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2478 Words
Estoy mordiendo mis uñas del miedo y ansiedad que tengo. —¿Cuándo se supone que van a llegar? —me dirijo a Dustin—. Es muy poco profesional la impuntualidad —bufo. —¿Perdón? —una chica alta con el cabello n***o ingresa al despacho—. Aquí estamos —la observo fijamente y entrecierro mis ojos observándola. —¿Te conozco? —murmuro. —Lo dudo —se encoge de hombros. —¿Sabes dónde está Bruno? —su rostro no demuestra ninguna expresión. —No puedo darle esa información —habla de forma dura. —Tú y yo sabemos que si sabes en donde está, así que dime —cruzo mis brazos sobre mi pecho mientras que lo desafío con mi mirada. Él suspira y habla. —Está en su oficina pero.. —no oigo más ya que camino hacia allí. Abro la puerta sin llamar antes y...mala elección. Puedo ver como una cabellera oscura está entre los dedos de Bruno, la castaña de voluptuoso cuerpo es penetrada fuertemente por Bruno mientras tiene sus tetas de silicona sobre el escritorio. —Disculpen... —susurro. Bruno se quita de la chica y se quiere acercar a mí pero cierro la puerta, subo escaleras arriba y me encierro en la habitación, es posible que suba e insista con que le abra la puerta así que tomo precauciones. —¿Solamente tú vas a estar aquí? —enarco una de mis cejas. —Los demás del escuadrón están fuera, soy quien está al mando, chica —veo como mastica una goma de mascar. —Ya... —susurro—. ¿Cómo es tu nombre? —Elisa Schmidt —sonríe—. Comandante del EITS, o para los tontos, Escuadrón de Inteligencia Tecnológica Suprema —hace un globo con la goma de mascar y las ganas de pincharlo no me faltan. —¿Y tú te acuestas con todos para los que trabajas o cómo? —Dustin y Marco me observan sorprendidos. —Poginet... —habla Dustin pero Elisa eleva su mano haciendo que cierre la boca. —¿Por qué lo dices, chica? —se acerca a mí. —Quería saber tus métodos de trabajo —la observo de arriba hacia abajo. —Soy profesional, chica —vuelve a hacer otro globo con la goma de mascar—. Luego de hacer mi trabajo, si le traigo ganas a la persona con quién trabajo, me lo follo —sonríe. —Genial, ahora ponte a trabajar porque aquí no te follarás a nadie y necesito a mis hijos en menos de veinticuatro horas —ordeno con firmeza. Dustin me toma por el brazo con delicadeza y me saca del despacho para que no nos oigan. —Poginet, nosotros nos encargamos de darle la información; necesitas relajarte un poco —susurra. —Son mis hijos quienes están en peligro, Dustin —gruño. —Sé qué los niños corren peligro pero la madre de mi hijo también está secuestrada —no digo nada—. Estoy nervioso porque si le llega a suceder algo no sé cómo se lo diría a Andrew, no quiero decirle que su mamá murió —veo tristeza en sus ojos. —Tienes razón, lo siento mucho —suspiro—. Los primeros días que estuve en esta mansión encontré a Bruno follando con esa tipa en su despacho y fue más fuerte que yo... —bajo la mirada. —Estás celosa —ríe. —No lo estuve en ese momento y menos lo estoy ahora que Bruno está muerto —levanto mi mirada enfrentándolo. —Como digas, ahora ve a dar una vuelta por la casa y nosotros buscaremos la información necesaria —me observa fijamente—. Necesito tu teléfono, poginet —pide con un tono suave. —¿Para qué? —frunzo el ceño. —El mensaje y la foto, para ver si pueden rastrearlos —explica y le doy mi teléfono. —Que no tarden demasiado, sabes que no tolero que las cosas no se hagan de manera rápida —hablo firme. —Como usted ordene, Cobra —asiente con una sonrisa y simplemente volteo para dirigirme a la cocina. Abro todas las puertas de los muebles buscando algo que beber. —¿Qué busca, mi niña? —se oye la voz de Rita detrás. —Algo de alcohol —continuo buscando. —Eso no es bueno para usted, querida —la imagino haciendo una mueca. —No puedo, necesito beber, necesito a mis hijos y mientras no estén aquí necesito pensar en otra cosa —encuentro una botella de vino y una de vodka, tomo ambas en mis manos—. Estaré en el patio —le aviso y allí es donde voy. Me siento en el borde de la piscina, abro la botella de vino y comienzo a beber como si fuese lo que me va a mantener con vida. —Necesito que me ayudes, necesito que desde el lugar en el que estés protejas a los niños... —susurro con la vista en el cielo. Vuelvo a dar un gran sorbo a la botella de vino, lo bebo como si fuese agua. —Ellos no merecen esto...prometí que jamás correrían peligro y fallé —doy otro sorbo—. Si estuvieras aquí no hubieses fallado, si estuvieses aquí ellos estarían con nosotros... —termino lo que le quedaba a la botella de vino y la lanzo contra una de las paredes para que se haga añicos. Tomo la botella de vodka, la abro y bebo un gran sorbo, soporto el ardor en mi garganta y continuo bebiendo. —Yo fallé...sé que este no es mi mundo y eso en este momento podría acabar con la vida de nuestros hijos —las lágrimas comienzan a bajar por mis mejillas—. ¿Por qué tuviste que dejarme? —sollozo y acabo con el contenido de la botella de vodka—. Necesito más alcohol —dejo la botella vacía a un lado y me levanto. Al hacerlo todo mi alrededor da vueltas y siento que mi estabilidad se pierde, estoy preparada para sentir el suelo o el agua en mi cuerpo pero unos brazos me atrapan. —¿Estás bien, Ky? —cuestiona Anton. —Sí, perfectamente —arrastro las palabras y me paso las manos por el rostro. Se acerca a mí hasta que nuestros labios se encuentran a escasos centímetros, dos segundos después se aleja. —Creí que ibas a besarme —susurro y él sonríe. —Estuviste bebiendo y demasiado —acaricia mi mejilla—. No volveré a besarte porque si lo hago solamente me haré más daño... —susurra. —¿Qué importa si bebo o no? —me encojo de hombros—. ¿Que haces tú aquí? —El EITS tiene algo que podrá interesarte —observa mis labios. —Quita la vista de mis labios y vamos al despacho, necesito saber sobre mis pequeños —me suelto de su agarre y camino como puedo. Los tacones no me ayudan así que me sostengo de la pared y me los quito para luego volver a caminar. —Que vista espectacular me estás dando, nena —oigo a Anton reír detrás de mí, me detengo y le observo. —¿Qué dices? —hablo entre dientes. —Tienes el vestido hacia arriba y estoy viendo ese culo que me ha vuelto loco muchas veces —bajo mi vestido y retomo mi camino. Al entrar al despacho lanzo los tacones al suelo y todos me observan. —¿Qué encontraron? —Dustin me observa con atención. —Tenemos una posible ubicación —habla Elisa. —Pues dila —hablo rabiosa. —Vela por ti misma —se hace a un lado para que vea la pantalla. —¿Por qué coño están en el lugar que Bruno utilizó como Club Nocturno el día que lo conocí? —frunzo el ceño. —Bruno le vendió el lugar a Alek —explica Dustin. —¿Y eso por qué? —Para tenerlo alejado —dice Marco. —Bien, pásenme la dirección a mi teléfono, debemos planear como atacar y recuperarlos sanos y salvos —iba a salir del despacho pero el sonido de una llamada entrante hace que corra hacia el ordenador—. Atiende —le ordeno a Elisa y esta lo hace. Veo el rostro de Alek con una sonrisa perversa. —Gusto en volver a verte, preciosa —es lo primero que dice. —¿Por qué coño te llevaste a mis hijos? —gruño con odio. —Ajuste de cuentas, supongo —se encoge de hombros. —¡¿Qué cuentas quieres saldar llevando a mis hijos?! —golpeo el escritorio. —No te alteres, preciosa —habla tranquilo—. Ten cuidado con lo que vayas a hacer porque a tus mocosos les irá mal —cierro mis puños con fuerza. —¿Qué es lo que quieres? —Sencillo —chasquea con su lengua—. Quiero el poder, quiero que me entregues el mando de todo —quedo perpleja. —¿Solamente eso es lo que quieres? —cuestiono sorprendida. —El poder es lo único que se valora en este mundo y tú tienes el mayor poder gracias a la muerte de Bruno —me observa. —¿De verdad crees que esta mierda me importa más que mis hijos? —hablo entre dientes—. Ellos son más importantes que todo este mundo asqueroso —escupo—. Hubiese sido mejor haberme matado, no tenías porque meter a mis hijos en esto —él ríe. —No hubiese sido fácil, créeme —suspira. —Iré a buscarlos en la noche, no quiero juegos sucios, Petrov —hablo con un tono amenazante. —¿Por quién me tomas? —habla en un tono inocente—. Ni que fuese tu esposo muerto, ese sí que era un traidor —no contengo mi ira. —¡NO TE PERMITIRÉ QUE HABLES MAL DE MI ESPOSO, FUE MEJOR HUMANO QUE TÚ, PEDAZO DE IMBÉCIL! —sonríe como idiota—. ¡QUITA ESA SONRISA ESTÚPIDA! —cierro la boca al oír el llanto de Benjamín—. ¿Qué le están haciendo a mi hijo? —cuestiono alarmada. —Nada...o mejor ve por tu cuenta —mueve la cámara y veo que los niños están sentados junto a Emily. Hay una chica que le está dando bofetadas a Benjamín, veo las intenciones de Emily por tratar de evitarlo pero le es inútil, ya que se encuentra amarrada de pies y manos. —Mi bebé... —mis lágrimas comienzan a caer por mis mejillas. —¡MAMI, VEN POR NOSOTROS, POR FAVOR! —grita Benjamín entre lágrimas y la chica le vuelve a golpear. —¡DEJA DE GOLPEARLO, MALDITA SEA! —grito con furia. —Hoy a las nueve treinta y será mejor que vengas sola, preciosa —finaliza la llamada. Suspiro profundamente mientras sujeto mi cabello con desesperación. —¿Te encuentras bien, poginet? —susurra Dustin. —No quiero que me hablen, denme una hora y volveré con un plan —respondo agobiada. || ... || Me observo en el espejo de mi habitación, me había dado una larga ducha, mi cuerpo viste unos jeans negros, una camiseta de tirantes y botas altas del mismo color; mi cabello se encontraba recogido en una cola alta bien peinada y me encontraba sin nada de maquillaje. —Espero que esto salga como lo estoy pensando —hablo en la soledad de mi habitación. Me volteo para salir e ir a hablar con los demás pero choco contra el cuerpo de Dustin. —¿Qué haces en mi habitación? —cuestiono alejándome de él. —Vine a verte, estabas totalmente borracha allí abajo, poginet —ruedo los ojos. —Si vienes para decirme algo, mejor vete —bufo. —No es eso... —asiento. —¿Entonces qué? —lo enfrento. —Sea lo que sea que hayas planeado, tengo la impresión de que no me va a gustar, poginet —susurra. —Como si supieses cómo es mi plan —ruedo mis ojos. —Sé que querrás ir sola —lo observo fijamente sin decir una palabra—. No permitiré que vayas sola, Kylie —suspiro. —¿Y eso por qué? —enarco una de mis cejas. —Porque mi mujer también está secuestrada y no quiero que nada malo le suceda a ella o a los niños —frunzo mi ceño. —¿Tu mujer? —Yo...no dije eso —murmura. —Aún la amas, ¿cierto? —veo que hace una mueca. —Quisiera no hacerlo —suspira—, pero sí, la amo —confiesa en un tono bajo. —No dejaré que vayas —me dedica un mala mirada—. Amas a Emily y eso te haría cometer alguna estupidez, no dejaré que ninguno de los tres muera —hablo firme. —Pero tú también amas a tus hijos —ataca. —Lo sé, pero es la única forma de que los deje libres. Le cederé el mando y todos estarán sanos y salvos —hablo con obviedad. —No tienes porque cederle el mando, poginet —murmura. —¿Entiendes que no quiero que mis hijos mueran? —río nerviosa. —¡Y yo no quiero que Emily muera! —exclama. —Anton irá conmigo, mi plan era ir sola pero necesitaré ayuda —suspiro. —Vamos abajo, necesitas hablar con los demás —asiento y ambos bajamos. Al llegar al piso principal veo a todos los hombres esperando allí. —Bien, como todos saben en cinco horas debo ir junto con los Petrov —camino de un lado al otro. —¿Cuál es el plan, señora? —cuestiona Marco. —El plan es sencillo —me detengo y los observo—. Le cederé mi puesto a Alek —todos me observan sorprendidos. —¿Estás loca? —cuestiona Anton incrédulo. —No, solamente quiero que esto se termine y los niños vuelvan a la casa —respondo firme. —Cediendo el mando a Alek eso solo generará más problemas —habla en un tono serio Marco y lo observo—. Él solo quiere poder para así poder matar a todos los que se crucen en su camino para así ser el más temido, y créame, eso no será nada bueno —suspiro. —Trabajan para mí hace dos años y no saben cómo trabajo —niego mientras río—. El plan es que le atacaremos sin que él y su hermana lo esperen —sonrío—. Será un golpe sorpresa. —¿Entonces si dejarás que vaya? —cuestiona Dustin. —Iremos todos pero los Petrov no lo sabrán —sonrío con malicia.
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