Me paralicé al oír aquello. ¿Qué podía decirme que fuera a cambiarlo todo? Eso ya había sucedido determinadas veces; la muerte de mi madre, de Mitch, de mi padre, haber sido engañada por Irene... Me costaba creer que Cailan tuviera el poder de decirme algo que me fuera a destruir. Unas simples palabras y quién sabía el impacto que tendrían en mí. Me entró el calor al cuerpo provocado por los nervios y aclaré mi garganta, haciéndolo volver a la realidad. Lo que estaba a punto de decirme le pesaba de una forma desmesurada y podía confirmarlo al ver su mirada algo perdida. —En verdad lo siento —volvió a repetir y ahora sí podía jurar que estaba a punto de cagarme en los pantalones del miedo que me estaba provocando el suspenso. —Cailan, estás asustánd... —Es sobre Broc —declaró. Parte de aquella explicación la vi venir al auspiciar aquella batalla de miradas de odio en el casino. La infinidad de cosas que todo el mundo parecía haberme estado ocultando era de no creer. Hubiese deseado que mi padre no hubiera esperado hasta el último momento para informarme de todo. Él había tomado su decisión demasiado tarde. —Pude notar que se conocen desde hace tiempo ya —comenté y suspiré —. Al parecer, me engañó más veces de las que había creído —hablé más para mí misma y él frunció su ceño —. Noté que hoy estuvieron a punto de asesinarse con los ojos, incluso estando a kilómetros de distancia. El rubio llevó una de sus manos a su nuca y la frotó como un acto de exasperación. —Tampoco creo que estés preparada para oír la verdad —comenzó a decir —, pero todo cambió después de lo sucedido hoy. Te necesitamos más que nunca. Aparté mi mirada de él, como si el verlo me estuviera quitando la inteligencia que tenía y no me permitiera comprender sus palabras. ¿Qué mierda estaba diciendo? —Broc es de los nuestros. Mi vista quedó clavada en él y, por mucho que quisiera decir o hacer algo, parecía que mi cuerpo se había inmovilizado. > pensé. Pero los segundos pasaron y no obtuve la reacción que esperaba. Cerré mis ojos y negué. No podía ser cierto... Debía de haber oído mal. Broc... ¿Que él pertenecía a JBG? ¡Qué puta broma! Él había sido enviado por Irene para espiarme y quién sabe qué más. Si Gwendolyn no hubiese enviado a rescatarme, de seguro que la pelirroja también lo hubiese enviado a asesinarme ya que, al ser mi mejor amigo, él tendría el camino más fácil que cualquier otra persona. —Él estuvo trabajando en KEK enviado por Gwendolyn y era quien nos mantenía informado de todo lo que... —Lo interrumpí. —Broc metió un puto micrófono en mi móvil —bramé furiosa, aún sin creer lo que estaba oyendo. Me había tomado días hacerme la idea de que mi mejor amigo no había sido más que un maldito espía para que ahora me dijeran que en realidad siempre había pertenecido al bando indicado. —Y un gps —añadió —por pedido de Gwendolyn. De no ser por eso, no estarías con vida ahora mismo. La cabeza me daba vueltas y se me revolvía el estómago. Me gustara o no, tenía que escuchar todo lo que él tenía para decirme sin interrupciones. Había esperado mucho tiempo para este momento y debía demostrar que había estado preparada desde el primer día para enfrentar la verdad. —¿Por qué me preguntaste sobre el micrófono en el móvil aquel día en la cafetería si sabían que él lo había puesto? —sin embargo, no podía mantenerme callada. Las dudas aparecían con cada palabra que Cailan decía y él estaba intentando reprimir cualquier tipo de sentimiento con tal de explicarme todo de una vez. Al parecer, todo esto le afectaba tanto a él como a mí. —Has revelado información de todos menos de tus amigos —respondió —. Si no le dabas la espalda a Broc, lo cual no has hecho al no decirnos que él había puesto el micrófono en tu móvil, significaba que él te importaba lo suficiente y que nosotros podíamos fiarnos de ti. Mierda. Todo esto era demasiado retorcido. —Tú no lo sabías, pero Broc era la mano derecha oculta de Irene —habló y aquel "era" me alarmó. Muerto no estaba porque lo había visto esta noche —. Con él dentro de KEK, teníamos toda la información necesaria para recuperarte, pero sabíamos que iba a ser imposible salvar a dos personas. Mi mejor amigo había sabido todo este tiempo cuál iba a ser el doloroso destino de mi padre y había mantenido todo en total secreto. Tragó grueso y suspiró con cierto dolor. —Irene lo envió a deshacerse de ustedes —reveló y un balde de agua helada me cayó sobre el cuerpo de repente. El acto de Irene no era información nueva, pero sí saber que lo había enviado a Broc a llenarse las manos de sangre, y que Cailan lo dijera en voz alta y con todas las palabras... j***r, es que eso impactaba en mí de otra forma. Mi pecho otra vez se volvió a oprimir, lo cual provocaba que me fuera difícil respirar, sumándole que mis manos temblaban frenéticamente. Si no me obligaba a normalizar mi respiración, acabaría como aquella vez que Gus me había encontrado en el pasillo. No podía permitir que esto me controlara... > mi mente intentaba ayudarme. Broc no me había dado la espalda. Más bien, todo este tiempo él había querido salvar mi vida y cuidarme como lo había hecho siempre. Finalmente, tenía por seguro que podía confiar al cien por cien en algún m*****o de KEK. No todo estaba perdido. Respiré profundo con gran dificultad y mi respiración comenzó a mejorar poco a poco. —Él le mintió a quien fuera que hizo detonar la bomba diciéndole que tú ya te encontrabas dentro del lugar. Él los engañó para salvar tu vida. ¡Que puta mierda! Esto era una maldita montaña rusa de emociones. Al oír aquello, me fue inevitable no quebrarme y echarme a llorar, pero eso no detuvo a Cailan de continuar con su explicación. Llevaba una angustia impregnada en mi pecho que me quería hacer arrancarme el corazón para acabar con ello. Mis piernas desistieron y me dejé caer en el suelo. Al fin y al cabo, parecía que todos teníamos un poco de sangre y cuchillos en nuestras manos. —Él iba rastreándote y nos iba informando dónde te encontrabas para rescatarte —continuó. Creí que ellos me habían encontrado por el llamado de mi padre a Mitch... —. Su familia se dio a la fuga días antes para que KEK no los persiguiera. Las preguntas de mi padre en cuanto a ellos ahora cobraban total sentido. —¿Ellos...? ¿Ellos lo saben todo? —pregunté entre sollozos. Donovan, Jules, Margo... ¿Dónde demonios estarían? Sólo esperaba que a salvo. —Sí —respondió —. Sólo así Broc podía intentar protegerlos. Lo de mostrarme fuerte y preparada para recibir aquella explicación no había funcionado pero, ¿podría alguien estar listo para oír algo como eso? Comenzaba a creer que su sobreprotección conmigo sólo empeoraba las cosas. Si tan sólo me dijeran todo de una vez, aún sabiendo que sería extremadamente desgarrador, al menos no tendría que sufrir determinadas veces. Limpié las lágrimas que habían caído por mis mejillas con el dorso de mi mano y alcé mi rostro hacia Cailan. Él se encontraba con su indescifrable mirada sobre mí y me puse de pie. Las palabras de Broc en nuestra última noche en el bar y nuestra conversación ahora tenían sentido. "—A veces, nos suceden algunas mierdas que no comprendemos el por qué. —¿Alguna vez lo sabré? —Espero que lo hagas." Sé que no sabía todo, pero ahora comprendía todo lo que lo incluía a él... Broc quería que, al menos, yo supiera por qué él había hecho lo que había hecho. Permitir que asesinaran a mi padre había sido a costa de que yo saliera con vida, ser la mano derecha de Irene había sido para mantener a JBG informados, y engañarme había sido meramente para cuidarme. "—Ellos tienen a uno de lo nuestros y nosotros a uno de los suyos." "—Podemos usarla como cebo y recuperarlo." Recordé algunas veces en las que Gwendolyn y Cailan habían hecho referencia a él y jamás hubiese imaginado que estarían hablando de mi mejor amigo. —Las miradas de odio en el casino no iban dirigidas hacia él —caí en cuenta y Cailan negó con su cabeza baja. Sin embargo, aún había algo inconcluso que no me permitía dar por finalizada esta conversación. Si Irene sabía que yo no había muerto en la explosión, sabía que Broc la había engañado. Si aún seguía con vida, es porque se había inventado una muy buena excusa... O no, necesariamente. Incluso sabiendo que era biológicamente imposible, sentí como si la sangre que corría por mis velas se hubiese congelado y detenido su curso. Engañar a Irene tenía consecuencias más que aberrantes y... Aclaré mi garganta y llené mis pulmones de aire, intentando con todas mis fuerzas no imaginar el peor escenario posible que estaba presentándose sin cesar en mi cabeza. —¿Por qué dijiste que Broc "era" la mano derecha de Irene? —hablé con un hilo de voz. Él bajó su rostro hacia el suelo y divisé los músculos de su mandíbula tensarse. El silencio no hacía más que confirmar mi peor pesadilla y las lágrimas comenzaban a brotar como si me hubiese estregado cebolla en los ojos. La culpa se hacía presente y las ganas de vomitar regresaban a mí. No, no, no. Esto no podía ser cierto. —Cailan... —susurré, observando hasta su más ínfimo movimiento. Sus puños estaban cerrados con fuerza y sabía que en cualquier momento volverían a dar contra la pared. Abrió su boca para hablar pero ninguna palabra salió de ella. —Sólo lo llevaron al casino para provocarnos —su voz estaba a punto de quebrarse —. Creímos que lo habían asesinado pero lo de hoy... —clavó sus ojos sobre mí —. Tú no has visto lo que todos nosotros sí. —Todos los demás también lo sabían... —deduje. Él sólo asintió. Todos en la central habían estado ocultando aquel secreto. Thea, Silas e incluso Gianna. No sólo ya lo habían conocido y sabían lo que había sucedido con él, sino que también habían permitido que todo esto continuara sucediendo. Me tragué las lágrimas y el malestar general que me estaba invadiendo para hablar. —Sí deberían de haberme usado como cebo —formulé con mi voz desgarrada. Su mirada ahora se suavizó un poco y atinó a acercarse a mí, pero me aparté de él. —Dilo —exigí con un nudo en mi garganta. Así como oírle decir que Irene lo había enviado a Broc a deshacerse de nosotros me había hecho caer en la realidad, también necesitaba que dijera lo que mi mente suponía pero se negaba a aceptar. —¡Dilo, maldición! —me salí de mis casillas al ver que no respondía. En cuanto su mirada se conectó con la mía, ni siquiera me fue necesario que lo dijera. Sin embargo, lo hizo de todos modos tras pedírselo a gritos. —Ellos... Lo están torturando, Val. Las palabras me estrellaron y destruyeron mi coraza por completo. Sentí mi mundo venirse abajo y la culpa se apoderó de mí. Sentía como si estuvieran oprimiendo mi cabeza entre dos paredes y me estuvieran clavando puñales en el pecho sin parar. Sabía cómo eran las torturas de Irene y el tan sólo imaginarlo a él... Cogí el cesto de basura que tenía a un metro y comencé a vomitar dentro de él. El dolor de omóplato que había sentido hace una hora atrás ahora era inexistente. El pecho me pesaba, la garganta me dolía al sentir el jugo gástrico deslizarse por ella y me costaba respirar. Mi cabeza recibía martillazos cada segundo y todo aquello se mezclaba con mi llanto. Si tan sólo no me hubiese salvado la vida... Si tan sólo no hubiese pagado con la suya por la mía... Preferiría haber muerto en las manos de Irene antes de que le impusieran tal castigo. Caí al suelo al sentir que ya no había nada más por eliminar de mi estómago y la ira comenzó a apoderarse de mí. Yo acabaría lo que mi padre no había logrado. Asesinaría a aquella arpía con mis propias manos y disfrutaría verla suplicarme para que la dejara vivir. Cailan intentó ayudarme a ponerme de pie pero volví a apartarlo de mí con fuerza. —Debiste de habérmelo dicho antes... —mi furia iba acompañada de tormento y dolor. Sus ojos volvían a estar rojos y aquello me recordaba a todas las veces que lo había visto de esa forma... Todas las veces en que él había estado sabiendo sobre sus torturas y yo iba por la vida como una estúpida ignorante en el tema. No sabía cuál había sido su relación con Broc pero, a pesar de también verlo muy movilizado, ahora mismo no podía quedarme a darle mi apoyo. No podía quedarme de brazos cruzados ni tampoco lo haría. Me largué de aquella habitación y me encaminé a paso firme a la sala en donde las reuniones solían llevarse a cabo, esperando que Gwendolyn se encontrara allí. ¿Por qué Broc lo había hecho? Él sabía a la perfección a qué se enfrentaría en caso de traicionar a Irene. ¡Demonios! Sólo tendría que haberlo pensado por dos segundos más y no habría tomado una decisión tan tonta como aquella. Abrí la puerta frente a mí como si se tratara de mi propia casa y Gwendolyn saltó de su asiento al verme. Mitch también se encontraba allí, pero lo ignoré y me acerqué a ella. —Utilízame como cebo, envíales uno de mis riñones como regalo si quieres, pero hazme regresar a KEK —imploré. Así como Broc había dado su vida por mí, yo daría mi vida por él. Mitch le dio una mirada enfadada que decía "Te dije que se aparecería exigiendo una locura", pero poco me importaba. Sabía que desde dentro me sería mucho más fácil ayudar a Broc. —No es tan fácil, Valdine —habló ella con total calma. Si otorgarle mi riñón era lo "fácil", no quería imaginar qué sería lo difícil. Me tragué las lágrimas, aunque estaba segura que mis ojos hinchados como sapo y mi rostro echo un asco ya me habían delatado. —Estoy completamente a tu disposición, Gwendolyn —le dije con desespero —. Eso era lo que necesitabas y eso es exactamente lo que tienes. —No podemos enviarte así como así —comenzó a decir —. Cada día, Irene nos mueve las piezas y debemos idear un nuevo plan. Créeme que hemos intentado hacer todo lo posible para recuperarlo y... —Golpeé mi puño contra la mesa con fuerza. —¡Inténtalo mejor, j***r! —chillé y Mitch se acercó a mí. —Suficiente, Valdine —me ordenó —. Regresa a tu habitación. Ya es tarde y deberías de estar descansando. Clavé mi mirada furiosa sobre él, sabiendo que era estúpido que me tratara como a una niña pequeña cuando tenía tanto el futuro de KEK y de JBG sobre mis hombros. Si no me querían oír al hablarles de mi amigo, lo harían ahora. —Branko me ha visto sin la máscara