C12

2372 Words
Cailan. Me regresé a la pared y clavé mi puño en ella. No sabía cómo no me lo había fracturado aún, pero era lo único que podía ayudarme ahora mismo para descargar la ira que me estaba devorando por dentro. El Broc que había visto en el casino hoy ya no era él. Sí lucía como mi amigo, pero completamente abandonado y, cómo no. El hecho de que hubieran estado torturándolo lo había llevado a aquel deplorable estado. Las ojeras marcadas, las magulladuras y cortes visibles en su rostro... Pero eso no había sido lo peor. Su mirada estaba perdida, ni siquiera sabía dónde se encontraba y lo habían llevado a aquel lugar como si se tratara de su mascota. Lo habíamos intentado... Lo habíamos intentado absolutamente todo para salvarlo, pero Irene siempre parecía sorprendernos y debíamos idear un nuevo plan cada día. Observé mis nudillos y estaban sangrando. La angustia se apoderaba de mí y no me era posible contener las lágrimas. Largué un grito ahogado de toda la furia contenida y volví a impactar mi puño en el frío, sólido y resistente muro de piedra. * —¿Me estás prestando atención? —mi madre me quitó de mis pensamientos. Luego de severos golpes, me había visto obligado a venir a la enfermería y que se encargaran de mi mano destrozada. Con ella infectada y echa una mierda no había mucho que pudiera hacer, pero sí me había quitado un poco la rabia que llevaba impregnada en mí. —No —respondí. Suspiró. Volvió a atravesar la aguja e hilo en mi piel y chillé. —Espero que te duela y la próxima vez lo pienses mejor antes de desquitarte con una pared —a pesar de saber que quería regañarme a gritos, su voz sonó calma. Crecer en una familia en la que el amor abundaba no impedía que te convirtieras en un hijo rebelde y desobediente. A pesar de las desgracias que nos habían tocado atravesar, todos parecían haberlo sobrellevado bien... exceptuándome. Eso era porque no a todos les había tocado pasar lo mismo que a mí. No podía saber con total seguridad cómo hubiese crecido con una niñez normal, ya que no tenía con quién compararlo. Gus llegó a nuestra familia siendo muy pequeño tras la muerte de sus padres y ya con eso tenía y había tenido suficientes demonios que lo persiguieron por años. Sage fue de nosotros quien tuvo una infancia común a pesar de luego descubrir lo de su enfermedad. Siendo la hermana menor, había evitado tener que vivir lo que yo. Los traumas y eventos desafortunados de la niñez son aquellos que más te marcan en la niñez y para toda la vida. Algunos efectos de ellos me habían hecho más fuerte, pero otros me habían dejado marcas en la piel y el alma difíciles de sanar. —Si tienes una mejor solución, soy todo oídos —espeté. Ella no tenía ni idea de lo que estaba sintiendo ahora mismo. Saber que tu mejor amigo estaba siendo torturado como si hubiese cometido un acto de terrorismo y no poder hacer nada para que aquello se detuviera... Era una verdadera mierda. Haberlo visto hoy me había tomado por total sorpresa. Una asombrosa jugada por parte de Irene que sólo me incentivaba a plantar una bomba en la central de KEK. No me interesaba las vidas que tomaría pero, al menos, le daría fin a su calvario. Incluso hasta el último minuto, Broc siempre había pensado en los demás antes que en él. Dar su vida por la de Valdine y no despedirse de nosotros para que no evitáramos que cometiera tal locura, era más que prueba suficiente para saber el tipo de persona que era: un puto chiflado. ¿Quién demonios otorgaría su vida por la de alguien que no era parte de su familia? Incluso, algunos ni siquiera lo harían por sus familiares. —¿Cómo se encuentra ella? —preguntó y me digné a posar mi mirada sobre ella por primera vez. ¿Desde cuándo le interesaba? —Mejor de lo que esperaba —admití —, aunque se ha marchado echa un maldito lío. No podía esperar que hubiese reaccionado como si le hubiera regalado un ramo de rosas. Le había contado que su mejor amigo había estado siendo torturado por un mes justo después de haber follado con ella. j***r, es que deberían darme un premio al hombre más hijo de puta del planeta tierra. —Contrario a su comportamiento inicial —comenzó a decir mi madre mientras vendaba mi mano y alzó su rostro para clavar sus ojos celestes sobre mí —, parece ser una mujer agradable. Lo era cuando se lo proponía. Conmigo no hacía más que enloquecerme tanto en el mal como en el buen sentido. Dejando a mi hermana de lado, debía ser la única que tenía ese efecto en mí. —¿Eso qué interesa? —pregunté molesto y aparté mi mirada. No me gustaba hablar con nadie sobre Valdine, a menos que fuera con ella misma —Lo importante es que sea buena luchadora y que nos sirva de algo para acabar con Irene. —Ambos sabemos que esas no son las cosas que a ti te interesan —se puso de pie y una sonrisa amenazó con aparecerse en mi rostro. Mi madre me conocía a la perfección y yo tampoco es como si intentara ocultar las cosas. Sí, a veces detestaba a Jensen, pero eran más las que la deseaba. —Sólo procura que nada de esto traiga consigo consecuencias —me pidió y aclaré mi garganta. —He hecho una promesa a Broc —emití. Sabía que ya la había roto una infinidad de veces pero, si nadie lo descubría, jamás había sucedido. —Una promesa que estás teniendo problemas para cumplir —se volteó a verme y sonrió —. Soy tu madre, me toma sólo dos segundos verte y saber cómo te sientes. Aclaré mi garganta y me puse de pie. —Necesitas anteojos, madre. Ella rió y clavé mi molesta mirada sobre ella. ¿Qué manía tenía mi familia de decirme cómo era exactamente que me sentía? Tenía muy en claro que mi único objetivo con Jensen no era más que afección física. —Ni una promesa puede suprimir lo que sientes. —No me vengas con estupideces —escupí, irritado —. Lo único que siento es ganas de follármela. Llevó su palma a mi cabeza y me dio un leve golpe. —Nunca nadie pudo obligarte a ver las cosas como eran en realidad —me entregó unas pastillas que supongo que eran para que la herida no se me infectara —. Siempre fuiste muy obstinado y orgulloso cuando se trataba de ti. Cogió mi rostro entre sus manos dulcemente y me dio una sonrisa que no expresaba más que dolor. —Eso acabará dañándote por completo, hijo. Aparté sus manos y la observé con cierta frialdad. —No siempre —la contradije —. Si tan sólo hubieses visto lo que yo de niño, podrías comprenderme un poco mejor. Le di la espalda y me marché de allí. Nadie podía verse en el derecho de decirme cómo debía comportarme o no, o criticar la única forma en la que me había sido posible sobrellevar la situación y mi vida. Aquella no era sobre vivir, era más bien sobre sobrevivirla. El apoyo de mis padres o distintos profesionales no me habían brindado ningún tipo de ayuda, y fue por eso que debí construir un muro a mi alrededor y avanzar como si algunas cosas no hubieran sucedido. No todas las cosas que se rompen hacen ruido, y yo había sido una pieza que se había roto en silencio. Me adentré a mi habitación y me encontré a Gus y Sage recostados en el suelo boca arriba. Mi hermana alzó su rostro y me observó con lástima. Detestaba que hiciera eso, pero era algo inevitable. Siempre que algo malo sucedía, nos reuníamos los tres y nos arrojábamos en el suelo con nuestras cabezas juntas como si fuéramos una estúpida estrella de mar. Supongo que no hace falta mencionar de quién había sido la idea... —Estábamos esperándote —me informó mi hermana. Suspiré y me recosté en el suelo. Clavé mi vista en el techo y era mi oportunidad para despejar mi mente por unos segundos. —¿Qué le ha sucedido a tu mano? —Noté el tono de preocupación en su voz. —He tenido una pelea con un tiburón. Sage golpeó mi brazo y Gus comenzó a reír. —Me compadezco por la pared, pero seguro se lo merecía —añadió él. El silencio nos invadió por algunos segundos y llené mis pulmones de aire. A veces, sentía que me olvidaba de respirar, que todos aquellos recuerdos y culpas me oprimían el pecho lo suficiente como para no permitir que me deshiciera de aquella carga. —Gus me ha contado lo sucedido —sus palabras resonaron en la habitación más de lo que hubiese deseado. Aquellas sólo me recordaban a toda la mierda que había sucedido hoy; desde ver a Broc como la mierda misma personificada después de creer que había muerto, tener que contarle toda la verdad a Val en cuanto a él y verla derrumbarse frente a mí, y que encima hubiese tenido que recibir puntos en mis nudillos por haberme descargado con una puta pared. —Entonces, no hay necesidad de hablar sobre ello —emití. —Hablar te hará bien —me indicó Sage. Nada me hacía bien. Ni rezar el padre nuestro, ni emborracharme hasta no recordar nada o romperme el puño contra la pared. No había mierda que me ayudara, sólo debía tolerarlo todo. —Follar me hace bien —dije —, pero aquí estoy. —Y me sorprende —habló Gus —. Creí que estarías por ahí con alguna mujer luego de tener aquella conversación. Sí había estado con una mujer que casualmente era la misma con quien había tenido la conversación. La vida era una locura. En un momento estaba teniendo sexo con ella y en el otro le estaba contado que nuestro mejor amigo estaba siendo torturado por su ex líder. —Ya has visto. Yo nunca dejo de sorprender —comenté con sarcasmo. —¿Cómo se lo ha tomado Val? —preguntó él y bufé. Me pesaba demasiado tener que hablar de ella, especialmente con ambos. Sentía que a la primera que dijera una palabra, el deseo que sentía por ella quedaría expuesto en mi voz y la cagaría. —Mal —fue lo único que dije. Me había destrozado verla de aquella forma y no poder hacer nada para ayudarla. Yo me encontraba igual por dentro pero no exponía cómo me sentía... Al menos, eso intentaba. Hoy no lo había conseguido ya que me había quebrado frente a Valdine, lo cual detestaba. Se suponía que yo debía encontrarme fuerte para darle la noticia y no intensificar su angustia con mi llanto. —Todo esto es muy jodido —Asentí —, pero la necesitamos más que nunca y preparada para luchar. —Dale algo de respiro, Sage —le pidió él —. Aún no sabe ni la mitad de las cosas y primero debe recuperarse de esto. Paciencia, aquello que no tenía. Valdine debía tenerla, yo también y Broc también. Una palabra de nueve letras que podía determinar el destino de nuestros caminos. Una decisión apresurada y todo se iba a la mierda. Creo que ahora comprendo por qué muchas cosas en mi vida eran una mierda; no me detenía ni un segundo a pensar en lo que hacía o decía. —Jamás lo hará —emití —. Ella se sentirá culpable durante toda su vida, incluso si logramos rescatarlo. El muy idiota se marchó sin decirnos nada ni despedirse, arriesgó su puta vida y creyó que todo se solucionaría tras ello, que él sería el único que sufriría. —Sus intenciones fueron buenas —acató Sage —. Él sólo quería... —Sí, sus intenciones fueron buenas, pero su decisión... —Gus me interrumpió. —Su decisión también lo fue —añadió con seriedad —. De no ser por él, Rufus no habría sido el único Jensen muerto en aquella explosión. Puede que no te agrade Valdine —ni mucho menos me desagradaba, para ser honesto — pero, como una vez dijo Broc, ella no tenía porqué pagar los platos rotos de otros. Sabía que era mi ira hablando por mí, que yo no desearía que Valdine hubiese muerto en aquella cafetería, pero tampoco deseaba que mi mejor amigo muriera. Creer que todo esto obtendría un final feliz, era bastante utópico... o estúpido. Perderíamos a muchos agentes en el camino y no tendríamos tiempo para llorar sus muertes hasta que todo esto llegara a su fin. —Broc no fue un idiota que sólo decidió dar su vida por la de Valdine —Sage comenzó a hablar —. Él dio su vida para salvar a JBG. Todos sabemos que necesitábamos de Jensen para acabar con KEK y nadie lo obligó a hacerlo. —Siempre creí que él estaba enamorado de ella —comentó Gus y clavé mi mirada sobre él —. Yo no podría dar mi vida por algún amigo mío. —Sage también lo observó —. Ustedes son mi familia. Ahora, ella se calmó y regresó su vista hacia el techo. —Pues, tendría sentido sobre por qué le hizo prometer a Cailan que... —me puse de pie. —Márchense —espeté. Ambos se pusieron de pie desconcertados. —¿Qué dijimos? —preguntó Sage y abrí la puerta de mi habitación, invitándolos a que se retiraran. —Fuera —les ordené. Gus torció sus ojos y se largó. Mi hermana lo siguió y cerré la puerta de un golpe. Lo único que me faltaba es que Broc estuviese enamorado de Valdine... o jamás hubiese dejado de estarlo. Puede que aquella historia de adolescentes que habían tenido, no hubiese sido sólo una simple historia para él. Cerré el puño de mi mano intacta y la impacté contra la pare
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