Capitulo 12

1271 Words
La fiesta seguía en pleno apogeo. Alice, agotada de tanto bailar, se escabulló nuevamente hacia la parte trasera, donde el jardín ofrecía un respiro de la música y las multitudes. Se dejó caer en una banca, quitándose los tacones por un momento mientras la suave brisa nocturna acariciaba su piel. La luna, brillante y majestuosa, iluminaba el paisaje con un tono plateado que hacía resplandecer las flores del jardín. Alice cerró los ojos y suspiró, disfrutando del silencio momentáneo. —¿Qué haces aquí sola? —la voz de Jimin rompió el silencio con suavidad. Alice abrió los ojos y lo vio acercarse con dos copas en la mano. Una sonrisa juguetona asomaba en sus labios. —¿Ya te has cansado de mí? —preguntó él, entregándole una de las copas. Alice sonrió con cansancio y aceptó la bebida. —No me he cansado de ti, pero mis pies no pueden decir lo mismo —respondió, llevándose la copa a los labios y tomando un sorbo. Jimin rio suavemente, sus ojos brillando bajo la luz de la luna. —Te dije que esos tacones eran mala idea —dijo, sentándose a su lado—. Pero no te culpo, las chicas como tú siempre piensan en verse bien antes de pensar en sus pobres pies. —Mis pies no me duelen tanto… —Alice suspiró, mirando de nuevo al cielo—. Pero creo que ya ni los siento. —Tengo una idea —Jimin se levantó y le ofreció la mano—. Ven, te mostraré un lugar donde podríamos relajarnos. —¿A dónde? —preguntó ella, levantando una ceja mientras aceptaba su mano, aunque con un poco de reticencia. Jimin no respondió de inmediato. Simplemente la tomó de la muñeca con suavidad y la guio más allá del jardín, adentrándose en una pequeña senda que se internaba en el bosque cercano. Las luces de la fiesta aún eran visibles a lo lejos, y la música se escuchaba débilmente, pero en ese rincón del mundo, parecía que solo existieran ellos dos. Llegaron a un claro donde el césped era suave y fresco bajo los pies. Jimin soltó la mano de Alice y ambos se dejaron caer sobre la hierba, mirando hacia el cielo estrellado. —Esto es mucho mejor —dijo Alice, acomodándose en el suelo sin preocuparse por el vestido arrugado—. Creo que podría dormir aquí. —Tienes toda la pinta de alguien que va a dormirse antes de que la fiesta termine —bromeó Jimin, mirándola de reojo. Alice rio suavemente y se llevó la copa a los labios de nuevo. —No lo descartes. Hoy ha sido más agotador de lo que esperaba. No pensé que ser la dama que llevaba los anillos sería tan cansado. —Yo tampoco lo creí, pero aún queda lo más importante —Jimin hizo una pausa y la miró con una sonrisa—. El nombramiento oficial de Darian como alfa. —Ah, claro, eso aún no se ha hecho oficialmente —dijo Alice, recordando que, aunque todos ya veían a Darian como el líder de la manada, aún faltaba la ceremonia formal. —No —contestó Jimin, tomando un sorbo de su bebida—. Aunque para todos es obvio, se necesita esa ceremonia para que sea oficial. ¿Vas a estar aquí para ese día? Alice asintió. —Sí, por suerte me queda un mes antes de regresar a la universidad. —Eso es bueno —comentó Jimin, su tono más suave—. Supongo que te llevas bien con los humanos, ¿no? Alice lo miró, confundida por el cambio en su tono. —Sí, me siento cómoda entre ellos —respondió. Jimin asintió lentamente, como si algo estuviera procesando en su mente. —¿Es por lo que me dijiste el otro día? —preguntó, echando su cabello hacia atrás con un gesto casual. Alice lo observó un momento antes de hablar. Jimin se veía diferente con el cabello retirado de su rostro. Su apariencia era más aguda, menos inocente, y Alice se perdió un instante en ese cambio inesperado. —Si te refieres a cuando te dije que estoy acostumbrada a la cercanía de los humanos, sí —respondió, finalmente. Jimin la miró fijamente. —Lo dijiste como si fueras más humana que licántropa. Alice dio un gran trago a su bebida antes de responder. —Para los humanos, con las lentillas es suficiente. Ellos no pueden ver lo que soy en realidad. Pero para los licántropos, es imposible esconderlo. Me reconocen en cuanto me huelen. Jimin soltó un susurro apenas audible. —Eso es ridículo. Eres un licántropo, aunque no seas pura. Pero lo eres. Alice se encogió de hombros, mirando el cielo. —Lo sé, pero eso no cambia que muchos me rechacen sin siquiera conocerme. Jimin guardó silencio durante unos minutos, mirando también al cielo, hasta que finalmente habló. —¿Sabes por qué no le doy importancia a lo que dicen sobre mí? Alice lo miró de reojo, intrigada. —No... —respondió en voz baja. Jimin hizo una pausa, como si estuviera eligiendo cuidadosamente sus palabras. —Sé muy bien que mis padres no murieron. Ellos me abandonaron. El corazón de Alice dio un vuelco ante la confesión. No esperaba algo tan crudo. —Ellos decidieron que estar sin ellos era lo mejor para mí. No fue porque no pudieran quedarse, sino porque no querían quedarse. Alice se quedó sin palabras. Sabía partes de la historia, fragmentos que había escuchado de su hermana, pero nunca pensó que Jimin le confiaría algo tan personal. —Lo siento... no sabía que fue así —dijo ella finalmente, sintiendo un nudo en la garganta. —No importa —respondió Jimin, encogiéndose de hombros—. Se lo cuento a muy pocas personas, pero creo que puedes entenderlo. Por eso no me importa lo que digan de mí. No cambia nada de mi pasado ni de mi presente. Alice lo miró, y aunque sus palabras eran duras, era una realidad muy razonable. —Supongo que tienes razón... —dijo Alice en voz baja—. Pero aún me sorprende que ahora estemos aquí, hablando de esto. Jimin esbozó una pequeña sonrisa. —Tampoco pensé que las cosas terminarían así. Al principio, ni siquiera creía que te importara lo que hacía o decía. Alice lo miró con una sonrisa de complicidad. —La primera vez que hablamos no fuiste muy amable conmigo, eso es seguro. —Lo sé —dijo Jimin, dejando escapar una pequeña risa— Pero nunca me comporté así con Liliana. Sabía que Darian me mataría. Solo he sido así contigo por el momento. Alice rió, sintiéndose un poco más relajada. —Eso me tranquiliza. Jimin volvió a mirar al cielo, con una expresión más suave en su rostro. —La gente se aleja de mí, así que decidí que es mejor alejarme primero —dijo, casi en un susurro. Alice lo miró de nuevo, esta vez comprendiendo mejor lo que había detrás de su actitud. —Es un mecanismo de defensa, ¿no? —dijo ella, completando sus pensamientos. Jimin la miró, sorprendido de que ella hubiera entendido tan bien. Sonrió, como si finalmente hubiera encontrado a alguien que lo comprendiera. —Sí... pero creo que ya no me sirve tanto como antes —admitió, su voz baja. —Quizás deberías ser más honesto con tus propios sentimientos —le sugirió Alice, con un tono suave pero directo. Jimin la miró fijamente, y por un momento, el tiempo pareció detenerse entre ellos, bajo la luz de la luna.
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