Los ojos de Miguel ardían de ira mientras se acercaba con rapidez a José Luis. José Luis soltó a Mercedes, sonriendo con arrogancia. —Solo estaba saludando a mi mujer —expresó con seguridad. Mercedes, aun recuperándose del asalto, se volvió hacia Miguel, apretó los puños llena de rabia. —Miguel, él... —comenzó, pero Miguel ya estaba junto a José Luis, empujándolo con fuerza. —¡No vuelvas a tocarla, maldito desgraciado! —gritó Miguel. José Luis se tambaleó, pero mantuvo su sonrisa cínica. —Tranquilo, Miguel. Solo estoy ofreciendo mi ayuda. Quizás Mercedes debería reconsiderar quién puede ofrecerle más —advirtió provocando aún más a Miguel. Miguel levantó el puño, pero Mercedes lo detuvo, colocándose entre los dos hombres. —Miguel, no vale la pena. Déjalo ir —imploró Mercedes con

