizó por mis piernas hasta deshacerse de ella. Me atrajo más al borde del escritorio y las abrió con sus manos. Tragué grueso al ver que su rostro no regresaba al mío y cerré mis ojos con mis labios apretados. Si estaba por hacer lo que creía, era la primera vez que lo experimentaba. Sus besos comenzaron a dejar sus marcas en el interior de mis piernas y la respiración se me aceleraba como nunca. De repente, sus labios llegaron a mi clítoris y comenzó a succionarlo con delicadeza. Era extraño y desconocido pero, al mismo tiempo, me excitaba el saber que esta era la única forma que tenía de saborearme por completo. El movimiento de su boca allí abajo no hacía más que provocar que toda mi sangre se acumulara ahí e introdujo dos dedos dentro de mí. Sabía que esto me llevaría a la gloria y estaba ansiosa por saber cómo se sentiría. Sus dedos comenzaron a presionar contra mi pared mientras su boca ahora iba subiendo por mi piel y el calor comenzó a instalarse en mis mejillas. —Por dios... —gemí, aún así intentando mantener el volumen de mi voz baja. Por un segundo, la vista se me volvió borrosa y cuando sabía que estaba a punto de llegar al orgasmo, Cailan se detuvo. Abrí mis ojos alarmada y él llevaba una sonrisa en su rostro mientras cubría su m*****o. Sentía como si mi cuerpo se sintiera débil y que había algo que le quedaba por finalizar antes de explotar del placer. Él regresó a mí y me embistió como si nada. Mi entrada lo recibió agradecida y esperando que continuara lo que había dejado sin terminar. Cogí su trasero entre mis manos como si me fuera posible controlar cómo se movía dentro de mí, y volvió a embestirme. Su boca se prendió a mi hombro y podía oír sus jadeos con claridad. Abrí más mis piernas para que se moviera con total libertad y sus penetraciones comenzaron a golpear mi zona con fuerza a medida que aumentaba su velocidad. No sabía qué demonios tenía Vaughan, pero él me hacía sentir como nadie en todos los sentidos habidos y por haber. Todo en él me hacía llevarme al extremo y, tanto así como podía detestarlo para algunas cosas, ahora mismo lo estaba disfrutando como nunca. Aquella sensación de casi estallido volvía a regresar a mí y me aferré a su cuerpo, clavando mis uñas en su espalda. Luego de que me abandonara deseando más, no me había tomado demasiado tiempo para retomar aquella excitación. —¡Mierda! —gemí, ya sin lograr contenerme, antes de que me llevara a mi punto máximo de placer y dejarme completamente extasiada. Sus embestidas se volvieron más veloces mientras me acercaba más a él al rodear mi cintura con su brazo. —¡j***r! —jadeó él también pocos segundos después, y regresó su rostro al mío con su respiración agitada. Posó sus preciosos ojos celestes sobre los míos como si todos aquellos pensamientos regresaran a él de repente y lo comprendía. Ojalá pudiéramos quedarnos para siempre en donde la unión de nuestros cuerpos nos llevaba lejos de nuestros problemas, pero era imposible. Cogí su rostro entre mis manos y me prendí de sus labios con cierta dulzura. Sabía que había algo que lo había tenido mal últimamente y tampoco quería que creyera que lo nuestro era sexo y ya. Sí lo era, pero si podía hacer algo para ayudarlo, lo haría por más cretino que fuera conmigo. Cailan finalizó el beso y se salió de dentro de mí con cierto abrupto. Comenzó a vestirse nuevamente y yo hice lo mismo. Por alguna razón, las cosas entre nosotros siempre se volvían un poco incómodas después de follar. —Lo siento —musitó y me volteé a verlo. Su rostro estaba cabizbajo y lo observé con cierta confusión. —Si te refieres a lo de recién, no tienes que... —Me interrumpió. —Aún te debo una explicación —indicó con su voz ahora más segura. Ya, es que con lo que había sucedido, creí que no la obtendría. En otras palabras, creí que me quedaría esperando sentada como todas las malditas veces que me habían dicho que aún no era el momento. Sorpresivamente, Cailan sería quien le daría fin a la espera. —Y ¿por qué te disculpas? —pregunté con algo de temor reflejado en mi voz. En primer lugar, no era normal que Cailan se disculpara y, en segundo lugar, su actitud era sospechosa. No era la que solía frecuentar, la que paseaba por los pasillos dejando más que en claro que todo le importaba una mierda. Aquella era indescifrable y era eso lo que me acojonaba aún más. Alzó su rostro hacia mí y su mirada iba cargada de... ¿Coraje? ¿Abatimiento? ¿Rencor? Tal vez, todas juntas y, de ser así, ahora podía comprender la razón de su comportamiento y sus mil y un personalidades. —Porque lo que tengo para decirte está a punto de cambiar tu forma de ver todo
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