Punto de vista de Cecilia Para que todo fuera más fluido, nos sentamos los cuatro alrededor de una mesita redonda en una esquina de la sala de espera. Se respiraba ese aire espeso a incienso, con susurros que venían de los cubículos de consulta. Aun así, nuestro rincón tenía un aura extraña, tirando a tensa—como si estuviéramos planeando un atraco, no un rescate. Yo había escrito: Harper parece estar bien, según dijo esa chica, pero se comporta raro. No logro entender por qué. Alfa Sebastian respondió de forma directa: Encuéntrala primero. Asegura su seguridad. Eso fue todo. Nada de vueltas, ni dudas: solo actuar. Asentí levemente. Tenerlo cerca ya me hacía sentir más centrada. Tang garabateó su respuesta, con letra más torcida que clara: Déjamelo a mí, Alfa Sebastia

