Me desperté temprano, pero tampoco lo suficiente. Eran las 10:30 de la mañana y el olor a creps inundó mis fosas nasales. Me cambié, me cepillé el pelo, me puse unos shorts y unos tirantes y bajé. Cuando crucé el salón hacia la cocina, allí estaba Harvey, sin camiseta, sólo con vaqueros y cocinándome unas tortitas con sirope de caramelo. Pude contemplar varios de sus tatuajes, pinceladas de tinta que salpicaban por varias zonas de su abdomen y brazos. Qué sexy es y comome gustan, le quedan genial. No sé yo qué querría comerme primero, si a él o a los creps... — Buenos días preciosa — Me saludó sacándome de mis pensamientos, con un tierno beso en la frente agachándose, ya que me saca casi dos cabezas. — Buenos días. Huele delicioso — Dije sentándome a la mesa a la vez que le miraba coque

