Capitulo 10

1782 Words
La caminata de regreso a casa fue tranquila, aunque la atmósfera estaba impregnada de nuevas emociones. Alice y Jimin intercambiaban miradas furtivas, ambos sintiendo el peso de la revelación que acababan de compartir. Alice intentaba asimilar lo que significaba que Jimin era, en realidad, el lobo blanco que había estado una vez en su vida. El sol comenzaba a ocultarse detrás de las copas de los árboles, tiñendo el cielo de un cálido tono anaranjado. A medida que se adentraban más en el bosque, la luz se desvanecía lentamente, creando sombras alargadas que danzaban a su alrededor. Alice se sentía extrañamente segura con Jimin a su lado, como si su presencia pudiera ahuyentar cualquier sombra de peligro. —¿Siempre has sido un lobo? —preguntó Alice, rompiendo el silencio que había caído entre ellos. La curiosidad la dominaba, y quería saber más sobre la vida de Jimin en su forma animal. Jimin sonrió, sus ojos reflejando la luz tenue del atardecer. —No, no siempre. Descubrí mis habilidades cuando era un niño. Al principio, no sabía cómo controlarlo, pero con el tiempo aprendí a vivir con ello. Alice lo observó, fascinada. —¿Tu familia? ¿Ellos también son licántropos? —Sí, la mayoría de ellos. Aunque eso es lo que me dijeron los padres de Darien, la verdad no recuerdo mucho de mis padres biológicos y solo se lo que me han contado. Eso a veces crea una lucha interna. Pero lo más importante es que mis padres actuales siempre me enseñaron a proteger lo que amo. Y tú, Alice, te has convertido en una parte fundamental de eso… supongo —respondió Jimin, con un tono que hacía que su corazón latiera más rápido. Ella desvió la mirada, sintiéndose abrumada por la intensidad de sus palabras. Se preguntaba si realmente podía confiar en él. La conexión que habían construido en tan poco tiempo era innegable, pero las dudas seguían surgiendo. A medida que se acercaban a su casa, Jimin se detuvo en medio del sendero. —Alice, quiero que sepas que, aunque te he estado protegiendo, también necesito que te cuides a ti misma. Gerard no es alguien con quien debas jugar. Tiene sus propios intereses. Alice frunció el ceño, recordando la forma en que Gerard la miraba, como si fuera un objeto de deseo más que una persona real. — Ese día se acercó a mí por primera vez y fue lo suficiente como para hacerme sentir incómoda. —Lo mejor que puedes hacer es mantenerte alejada de él, incluso si eso significa evitarlo en la universidad si lo vuelves a ver cuándo regreses—recomendó Jimin, su voz firme y decidida—. Te protegeré, pero debes ser cautelosa. —Entendido —respondió Alice, su determinación fortalecida. Sabía que debía confiar en Jimin, al menos en lo que se refería a Gerard. Al llegar a casa se dirigieron a la habitación de Alice, despidiéndose así de Jimin en la puerta, sintiendo una extraña mezcla de ansiedad y anticipación. —Gracias por hoy, Jimin. Ha sido… revelador. Él le devolvió una sonrisa cálida. —Siempre estaré aquí, Alice. No olvides eso. Después de que Jimin se fue, Alice entró en su habitación y se encontró con su madre quién le alistaba su vestimenta y joyas para el día de mañana, Su madre tenía un aire de calma y sabiduría que siempre le había brindado consuelo. Sin embargo, esta vez, había algo diferente en ella, algo que Alice no podía identificar. —Hola, cariño. ¿Cómo te fue hoy? —preguntó su madre, sonriendo mientras colocaba en su closet lo que sería su vestido el día de mañana para la boda de su hermana. —Bien, solo di un paseo por el bosque —respondió Alice, tratando de ocultar la verdad. No estaba lista para compartir con su madre lo que había aprendido sobre Jimin. Su madre la miró con una expresión que parecía más atenta de lo normal. —¿Estás bien? Parece que tienes algo en mente. Alice dudó un momento. Sabía que su madre podía leerla como un libro abierto, pero no quería complicar las cosas más de lo necesario. —Sí, solo he estado pensando en algunas cosas. —A veces es mejor hablarlas —sugirió su madre, dejando el vestido a un lado, cerrando la puerta del closet y cruzando los brazos dijo—. Recuerda que estoy aquí para ti, sin importar qué. Alice sonrió, agradecida por la oferta de apoyo, pero aún sentía que no estaba lista para abrirse. —Lo sé, mamá. Solo estoy tratando de adaptarme a este nuevo lugar. Esa noche, mientras se preparaba para dormir, Alice reflexionó sobre todo lo que había aprendido. El descubrimiento de que Jimin era el lobo blanco había alterado todo lo que creía saber sobre su vida. Sus pensamientos se entrelazaban con recuerdos, de su conexión con el bosque y de las noches en que había mirado las estrellas. Al día siguiente, Alice tuvo que presentarse a la universidad a entregar unos trabajos restantes, había pedido un tiempo en su semestre para poder compartir con su hermana mientras aún estaban de estadía en la manada de Darien. Mientras caminaba por los pasillos, sintió una presencia familiar. Jimin estaba esperándola en su casillero. —Hola —dijo él, inclinándose un poco hacia ella, como si quisiera compartir un secreto. —Hola —respondió Alice, sorprendida sonriendo al verlo. —Quería asegurarme de que estabas bien. Sabía que ayer tuviste una conversación intensa —dijo Jimin, su tono casual, pero con un trasfondo de preocupación. —Sí, solo estoy tratando de asimilar todo esto.—confesó Alice, mientras abría su casillero. —Lo entiendo. Pero no te preocupes, estoy aquí si necesitas a alguien con quien hablar —ofreció Jimin, acercándose un poco más. Alice sintió que su corazón latía más rápido. La forma en que Jimin se acercaba a ella la hacía sentir como si hubiera algo más en juego entre ellos. —Gracias, Jimin. Realmente lo aprecio. El día avanzó con normalidad, pero Alice no podía dejar de pensar en Jimin y en la conexión que compartían. Después de clases, decidió ir al bosque nuevamente, impulsada por una necesidad de encontrar respuestas. Mientras se adentraba en el bosque, un sentimiento de familiaridad la envolvió. Había algo reconfortante en ese lugar, algo que la hacía sentir viva. Se detuvo en el claro donde se habían encontrado la última vez, sintiendo la brisa suave en su rostro y el murmullo de las hojas. En medio de la tranquilidad, se sentó en una roca, cerrando los ojos y dejando que sus pensamientos fluyeran. De repente, un sonido la sacó de su ensueño. Era un crujido entre los arbustos. Alice se puso de pie, alerta, y miró hacia la dirección del ruido. Entonces, apareció Jimin, con una sonrisa divertida. —Te encontré —dijo, su voz ligera como el aire. Alice sonrió, sintiendo que su corazón se aliviaba al verlo. —No sabía que vendrías. —No podía quedarme alejado de este lugar, especialmente si tú estás aquí. Además, quería mostrarte algo —dijo Jimin, mientras la guiaba a un pequeño sendero oculto entre los árboles. Alice lo siguió, sintiendo una mezcla de emoción y curiosidad. A medida que se adentraban más en el bosque, el aire se volvía más fresco y un poco más húmedo. Finalmente, llegaron a un pequeño estanque oculto, rodeado de juncos y flores silvestres. —Este es uno de mis lugares favoritos. Siempre vengo aquí a pensar —dijo Jimin, su mirada fija en el agua tranquila. Alice se acercó, maravillada por la belleza del lugar. Las flores que crecían alrededor del estanque eran de un color vibrante, y el sonido del agua la relajaba. —Es hermoso —murmuró. Jimin se sentó en la orilla, invitándola a unirse a él. Ella se sentó a su lado, sintiendo una calidez que no podía ignorar. La conexión entre ellos crecía a medida que compartían esos momentos sencillos. —Quería mostrarte esto porque quería que vieras que hay más en el bosque de lo que parece. Este lugar tiene historia —dijo Jimin, mirando hacia el agua. —¿Historia? —preguntó Alice, intrigada. —Sí, hay leyendas sobre el estanque. Se dice que aquellos que se sumergen en sus aguas pueden ver vislumbres de su verdadero yo —explicó Jimin, con un brillo en sus ojos—. He estado aquí muchas veces, y siempre he sentido que hay algo especial en este lugar. Alice lo miró, sintiendo una mezcla de nerviosismo y emoción. —¿Quieres que lo intentemos? Jimin asintió, y ambos se acercaron al borde del estanque. —Tal vez descubrir algo sobre nosotros mismos nos ayude a entender lo que está pasando —dijo, su voz suave y alentadora. Alice sintió el impulso de sumergirse, de buscar las respuestas que tanto anhelaba. Sin pensarlo dos veces, se metió en el agua fría. La sensación era extraña, como si el agua estuviera viva. Cerró los ojos, dejando que la calma la envolviera. De repente, imágenes comenzaron a surgir en su mente: visiones de lobos corriendo a través del bosque, de la luna llena brillando intensamente, de una chica riendo y jugando con un lobo blanco. Se dio cuenta de que esas imágenes eran fragmentos de su propia vida, de momentos donde había conectado con alguien de manera inigualable. Cuando finalmente emergió, el aire fresco la envolvió, y Jimin la miraba con curiosidad. —¿Qué viste? —preguntó. Alice respiró hondo, tratando de organizar sus pensamientos. —Vi… vi recuerdos de mi infancia, momentos felices. Pero también sentí una conexión con el bosque, como si siempre hubiera pertenecido aquí —respondió, sintiendo que las palabras apenas rozaban la superficie de su experiencia. —Eso es parte de lo que somos —dijo Jimin, su mirada intensa. —Tú y yo estamos conectados con la naturaleza, con este lugar. No estás sola. Alice sintió que el miedo comenzaba a desvanecerse. La conexión con Jimin, el entendimiento de su propio poder, todo comenzaba a encajar. Era como si un hilo invisible la uniera a él, y eso la hacía sentir viva. —Gracias por mostrarme esto, Jimin. Me siento… diferente —dijo Alice, su corazón latiendo con fuerza. —Eso es solo el comienzo. Hay tanto por explorar, y estoy emocionado de que lo hagamos juntos —respondió Jimin, su sonrisa iluminando el espacio a su alrededor. Esa tarde, mientras regresaban a casa, Alice supo que había dado un paso importante hacia su verdadero yo. La incertidumbre seguía acechando, pero por primera vez en mucho tiempo, sentía que estaba en el camino correcto.
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