La tranquilidad de la noche parecía un contraste absoluto con los pensamientos de Alice y Jimin mientras caminaban juntos de regreso a la casa. A pesar de las revelaciones de Jimin y la advertencia de Gerard, Alice decidió dejar de lado cualquier inquietud por el momento. Quería concentrarse en lo que sentía por Jimin, en la conexión que habían formado, y no en las sombras del pasado.
Sin embargo, mientras cruzaban el umbral de la casa, un aire tenso y denso parecía envolverlos. Había una inquietud en el ambiente, como si algo estuviera fuera de lugar. Jimin se detuvo de inmediato, sus sentidos de licántropo captando el cambio de energía antes que Alice pudiera notarlo.
—¿Lo sientes? —preguntó ella, observando cómo Jimin se tensaba.
Él asintió, sin apartar la vista de los alrededores.
—Algo está mal —murmuró, olfateando el aire como si intentara captar el origen del peligro.
Alice también lo sintió, esa sensación de que algo o alguien los estaba observando. Sabía que los lobos de la manada de Darian solían patrullar la zona, pero esta presencia no se sentía familiar. Había algo más, algo oscuro y siniestro. Jimin la tomó de la mano, guiándola hacia el interior de la casa mientras él permanecía alerta.
—Quédate aquí —le ordenó en voz baja, sus ojos cambiando sutilmente a su forma más salvaje—. Voy a asegurarme de que todo esté bajo control.
Alice asintió, aunque la idea de quedarse sola no le agradaba del todo. Jimin salió rápidamente por la puerta trasera, desapareciendo en la oscuridad mientras Alice cerraba la puerta tras él, tratando de calmar su corazón acelerado. Mientras esperaba, se acercó a una de las ventanas para mirar hacia fuera. La noche era densa, pero la luna llena iluminaba el bosque de manera inquietante.
Pasaron unos minutos, tal vez más de lo que Alice podía contar. Estaba inquieta, preguntándose si debía salir a buscar a Jimin o si era mejor seguir sus órdenes. Entonces, un sonido proveniente del exterior rompió el silencio, un aullido bajo y profundo que hizo que su piel se erizara. Alice dio un paso hacia atrás, su respiración entrecortada.
Antes de que pudiera decidir qué hacer, la puerta trasera se abrió bruscamente, y Jimin entró de golpe, su respiración pesada y sus ojos brillando con furia contenida.
—¿Qué pasó? —preguntó Alice, su preocupación evidente.
—Es Gerard —respondió Jimin con el ceño fruncido—. Está cerca, y no está solo.
Alice sintió un escalofrío recorrerle la columna. Gerard otra vez. Sabía que el licántropo estaba tramando algo, pero no esperaba que actuara tan pronto.
—¿Qué quiere? —preguntó ella, aunque ya tenía una idea de la respuesta.
—Provocar caos —dijo Jimin, su mandíbula apretada—. Siempre ha querido destruir lo que Darian ha construido, y ahora, por alguna razón, ha decidido que tú eres parte de su plan.
Alice lo miró confundida.
—¿Yo? ¿Por qué yo?
—No estoy seguro —admitió Jimin, cruzando la habitación con rápidos pasos—. Pero parece que desde que llegaste, Gerard ha estado más activo, más... dispuesto a actuar. No es coincidencia.
Alice se quedó en silencio, tratando de procesar lo que él decía. ¿Por qué ella sería de interés para alguien como Gerard? No tenía sentido. Pero antes de que pudiera decir algo más, Jimin se detuvo frente a ella y la miró con intensidad.
—No voy a dejar que te toque —dijo con firmeza, colocando ambas manos en sus hombros—. No voy a permitir que Gerard te haga daño, Alice. Lo juro.
Alice sintió el calor de sus manos, y aunque el miedo aún burbujeaba dentro de ella, también sentía una seguridad que solo Jimin podía brindarle. Sabía que él haría cualquier cosa para protegerla, pero también sabía que Gerard era peligroso. Muy peligroso.
—No puedes enfrentarlo solo —dijo Alice con firmeza—. Si él tiene aliados, necesitas ayuda.
Jimin suspiró, consciente de la verdad en sus palabras.
—Voy a hablar con Darian, tengo que llamarlo para que vuelva pronto —dijo, soltándola suavemente—. Esto va más allá de una simple confrontación. Si Gerard está decidido a atacar, necesitamos estar preparados.
—Voy contigo —dijo Alice de inmediato, sin pensarlo dos veces.
—No —replicó Jimin, negando con la cabeza—. Es demasiado peligroso. Te quedarás aquí.
—No voy a quedarme aquí sola —insistió Alice—. Si esto es sobre mí, tengo derecho a saber lo que está pasando.
Jimin la miró, sabiendo que discutir con ella sería inútil. Finalmente, cedió.
—Está bien —dijo con un suspiro—. Pero mantente cerca de mí en todo momento.
Alice asintió, y juntos salieron hacia el despacho de este, para poder comunicarse con Darian quien aún estaría de Luna de Miel con Liliana por su boda.
Darian se encontraba sentado en su despacho en una cabaña de campo no muy lejos de su hogar, revisaba unos documentos bajo la luz de una lámpara tenue mientras Liliana se daba una ducha. Levantó la vista al ver que su teléfono comenzaba a sonar con una llamada entrante, su rostro sereno como siempre, pero una preocupación evidente se asomaba en sus ojos al ver de quien se trataba
—¿Qué ocurre? —preguntó Darian, del otro lado del teléfono.
—Gerard está cerca —respondió Jimin sin rodeos—. Y no está solo.
Darian frunció el ceño, pero no parecía sorprendido. Caminó hacia la ventana y observó el exterior por un momento antes de hablar.
—Sabía que este día llegaría —dijo en voz baja—. Gerard nunca ha sido de los que se retiran sin pelear. Pero si está formando un grupo, eso significa que ha estado preparando esto durante mucho tiempo.
—No podemos enfrentarlo sin un plan —dijo Jimin—. No sé cuántos aliados tiene, pero si está aquí, es porque está listo para atacar.
—Voy saliendo hacia allá, Convoca a la manada —dijo finalmente—. No vamos a permitir que Gerard destruya todo lo que hemos construido.
Alice observaba en silencio a Jimin mientras mantenía la conversación con su hermano, sintiéndose un poco fuera de lugar en medio de aquella conversación. Sabía que, aunque formaba parte de este mundo ahora, aún no entendía completamente las dinámicas de la manada ni las profundas rivalidades que existían. Pero una cosa estaba clara: Gerard no se detendría hasta conseguir lo que quería, y de alguna manera, ella estaba involucrada.
—¿Qué puedo hacer yo? —preguntó Alice, rompiendo el silencio luego que de la llamada entre ambos hermanos terminará.
—Mantente cerca de mí. Si Gerard está interesado en ti, es posible que intente usarte para llegar hacia mí.
Alice asintió, comprendiendo la gravedad de la situación. Sabía que las cosas iban a complicarse aún más, pero estaba decidida a no ser una víctima pasiva en todo esto. Haría lo que fuera necesario para proteger a aquellos que amaba. Jimin tomó su mano mientras salían del despacho de Darian, y en ese momento, Alice sintió una calma extraña a pesar de la tormenta que se avecinaba.