Después de la tensa confrontación con Carlos, Mercedes estaba recogiendo el restaurante, tratando de dejar atrás el tumulto del día. Justo entonces, la puerta se abrió y Esther entró con una expresión decidida. —¡Mamá! —llamó Esther, acercándose rápidamente a Mercedes. Mercedes levantó la mirada y sonrió al ver a su hija. —Hola, mi amor. ¿Cómo te fue hoy? —preguntó, dejando a un lado el paño con el que estaba limpiando. Esther tomó una silla y se sentó frente a su madre, con una mezcla de seriedad y resolución en su rostro. —Mamá, he estado pensando... —comenzó Esther, tomando aire—. Me encanta vivir en el apartamento del doctor Duque. Es bonito, cómodo y seguro. Pero... creo que ustedes dos necesitan más espacio. Mercedes frunció el ceño, preocupada. —¿Qué quieres decir, Esther?

