Broc. No sé por qué no me asesinaban de una puta vez. No había nada que pudiera otorgarles estando al borde de la muerte y con la mitad de mi alma totalmente desvanecida. Ya no sentía dolor, miedo o siquiera furia, aunque eso había tenido de sobra los primeros días. Sin embargo, sabía que nada me sacaría de este calabozo. Yo mismo me había sentenciado a este calvario y lo volvería a hacer. Ahora, sólo me encontraba entumecido tanto físico como emocionalmente. Había cumplido con lo que me había prometido a mí mismo al ver a Val ser recogida del lugar por Cailan. Ella sólo era una víctima de toda esta mierda por ser la hija de Rufus y no debía pagar los platos rotos de los demás. Ya no había tortura que no me hubiesen impuesto que me hiciera hablar. Todo lo que sabía, me lo llevaría a la tumba. Los párpados me pesaban, sentía como si mi cabeza fuera a explotar del dolor y ni siquiera sabía si había algo que no me doliera, pero todos aquellos malestares desaparecían al recordar que tuve una última oportunidad de ver a mis amigos. Antes de la explosión que se cobró la vida del señor Jensen, sabía que no era buena idea despedirme de nadie. ¿Cómo se suponía que lo hiciera? Hola, sólo venía a despedirme porque esta será la última vez que me verás con vida. Sí, le clavaré un grato y merecido puñal en la espalda a Irene y con eso ya recibiré mi sentencia de muerte. Espero que no me extrañen demasiado. No sonaba bien y, por sobre todo, sabía que no me hubiesen permitido hacerlo, pero no me hubiese permitido que la pelirroja psicópata se cargara a los Jensen. Al menos, no a ambos. Todos mis amigos habían ido al casino vestidos de traje y yo... Bueno, yo había estado paseándome por el lugar como un puto vagabundo vestido con elegancia. Luego del tiroteo, recuerdo haber sido regresado a una camioneta y me volvieron a inyectar aquella porquería para dormirme. Gruñí al intentar moverme y percibir una puntada en cada parte de mi cuerpo ante el más minúsculo movimiento. Hice un esfuerzo por abrir los ojos pero, al parecer, aún estaba bajo los efectos de la droga. —Al fin despiertas, bello durmiente —percibí su voz hostil a lo lejos —. Espero que haber visto a tus queridos amigos te haya hecho cambiar de parecer. Con cada palabra, su voz resonaba más cerca. Abrí mis ojos y vi a Irene frente a mí con su usual macabra sonrisa impregnada en su rostro. —Te aseguro que tu mejor opción es colaborar con nosotros, Rowell —me amenazó y apoyó sus manos en el apoyabrazos de la silla en la que me tenían amarrado, acercando su rostro al mío —. Lo que has vivido hasta ahora no es nada comparado a lo que podríamos hacerte. Susurró aquello de una forma estremecedora. Sin embargo, mis ganas de morir ya se habían apoderado de mí y sus estúpidas amenazas ya me la sudaban. Aparté mi rostro un poco del de ella para coger distancia e impactar mi cabeza en su nariz. Si tarde o temprano me iría de este mundo, al menos le dejaría una nariz rota como recuerdo de mi parte. —¡Diablos! —chilló, al pasar la mano por su nariz y ver que estaba sangrando. Su mirada furiosa se intensificó y se salió de mi vista para desaparecer en los rincones oscuros de esta gran habitación. —La violencia no te sacará de aquí, Broc —bramó ella, furiosa. —Tenerme encerrado aquí haciéndome padecer tus torturas, tampoco me hará hablar —murmuré. —Pero no me dejas otra opción —ahora volvió a aparecerse en mi campo visual con un trapo y una manguera de agua —. Además, no negaré que disfruto hacerlo. Torturar gente podría volverse fácilmente uno de mis nuevos hobbies. Aquella sonrisa volvió a aparecerse y alguien se apareció detrás de mí, echando mi cabeza hacia atrás y cubriendo mi rostro con la tela. —Sostenlo fuerte —le ordenó Irene. El agua congelada golpeó mi rostro y se adentró en todos mis orificios respiratorios provocando que me ahogara. Aquella no dejaba de caer y veía mi muerte al final del túnel como causa de asfixia. * —Despierta, dormilón —un puño se clavó en mi estómago y jadeé ante la falta de aire —. Tienes visitas. Irene se apareció frente a mí como todos los días y llevaba una sonrisa alegre. Ojalá pudiera hacerla desaparecer... y a ella también. —¿Esperabas ver a alguien más? Eso sería muy decepcionante —actuó como si sintiera cierta lástima. Las únicas que me visitaban aquí abajo eran las ratas y cucarachas. —Lamento informarte que no verás más que mi encantador rostro hasta que tu cuerpo desista, o tú lo hagas y decidas hablar —emitió y mis ojos se cerraron por voluntad propia. Ya ni siquiera tenía fuerzas para permanecer con los ojos abiertos. Entre tortura y tortura, los días pasaban y ya no sabía cuánto tiempo había pasado aquí dentro. Más me interesaba saber cuánto más mi cuerpo lo toleraría. Manipulación en mis comidas y dejarme morir de hambre por días, privación del sueño, golpes en todo el cuerpo, meter mi cabeza en un barril de agua hasta casi ahogarme y repetirlo determinadas veces, cubrir mi rostro con un trapo y no permitirme respirar al tirar agua sobre él eran sólo algunas de las torturas que había recibido. —Te he traído una sorpresa que sé que te encantará —comentó la pelirroja con una alegría exorbitante y apoyó un ordenador sobre la mesa que ahora se encontraba frente a mí —. Hemos recibido este video tan pronto Valdine Jensen fue secuestrada por tus amigos. Comenzó a reproducir el mismo y ella lucía fatal. Se encontraba amarrada a una silla y llevaba impregnada aquella mirada de pocos amigos que tanto adoraba. Gwendolyn sólo intentaba hacerla entrar en razón pero Val sólo se contenía de gritarle cosas bonitas. El intento de convencer a mi amiga de que ellos pertenecían al bando bueno parecía haber sido en vano. Incluso al adentrarse Mitch a la sala, ella casi que le escupía en el rostro. Valdine no era tonta. Sí comprendía que podía haber sido algo impactante al principio pero, si permitía que Gwen le explicara las cosas con calma, estaba seguro que mi amiga comprendería que todo este tiempo no habíamos hecho más que estar bajo el mandato de una hija de puta como la líder que habíamos tenido. —En un principio —comenzó a hablar Irene tan pronto el video se detuvo —, creí que tú y Valdine estaban complotados para que ella fuera rescatada de la muerte —ella empezó a reír como una puta loca —. Parece que tu intento de buen samaritano no sirvió demasiado. Sólo evitaste que fuera asesinada, pero Valdine no podría darnos la espalda. KEK es su hogar y tendrías que haberlo sabido mejor, Rowell —espetó. Más le valía que todos en JBG hubiesen intentado convencerla o hacerle un lavado de cerebro para que entrara en razón. Me negaba a aceptar que toda la mierda por la que yo atravesé había sido para nada. Irene volvió a echarse a reír como si le hubiesen contado la mejor broma de todos los tiempos. Debía admitir que eso sí me daba algo de miedo. —Incluso, quisieron utilizarla de cebo para recuperarte a ti —clavó su repentina mirada seria sobre mí. Los problemas psicológicos de esta mujer debían de ser asistidos por el mejor profesional de esa área —. Mientras tú sufres tu tortura, ella sufre la suya, y estoy segura que habría preferido morir sin sufrir en aquella explosión a estar en las manos de sus enemigos. Sonrió complacida. Gwendolyn ni nadie en JBG se atrevería a torturarla. Confiaba plenamente en ellos y sabía que no serían capaces de algo así. No podrían haberme engañado tan bien todo este tiempo para acabar clavándome un cuchillo en la espalda. —Oh, querido —ella actuó sorprendida y debió deberse a mi expresión que me delató —, ¿acaso no me crees? Otro video comenzó a reproducirse en la pantalla del ordenador. —Este nos fue enviado hace dos días atrás —me informó —. Jensen ya lleva allí siendo torturada el mismo tiempo que tú. Cailan se encontraba deslizando un cuchillo afilado sobre su piel sin hacerle daño... aún. Cogió su rostro con fuerza y ella le escupió en la cara. > gruñó ella. La respiración se me comenzaba a acelerarse de los nervios al no poder creer lo que veía. Sí, mi amigo podía ser la mierda misma en persona si no lo conocías bien, pero él no era para nada a lo que estaba viendo en aquel video. ¿Acaso todo se habría ido al demonio allí? Él llevó sus manos al cuello de aquella sucia playera blanca y la rompió de arriba a abajo, dejando su sujetador y todo su torso desnudo visible. La mirada de Val iba cargada de incomodidad y enojo. Las manos y piernas de ella estaban amarradas en la silla, y divisé una venda en su mano y otra en su muslo. ¿Qué demonios le estaban haciendo? El muy cabrón llevó una de sus manos sobre su brasier para disfrutar del tacto de sus senos y su boca se dirigió a su cuello. Ella volteó su rostro disgustada y se removió en su silla, pero fue en vano. Cailan bajó la mano hacia su pantalón y la introdujo dentro. Luego de eso, la pantalla se puso negra. La sangre me hervía de la furia, la rabia y la sensación de traición. —Lo que sigue, no queda más que imaginarlo —dijo ella —. De cualquier forma, no estamos aquí para ver una filmografía erótica. —Eso es abuso —aclaré con rabia. Eso había estado muy bien actuado o aquellos pedazos de mierda me habían engañado mejor que lo que yo había engañado a Valdine para salvarla. —Debo admitir que tanto tú como ella parecen tener una fuerza sobrenatural; ni tanta tortura los mata —espetó, molesta, y cerró su portátil —. Por hoy, seré gentil contigo y me contendré las ganas de verte sufrir. Supongo que ya has tenido suficiente tortura con ambos videos. Se alejó de mí y oí la puerta del lugar cerrarse, dejándome completamente solo en esta pocilga. Lo que acababa de ver había sido como una dosis de adrenalina en mi sangre. Cargaba con una ira descomunal y una decepción arraigada a mi pecho. Jamás me sería posible quitar aquellas imágenes de mi cabeza y me provocaba tanto indignación como dolor ver cómo Val había sido sometida a una mierda como aquella... y eso había sido mi culpa. De seguro, Cailan había creado una revolución en la central y todo se había ido a la mierda, porque nada de esto hubiese sucedido con Gwendolyn al mando y nosotros teníamos un plan y un trato pactado. Después de todo, tal vez Irene tenía razón y sí me hubiese convenido no salvar la vida de mi mejor amiga. Lo que creí que sería mejor para ella, había acabado siendo todo lo contrario. * No sé hace cuánto tiempo me encontraba aquí, pero sólo sabía que no podía tolerarlo más. Podría haber estado aquí lo que duraba un embarazo a término o podría haber sido sólo un mes. Sentía como si mi cabeza se hubiese apagado hace tiempo ya, y ahora era el momento de mi cuerpo. Aquel que me había acompañado por veinticuatro años, que había tolerado mis borracheras y que ahora me lamentaba por no haberlo cuidado mejor, se estaba rindiendo. Por primera vez, podía decir que tenía miedo. ¿Qué me deparaba luego de la muerte? ¿Me reencarnaría en otro cuerpo, mi alma quedaría libre en la tierra, sería enviado al cielo o al infierno? También tenía miedo por mi familia y por Val. La había cagado a lo grande con ellos y no sabía qué les sucedería. Yo me iría y todo lo que había vivido sería olvidado, pero ellos aún seguían en este mundo... o no. Ya ni siquiera sabía si seguían con vida o habían muerto. Hace días no veía a Irene, lo cual agradecía, pero eso también podía ser el motivo por el cual mi cuerpo me estuviera abandonando; sin tortura, mi cuerpo se había acostumbrado a estar relajado y ahora por sobre más. Sin comida, sin agua, sin dormir... Ya no podía soportarlo más. Cedí ante el cansancio que sabía me llevaría al sueño eterno e imploré porque mi próxima vida no fuera tan sufrida como esta. —¡Despierta! —un balde de agua congelada me fue arrojado y me hizo espabilar. Mis ojos ni siquiera podían abrirse, pero mi cuerpo sí estaba despertando. Parecía una máquina que había estado apagada por años y ahora comenzaba a recuperar su energía poco a poco. —Broc, tesoro... —su voz me perseguiría hasta que muriera —. Prometo que he tenido una buena explicación para haberte abandonado tanto tiempo, aunque supongo que no me has engañado ni un poco. A mi mente le tomaba un par de segundos más comprender cada una de las palabras que Irene decía. Sin embargo, tenía suerte de todavía poder procesar lo que decía al tener en cuenta que había estado al borde de la muerte. —Como ya sabes, eres considerado el mayor traidor de KEK —comenzó a decir —. Tanto tu familia como tú han sido señalados como los únicos responsables de la muerte de Rufus Jensen. Los obligaste a ellos a darse a la fuga, pero tengo una sorpresa para ti. A pesar de haber estado a segundos de partir de este mundo, los sentimientos volvían a invadirme como si nunca hubiesen desaparecido y la máquina comenzaba a funcionar a todo motor. El cuerpo se me tensó y toda la mierda comenzaba a regresar a mí. Nadie más tenía que pagar por los platos rotos de nadie. Yo había tenido que pagarlos para salvar a Val, pero nadie tendría que hacerlo por mí. Sin embargo, sabía que todos en KEK sabían cuál era mi mayor debilidad. Los pasos arrastrados se percibieron a la distancia hasta que se detuvo frente a mí. —La venganza es dulce, Rowell —su voz sonaba gélida y volvía a denotar aquel tinte de malicia —, y espero que lo disfrutes. Ni siquiera me hacía falta alzar mi rostro y verla. Sabía quién era y maldecía al no poder hacer nada para que escapara de este lugar de mierda. Aquel paso pesado y arrastrando los pies sólo podía haber sido de alguien que había sido capturado. Las lágrimas comenzaron a brotar por primera vez desde mi tortura y eso era porque habían secuestrado a mi pequeña hermanita. Margo