Decidí regresar a la cafetería dos días después de aquel incidente, no porque quisiera, sino porque deseaba disfrutar del rostro partido de Miller. Saber que le había hecho pagar por todo lo que me había hecho, me hacía sentir un tanto útil en un momento como este en el que todo parecía ser inservible. Yo me sentía así al no poder hacer nada para salvar o ayudar a mi amigo. Tomé asiento en una mesa vacía con mi comida y lo busqué con la mirada. Lo divisé a la distancia con su expresión furiosa y sus ojos clavados sobre la nada misma. Tenía su ojo izquierdo completamente hinchado y violeta, su pómulo morado y cortado, y su labio destrozado. Vaya preciosa vista que tenía... Así como Broc se había ganado el respeto de esta central, yo también lo haría pero a mi manera. Nadie pasaría por encima de mí o mi apellido. La pelirroja se apareció en mi campo visual y tomó asiento frente a mí con cuidado. —Hola —emitió con sigilo. Sabía que que me lo hubieran ocultado no había dependido de ellos, pero detestaba que lo hubiesen hecho. Mi molestia iba más dirigida hacia Gwendolyn y Mitch que a todos los demás. —¿Cómo has estado? —Suspiré. No sé por qué creían que hacer esa pregunta a veces era buena idea cuando claramente sabían que no me encontraba para nada bien. —Bien —mentí. La mentira más común y eficaz para tener que evitar dar algún tipo de explicación. —¿Y tu mano? La gente comenzará a pagar para presenciar tus shows —bromeó y le di una pequeña sonrisa para calmar el ambiente tenso que se había creado. Observé la venda en mi mano y debajo de ella ya comenzaba a mejorar. Las suturas -sólo habían sido cuatro puntos- caerían por su cuenta en cualquier momento y podría relucir mis cicatrices de batalla contra idiotas. —Está mejorando —respondí. Ella se removió en su asiento algo incómoda y alcé mi rostro. Ser tan observadora me daba la fortuna de conocer a las personas con rapidez. —Quieres decirme algo —supuse. Aclaró su garganta y se sentó erguida. Nada podía ser bueno cuando la expresión de Thea se volvía seria... —Gwendolyn tiene un plan —me informó y le di toda mi atención. ¿Un plan? Creí que siempre se les arruinaban todos... —Y necesita que seas parte de él. La sensación de esperanza me regresó al cuerpo y le di una sonrisa. —Nadie puede saber que yo te lo he contado. —Borré mi expresión de inmediato y asentí. Ya iba siendo hora. Gwendolyn no podía continuar permitiendo que Irene nos ganara y, ciertamente, yo tampoco podía quedarme sin hacer nada. Estar encerrada aquí, esperando que alguna solución apareciera me hacía sentir sofocada, pero ahora podía sentir como si me fuera posible volver a respirar con normalidad. —Tú siempre me cuentas cosas que no deberías —le dije y rió por lo bajo. —Nada de esto es tu culpa, y me compadezco porque sientas el peso sobre tus hombros al ser mitad responsable de tener que salvar a todos. —Sonreí —. Tenemos la misma edad y yo no sabría qué hacer con tal responsabilidad. —Val —Mitch se apareció a mi lado. Gracias a Thea, sabía exactamente a qué venía —, Gwendolyn quiere hablar contigo. Observé a mi amiga y me dio una sonrisa tranquilizadora. Creía suponer bien qué sucedería ahora, a menos que me estuviera esperando para informarme que Branko ya había dado su primer paso. j***r. Aquella sí podía ser una posibilidad... Me puse de pie y comencé a seguir el paso apresurado de él. Su expresión se encontraba tensa y seria, cosa que me parecía algo extraño si me iban a revelar el plan. Sin embargo, sabía lo poco que le gustaba que yo estuviera involucrada en ellos. —¿Está todo bien? —me atreví a preguntar. Él largó un suspiró y asintió. Claramente, algo no estaba bien. Mitch abrió la puerta de la misma gran habitación de siempre y, al adentrarme, no sólo me encontré con Gwendolyn, sino que también con Cailan. Ambos clavaron su mirada sobre mí pero una me afectaba más que la otra. Frené mi paso y tragué grueso. Tuviera o no que ver con Branko, esto no parecía ser nada bueno. —Por favor, toma asiento, Valdine —me indicó la morena. Me senté tan apartada de Cailan y su energía s****l como pude, y la observé. El corazón me latía a gran velocidad y lo único que me daba las fuerzas para no hiperventilarme ahora mismo es que todo esto era por Broc. Gwendolyn masajeó su sien y alzó su mirada hacia mí. Ella estaba ansiosa, estresada y cansada... Y luego aparecía una idiota como yo a pedirle que intentara rescatar a Broc con más esmero. —Haré lo que sea —emití. No sabía si su comportamiento se debía a que temía por mí o por cómo fuera a reaccionar ante su plan, o por algún otro motivo, pero debía hacerlo. Cailan rió por lo bajo y clavé mi mirada desconcertada sobre él. —Tenemos un plan —anunció ella y suspiré aliviada al ahora saber que no tenía nada que ver con Branko —, pero no sabemos si funcionará. —Debemos intentarlo todo —demandé —. ¿Cuál es el objetivo? —Ella aún cree que te tenemos secuestrada y que estamos torturándote —comenzó a hablar Mitch —. Cuando te rescatamos y debimos atarte a la silla, lo grabamos todo —declaró —. Sabíamos que nos serviría en algún momento y lo hizo. Así como nosotros recibimos videos de ellos torturando a Broc —El dolor se instaló en mi pecho al oír aquello —, nosotros le enviamos aquel en el que no estábamos torturándote. —Fruncí mi ceño. A veces, ya no sabía si alucinaba o comprendía a la perfección las locuras que intentaban hacerme entender. —¿Planean grabarme mientras me torturan? —pregunté algo nerviosa. —Todo será fingido —aclaró Gwendolyn. Pero, entonces, ¿qué papel cumplía Cailan en todo esto? Regresé mi mirada hacia él y me dio su típica egocéntrica sonrisa, la cual ya no sabía si continuaba odiando o ahora tenía el efecto contrario en mí. —Ellos primero quieren asesinarte a ti —dijo la morena —, luego a mí —y observó al rubio —y luego a Cailan. Puede que si él es quien te tortura, sabiendo lo mucho que Irene lo odia y quiere ver muerto, vuelva a sentir algo de empatía por ti —explicó. —¿Y de qué serviría eso? —ella sólo me quería ver muerta y enterrada. La empatía no era algo que ella fuera capaz de sentir y me parecía en vano intentarlo. —Paso a paso, Valdine. Paciencia, querrá decir, y era de lo que carecía. Cailan ya me había removido algo de la pierna, por lo que supongo que no le sería muy difícil torturarme con una navaja o un arma. —Bien —dije —. Cuanto antes lo hagamos, antes lo recibirán. Mitch aclaró su garganta y apoyó sus manos en el respaldo de mi silla. Su postura aún tensa me decía que aún quedaba más... —Es... —comenzó a decir él con algo de dificultad — una tortura diferente. Mi cuerpo se tensó y el único tipo que se me venía en mente era la tortura de Cailan. Me volteé hacia él con sigilo, temiendo enfrentarme a la realidad. Él llevaba una sonrisa satisfecha en su rostro y tragué grueso. Esto no podía ser cierto... Me regresé a Mitch, ahora con determinación, y él se negaba a verme a los ojos. —No tendrán sexo frente a las cámaras —añadió la morena y Mitch le clavó aquella mirada que hacía a cualquiera cagarse encima. Ya comprendía por qué él había estado tan tenso y serio de camino hacia aquí. De seguro, la idea no le había gustado para nada apenas la había oído... —No pasará a mayores —emitió ella —, pero deben procurar que sea creíble. No sé cómo me sería posible no lanzarme encima de él tan pronto su piel tocara la mía, pero estaba dispuesta a todo para ayudar. —De acuerdo —hablé y ahora sí Mitch me observó. Sin decir nada, nos estábamos diciendo de todo. "No tienes por qué hacerlo", "Es demasiado arriesgado", "Podemos idear otro plan" pero el tiempo seguía corriendo y, por lo que podía notar, también nos íbamos quedando sin planes. Dirigí mi mirada hacia Gwendolyn y aclaré mi garganta. —Lo haré. Ella asintió, sabiendo que lo que me había pedido había sido demasiado pero muy precario para mí. Yo sería capaz de dar mucho más que eso para volver a tener a Broc a mi lado. —¿Cuándo será? —pregunté. —En unas horas. Te prepararemos para que luzca como si hubieses sido torturada por un mes y... —ella se detuvo y observó al rubio como si estuviera recordando algo —. Sólo yo estaré a cargo de la grabación, por lo que nadie más estará observándolos. Aquello me hacía sentir menos expuesta y lo agradecía. Evité tener que cruzar mirada con Vaughan y me puse de pie. Aún no había comenzado y ya quería que acabara. —Val... —comenzó a decir Mitch y sabía que la historia se repetiría una y otra vez. "No estoy protegiéndote si permito que hagas algo como..." —Buena suerte —me dijo, en cambio. Se acercó a mi frente y depositó un suave beso sobre ella. Él se marchó de la habitación y una diminuta sonrisa se dibujó en mi rostro. Era la primera vez que Mitch me involucraba y no me hacía sentir como una pobre niña que no era capaz de tomar decisiones por sí misma. —Acompáñame —Gwendolyn se apareció —. Te explicaré todo con más detalle. Ella atravesó la gran puerta y, cuando estaba por seguir su paso, Cailan cogió mi brazo y me detuvo. Se posicionó frente a mí con aquella sonrisa y se acercó a mi oreja. El simple hecho de tenerlo tan cerca me hacía erizar la piel y comenzaba a provocar estragos en mí. Demonios. Estaba muy jodida para el plan... —Lo bueno de todo esto es que no tendremos que fingir nada —susurró. Lo malo de todo esto es que, al haber saboreado lo prohibido, ahora no quería dejar de hacerlo. Era como tener un helado frente a ti y no poder comerlo; una puta mierda. Me contuve. Llené mis pulmones de aire y me largué de aquel lugar como si lo que acababa de decirme no me hubiese movido ni un pelo. Divisé a la morena a lo lejos y aceleré mi paso hasta llegar a una habitación. Ella abrió la puerta y había dos mujeres dentro. —Ellas se encargarán de prepararte —explicó —. Harán que luzcas como si hubieses estado encerrada en un calabozo por un mes. Pasaré a recogerte dentro de una hora. Aquello fue lo último que dijo antes de dejarme a solas con ambas. * Lucía fatal, incluso mucho peor que aquella vez en que me había visto al espejo por primera vez. Mi mirada se veía agotada al estar acompañada de unas ojeras horribles, mis labios se veían sin vida y mi rostro tenía un color gris apagado. También me habían creado algunos cortes en el rostro y una que otra magulladura. Habían imitado a la perfección lo desastrosa que se veía mi ropa aquel día, incluida la venda en mi pierna llena de sangre falsa. La puerta se abrió y la morena se apareció. Me inspeccionó de arriba a abajo y asintió con la cabeza. —Excelente trabajo —les dijo a las mujeres y dirigió su mirada impaciente hacia mí —. Sígueme. En un plan tan importante como este y con cero deseos de cagarla, sólo hacía lo que me decían y pedían, incluso si eso significaba que me llevaran de acá para allá e hicieran lo que quisieran con mi imagen. Había ofrecido un órgano mío; esto debía ser pan comido. Divisé a Cailan a lo lejos y me dio una mirada de horror mezclada con diversión. —Te ves hecha un asco —me dijo tan pronto me acerqué a él y torcí los ojos. Pues, este "asco" se suponía que debía excitarlo de alguna forma, así que esperaba que no se pusiera en modo quisquilloso. —Tengan estos —Gwendolyn nos entregó uno de aquellos no visibles audífonos que iban dentro de la oreja —. A través de ellos les avisaré cuándo pueden comenzar y finalizar. Asentí. —¿Preparados? —Dirigí mi mirada hacia Cailan y tragué grueso. No, pero sí. Él abrió la puerta y me adentré. Rápidamente, los recuerdos de este lugar me invadieron y respiré profundo. Aquí había sido donde mi mundo se había venido abajo; había vuelto a ver a Mitch por primera vez luego de creerlo muerto, había descubierto que mi padre sí lo estaba, y luego había tenido un aborto en esa misma silla que se estaba frente a mí. Todo se encontraba exactamente igual. —Siéntate —me ordenó él y eso hice. Mis muñecas volvieron a estar amarradas al apoyabrazos de la silla y mis tobillos a las piernas de la misma. —Más te vale ser buena actriz —su voz sonó grave y resonó en la habitación. —Más te vale no aprovecharte de mí. Él rió. —No puedo prometértelo —declaró con total honestidad y se acercó a mi rostro —. Nunca puedo controlarme contigo. Susurró. No sabía si aquello me provocaba darle una golpiza en el rostro o me excitaba de una forma indebida. De cualquier manera, aquello desapareció cuando lo vi coger un cuchillo afilado del suelo. ¿Cómo mierda no lo había visto antes? —Pensé que no... —comencé a decir un tanto nerviosa. —No te haré daño —aclaró. Si me pagaran por todas las veces que alguien me había dicho eso, ahora mismo me encontraría en un yate privado. —Lo prometo —reforzó él y me estremecí. Aquello no había sonado como si hiciera referencia a un daño físico... Más bien, a uno emocional. Clavé mi mirada en aquellos ojos celestes y, por mucho que aquellos gritaran que hacer daño no era digno de ellos, sí lo era de Cailan; todo lo relacionado a él parecía llevar a eso. Mientras sus perlas decían una cosa y hacían el intento por engañarme, mi percepción aún funcionaba lo suficientemente de maravilla como para advertirme que no cayera ante él y sus engaños. —Daño me hace quien me importa —expresé. Aquellas palabras parecían haberse vuelto balas que habían atravesado su piel con gran facilidad. Su mirada se endureció y apartó sus ojos de mí. Su mandíbula se tensó y aclaró su garganta. Estaba segura que lo que para mí había lucido como balas de plomo, para él habían sido de plástico sin crearle ningún tipo de daño. —Me complace oír eso, ya comenzaba a temer que me estuvieras cogiendo cariño —espetó. No podía negar que aquellas palabras sí hubiesen sido balas de plomo para mí. —Deberás conformarte con lo que te doy y tanto disfrutas —emitió con soberbia. La sangre me hervía y debía de haber supuesto que, al empezar una batalla con él, yo siempre parecía tener las de perder. Por alguna razón, lo que él me decía siempre tenía mucho más impacto en mí que lo que yo le decía. Sentirse atraída por alguien como él era una verdadera mierda. Tu cuerpo lo aclamaba como si fuera una droga que necesitaba con desesperación y tu cabeza lo apartaba como si fuera una muy mala decisión. La rabia que había sentido hacia él los primeros días regresaba a mí y no había mejor momento para que lo hiciera. —Cuando estén listos —oímos decir a Gwendolyn a través del aparato. Cailan se acercó a mí con cuchillo en mano y mirada de venganza. Sabía que nada que lo incluyera a él podía salir bien. La punta de aquella afilada arma recorrió mi brazo desnudo y quería creer que no me estaba hiriendo. De estar haciéndolo, la adrenalina no me estaba permitiendo sentir el dolor. Cogió mi rostro con fuerza, obligándome a verlo, y no había cosa que detestara más. Él parecía tener el control de todos mis sentidos, pero yo tenía el poder de lo que decidía hacer o no. Escupí su rostro en señal de revelación y se apartó de mí. —Vete al demonio —emití con furia. No me conformaría con nada porque no volvería a disfrutarlo. Arrojó el cuchillo al suelo y limpió su rostro. Regresó su vista hacia mí y le di una provocadora sonrisa. Los juegos estúpidos no iban conmigo y a él era algo que parecía fascinarle. Volvió a acercarse a mí como si viniera en busca de revancha y llevó sus manos al cuello de mi playera para desgarrarla de arriba a abajo. Aquello provocó que mi sujetador quedara al descubierto y así también mi torso desnudo. Mierda. Esto era algo que iba a ver Irene y quién sabe quien más... Era alarmante como sus ojos podían parecer estar expresando una cosa y él otra. Si por aquellas perlas fuera, me arriesgaría a decir que mis palabras le habían dolido tanto como a mí la muerte de mi padre. Sin embargo, no podía distinguir aquello con claridad, como si aquel sentimiento fuera opacado por un sentimiento aún mayor. Luego él... Bueno, él emanaba ser la misma mierda de siempre. Mi respiración se había dejado llevar por la adrenalina y mi pecho subía y bajaba con rapidez. El muy hijo de puta llevó una de sus manos sobre mi seno, comenzando a masajearlo, y su boca se impregnó en la piel de mi cuello. Él sabía a la perfección lo que aquello provocaba en mí y yo bien sabía que lo estaba haciendo a propósito... Rápidamente, mi entrepierna comenzó a arder y, por mucho que disfrutara de aquello, no me podía dejar llevar por la excitación. Me removí tanto como pude en la silla, dándole a entender que tener sus labios allí no era el mejor lugar para llevar a cabo este plan, pero él me ignoró por completo. —No... Suéltame —insistí, antes de que todo se fuera al demonio. La misma mano que se encontraba sobre mi seno ahora comenzó a descender y me volví a remover en mi lugar, otra vez siendo en vano. Sabía hacia donde iba, pero quería evitarlo a toda costa. Aquella se acercó amenazadoramente a mi pantalón y la introdujo dentro. —Eso es todo —oímos a Gwendolyn. Me aparté un poco de Cailan para que apartara sus labios de mi cuello siendo un éxito, pero su mano continuaba en mi entrepierna. Su rostro se acercó al mío y llevó sus ojos a mi boca. Ya no sabía si me encontraba nerviosa, cabreada, excitada, o las tres juntas. Lo que sí sabía es que cuando estaba con Cailan, ya no sabía absolutamente nada. Su mano comenzó a masajear mi clítoris y la piel se me erizó. —Quien te hace sentir bien —susurró sobre mis labios —, te importa. —Suéltame —rogué, antes de perderme a mí misma frente a la cámara y bajo su tacto. Él removió la mano con delicadeza de mi entrepierna y acarició mi mejilla con sus dedos, casi sin tocarme. Cailan me estaba arrastrando al mismísimo infierno y no veía una puerta de salida de aquel lugar. Sabía que tenía razón, pero no aumentaría su confianza y egocentrismo al confirmarlo. —Ya se ha acabado —emití, haciendo referencia al plan. Él clavó sus ojos sobre los míos y los entrecerró. No sabía cómo mierda me estaba conteniendo para no capturar sus labios de una vez por todas, pero lo estaba haciendo. Aquellos se veían tan apetecibles ahora mismo y el efecto que provocaba su tacto en mí volvía a regresar a mí. —No se ha acabado nada —murmuró. La puerta se abrió y él se apartó de mí. Gwendolyn se encontraba de pie, observándonos a ambos, y se acercó a mí. —Ayúdame a desatarla —le pidió a Cailan y me quitaron de aquellos amarres —. Han hecho un increíble trabajo —añadió ella y me puse de pie. Mi vista se perdió en alguna parte de la habitación, recordando sus besos en mi piel, y aclaré mi garganta. Ambos llevaron su mirada hacia mí y fingí una sonrisa. No quería que notara cuánto me había afectado el rubio. —¿Ya puedo marcharme? —le pregunté a Gwendolyn —Ansío darme un baño para quitarme todo el maquillaje. Ella asintió y me largué de allí sin más. Podía tolerar cualquier cosa pero, por alguna razón, no podía tolerar la tentación de tener a Vaughan frente a mí y no hacer nada