Capitulo 16

1197 Words
Después del inquietante encuentro con Gerard en el jardín, Alice regresó a la casa con la mente revuelta. Las palabras de Gerard seguían resonando en su cabeza, creando una sensación de intranquilidad que no podía sacudirse. ¿Qué podría estar ocultando Jimin? No, no podía pensar así. Sabía que Jimin no le haría daño, pero Gerard había plantado una semilla de duda que ahora no la dejaba en paz. Al entrar a la casa, encontró a Jimin en su oficina, aún inmerso en los papeles que revisaba. A pesar del caos en su mente, Alice decidió no decirle nada en ese momento. No quería añadir más estrés a su ya tensa carga de responsabilidades. Quizás Gerard solo estaba intentando manipularla. —¿Todo bien? —preguntó Jimin sin levantar la mirada, sintiendo su presencia al entrar. —Sí, solo necesitaba aire fresco —respondió Alice, forzando una sonrisa que no llegó a sus ojos. Jimin la miró por un momento, sus ojos oscuros escudriñando su rostro, pero no dijo nada más. Volvió a concentrarse en su trabajo, y Alice se retiró, dejando que el peso de sus pensamientos la abrumara. Decidió que necesitaba despejarse y alejarse un poco para pensar en todo lo que había ocurrido. Horas más tarde, cuando el sol comenzaba a ponerse, Alice decidió salir a caminar por los alrededores. Necesitaba sentir la calma de la naturaleza, el aire puro del bosque que tanto la había atraído desde su llegada al pueblo. Su instinto la llevó de nuevo al bosque cercano a la casa de Darian, el mismo lugar donde había tenido su primer encuentro con Jimin cuando apareció ante ella como un lobo blanco. El lugar estaba envuelto en un silencio profundo, interrumpido solo por el susurro de las hojas al viento. Alice caminaba lentamente, observando el juego de luces y sombras que el atardecer proyectaba entre los árboles. Mientras caminaba, sus pensamientos volvían una y otra vez a Gerard. ¿Por qué había reaparecido de manera tan repentina? Y más importante aún, ¿qué secreto tan oscuro quería revelarle? Sin darse cuenta, Alice llegó al claro donde el manantial se encontraba, el lugar donde había sentido por primera vez una conexión especial con el mundo sobrenatural. El agua cristalina reflejaba los colores del cielo, y un sentimiento de nostalgia y tranquilidad la envolvió. De repente, una presencia familiar la hizo detenerse. Lo sintió antes de verlo. Giró lentamente y allí, de pie entre los árboles, estaba Jimin en su forma humana, observándola en silencio. Su rostro estaba serio, pero sus ojos reflejaban una preocupación que Alice no había notado antes. —Sabía que te encontraría aquí —dijo Jimin, caminando lentamente hacia ella. Alice lo observó acercarse, su corazón latiendo más rápido de lo que esperaba. Algo en su mirada era diferente esta vez, como si él también estuviera cargando con un peso invisible. —Necesitaba despejarme un poco —dijo ella en un susurro, apartando la vista del rostro de Jimin y volviendo a mirar el manantial. —Lo sé —respondió él, colocándose a su lado—. Pero puedo sentir que algo te preocupa, Alice. Ella suspiró, sabiendo que no podía ocultar la verdad por más tiempo. Miró a Jimin directamente a los ojos y decidió que lo mejor era ser honesta. —Hoy vi a Gerard —confesó Alice, y vio cómo el cuerpo de Jimin se tensaba al instante. —¿Gerard? —preguntó Jimin, con una dureza en su voz que ella rara vez había escuchado—. ¿Qué hacía aquí? Alice le contó rápidamente lo que había sucedido en el jardín, las palabras enigmáticas de Gerard y la sensación de amenaza que había sentido en su presencia. Mientras hablaba, podía ver cómo la tensión crecía en Jimin. Su mandíbula se apretó, y sus ojos brillaban con una ira contenida. —Ese maldito… —murmuró Jimin, apretando los puños—. No debió acercarse a ti. —No hizo nada —intentó calmarlo Alice—. Solo me dijo que había cosas que yo no sabía, cosas sobre ti y la manada. Jimin la miró intensamente, y por un segundo, Alice sintió que había algo más, algo que él también estaba ocultando. —Alice, no debes confiar en Gerard —dijo Jimin finalmente—. Es peligroso y manipulador. Siempre ha intentado crear caos en la manada. No sé qué está buscando, pero no te acerques a él. —Lo sé —respondió Alice—. Pero, Jimin… necesito saber la verdad. ¿Hay algo que no me has contado? El silencio que siguió fue pesado. Jimin desvió la mirada, como si luchara internamente con una decisión. Finalmente, dejó escapar un suspiro profundo. —No es que te haya mentido, Alice —comenzó—. Pero hay cosas de mi pasado que son difíciles de explicar. Gerard no está completamente equivocado al decir que no todo es lo que parece. El corazón de Alice se aceleró. Sabía que Jimin tenía un pasado oscuro, pero jamás pensó que algo pudiera interponerse entre ellos de esta manera. —No estoy aquí para juzgarte —dijo Alice, su voz suave pero firme—. Solo quiero que seas honesto conmigo. Jimin asintió lentamente, como si estuviera reuniendo el valor para abrirse completamente. —Antes de que me uniera a la manada de Darian, pertenecí a otra… una que no seguía las mismas reglas. Era una manada pequeña, más salvaje, más peligrosa. Yo… hice cosas de las que no estoy orgulloso, Alice. Cosas que a veces intento olvidar, pero no puedo. Alice lo escuchó en silencio, sintiendo la gravedad de sus palabras. —Cuando decidí alejarme, me encontré con Darian, quien me dio una oportunidad para redimirme. Pero Gerard era parte de esa manada antigua, y nunca me perdonó por haberla abandonado. Desde entonces, ha intentado arruinar todo lo que he construido aquí. No sé qué pretende, pero no puedo dejar que te arrastre a su juego. Alice lo observó detenidamente, tratando de procesar todo lo que Jimin le estaba diciendo. Sabía que la vida de los licántropos no era sencilla, pero escuchar sobre el pasado de Jimin la hizo darse cuenta de cuán complejas eran las dinámicas entre ellos. —Jimin… no importa lo que hayas hecho antes —dijo ella finalmente, dando un paso hacia él—. Lo que importa es quién eres ahora y lo que estamos construyendo juntos. Jimin la miró con una mezcla de alivio y sorpresa. La forma en que Alice lo aceptaba, incluso con todos sus defectos y su pasado oscuro, lo conmovía de una manera que no esperaba. —No sé qué haría sin ti —murmuró, acercándose para tomar su mano. Alice sonrió suavemente. —No tienes que enfrentarlo solo. Estoy contigo. Ambos se quedaron en silencio por unos momentos, mirando el manantial que seguía fluyendo tranquilamente, como si el tiempo no tuviera prisa. Sabían que los días siguientes no serían fáciles. Gerard estaba planeando algo, y aunque no sabían exactamente qué, estaban seguros de que su amenaza no desaparecería fácilmente. Pero por ahora, en ese momento, lo único que importaba era que se tenían el uno al otro.
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