La insistencia de su madre había llevado a Makena a volver a la casa de Norma. Era media mañana y sólo pensaba en todo lo que le restaba leer. Estaba comenzando a avanzar justo cuando su madre la había interrumpido.
Había encontrado una copia del diario de Felicitas, sabía que habían asistido a una de las primeras presentaciones del teatro Colón y que Alina había conocido a alguien allí. Estaba segura de que había intercambiado correspondencia con un caballero, pero aún no sabía su nombre. Quería visitar la hemeroteca de Buenos Aires para saber si había anunciado algún compromiso.
Sentía que había encontrado la punta del ovillo y no podía esperar para tirar de él, pero ahora se encontraba camino a la casa de Norma para conocer a su nieto, cuya ayuda debía rechazar de la manera más diplomática posible.
Tomás manejaba por la Panamericana hacia Pilar, la música de Blur sonaba a un alto volumen y su enfado era mayúsculo. Ni siquiera la voz de Damon Albarn lograba alegrarlo, lo habían suspendido del periodico sin siquiera valorar el material que había conseguido en su viaje a Estados Unidos. Sabía que sus métodos no eran los esperados pero el resultado había sido satisfactorio. Su jefe lo había llamado a su despacho y luego de una corta explicación con sabor a injusticia le había dicho que agradeciera el hecho de no haber sido despedido.
Aún indignado con aquella decisión, el llamado de su abuela había supuesto un paño tibio. Siempre le gustaba hablar con ella, lo conocía y solía tener una mirada racional de las cosas que le pasaban. Quería que ayudara a una vecina con una investigación, pero en verdad iba a verla a ella. Le daría algunos tips teóricos a la joven universitaria y regresaría con el estómago lleno y su enfado algo aplacado. O al menos eso pensaba.
Estacionó su auto y abrió la puerta con la llave que poseía. Ni bien cruzó el umbral el aroma a galletas recién horneadas disipó un poco su mal humor. Estaba en el lugar correcto, pensó.
Cerró la puerta con cuidado y se asomó a la sala. Una joven sentada con su cabello recogido en un rodete sujetado con un lápiz le trajo un recuerdo que creía olvidado. Escuchaba su dulce voz narrando la historia de una mujer llamada Alina, sin haber advertido su presencia. Movía la cabeza con gracia y sus dedos jugueteaban con una servilleta de la mesa. ¿Podría acaso tratarse de la misma mujer? Pensó con curiosidad y antes de que pudiera pensar una estrategia, su abuela lo delató.
-¡Tomasito, que bueno que llegaste!- dijo levantándose de su silla, en el mismo momento en el que Makena giraba para verlo.
Sus ojos lo reconocieron al instante pero su boca no se movió.
-Te presentó a Makena, es la hija de Grace ¿te acordás de mis vecinas?- le explicó Norma mientras tomaba la mano de ambos jóvenes para unirlas en señal de un saludo que ninguno de los dos tenía intención de dar.
Makena estrechó la mano de aquel arrogante joven debatiéndose entre reconocer que lo recordaba o hacerse la desentendida, cuando él se apresuró a hablar.
-Encantado señorita, ¿llegó hace mucho a Buenos Aires? -le preguntó intentando simular que no la recordaba.
-¿Y cómo sabes que llegué a Buenos Aires? - le preguntó ella con una media sonrisa. Ella podía fingir que no lo recordaba pero que él lo hiciera le molestó.
Tomás la miró con detenimiento, estaba más hermosa de lo que la recordaba y no pudo evitar sonreir.
-Me comentó mi abuela que venías de Bostón para una investigación.- le dijo estudiando su gesto, buscando algún indicio que pudiera indicarle algo más sobre lo que pensaba.
-Sí, tu abuela.- respondió ella en voz baja volviendo a tomar asiento para poner distancia. Cómo podía alguien ser tan irritante y tan atractivo a la vez, pensó con indignación.
-¿Cómo dijiste?- le preguntó Tomás tomando asiento a su lado.
-Nada, nada. Llegué hace un par de días.- le respondió sin volver mirarlo.
-Tomás es periodista del diario La Nación, tiene un puesto muy importante allí.- explicó Norma, ajena a la tensión entre los aparentes desconocidos, mirando a la joven, para luego volver la vista a su nieto.
-Cómo te adelanté por teléfono, Make, va a escribir una tesis sobre la familia Cáceres, muy allegados a los Guerrero y creí que podías ayudarla con ello. - le dijo a su nieto mientras acomodaba una taza para él.
Makena se atrevió a volver a mirarlo, su sonrisa de lado era tan arrogante como hermosa, pero algo enfadada aún porque fingiera no recordarla le habló.
-Un puesto importante, ¿no? ¿Y por qué no estás trabajando entonces?- le preguntó con suficiencia.
El gesto que asaltó su rostro fue de lo más elocuente, Makena supo que independientemente de la excusa que dijera, había allí algo que deseaba ocultar.
-Puedo administrar mis tiempos, es un puesto muy importante.- le respondió finalmente, apelando a todo su arte para ocultar la verdad.
Makena volvió a sonreír mientras negaba con su cabeza y él supo que no le había creído.
-Voy a buscar más galletas, te preparé tus preferidas.- dijo Norma mientras se retiraba hacia la cocina.
Entonces Tomás iba hablar cuando ella se le acercó de manera vertiginosa. Lo tomó del brazo y sus labios quedaron tan cerca de su rostro que Tomás pudo sentir su perfume con claridad.
-No se si estás jugando con tu abuela o conmigo, pero esto se va a terminar acá. Si no te alcanzó con hacerme perder mi valija en el aeropuerto no voy a permitir que me hagas perder mi tiempo.- le dijo intentando sonar enfadada, aunque aquellos ojos tan cerca de los suyos le hubieran acelerado el corazón por otro motivo.
Tomás se río y aprovechó para tomar la mano que Makena había apoyado sobre su brazo.
-No estoy jugando con mi abuela y ahora que lo mencionas me acuerdo mejor. ¿Pudiste recuperar tu equipaje?- le preguntó fingiendo que recién la recordaba.
Makena suspiró poniendo los ojos en blanco justo cuando Norma regresaba a la sala.
-Comé querido, están recién horneadas.- le dijo a su nieto colocando las galletas cerca de su taza.
-Gracias abuela.- le respondió él dándole un mordisco a una de ellas.
-Mmm.. Tan ricas como siempre.- agregó y luego de tragar el bocado señaló a Makena con su mano.
-Makena me acaba de decir que estaría encantada con mi ayuda.- dijo logrando que ella abriera sus ojos con sorpresa.
-Por supuesto le dije que debo acomodar mis tiempos primero, pero creo que podemos llegar a un acuerdo.- agregó satisfecho con la reacción que había logrado en ella.
De repente ya no se sentía enfadado, prácticamente se había olvidado de su jefe, provocar a esta hermosa joven le resultaba tan divertido como desafiante. Llevaba tiempo sin sentirse así y lo agradeció.
-Sí, Norma, gracias por presentarnos, pero como dijo Tomás, tiene un puesto muy importante, no me gustaría que lo descuidara por ayudarme a mi.- dijo ella exagerando su tono y volviendo a mirarlo.
Tomás descubrió que sus ojos hablaban por sí mismos y en ese momento intentaban liquidarlo.
Sonrió una vez más y miró la hora en su reloj.
-No te preocupes por mi, aunque agradezco que seas tan comprensiva. Justo ahora no tengo otra cosa que hacer. Contame en lo que estás trabajando.- le dijo desafiandola una vez más con sus ojos color avellana, que le suplicaban alargar aquella conversación.
Makena se quedó un rato en silencio, miró a Norma y la expectativa en su rostro pudo con su naturaleza de no defraudar a las personas.
Volvió a mirar a Tomás y apoyó ambas manos sobre la mesa. Frente a la falta de excusas, que en el fondo no deseaba encontrar, decidió hablar.
-Voy a escribir una tesis y quiero centrarme en la historia de Alina Cáceres, quien fue la mejor amiga de Felicitas Guerrero. Quiero conocer su historia para darle un enfoque donde los personajes secundarios pueden convertirse en protagonistas. Creo que su historia puede ser tan interesante como la de Felicitas. Tengo bastante material para comenzar, pero no hay nada de ella luego de la muerte de su amiga. Tengo un turno para visitar la hemeroteca de Buenos Aires en dos días, supongo que allí podría saber si se casó, en que año murió y algún otro hecho que me permita reconstruir su historia.- le explicó con paciencia.
Al principio su voz era temerosa, como si aquel arrogante extraño fuera a juzgarla, pero luego la emoción de lo que aquella historia podría representar la envolvió y sus palabras se cargaron de tanta expectativa como sus ojos.
Tomás se había quedado prendado de sus labios y tuvo que recordarse a sí mismo que debía responder. Esta joven era más hermosa a cada minuto y si bien la razón le decía que se alejara no quería hacerlo.
-¿En dos días? - le preguntó por fin, sin dejar de mirarla.
-¿Qué cosa?- le preguntó ella sin terminar de comprender.
-Qué tenes un turno en dos días, pero podemos ir hoy mismo si queres. Cómo empleado del diario tengo acceso - le explicó ocultando la necesidad que tenía de pasar más tiempo con ella.
Makena lo miró sorprendida. ¿Qué estaba haciendo? ¿En verdad quería ayudarla? ¿Acaso ella quería que la ayudara?
-Ya sabía yo que esto era una buena idea. Voy a prepararles algo para el camino.- dijo Norma retirándose una vez más.
-¿Se puede saber que estás haciendo?- le preguntó Makena repitiendo el gesto de acercamiento que Tomás comenzaba a disfrutar.
-Ayudándote.- le respondió él con una sonrisa.
-No necesito que me ayudes.- le dijo ella intentando alejarse, pero como antes, Tomás se había apoderado de su mano para impedírselo.
-¿De qué tenes miedo?- le preguntó él tan cerca de su boca que la que pudo sentir su perfume fue ella.
-No tengo miedo.- le dijo luego de una larga pausa.
-Mejor entonces, porque de verdad creo que puedo ayudarte.- le respondió analizando aquellos ojos verdes que aunque intentaban mirarlo con enojo le transmitían algo mucho más profundo.
Makena prolongó la pausa para terminar de entenderse a sí misma.
-Sólo esta vez.- le respondió finalmente sin dejar de mirarlo a los ojos.
-No sos la primera que dice sólo esta vez, no puedo garantizar que no quieras más. - le respondió él tan engreído como divertido.
Makena se soltó con fuerza para ponerse de pie.
-¡Sos imposible!- le dijo intentando no levantar el tono de voz.
-Tranquila, era un chiste.- le aclaró él sonriendo y al ver que ella comenzaba a caminar hacia la puerta se apresuró para alcanzarla.
-Esperame Make, no vayamos a decepcionar a mi abuela.- le dijo saboreando aquel nombre entre sus labios.
Makena se detuvo y suspiró conteniendo sus nervios. No quería que vuelva a tocarla ¿o sí?
-Está bien.- se apresuró a responder antes de que la detuviera.
-Voy a buscar mis cosas. Te veo en media hora en la puerta.- dijo sin mirarlo, y perdiendose la enorme sonrisa que había iluminado el rostro de Tomás, se retiró con su corazón demasiado acelerado.