Desde entonces la versión griega fue desapareciendo, pero corría el rumor de la existencía de una de estas copias griegas en poder de la familia Pickman, misma que desapareció junto con el artista en 1926. En cuanto a la versión árabe original se creyó perdida.
Actualmente las copias del libro en latín se hallan en el Museo Británico, en la Biblioteca Nacional de París, en Miskatonic University en Arkham y una más en la Universidad de Buenos Aires. A partir de aquí John reconoció que debido a su creciente fama como autor logró forjar una duradera amistad con el actual decano de la Miskatonic University, y con el Secretario general de la Biblioteca Nacional de París, gracias a estos pudo leer las copias que en sus secciones secretas se guarda, la fama acrecentada más las buenas amistades le permitieron leer la copia que se encuentra en el Museo Británico. Mas no había sido hasta hacia dos años atrás cuando luego de una conferencia que había dictado en la U.B.A tuvo una charla privada con el fallecido decano de la Universidad de Buenos Aires Joseph Bowen, este comprendiendo la fascinación de Brown con el fenomeno histórico del Necronomicón le permitió ver la edición que allí poseían, resultando ser Al-Azif la versión original perdida de la faz de la tierra, John logró persuadir a su nuevo amigo para permitirle que tomara fotografías de cada una de las páginas de aquel infame libro. John no esperó más de lo debido por lo cual al día siguiente regresó junto con un fotógrafo profesional quien al cabo de 6 horas fotografió cada una de las páginas, tiempo por el cual John y el decano permanecieron allí supervisando el trabajo.
Brown y el fotógrafo se retiraron una vez acabado el trabajo.
Luego John mandó componer en base a las fotografías el libro que allí estaba, pero terminó por agregar una información adicional muy importante al reconocer, que él pagó por el diseño de un sistema de escáner que traduce los textos de los libros presentes, existiendo en forma digital la versión en castellano de todos ellos, e incluso pagó una cantidad adicional para lograr adquirir la única traducción en castellano del Al-Azif al pie de la letra, apuntando al libro titulado Necronomicón que allí había dentro de una vitrina agregando: “Esa es la única copia existente en todo el mundo del Al-Azif original, en lengua Española y si lo deseas yo aquí permito que la veas, puedes leerla, pero no lo hagas en voz alta. Ahora ten la llave". Miguel abrió la vitrina mientras John guardaba la versión árabe, éste último comenzó a narrar la siguiente historia:
En su temprana niñez Abdul Alhazred descubrió su extraña e incomprendida capacidad de viajar en sueños a tierras lejanas, llegando a ver extrañas señales de diversas especies que habitaron la tierra incluso antes que algún humano primitivo se abriera paso torpemente entre las bestias hasta caminar erecto. Revelándose ante él la existencia de unas criaturas carentes de intelecto cuya apariencia resultaba similar a lagartos, también pudo ver ciudades ciclópeas a través de las nebulosas del pensamiento, entablando conversación con sabios de cuatro metros de altura y formas corpóreas cónicas provistos de tentáculos. Sus sueños siempre estaban sujetos a interpretación propia, al comprender ello decidió visitar ciertos sitios temidos, para así sentir en cuerpo y mente la presencia de aquellos seres que decidió llamar «Primordiales».
Su escape de Sanaa fue incentivado por una pesadillesca advertencia que anunciaba el arribo del innombrable a la ciudad, y cuya única misión consistía en hallar al árabe Alhazred.
Abdul viajó a las ruinas de la antigua Babilonia, descubrió los subterráneos secretos de Menfis, mas siempre escapaba repentinamente de todos los lugares donde se asentó temporalmente; las pocas personas que entablaron conversación con él pensaban que estaba loco, y aquellos que sólo observaban su extraña fascinación por los textos antiguos y la escritura albergaron la idea de ser un poeta versado.
Cansado por su cruel destino, asustado y perseguido por un horror sin nombre, halló el descanso y el conocimiento en el desolado desierto al sur de Arabia, lugar habitado por criaturas malignas, monstruos y sabios cuyos rostros siempre permanecían cubiertos.
Diez años habitó en el desierto, diez años clamó con orgullo las oraciones prohibidas, ejecutando los rituales correctos y aprendió las lenguas primigenias, tuvo maestros aterradores, quienes lo obligaron a enfrentar horrores inconmensurables poniendo a prueba su sano juicio y llevando al límite su cuerpo.
Al regresar a las ciudades fue recibido con temor y respeto; muchas cosas se decían de su persona, una de ellas clamaba que tras perderse en el desierto, luego de caminar varios días privado de agua y alimento su cuerpo sin fuerzas y semi inconsciente cayó sobre las arenas, mas fue entonces que unas criaturas aladas de indefinibles figuras lo salvaron llevándolo hacía un oasis donde los antiguos sabios aguardaban por él.
Tantos años huyendo lo volvieron reacio para sus congéneres y seguro ante cualquier enemigo; Abdul Alhazred se asentaría en Damasco donde inició la tarea de compartir sus conocimientos, en lugar de adoctrinar un solo estudiante, se vio envuelto en la idea de crear un libro, una obra de caracteres prohibidos, repleta de impensados secretos enloquecedores, vistos en sus más temibles sueños, vistos con sus ojos y palpados con sus manos o enseñados por maestros más antiguos que el mundo mismo quienes sólo adoptaban a un alumno cada cierta cantidad de eones.
Luego de mucho pesar, aquel árabe había concluido su libro sin nombre. Una noche de esas en que el pensamiento del pasado nubla la mente, y no se puede dormir, Alhazred recordó con pavor el sonido que emitían los insectos en las noches, aquellos sonidos en ciertas ocasiones eran mucho más aterradores y era entonces cuando sabía con toda seguridad que debía de abandonar el sector donde se hallaba ya que aquel quien no debe ser nombrado había llegado en su búsqueda.
Así fue como nombró Al-Azif a su libro, ya que Azif era el término árabe para designar el sonido que emitían los insectos debido a que asociaban este sonido con el murmullo de los demonios sobre las arenas.
El tiempo apremia y castiga, Alhazred lo sabía muy bien, sus maestros se lo habían enseñado, y le advirtieron que sus conocimientos adquiridos sólo debían ser compartidos de maestros a alumnos sin restricciones, mas sólo existía una regla inviolable, jamás, jamás debía de compartir sus conocimientos deliberadamente con el mundo entero, ya que entonces lo pagaría con su vida. Él siempre había sido perseguido incluso desde pequeño por una fuerza desconocida, esta fuerza amorfa comenzó a pisar sus pasos cuando Abdul experimentó de manera conciente su primer sueño, en el mismo pudo contemplar la famosa Ilrem, la ciudad de los pilares. Ya siendo adulto en sus viajes escapando de aquel que no debe ser nombrado, logró descubrir en un desierto los anales secretos de una r**a más antigua que la humanidad y lo que allí vio le enseñó a temer y adorar por igual a dos entidades cósmicas de nombres carentes de sentido, pero capaces de infundir horrores incomprensivos, Yog-sothoth y Cthulhu. Al aprender quienes eran o mejor dicho que eran estos seres, decidió buscar más respuestas, fue entonces que viajó al sur de Arabia.
Su edad y su experiencia le brindaban valor, el cual crecía más al notar la ausencia de su perseguidor; desde que fue un niño no lograba dormir profundamente, siempre estaba atento a los sonidos, perturbándose con cada ruido por leve que fuera. Mas en el año 738, la noche anterior a realizar la entrega de su libro a un fiel amigo quien estaba comprometido con llevar el mismo hasta todos aquellos que pudieran leer, Alhazred logró dormir profundamente y luego de muchos años en los cuales sus sueños lo transportaban a lugares aterradores, esa noche fue una noche sin sueños, sólo descansó. Pero tal vez si hubiera estado alerta habría oído con horror, los terribles murmullos demoníacos que asolaron la ciudad de Damasco, acompañada de aleteos caóticos los cuales parecían pertenecer a un cuerpo viscoso y gigantesco.
Ya con el amanecer Abdul quien no supo de los sonidos que aterraron al pueblo arabe, continuó con su propósito original, mas tras poner en manos de su amigo el libro Al-Azif, este fiel amigo le preguntó a Abdul si había oído en la noche aquellos sonidos atroces, que emitían un estruendo similar al producido por los enjambres de langostas, y sin embargo nadie habló de los típicos restos de estas que suelen hallarse tras su paso. Alhazred supo que debía de marcharse, la suerte había acompañado su camino durante muchos años, pero esa noche sin sueños más que un regalo marcaría su perdición, y tras despedirse de su amigo decidió marcharse de Damasco llevando consigo sólo lo puesto, caminó sigilosamente por las estrechas calles y chozas mal diseñadas, divisando al fin el concurrido Zoco introduciéndose entre las tiendas, pues, según tenía entendido por palabras de sabios maestros, estos seres jamás atacaban en público a sus víctimas.
Los comerciantes y viajeros charlaban aquí y allá sin pensar en nada que no fuera la oferta y la demanda, se oían las discusiones, mas la relativa paz sería bruscamente quebrantada. De pronto un grito desolador horrorizó a todos, quienes contemplaron como un hombre era arrastrado por los pies, mas nadie podía ver que cosa lo atacaba, en cierto punto la víctima fue cruelmente elevada en el aire y fracturada constantemente rompiendo cada hueso de su cuerpo, y con cada espeluznante sonido proveniente de las fracturas brotaba un grito de la víctima, manando sangre a borbotones, entonces un niño gritó con miedo espectral: “¡Es el loco Alhazred!". Y tras estas palabras Abdul Alhazred comenzó a ser devorado hasta no quedar nada de su ser.
Desde entonces la leyenda del árabe loco y su trágica muerte siendo devorado por un monstruo invisible en plena luz del día frente a un gran número de testigos, se volvió la historia tabú más acérrima de toda Arabia.
Una vez terminada la narración Miguel colocó el Necronomicón sobre la mesa abriéndolo, cada una de sus páginas estaban escritas en perfecto español, no olvidó la advertencia de su amigo, inspiró profundo antes de empezar a recorrer cada una de las páginas, pero el conocimiento allí recolectado era tal que no se decidía a leer una página en específico y se limitaba a leer breves partes de aquí y allá.
La primer página en que se detuvo dictaba lo siguiente: “Las cavernas inferiores son insondables para los ojos que ven, porque sus prodigios son extraños y terribles. Maldita la tierra donde los pensamientos muertos viven reencarnados en una existencia nueva y singular, y maldita el alma que no habita ningún cerebro. Sabiamente dijo Ibnshacabad: Bendita la tumba donde ningún hechicero ha sido enterrado y felices las noches de los pueblos donde han acabado con ellos y los han reducido a cenizas. Pues de antiguo se dice que el espíritu que se ha vendido al demonio no se apresura a abandonar la envoltura de la carne, sino que ceba e instruye al mismo gusano que roe, hasta que de la corrupción brota una vida espantosa, y las criaturas que se alimentan de la carroña de la tierra aumentan solapadamente para hostigarla, y se hacen monstruosas para infestarla. Excavadas son secretamente, inmensas galerías donde debían bastar los poros de la tierra, y han aprendido a caminar unas criaturas que sólo deberían arrastrarse".
Otra de las páginas donde se detuvo decía: “Muchos y multiformes son los oscuros horrores que infestan la tierra desde sus orígenes. Duermen bajo la roca inamovible; crecen con el árbol desde sus raíces; se agitan bajo la mar y en las regiones subterráneas; habitan los reductos más sagrados. Cuando les llega su hora, brotan del sepulcro de orgulloso bronce o de la humilde fosa de tierra. Algunos hay de antiguo conocidas por el hombre; otros permanecen ignorados hasta el día terrible de su revelación tal vez los más espantosos atroces no se han manifestado aún. Pero entre aquellos que surgieron hace tiempo, entre los que han evidenciado su insoslayable presencía, hay uno que por su suprema inmundicia no puede nombrarse: la descendencia que los moradores secretos de las criptas han engendrado en la humanidad".