Punto de vista de Leonardo. Las palabras de Diego aún rondaban en mi cabeza, pero no me apresuré en responder. Me tomé unos minutos para pensar. La pregunta había sido clara, pero la respuesta no lo era tanto. ¿Amaba a Leila? Negué rotundamente con la cabeza una y otra vez. —Definitivamente no estoy enamorado —afirmé con seguridad, levantando la vista hacia mi hermano—, pero reconozco que me gusta y mucho. Diego soltó una carcajada, como si mi respuesta fuera la cosa más graciosa del mundo. —Hermano, para el amor hay un solo paso —dijo, sirviéndose un poco de whisky—. Es cuando una mujer te gusta tanto que, cuando quieres despertar, ya no puedes vivir sin ella. Me burlé de sus palabras, me parecieron un poco fueras de contexto. —Eso es imposible —repliqué con seguridad—. Precisamen

