Capitulo 18

1255 Words
Jimin y Alice se quedaron en silencio mientras caminaban hacia el centro de la manada. La llamada con Darian no había hecho más que confirmar lo que ambos temían: Gerard no se detendría hasta causar caos, y su presencia en las cercanías del territorio solo significaba una cosa, la guerra estaba cerca. —¿Cómo te sientes? —preguntó Jimin, rompiendo el silencio mientras apretaba la mano de Alice con suavidad. Alice lo miró de reojo. Sabía que él estaba preocupado, no solo por la situación, sino por lo que ella estaba enfrentando. A pesar de su decisión de permanecer cerca de él, la realidad de estar en el centro de un conflicto entre licántropos la hacía sentir fuera de lugar. —Un poco fuera de lugar, para ser honesta —respondió Alice con una sonrisa nerviosa—. Siento que no pertenezco del todo a este mundo… pero al mismo tiempo, sé que no puedo simplemente apartarme. Jimin asintió en silencio, su mirada perdida en el camino frente a ellos. —Lo entiendo —dijo con un tono grave—. Pero no te preocupes, no dejaré que te pase nada. No permitiré que Gerard te toque. Alice percibía la tensión en su voz. Sabía que Jimin no solo estaba preocupado por su seguridad, sino también por el peso de las responsabilidades que ahora recaían sobre él. No solo tenía que proteger a Alice, sino que también debía lidiar con las amenazas a la manada en ausencia de Darian. Llegaron a la sede de la manada, una gran casa de piedra que servía como centro de operaciones. Al entrar, varios licántropos los miraron con atención. Alice no estaba acostumbrada a recibir tanta atención, pero sabía que era inevitable, especialmente porque ahora estaba vinculada a Jimin, uno de los más fuertes de la manada. —Tenemos que convocar una reunión —dijo Jimin en voz baja—. Darian llegará pronto, pero no podemos esperar sin tomar acción. Alice asintió y lo siguió hasta una sala más grande donde varios de los miembros de la manada ya esperaban. Entre ellos, reconoció a algunos, pero otros parecían más distantes, como si no estuvieran convencidos de la posición de Jimin en ausencia de Darian. Esa sensación de duda en el aire se podía cortar con un cuchillo. —Jimin, ¿qué es lo que está pasando? —preguntó un hombre corpulento, de cabello castaño y barba espesa, con una mirada seria—. Nos dijiste que Gerard estaba cerca. ¿Qué tan grave es? Jimin cruzó los brazos y miró a todos en la sala antes de hablar. —Gerard está más activo de lo que imaginábamos —respondió Jimin—. No está solo, tiene aliados, y está planeando algo grande. Sabemos que tiene la intención de atacar, y si lo hace, debemos estar preparados. Los murmullos comenzaron a propagarse entre los presentes. Algunos asintieron con seriedad, mientras que otros parecían más escépticos. —¿Y qué propones que hagamos? —preguntó una mujer de mirada aguda—. No podemos simplemente esperar a que Darian regrese. Tenemos que actuar ahora. Alice observaba la tensión en la sala. Sabía que Jimin tenía razón, pero también podía sentir la resistencia de algunos miembros de la manada. No todos confiaban en su liderazgo en ese momento, y Gerard parecía haber sembrado la discordia de manera efectiva. —Tenemos que reforzar las patrullas —dijo Jimin con firmeza—. No podemos permitir que Gerard o sus aliados se acerquen más. Vamos a establecer guardias en las fronteras del territorio y asegurar que nadie entre o salga sin nuestro conocimiento. Uno de los miembros más jóvenes de la manada, un chico con cabello rubio y ojos brillantes, levantó la mano tímidamente. —¿Crees que Gerard realmente atacará? —Preguntó con preocupación en su voz—. He escuchado rumores, pero… ¿estamos seguros de que está listo para eso? Jimin lo miró con seriedad antes de responder. —Gerard no es alguien que amenace sin más —dijo Jimin—. Si ha mostrado su presencia, es porque está listo para actuar. No podemos subestimarlo. Alice observaba todo en silencio, sintiéndose pequeña en medio de aquella reunión. No era una licántropa, no era parte de la manada, y sin embargo, su conexión con Jimin la colocaba en el centro de todo aquello. Se preguntaba cuánto más podría soportar antes de que todo se desmoronara. La reunión continuó con más discusiones sobre las estrategias de defensa. Finalmente, cuando todos estuvieron de acuerdo, la mayoría se dispersó para empezar a organizar las patrullas y preparar el territorio. Alice y Jimin quedaron solos por un momento en la sala. —No ha sido fácil para ellos —dijo Jimin, dejándose caer en una silla—. Siempre han seguido a Darian, y aunque confían en mí, es complicado tomar las riendas en una situación como esta. Alice se acercó a él y puso una mano sobre su hombro, apretándolo suavemente. —Lo estás haciendo bien —dijo con una sonrisa alentadora—. Están nerviosos, pero confían en ti. Sabes lo que haces. Jimin le devolvió una sonrisa cansada, agradecido por su apoyo. —Gracias —murmuró—. Tenerte aquí lo hace más fácil. Antes de que pudieran decir algo más, un estruendo se escuchó desde el exterior, seguido de varios gritos. Alice y Jimin se levantaron de golpe, intercambiando una mirada de alarma antes de salir corriendo hacia la puerta. Al salir al exterior, vieron a varios miembros de la manada correr hacia el borde del territorio. Jimin se adelantó, olfateando el aire mientras Alice lo seguía de cerca. —¿Qué es? —preguntó Alice, su corazón acelerado. —Gerard —respondió Jimin con los dientes apretados—. Está aquí. El sonido de ramas rompiéndose y aullidos llenaron el aire mientras se adentraban más en el bosque. Cuando llegaron a un claro, vieron a Gerard de pie en el centro, rodeado por un pequeño grupo de licántropos. Su sonrisa era fría y peligrosa, y sus ojos brillaban con una malicia que Alice no había visto antes. —Jimin —dijo Gerard con un tono burlón—. Sabía que te encontraría aquí. ¿Estás listo para lo que viene? Jimin se colocó delante de Alice, protegiéndola con su cuerpo mientras sus ojos cambiaban al azul profundo brillante de su forma de lobo. —No te acerques a nuestro territorio, Gerard —advirtió Jimin con voz grave—. No permitiré que causes más problemas. Gerard soltó una risa baja. —¿Nuestro territorio? —se burló—. ¿Desde cuándo este es tu territorio, Jimin? Siempre ha sido de Darian… ¿o acaso ahora crees que puedes ocupar su lugar? El comentario encendió la furia en Jimin, pero mantuvo su compostura. —No se trata de poder, Gerard —dijo—. Se trata de proteger a los nuestros, algo que nunca has entendido. Gerard dio un paso adelante, su mirada fija en Alice por un momento antes de volver a Jimin. —¿Y qué vas a hacer al respecto? —Preguntó con una sonrisa torcida—. Porque yo estoy aquí para quedarme, y no voy a irme sin una pelea. La tensión en el aire era palpable, y Alice sabía que el enfrentamiento inevitable estaba a punto de comenzar. Jimin no iba a dejar que Gerard se saliera con la suya, pero la pregunta era: ¿cuánto estaba dispuesto a sacrificar para detenerlo?
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